El pasado 12 de marzo, el gobierno distrital de Cartagena canceló temporalmente la llegada de cruceros a la ciudad, en medio de las acciones de contención que se tomaron para evitar la propagación del Covid -19 o coronavirus, en la ciudad, pero ya era tarde.

La medida se tomó luego de que resultara positiva con la enfermedad, una turista extranjera inglesa que arribó a Cartagena el 8 de marzo en el crucero “Braemar” que hace parte de la ruta Caribe Occidental y América Central.

En su recorrido, el gobierno de República Dominicana negó el desembarque  del buque, porque presentaba una alta posibilidad de albergar personas contagiadas de coronavirus, ya la alerta mundial se había propagado.

Sin embargo, la embarcación ingresó a Cartagena con 924 pasajeros y 371 tripulantes, cumpliendo con la programación del recorrido y visitas durante la estadía en la ciudad, que contempló caminatas por las calles del centro histórico, monumentos, restaurantes, tiendas y sitios emblemáticos de la ciudad.

Crucero Braemar, atracado en el puerto de Cartagena.

Entre los pasajeros venía una mujer de 85 años, que más tarde presentó problemas gastrointestinales, por lo cual fue remitida a un centro médico de la ciudad amurallada. Tras las pruebas que le realizaron resultó positiva para coronavirus.

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Solo tres días después fue que el Distrito tomó la decisión de prohibir el arribo de turistas.

En ese momento, según las autoridades marítimas, nunca tuvieron información sobre la alerta de casos de COVID-19 en el crucero, “el capitán del barco nunca manifestó que haya tenido problemas ni que haya entrado en cuarentena, entonces no hubo manifestación a las autoridades colombianas, tenemos que hacer la verificación”, indicó el capitán Jorge Enrique Uricoechea Pérez, capitán de Puerto de Cartagena.

Lo cierto es que el coronavirus llegó a Cartagena en primera instancia, a través de los cruceros.

Hoy la capital de Bolívar es la que más contagiados tiene en todo el Caribe (40), superando incluso al Atlántico (25). De hecho el primer fallecido en el país por el Covid -19 reportado por el Ministerio de Salud, fue en Cartagena; el taxista Arnold Ricardo Jáuregui, quien presentó síntomas el 8 de marzo, tras haber transportado a turistas italianos. Murió el 16 de marzo.

35 cruceros 

Y es que antes de adoptar esta restricción, arribaron a Cartagena entre el primero de febrero y el 11 de marzo, un total de 35 cruceros que transportaban a 85.837 pasajeros, sin contar las tripulaciones.

Se trata de más de 85 mil personas que estuvieron en contacto con un sinnúmero de gente

Se trata de más de 85 mil personas que estuvieron en contacto con un sinnúmero de gente, pues los viajeros permanecen en la ciudad mínimo 8 horas, visitando sitios turísticos y comerciales.

En el caso particular del Braemar, antes del 8 de marzo, atracó en la bahía cartagenera el 9 de febrero. Posteriormente en un nuevo recorrido, que estaba programado comenzar el 27 de marzo –y en el que ya iba la mujer de Inglaterra– le fue negada la autorización para atracar en República Dominicana, debido a la sospecha de casos de coronavirus, por lo que tuvo que buscar un “puerto alternativo en el Caribe” para desembarcar y embarcar a los nuevos pasajeros.

Arrancó de la Isla de San Martín el 2 de marzo, de ahí pasó a Jamaica, Costa Rica, Panamá, Cartagena y concluyó el recorrido en Barbados, llevando ya a cinco personas contagiadas con el virus.

Luego de haberse verificado el caso de la inglesa y su hospitalización por coronavirus en una clínica de Cartagena, y a pesar de la orden que emitió el Gobierno nacional el 11 de marzo, para no permitir el ingreso de más cruceros -medida que no se habría tomado a tiempo-, otro crucero iba a desembarcar en La Heroíca, el Monarch, con 781 pasajeros, de los que 657 eran colombianos. Finalmente, el barco, atracó en Colón (Panamá), donde fue puesto en cuarentena y el 16 de marzo arribaron a Colombia vía aérea los connacionales.

En ese país centroamericano ya se suman 1000 contagiados por coronavirus, y el fallecimiento de 24 personas.

El dato más reciente, da cuenta que el 27 de marzo, en el crucero Zaandam que opera la firma Holland America Line y que permanecía anclado frente a costas panameñas, fallecieron cuatro personas por coronavirus y más de 130 han reportado síntomas similares a la gripe.

Lo que no deja de ser cuestionable es el manejo que desde el principio de la crisis le dio el Gobierno al ingreso de personas procedentes del extranjero, pero muy en especial al que hicieron vía marítima, que a pesar de ser menor el número de embarcaciones comparadas con los aviones, la cantidad de turistas que desembarcaron en Cartagena, fue mayor al número de personas que en ese mismo período pudo ingresar vía aérea.

Esto sumado a los nulos procedimientos de detección de probables casos, que sí se comenzaron a implementar, aunque de manera precaria en los aeropuertos, expuso a una ciudad como Cartagena con unos servicios de salud deficientes, a ser hoy la primera ciudad en la Costa con más contagiados de coronavirus, 40 en total diagnosticados y la cuarta ciudad en el país, detrás de Bogotá, Valle del Cauca y Antioquia.

Las medidas restrictivas no se tomaron muy a pesar de que las alarmas se prendieron alrededor del contagio que podía darse a través de los pasajeros de cruceros que transportan a miles de personas por los océanos.

Cruceros en cuarentena

El 3 de febrero el crucero Diamond Princess tuvo que ser puesto en cuarentena en Japón, luego de que fueran reportados diez enfermos con coronavirus dentro de sus viajeros. Al finalizar la cuarentena, el 20 de febrero se contabilizaron 629 contagiados con el virus. También se había reportado infecciones en el MS Westerdam que atracó a principios de febrero en Camboya.

Aun así con este antecedente, los grandes y fastuosos barcos siguieron llegando a Colombia, concretamente a Cartagena, sin ninguna limitación.

A nivel sanitario, por años, los cruceros han sido considerados como una suerte de “placas de Petri” flotantes (esos recipientes transparentes donde se cultivan bacterias y otros microorganismos en el laboratorio), donde se intercambian gérmenes y se transmiten enfermedades, dado el reducido espacio en que se interrelacionan miles de personas por un período no menor de 10 días.

En los barcos, hay un mayor riesgo de enfermedades respiratorias y gastrointestinales, señala Sanjaya Senanayake, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad Nacional de Australia.

“En general, hay pasajeros y miembros de la tripulación de diferentes partes del mundo que se mezclan íntima e intensamente por un corto período de tiempo”, dice Senanayake.

“Todos tienen diferentes niveles de inmunidad y eso genera un campo fértil para un brote de infección”.

Con el coronavirus, que se cree que se propaga por las gotas de las secreciones respiratorias —como el moco o la saliva— la gente puede contagiarse sin estar en contacto directo con la persona infectada.

“Si alguien estornuda por ejemplo sobre una mesa, y alguien toca inmediatamente la mesa, eso puede dar lugar a una infección”, afirma Senanayake.

“Puede que la gente no esté hablando entre sí todo el tiempo, pero están en espacios compartidos como piscinas, spas, comedores, discotecas y auditorios”.

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