Además de la pobreza y misería que azota este municipio, la corrupción se ha ensañado arrebatándole a sus habitantes la posibilidad de progreso. En este pequeño municipio del Atlántico reina el despilfarro y desgreño de los recursos públicos, al punto que ya colecciona 3 monumentos de la corrupción o elefantes blancos.

Lo más triste de esta situación es que sus habitantes siguen votando los por mismos de siempre que se aprovechan de sus necesidades e ignorancia.

  1. Una despulpadora de frutas que nunca funcionó

50 familias afrodescendientes, productoras de mango, habitantes de la vereda Pendales en el municipio de Luruaco (Atlántico), creyeron que aquel mes de noviembre del 2016, sus vidas iban a cambiar luego de que fuera inaugurada con bombos y platillos, una despulpadora de frutas tropicales, que les permitiría por fin, recibir los ingresos justos por sus cosechas de frutas. 

Sin embargo, casi seis años después, lo que tienen es una estructura abandonada, saqueada y llena de monte; y sus vidas siguen igual o peor. 

Para el anhelado proyecto en aquel entonces se invirtieron 675 millones de pesos por parte del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) y la Agencia Nacional de Tierras.  

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La comunidad y la Alcaldía también pusieron $70 millones de pesos para la adquisición del predio donde se construyó la planta. 

Se supone que la despulpadora tendría capacidad para procesar una tonelada diaria de mango. La intención era aprovechar las cerca de 100 toneladas de mango que aquí se producen entre abril y junio, y que se pierde en los patios, fincas y caminos.  

El día de la inauguración para poner a funcionar la despulpadora, fue llevada una planta eléctrica pero una vez se fueron los invitados, se la llevaron, cerraron todo y hasta la fecha así ha permanecido la planta.  

Los campesinos aseguran que el predio donde fue construida, no hay servicio eléctrico, ni agua, y para llegar hasta allí, el camino es una trocha. Es decir, las autoridades no tuvieron en cuenta absolutamente nada, la intención por lo visto, era justificar el gasto de unos recursos. 

Poco les importó y les sigue importando, las 50 familias afrodescendientes que se mantienen en la pobreza, pues los comerciantes siguen llegando en sus camiones a pagar precios irrisorios por los mangos.  

Esta planta despulpadora, o lo que queda de ella, es uno de los elefates blancos sobre el cual la Contraloría adelanta un proceso de investigación, para establecer responsables del detrimento patrimonial. 

2. Un acueducto inservible

El tema del acueducto de Luruaco lo analizamos con detalle en la siguiente publicación:

https://corrupcionaldia.com/la-porqueria-de-acueducto-que-le-entregaron-a-luruaco/

3. La plaza de mercado público que no se terminó

El noticiero CM&, en su habitual sección de los lunes sobre los Elefantes Blancos de Colombia, destacó este en el municipio de Luruaco. Allí, hace siete años comenzó a construirse el mercado público del pueblo; la plaza fue entregada a medias hace tres años. La obra fue contratada en 2015 por la Alcaldía de Luruaco, por un monto de $ 1.332.381.577, que incluía la interventoría. Como en casi todos los casos de elefantes blancos, se financió con el Sistema General de Regalías del Fondo de Compensación Regional. 

Para la ejecución de la obra se suscribió el contrato con el Consorcio AR-Plaza2015 y la interventoría fue con la Asociación de Municipios de los Montes de María. La obra comenzó a ser construida el 17 de noviembre de 2015 y el plazo de entrega era de 255 días, unos ocho meses. El plazo no se cumplió y entre 2016 y 2019, la obra estuvo suspendida en cuatro ocasiones por múltiples razones. En junio de 2019, se dio por finalizado el contrato y como es costumbre, sin entrar en funcionamiento, hoy aparece como ejecutado. 

¿Obra ejecutada? ¿Contrato terminado? ¡Miren! Los módulos para la venta de carne, pescado, frutas y verduras, locales comerciales, plaza de comidas, plazoletas y baterías sanitarias están en completo abandono. Mientras tanto, en sus alrededores, los vendedores ambulantes continúan en la informalidad y en precarias condiciones higiénicas. 

La misma triste historia de todos los lunes: dinero perdido, regalías refundidas, inversión fallida. ¿Y quién responde? Esa es la pregunta de todos los lunes con todos los elefantes: nadie responde. 

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