Adlai Stevenson Samper

El cambio de software y dueño tiene en complicaciones a la Triple A

De nuevo estamos viendo un paisaje que desde hacía muchos años no se presentaba en Barranquilla: agua de alcantarillas rebosadas corriendo por las calles del norte de la ciudad.

El olor nauseabundo de aguas negras volvió a apoderarse de calles y carreras importantes en la ciudad y los automóviles salpicando transeúntes. Algo está pasando con la empresa de servicios públicos Triple A, encargada del buen funcionamiento del alcantarillado de Barranquilla.

No solo hay quejas de la ciudadanía por cuenta de este pestilente paisaje, también las altas tarifas ahogan las familias de estratos medios y bajos, y se suman quejas por un deficiente suministro debido a las bajas presiones del bombeo.

Barrio Bethania.

Aunque seguimos embelesados en la narrativa de que el Distrito recuperó parcialmente sus acciones en la empresa de servicios públicos Triple A ante una “venta” de la SAE, la cual no ha cumplido los tramites legales de rigor tal es la correspondiente sentencia ejecutoriada de juez de extinción de dominio, la ciudadanía, a la que se le ocultan displicentemente datos, no sabe en caso de un anunciado juicio de recuperación por parte de los españoles de Canal Isabel II los escenarios que le esperan en la recuperación de activos que legalmente pertenecen a los hispanos.

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Si seguimos usando energías no renovables

Este es el tiempo que nos queda.

Por ejemplo, una de las cláusulas que impuso Inassa, cuando tenía mayoría accionaria en la Triple A fue que sus inversiones en cualquier campo, incluida infraestructura y logística eran de su propiedad y al revertirse la concesión según el plazo estipulado deberían pagársele. Ese concepto incluía redes de agua, equipos de todo tipo y en los sistemas.

La extinción de dominio se basó, según la Fiscalía, en el cobro de una prima técnica por parte de Inassa que no se cumplía, que era acuosamente de papel y solo era vehículo para sacar 4,5% anual de su presupuesto. Digamos que esta prima técnica consistía en una serie de conocimientos -como dicen los especialistas en administración “know how”- que se empleaban debido a la experticia del operador en este tipo de servicios. Esa prima no cumplida, según la fiscalía, fue la base sustentadora de la acción de extinción de dominio.

Dentro de la prima técnica se encontraba el software utilizado para manejar todos los procesos de la empresa Triple A en diversos campos de acción: ventas, compras, insumos, actualización tecnológica, optimización de operaciones, administración financiera, manejo de personal, cartera, asuntos jurídicos, procedimientos generales para el suministro y demás arandelas que constituyen el soporte indispensable de funcionamiento de la entidad.

Un engranaje informático que debería funcionar como un relojito el cual había sido alimentado con datos sobre las condiciones generales de las redes de Barranquilla generando resultados en tiempo real que permitiera acomodar el servicio en pagos, diferidos, compras y simultáneamente actuar con determinados niveles de presión del agua en el centro de control, usando -para evitar que la presión reventara las tuberías- el cierre estratégico de diversas válvulas situadas a lo largo y ancho del territorio urbano.

Esa información, horas de ajuste, cierra y otras arandelas la tenían procesada los sistemas de informáticos de la Triple A que enviaban cuadrillas de trabajadores sistemáticamente a efectuar estas labores.

Por supuesto, esta estrategia de control y cierre de válvulas para impedir que las tuberías explotaran garantizaba en toda la ciudad un mínimo de servicios, pero con altibajos en los flujos de presión de agua. Esa era la perfecta ilusión de un óptimo servicio repetido por los altavoces por el departamento de comunicaciones de la empresa que acumulaba Good Will de escenografía.

En realidad era una sutil forma de no realizar inversiones de fondo -los españoles se ufanaban de ello- con el agravante que de hacerse después había que pagarlas. Así que jugaron con los sistemas informáticos y con una estrategia de manejo de redes en la ciudad desde su centro de control para evitar que por la obsolescencia de redes, la expansión urbana que demandaba mayores flujos de agua -y por consiguiente aumento en los niveles de presión- terminara por convertir a gran parte de la ciudad en una enorme fuente desbordada por la ruptura de abrupta de tuberías.

Antes de implementarse este sistema era parte del escenario urbano las aguas corriendo por las calles. Ahora estas fugas controladas siguen su paso por avenidas pero con una nuevo ingrediente de disimulo: los sistemas de escorrentía de arroyos de aguas lluvias se los “tragan”. Según cálculos de ingenieros de Triple A, del 100% de producción de agua, el 50% se pierde en fugas y fraudes. 

Todo esta información se encontraba incluida en el software de la Triple A llamado Amerika, enviado a confeccionar -como quien hace un traje- a la medida de las necesidades de la empresa. Alimentado previamente por estudios, análisis de todas las áreas de la empresa y por tanto suplía con altos niveles de eficiencia -de allí la percepción de buen servicio- lo que permitía traumas fácilmente camufables y controlables.

El descubrimiento de Amerika

Este software que tenía implementado Inassa en la Triple A es una solución integral en materia de servicios públicos. Para que vean su nivel de eficiencia y complejidad tiene un modulo comercial de gestión a los clientes desde solicitudes de servicio hasta evaluación de su fidelización.

Este modulo tenía operaciones de catastro, lecturas e inspección, gestión de cobros (cortes, reconexión, fraudes, cuentas y acuerdos que se hacían directamente on line por parte de los equipos de trabajadores dispuestos a lo largo de toda la ciudad), APP con clientes para operaciones en línea, redacción de cartas formateadas a clientes de acuerdo a diversos ejes temáticos y su envió, reportes personalizados.

Otra parte del componente es el módulo técnico operativo que es apoyo para administración y mantenimiento de los activos de la Triple A. Se compone de varios subsegmentos: automotores y su mantenimiento preventivo y correctivo, ordenes de trabajo, cotizaciones, facturas y laboratorio con programación, toma de muestras y generación de informes.

El módulo administrativo contable es el que tenía la gestión administrativa y contable de la empresa, con la cual se integraba de forma automática todo lo que se producia en los procesos comercial (recaudo, facturación, notas débito y crédito) con parámetros especiales en presupuesto, contratos y almacén. Especial las historias jurídicas de la empresa en sus diversas áreas con tipo de contratos.

El modulo de indicadores identificaba tendencias en la Triple A y era apoyo para la toma de decisiones, reportes, gráficos con definición de estas lecturas en la estrategia organizacional. El módulo de movilidad es el que permitía la ejecución y planificación en línea a través de equipos móviles o terminales Android.

De este modo se facilitaban las lecturas e inspecciones, el seguimiento de los operarios en línea, consultas de mapas en línea, ejecutar cortes y reconexiones, captura automática de coordenadas geográficas  para el registro de datos, información de instalaciones -redes- y cambios de medidores, actualización de inventarios y análisis de los empleados en sus áreas operacionales.

El sistema Amerika que estaba implementado en la Triple A también tenía APP para consulta de factura, descarga de factura en PDF, su pago, simulación de convenios, notificaciones a usuarios, chat en línea y reporte de daños.

En síntesis, el sistema Amerika era en secreto una de las claves de administración y servicio eficiente de la Triple A, un software implementado por Inassa y que cuando ocurrió el cese de extinción de dominio de sus acciones funcionaba perfectamente.

Dos meses más demoró el software usandolo la administración que nombró la Sociedad de Activos Especiales del Ministerio de Hacienda pues enseguida se alertó a los trabajadores, sin explicar razones convincentes, que se cambiaba el sistema. Así fue y allí se iniciaron los traumas en suspensiones de servicios, tuberías rotas, falta de control sobre las operaciones e imposibilidad de realizar acuerdos y convenios de pago por parte de trabajadores de la empresa y usuarios.

Las quejas por el nuevo software implementado que no tiene las condiciones del cuerpo de la empresa sino está diseñado en abstracto para cualquier tipo de empresas de servicios públicos no se hicieron esperar.

La administración acalló cualquier intento de protesta con el consabido lema de que era inevitable el cambio al software Open International que es exactamente lo contrario del Amerika, pues en su publicidad promete a «las empresas proveedoras de servicios liberarse de sistemas rígidos y personalizados, y concentrarse en lo que realmente les genera valor».

El sistema personalizado que tenía la Triple A, según consulta realizada a sus empleados, era extraordinariamente eficiente y confiable. Ahora, con el desbarajuste, al que apenas empiezan a acostumbrarse, del uso del Open reaparecieron todos los problemas que al anterior sistema y los españoles de Inassa tenían maquillados con las consecuencias de todo tipo que padece la ciudadanía, desde agua a baja presión, turbia, facturación atrasada o inflada, roturas de tuberías y en general de fallas en la recolección de basuras y limpieza -un área que cubría antes Aseo Tecnico- con todos los problemas ambientales que conlleva.

La disquisición es si Inassa, que fue la que implementó el software Amerika y por tanto de su propiedad, conminó a los administradores, tras la extinción del dominio que se lo devolviera o, hipótesis dos, los nuevos administradores decidieron contratar el nuevo sistema porque era una inversión de alto nivel que implicaba el acceso a prebendas o comisiones.

Lo cierto es que Amerika, cualquier trabajador de la Triple A lo puede decir, funcionaba mucho mejor.  Los españoles no se resignan a la extinción y alistan una artillería jurídica a un costo de $1,5 millones de euros en tribunales nacionales e internacionales. La joya de la corona instalada en América era una fuente de ingresos importantes a Canal Extensia  de Canal Isabel II.

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