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Se trata del proceso de selección de estudiantes para ingresar al claustro universitario oficial más importante del Caribe: la Universidad del Atlántico. En su primer año de rector, Carlos Prasca, corrió a cambiarlo para manipularlo a su antojo y revivir apetitos politiqueros en su manejo, generando incluso un concepto negativo por parte de la comisión de Acreditación del Ministerio de Educación.

Antes de la llegada de Prasca a la Universidad del Atlántico, el proceso de selección de estudiantes para cursar estudios en las diferentes facultades, se conocía como el proceso más transparente, económico —en términos sociales y financieros—, eficiente y sin la menor posibilidad de corrupción. Este proceso estaba a cargo de la Universidad Nacional, la universidad oficial más prestigiosa del país y la única colombiana ranqueada entre las 700 mejores universidades de América.

La Universidad Nacional, además, ha internacionalizado este servicio en países como Ecuador, Perú y México, por la calidad y eficiencia lograda en este proceso. En él no existe la mínima posibilidad de influencia externa que lo corrompa.

Un poco de historia

Monumentos de la corrupción

Desde su fundación en 1945, la Universidad del Atlántico fue desarrollando poco a poco un proceso de admisión de estudiantes plegado a los intereses de los grupos políticos al frente de los gobiernos del departamento y la ciudad. Pero también con el devenir de los años se fue contaminando con los intereses de las directivas universitarias, los trabajadores, los sindicatos y los profesores.

A tal punto que los profesores llegaron a tener derecho a un número determinado de cupos para su familia; los hijos y familiares a cargo de los trabajadores administrativos de la universidad podían entrar sin problema. Los directivos de la universidad y los políticos poderosos de turno utilizaban un número indeterminado de cupos para fortalecer su poder electorero e intercambiar votos por asientos seguros en las aulas de la universidad del Atlántico.

Además del listado oficial de alumnos admitidos, en cada curso de primer semestre se aceptaba otro grupo numeroso de estudiantes “asistentes” manejado por políticos, lo que generaba una superpoblación en cada aula. Muchas veces se vivían batallas campales en los salones por una silla para poder sentarse. Esta era la dinámica que llevó a la universidad a una crisis total de hacinamiento y a una baja calidad académica por años.

Este caos se solucionó por la presión que ejercieron unos profesores conscientes de la urgencia de darle orden y transparencia a este proceso que le abría, de par en par, una de las puertas por donde entraba campante la corrupción a la universidad. La idea era clausurar esa puerta y construir un muro que no permitiera influencias externas que deterioran la misión de este alma mater.

Fue así que en los 90 la universidad del Atlántico logró un convenio inter administrativo con la universidad Nacional para que esta institución manejara con toda su experiencia y experticia este proceso. Obviamente este encargo tenía unos costos que no se comparaban con el tamaño del costo que causaba la corrupción generada por el caos descrito en los párrafos anteriores que degradó la calidad de los egresados y los resultados académicos de los estudiantes.

La operatividad del proceso anual (pues estos exámenes eran diferentes cada año) que llevaba a cabo la Universidad Nacional se resume así:

  1. Creación y diseño de los diferentes exámenes de admisión de acuerdo a la facultad.
  2. Sistematización de las preguntas e impresión de los formularios.
  3. Envío de los paquetes de formularios a través de empresas transportadoras de valores.
  4. Recibo y distribución de los paquetes por parte de funcionarios de la Universidad Nacional, el día del examen. El vehículo blindado de la empresa transportadora de valores llegaba a la Universidad del Atlántico con los formularios y los funcionarios de la Nacional lo recibían para repartirlos en los salones.
  5. Recolección de los formularios una vez finalizaba el tiempo de los exámenes. Los funcionarios de la Nacional entregaban los paquetes a la compañía transportadora que se los llevaba para Bogotá.
  6. La Universidad Nacional los calificaba bajo las ecuaciones rigurosas de su software especializado en la materia. Los resultados eran encriptados en una base de datos magnética inmodificable, con copia a la Procuraduría para asegurar mayor transparencia en el proceso.
  7. La Universidad del Atlántico procedía entonces a publicar los resultados.

En todos los años que se utilizó este convenio con la Universidad Nacional no se generó un solo proceso de reclamo o demanda que enlodara el trabajo de esta institución. Incluso la rectora Ana Sofía Mesa que le dio un vuelco a todos los procesos administrativos y financieros de la universidad para salvarla de la crisis que la tenía al borde del cierre, no se metió con este convenio.

 

¿Para qué cambiar este proceso transparente y eficiente?

Un principio básico de la administración y la gerencia reza que si un proceso es bueno, eficiente y da resultados, lo más sano y racional es dejarlo que siga funcionando y mejorarlo cuando lo requiera. Solo se cambian y se actúa sobre aquellos procesos dañinos que generan malos resultados. Entonces, ¿que pasó con el proceso más transparente y eficiente que tenía la Universidad del Atlántico?

Vamos a explicar y así comprenderá el lector la dirección que ha tomado la universidad.

A los pocos meses de su llegada a la Universidad del Atlántico, en junio de 2017, el nuevo Rector Carlos Prasca comenzó a generar todo un ambiente negativo en contra del proceso de admisión de nuevos estudiantes a cargo de la U. Nacional y a proponer un cambio sustancial basado en los resultados de las pruebas Saber 11, o resultados el ICFES como se les conoce.

Como a todas luces se trataba de una propuesta impresentable, inmoral, la nueva administración inventó una serie de artificios mediáticos; y con la misma estrategia del populismo moderno, generaron noticias falsas de gran impacto para dañar el proceso que llevaba años de éxito y de incorruptibilidad (ver http://caracol.com.co/emisora/2018/02/26/barranquilla/1519648779_766970.html).

No hay pruebas claras y fehacientes que demuestren que las preguntas de los exámenes diseñados por la Universidad Nacional eran vendidos en el mercado negro. Fueron mentiras fabricadas a partir de fraudes que cometen avivatos en todos lados, hasta visas americanas ofrecen, que se aprovechan de incautos e imbéciles que quieren obtener entrada a instituciones educativas oficiales a cualquier costo.

Prasca proponía que la Universidad del Atlántico volviera a retomar el proceso, que no se hicieran exámenes y que la admisión se basara en los resultados de las pruebas nacionales Saber 11. Arropándose en un discurso populista, justificaba que su propuesta le daba la oportunidad a los municipios del departamento para que sus jóvenes ingresaran sin obstáculos a la universidad, pues un buen porcentaje de nuevos cupos estaba destinados para estudiantes de los municipios de menos de 50 mil habitantes que ni siquiera habían obtenido un puntaje decente en las pruebas nacionales del Ministerio de Educación.

Además, el nuevo rector justificaba su idea con la argucia retórica de un ahorro en las finanzas de la U. del Atlántico al romper el vínculo con la U. Nacional.

En primera instancia, el rector Carlos Prasca no encontró resistencia en el Consejo Académico, cuyos miembros —(10) decanos y (4) vice rectores— agacharon la cabeza y aprobaron la propuesta. La mayoría de estos decanos llevan demasiado tiempo atornillados en esos cargos y el nuevo rector no ha querido cambiarlos, por lo tanto cualquier manifestación en contravía de las directrices de la rectoría, haría peligrar el confort de años.

 

Resistencia en el Consejo Superior

En segunda instancia, el rector Prasca presentó la propuesta a los miembros del Consejo Superior, en donde no encontró mayoría porque el puesto que ocupa el representante de los gremios económicos sigue vacío después de la renuncia de César Lorduy Maldonado, hoy representante a la Cámara y fórmula del senador Arturo Char.

No hay consenso para nombrar el nuevo representante de los gremios económicos. (Este tema será tocado en nuevos reportajes)

 

Prasca intentó convocar dos veces al Consejo Superior pero no tenía la mayoría de cinco a su favor. Entonces ocurrió lo que nadie en la universidad esperaba que sucediera. Algo que estaba fuera del cálculo o pensamiento lógico de los que se oponían a la propuesta del rector Prasca.

El Rector aprovechó que el representante de los profesores en el Consejo Superior, Roberto Figueroa, estaba fuera de la ciudad. Convocó de nuevo al Consejo Superior para presentar su propuesta e invitó al suplente de los representantes de los profesores, Jorge Ahumada, quien sin la autorización escrita del representante principal de los profesores asistió a la sesión y completó el quórum para aprobar la propuesta del rector Prasca.

Pero ¿quién es Jorge Ahumada? Es un directivo de Aspu, el sindicato de los profesores universitarios, que, de acuerdo a las versiones de los profesores y estudiantes de la Universidad del Atlántico, está completamente entregado a la nueva administración del alma mater para seguir manejando la unidad de salud de esta institución universitaria.

 

El nuevo proceso

El rector Prasca logró su cometido y ya la universidad del Atlántico realizó a comienzos de este año, antes de las elecciones de marzo para senado y cámara, la primera selección de nuevos estudiantes para iniciar carreras universitarias, a través del proceso propuesto por la nueva administración (ver https://www.uniatlantico.edu.co/uatlantico/sites/default/files/admisiones/pdf/Instructivo%20Inscripciones%20%202018-2%20version%20corregida%202.pdf).

REQUISITOS PARA LA INSCRIPCIÓN DE ASPIRANTES EN LOS PROGRAMAS ACADÉMICOS DE PREGRADO

Toda persona interesada en participar en el proceso de admisión a los programas académicos de pregrado ofrecidos por la Universidad del Atlántico, deberá cumplir con los siguientes requisitos:

1. Tener título de bachiller o estar cursando undécimo grado de la educación media colombiana.

2. Haber presentado el examen de Estado de la educación media, Saber 11° y certificar un puntaje mínimo global de doscientos veinte (220). (vigencia 5 años). Acuerdo Superior 0001 del 12 de marzo de 2018. 3. Los establecidos en la Resolución Rectoral No 001620 de 3 de octubre de 2013.

 

Pero, ¿por qué Prasca hizo eso? El consenso de profesores y estudiantes se resume en estas palabras: la nueva administración necesitaba tener el control de quiénes entran a la universidad a través de este mecanismo, y que en últimas, significan votos seguros para el grupo político que lo respalda.

Para afinar este mecanismo, ya en sus manos, Prasca nombró a Álvaro González Aguilar como Jefe del Departamento de Admisiones y Registro Académico, a quien sustrajo de una rectoría de una escuela del sur occidente de Barranquilla, sin ninguna experiencia de investigación, ni procesos administrativos y sin perfil para ser funcionario de primera línea en la universidad.

Álvaro González Aguilar en compañía de su lider político, el alcalde Alejandro Char, y la ex alcaldesa Elsa Noguera.

Álvaro González Aguilar lidera un grupo de rectores de instituciones educativas del distrito, “líderes” políticos claves del conglomerado de votos de los barrios del sur de Barranquilla que apoyan el movimiento político del alcalde Alejandro Char. A tal punto es  su veneración por el alcalde de Barranquilla que le erigieron un monumento con su busto en una cancha de un colegio del sur occidente.

Busto de Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, obra promovida y liderada por Álvaro González Aguilar, Jefe del Departamento de Admisiones y Registro Académico de la Universidad del Atlántico.

No hay que rebanarse los sesos para concluir hacia dónde va el rector Carlos Prasca al cambiar el proceso de selección de nuevos estudiantes para la Universidad del Atlántico, sobre todo si analizamos el punto 7 y 8 del instructivo de admisiones que hoy se aplica en la Universidad:

 

7. POBLACIONES MENOS DE 50.000 HABITANTES

Para los aspirantes de los programas no regionalizados de la Universidad del Atlántico, que hayan egresado o se encuentren en su último año de educación media en municipios con poblaciones inferiores a cincuenta mil habitantes y superior a cinco mil habitantes, se establece hasta un siete por ciento (7%) total del cupo que asigne el Consejo Académico a cada uno de los programas de pregrado, medido por el puntaje global obtenido por el aspirante en el examen de Estado Saber 11°, tomando de mayor a menor los puntajes obtenidos para completar los cupos aprobados.

 

8. POBLACIONES MENOS DE 5.000 HABITANTES

Para los aspirantes de los programas no regionalizados de la universidad del Atlántico, que hayan egresado o se encuentren en su último año de educación media en instituciones educativas de poblaciones rurales con menos de cinco mil habitantes, se establece hasta un uno por ciento (1%) total del cupo que asigne el Consejo Académico a cada uno de los programas de pregrado, medido por el puntaje global obtenido por el aspirante en el examen de Estado Saber 11°, tomando de mayor a menor los puntajes obtenidos para completar los cupos aprobados.

 

De acuerdo a los analistas políticos de la universidad, con la ayuda de estos dos puntos y el nuevo jefe de admisiones, se logró una buena votación en las elecciones de marzo pasado para los candidatos que apoyaron la elección del rector Carlos Prasca.

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