La elección de Carlos Prasca en la rectoría de la Universidad del Atlántico fue accidentada. Así también ha sido su mandato, si es que puede apostillarse este concepto en medio de acusaciones de tráfico sexual con las estudiantes, la dilapidación del presupuesto y una confrontación a muerte con diversos estamentos de la casa de estudios. Una constante de ataques reales y ficticios a las instalaciones por parte de misteriosos encapuchados que son usados por Prasca para solicitar la intervención del ESMAD de la policía a sabiendas que gran parte del problema la genera su misma presencia al frente del cargo de rector.

Van por él y lo sabe. No es la primera vez encapuchados tratan de irrumpir en la rectoría a sangre y fuego. Tampoco será la última que aparezcan caminando tranquilamente, en compinchería, al lado de la policía tal como lo mostró un vídeo montado en twitter por el reportero grafico Jesús Abad Colorado, premio Gabo 2019 que se encontraba participando en la llamada Semana de la Memoria dentro de las instalaciones de la universidad. Esos mismos encapuchados que son contratados por personajes de la universidad pues le sirven perfectamente estos disturbios que distraen como gaseosa cortina la verdadera crisis de la universidad. Hasta El Heraldo, que siempre se apunta a las causas de la politiquería, reconoce en su edición del 25 de octubre de 2019: “entre los retenidos se encontraban siete menores de edad. Los otros 24 capturados fueron trasladados a la URI y se verificó que 13 no son estudiantes activos de la institución de educación superior”. En otro segmento del mismo diario el reportero Salomón Asmar indica que “según me contaron los estudiantes, en situaciones como esta los “coletos” como le llaman los violentos de la zona “entran a los edificios a destruir los espacios de clase”, para “darle una excusa a la fuerza pública de culpar a los alumnos”.  Más si son reclutados y pagos desde el interior de la misma universidad.

Carlos Prasca, rector de la Universidad del Atlántico, investigado por acoso sexual a estudiantes.

Previamente Prasca, con su talante de adivino, había advertido que en caso de paro se cancelaría el semestre en un claro acto de amedrentamiento y de exacerbación de ánimos a los estudiantes opositores. Él sabe lo que dice, pues el primer interesado en parar con justificación la universidad es el mismo Prasca pues el presupuesto se le agotó hace rato y esa situación financiera la conocen perfectamente el gobernador Verano y el Consejo Directivo.

Infiltrados quemaron un salón para crear el caos.

El problema de fondo es que Prasca perdió legitimidad como interlocutor con gran parte de la comunidad universitaria sin distingos de ideologías políticas debido a sus escándalos sexuales con su obsesión por el coito anal –dicen que en guerra cualquier hueco es trinchera-, aparte de su comprobada politiquería en el manejo administrativo de la institución. No lo respeta nadie, ni siquiera sus amigos que en privado se burlan de las veleidades del “doctor chiquito” y de la pobreza de su léxico pueblerino usando permanentemente la muletilla “ten la plena seguridad”.

Con toda seguridad que la situación de Prasca en la universidad no va a mejorar. Todo lo contrario, según un axioma de la Ley de Murphy “Si algo puede salir mal, saldrá mal”, así que todo este proceso desgastante va a empeorar a extremos dramáticos dado el itinerario del conflicto y su consecuente radicalización. Hora de mencionar relativo al rector aludido uno de los principios de Peter: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse”.

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Es el caso del Consejo Directivo de pacotillas invocado por Prasca para pedir la intervención policial dentro de la universidad, desmentido tajantemente por la Ministra de Educación cuando señaló que “no había dado autorización para el ingreso de la fuerza policial y que tal decisión era potestativa del rector”. En otras palabras, aparte de mentiroso un perfecto cobarde diluyendo su responsabilidad entre otras personas e instituciones. Eso no es serio ni de pantalones masculinos. Tampoco las decisiones del Consejo Académico reunido en Cajacopi a escondidas para aprobarle a Prasca la intervención policial prohijada por decanos y los representantes de los profesores Carlos García y Javier Roldán.

COMUNICADO-A-LA-COMUNIDAD-UNIVERSITARIA-Y-OPINIÓN-PUBLICA-EN-GENERAL

Reiteramos que la situación de Prasca al frente de la rectoría de la Universidad del Atlántico es insostenible y su obcecada terquedad en permanecer allí puede desembocar en una tragedia anunciada. La animosidad contra su presencia crece y se multiplica con los recientes acontecimientos que permiten vislumbrar mayores niveles de conflicto mientras el gobernador Verano se hace el autista con comunicados públicos repudiando la violencia sin entrar en consideraciones sobre las verdaderas causas de esta polarización al interior de la universidad que amenaza gravemente –como sucedió en otras épocas- su propia estabilidad institucional.

Hora de renunciar o retirarse antes que el vértice de impopularidad y descredibilidad que arrastra el rector Prasca con el turbión de tomas, quemas, encapuchados, intervenciones del Esmad, vidrios e instalaciones destrozadas, agresiones verbales y físicas, heridos, detenidos, clases suspendidas, avenidas bloqueadas sea incontenible desde la misma base de su tragedia con muertos que ingresaran al panteón de héroes caídos.

Se le acaba el tiempo a Prasca y lo sabe. Debería retirarse de la responsabilidad ética y administrativa de manejar una importante universidad pública para que asuma sus delirios sexuales (“Te acordaras de mí por 72 horas cada vez que vayas al baño”) y que sus amiguitos de confianza le provean de carne de consumo. No puede probar que sea un rector de confianza, credibilidad, de forjador de nuevas visiones universitarias, de impulsor de la ciencia y la cultura. Todo lo contrario; y exactamente allí, en esos propósitos inversos se encuentra la extrema gravedad de su causa vencida.

Lo suyo a nivel de administración universitaria, Carlos Prasca, es una lenta agonía sin ninguna posibilidad de mejorar. Acéptelo. Ya prestó el servicio a los politiqueros que lo impulsaron a ese cargo. Recuerde, si todavía le queda sensatez otro principio de Peter respecto a su caso:

“Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”. Ya usted lo demostró con creces.

En Asamblea General de Estudiantes de la Universidad del Atlántico, se decidió entrar en paro hasta que el rector renuncie a su cargo.

Reacciones al interior de la universidad

Comunicado-de-filosofía

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