Es una pregunta que ronda en las redes en la capital del Atlántico, sobre todo después del escándalo de la maratón de sesiones insulsas que realizaron en los últimos meses para poder cobrar un buen cheque por cada sesión.

Las sesiones se multiplicaron especialmente en las comisiones, por fuera de las plenarias. La más activa fue la Comisión Tercera, que pasó de hacer cuatro sesiones en todo 2020, a 16 solo en agosto y lo que va de septiembre. Los barranquilleros se preguntan: ¿pero qué tanto hacen si en la ciudad nadie sabe que existen?

Son 21 miembros desconocidos para el común de la gente, pues no producen el mínimo ruido en la vida política de la ciudad. Esta inusual actividad coincide con la entrada en vigencia de una ley, la 2075 de 2021, que cambió la manera en la que les pagan a los concejales. Ya no solo reciben un pago por cada sesión de plenaria a la que asistan, sino también por las de comisión.

En cada una de esas sesiones inútiles, sin tener en cuenta la duración o importancia de lo que se discuta, en Barranquilla cada concejal se gana $516 mil pesos. Y de las 16 que ha hecho la Comisión Tercera en las últimas semanas, algunas duran menos de un cuarto de hora.

El periodista Ever Mejía, de La Silla Vacía, analizó así esta sesión:

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Por ejemplo, la del pasado 12 de agosto. Fue de tan solo 11 minutos y ninguno de los concejales prendió la cámara. “Vamos a dar inicio a esta sesión de comisión, señor secretario, por favor, llame a lista y verifique el quórum”, empezó el presidente de la comisión, el conservador Andrés Ortiz. Cinco de los siete políticos de la comisión Tercera estaban presentes.

No había un tema definido a discutir. El concejal Ortiz pidió un minuto de silencio por las víctimas del covid. Pasó el minuto. El secretario leyó el tercer punto del orden del día: proposiciones. No había ninguna radicada y nadie pidió la palabra.

La sesión pasó al último punto del día: las constancias. El presidente Ortiz dijo, “doctor Trocha (en referencia al concejal de Cambio Radical), usted había pedido el uso de la palabra para constancia”. Trocha no respondió.

Tras unos segundos de silencio Ortiz agregó: “Voy a comunicarme para ver si el doctor Trocha se encuentra presente”. Pasaron tres minutos de incómodo silencio, que solo fue interrumpido por el concejal conservador Juan Camilo Fuentes, que llegó tarde y pidió que le tomaran asistencia.

El presidente Ortiz volvió a tomar la palabra y mencionó que Trocha, a quien le acreditaron su asistencia, quería preguntar por una investigación disciplinaria de la Personería. Luego, Ortiz hizo su propia una constancia: “Teniendo en cuenta que la semana pasada tuve la triste noticia que un familiar cercano fue secuestrado en la ciudad de Barranquilla(…)quiero que organicemos un debate de control político con todo lo que hacen referencia a la seguridad de Barranquilla”. 

Ha sido agotado el orden del día señor presidente”, dijo el secretario antes de que se cumplieran los 12 minutos de sesión, y se cerró la transmisión. Costo aproximado al erario: 3 millones de pesos. 

Como se observa, todo es una patraña para cobrar el dinero. ¿Quién es el cerebro de todo esto? ¡Vaya usted a saber! Históricamente los concejales de Barranquilla siempre han estado en el ojo del huracán de la corrupción que ha azotada por décadas a esta ciudad. El concepto general es que son unos comerciantes de votos de pésimo perfil, analfabetas políticos que ni siquiera han leído en su vida Cien años de soledad, y menos aún sabrán de cuántos movimientos consta la Novena sinfonía de Beethoven.

No pedimos sabios, pero sí gente honrada.

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