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Nuevamente Eduardo Verano flamante presidente del Consejo Superior de la Universidad del Atlántico demuestra su talante indeciso y marrullero en la toma de decisiones en el organismo que dirige en calidad de Gobernador del Atlántico. En estricta realidad no atina una con sus decisiones bizarras y torpes como es la de permitir que Carlos Prasca siga activo como rector de la Universidad al concederle vacaciones.

El rector Prasca acompañado de uno de sus socios de parranda, un estudiante abiertamente gay, de quien se comenta en la universidad es el encargado de conseguir las mujeres y jóvenes para la rumba.

Se dirá que el encargo al rector repleto de títulos –aparataje “profesional” que no demuestra nada, excepto que al poseedor le dan competencias para cualquier asunto que se le ocurra– proveniente del Centro Democrático, partido político cuyo compromiso no es precisamente con la universalidad del pensamiento (Universitas, universidad) y miembro de las huestes del voraz senador Carlos Meisel, entrará a despachar después de una fumigación para anestesiar las bacterias prasquianas todavía con vida en las oficinas rectorales.

Podrá señalarse que con este episodio bufo de los acosos sexuales y presupuestales de Pascra se superan los problemas y que el nuevo rector proponga, como ya lo hizo mansamente, una hoja de ruta en que cesen las animosidades para que retorne la estabilidad institucional. Todo eso puede aceptarse, pero también que Carlos Prasca jurídicamente sigue de rector titular.

Sea lo primero señalar que cuando un rector renuncia “irrevocablemente” después de sucesos graves, no se encuentra en capacidad de negociar ni de imponer fechas relativas a sus procesos laborales internos. Es un perfecto embeleco nunca visto y aceptado por el ignaro en leyes Verano de la Rosa sin chistar, casi aceptado como solución “salvadora”, o por lo menos presentado así. Prasca ha debido salir al aceptarse su supuesta renuncia y en la liquidación respectiva abonarle la suma que le deben por vacaciones vencidas.

Todo es confuso y se presta a enredos pues el Consejo Superior en el artículo 18 de los Estatutos Universitarios tiene planteadas precisas funciones y allí no se encuentra la de concederle vacaciones al rector.  En el acápite C del artículo 18 señala como funciones “aprobar la organización académica, administrativa y financiera”. Organizar, no decidir sobre asuntos potestativos del régimen interno de los empleados tal es la situación que acontece con la singularidad de Prasca.  El E, indica que el Consejo Superior puede “aprobar, expedir, modificar y reglamentar los estatutos”.  Y tiene dos en donde señala sus competencias objetivas sobre el rector. El F, “autorizar las comisiones al exterior del Rector” y el H, “nombrar y remover al rector de la universidad”, que es lo que ha debido plantearse en la sesión del Consejo Superior: remover a Prasca o aceptarle su renuncia sin dilaciones.

Monumentos de la corrupción

En ninguna parte dice, señala o indica el Estatuto de la Universidad del Atlántico que el Consejo Superior tiene potestad y competencia para decretarle “vacaciones” al rector. En ninguna; y ya vimos que trata puntualmente el caso del rector en caso de viajes, nombramientos y remociones. Es un claro desborde del Superior sobre los mismos estatutos de la universidad y un probable prevaricato por acción en todos los componentes estructurales del artículo 143:

“El servidor público que profiera resolución, dictamen o concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá en prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses, multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a trescientos (300) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de ochenta (80) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses.

Todo es un disparate total prohijado por los hilos de la politiquería que ha mandado al limbo el concepto de autonomía universitaria. El verdadero mecanismo para otorgarle las vacaciones a Prasca tiene un conducto interno manejado por la Vicerrectoría Administrativa y Financiera, que a su vez tiene un departamento encargado de estas funciones específicas sobre la situación laboral de los empleados: Gestión de Talento Humano.

No fue así y desde la perspectiva planteada de otorgarle vacaciones a Carlos Prasca mediante Resolución del Consejo Superior, la consecuencia jurídica es clara: sigue de rector titular de la Universidad del Atlántico por lo menos hasta el 16 de diciembre y desde ya se cocina, con la anuencia de la ineptitud del gobernador Verano, por la ambigüedad del caso, una millonaria demanda laboral en contra de la universidad. ¿Apostamos?

La pregunta fundamental es a quién beneficia este episodio nebuloso? A Verano, que se va en 45 días y se evita un largo y tedioso conflicto que lo distrae de su verdadero coto de caza, los contratos y la construcción de la nueva sede de la universidad en Sabanalarga. A Prasca, pues sigue de rector titular y como tal tiene la sartén por el mango para implementar desde fuera cualquier acción jurídica que crea lo perjudique, aparte de la millonaria demanda que impetrará y seguramente tendrá, por los errores cometidos, posibilidad de ganar. También salen con evidente beneficio el “rector” encargado del Centro Democrático que tendrá posibilidades, mediante la recomposición del poder cuando se posesione la nueva gobernadora, de aspirar a la rectoría con titularidad. Todo para que el poder y la autonomía de la universidad sigan en la calamitosa situación actual en donde cambian para que nada cambie.

Y las siguientes escenas volverán a repetirse:

Las fotos corresponden a la interacción de delincuentes del barrio La Playa y la policía, recibiendo recompensa en comida de los uniformados después de ingresar a las instalaciones de la Universidad.

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