Por: Adlai Stevenson Samper

El proyecto urbano bandera para mostrar al país y al mundo los cambios administrativos políticos de Barranquilla lo constituye el malecón del río Magdalena y la avenida del río de cuya importancia estratégica no hay la menor duda.

Que conste. Estos dos proyectos son utilizados como síntoma visible de una ejecutoria deseable en imagen de administración presentando sus bondades en perfecta interacción: si los proyectos son buenos, entonces quien, en buena hora, los impulsó, también.

Así que el reciente galardón de la XXVII Bienal Colombiana de Arquitectura promovida por la Sociedad Colombiana de Arquitectos en la categoría Diseño urbano y paisajismo, premio Karl Brunner, a esta propuesta fue celebrada por todos como un triunfo de la arquitectura criolla, de la ciudad en el marco de su ubicación y por supuesto, de la gestión impecable de su impulsor.

Una de las partes elucubradas en la construcción de esta imagen mediática política es que la obra como tal fue una propuesta gestada en la administración de Alex Char y como tal su foto; con la célebre cachucha bacana, se encuentra en varias señalizaciones de la obra, en expresa contravía con el Decreto 2759 de 1997, artículo primero que señala: “Igualmente, prohíbese la colocación de placas o leyendas o la erección de monumentos destinados a recordar la participación de los funcionarios en ejercicio, en la construcción de obras públicas, a menos que así lo disponga una ley del Congreso”.

Los proyectos iniciales de la avenida del río y el malecón

Una fotografía a finales de la década de los cuarenta en el siglo XX muestra una planta de electricidad indicando en el pie de foto “avenida del río”.  La Ley 88 de 1947 promovía el levantamiento del plano regulador de las ciudades dando como consecuencia, en lo concerniente a Barranquilla, de la expedición del Plan Regulador (llamado sarcásticamente “Regularzón”) entre los años de 1957 y 1958.

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Allí se encontraba delineada en sus proyecciones una avenida del río. Posteriormente, treinta años después, se realiza por un amplio equipo el proyecto de renovación urbana del distrito central de Barranquilla conocida con el nombre escueto de Misión Japonesa, en donde su director, Yuji Morioka, resaltó la importancia de una vía paralela al río Magdalena:

Consiste en integrar el área comprendida entre la Zona Franca y La Loma I (o aún La Loma II) en el área especial de regeneración urbana. Esta idea viene principalmente de la ruta propuesta de la Avenida del Río la cual puede pasar a través del área mencionada. Tenemos que establecer una relación debidamente coordinada entre el uso del suelo y la arteria vial urbana.

Morioka también recomendó unos proyectos puntuales en la estrategia propuesta, como la construcción de un zoológico y un centro de convenciones en la isla La Loma I, proyectos que se plantearon, pero luego fueron desechados sin justificación de fondo.

Para el caso del centro de convenciones y eventos, tras culminar la avenida del río y malecón en su etapa inicial durante la administración de la alcaldesa Elsa Noguera en 2012, obra que estuvo paralizada después de reveses contractuales y financiadas con los recaudos de valorización I, se propone allí la construcción del centro de convenciones siguiendo las recomendaciones de la misión japonesa, aprovechando sus indudables ventajas de conectividad, vecina del río y los caños, colindante en uno de sus extremos con las posibilidades de renovación del distrito Central.

Allí es donde comienzan a cambiar los paradigmas de las recomendaciones, los estudios históricos, las recomendaciones y los proyectos. Surge como opción de ubicación del centro de convenciones un lote de la desmantelada industria vidriera Peldar en la vía 40. La alcaldesa Noguera se resiste a la idea, pero finalmente claudica el 23 de octubre de 2012 cuando la junta directiva del CEEC (Centro de eventos y convenciones del Caribe) reunida en Bogotá –no se sabe por qué en esa ciudad y no en Barranquilla– decide que el emplazamiento definitivo para la obra es el lote de Peldar.

Noguera con reticencias dice, otra vez, que Administración Distrital de Barranquilla considera que el mejor sitio para esta obra es La Loma, por todo el desarrollo urbanístico que ya se está ejecutando y por los proyectos ambiciosos que están diseñados para esa zona de la ciudad y que “desde la Alcaldía somos unos convencidos de que La Loma va a ser la esquina más hermosa de América Latina y se han superado todos los problemas que hace un año motivaron el cambio del lote inicialmente ubicado en La Loma”.

Pero termina aceptando el cambio de ubicación del edificio y aparece entonces la idea de canjear hectáreas de la isla La Loma I con unos constructores nacionales y estos a cambio construirían allí la nueva sede –en forma de barco- de la alcaldía de Barranquilla.

De esos proyectos sobre la isla La Loma, de tan vital importancia para las conclusiones sobre renovación del distrito central planteadas por la misión japonesa, solo quedaron los renders de la alcaldía, un puente inconcluso sobre el caño de las Compañías y uno batiente de conexión con las otras unidades funcionales de la avenida del río. Lo peor, toda la infraestructura construida en la administración de Elsa Noguera fue abandonada produciendo un general deterioro que ha estado en el ojo de las redes y los medios de comunicación por la indolencia y omisión administrativa en su debida conservación habida cuenta que el costo total de esta obra cuando fue finalizada en el 2012 fue de $46.686 millones de pesos.

El Centro de Eventos y Convenciones

Muy al estilo de la carencia de planificación que caracteriza los procesos de diseño y construcción de las obras públicas en Barranquilla, el concurso de méritos internacional para elegir el proyecto ganador del diseño para el Centro de Eventos y Convenciones del Caribe, tal como entonces se llamaba, se inició en el año 2010 bajo la gerencia de Julio Jacome de la Peña con la participación de 36 firmas internacionales bajo el marco de un presupuesto de construcción de $80.000 millones de pesos. Terminó costando $200.000 millones y todavía se encuentra inconcluso.

El plan maestro del centro de convenciones, emplazado inicialmente en la isla La Loma, incluía cuatro torres destinadas a oficinas, un hotel, un centro de negocios y un malecón de 300 metros de longitud. Este fue el verdadero inicio del concepto del actual concepto de malecón del río Magdalena en el sector de Siape, donde finalmente se construyó. El proyecto ganador fue de la firma de arquitectos argentina de Egozcue Vidal + Pastorino Pozzolo Arquitectos quienes plantean el edificio del centro de eventos, las 4 torres y un malecón paisajístico con embarcaderos, abundante vegetación y una vía de dos carriles.

Este proyecto, concebido inicialmente para la isla La Loma, fue trasplantado en su totalidad a la nueva ubicación en el sector de Siape en la vía 40 promoviendo la idea de una nueva vía  -con malecón incluido- que uniera el proyecto del centro de eventos más las obras construidas en la isla La Loma con una vía paralela a la vía 40, bordeando el río como un nuevo eje de desarrollo urbano a los cuales se les olvidó cobrar la respectiva plusvalía urbana a los terratenientes beneficiados con estas obras según reza en la constitución política en su artículo 82:

Es deber del Estado velar por la protección de la integridad del espacio público y por su destinación al uso común, el cual prevalece sobre el interés particular. Las entidades públicas participarán en la plusvalía que genere su acción urbanística y regularán la utilización del suelo y del espacio aéreo urbano en defensa del interés común.

Más adelante veremos las confusiones que se han planteado en torno al espacio público del malecón asimilado por extensión de destinación inmueble como privado perteneciente al Centro de Convenciones Puerta de Oro.

Decidida la ubicación en el lote de Peldar en la vía 40 se inicia la etapa de construcción, esperando culminar las obras en 2015 pero los retrasos generalizados en cronogramas condujeron que solo hasta agosto de 2016 se diera al servicio –parcialmente- con el evento Sabor Barranquilla.

Para la construcción se abre una licitación en donde participaron 18 firmas, se escogieron 5 finalistas resultando ganadora Unión Temporal Constructores Unidos Puerta de Oro, integrada por las firmas Mavig SA, AE Ingenieros Civiles SAS y Unión Global SA. Mavig es el acrónimo de Manuel Vives González, conocido constructor de inmuebles residenciales de Barranquilla y Unión Global Mavig es del mismo consorcio. La propuesta obtuvo el mayor puntaje y el menor valor ofertado entre las cinco recibidas por un valor de $108 mil 807 millones 587 mil 753 pesos.

Veremos, más adelante, como el apellido Vives gravita sobre la construcción de este centro de eventos, la gerencia y el diseño del malecón. El gerente del Centro de Eventos Puerta de Oro en el momento que se otorga la licitación pública de méritos es el actual alcalde de Barranquilla Jaime Pumarejo.

Las obras fueron cuestionadas en un extenso informe de auditoría del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, uno de los aportantes financieros al proyecto, al encontrarse sobrecostos, incosistencias, retrasos en los cronogramas y fallas generales en los procesos de planeación del montaje.

Premio de diseño urbano y paisajismo “Karl Brunner” en la XVVII Bienal de Arquitectura

Como marco introductorio es pertinente reseñar que la obra Malecón del río Magdalena promueve una visión de acercamiento de la artería fluvial con la ciudadanía a través de una vía de conectividad, la avenida del río, y un espacio paralelo al río y la vía dedicado a actividades lúdicas, deportivas y comerciales.

Eso fue, quizás, lo que vio o percibió el jurado que le otorgó el premio con el nombre del arquitecto y urbanista austriaco Karl Brunner en el concurso Bienal de Arquitectura Colombiana XXVII, promovido por la entidad gremial Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) a nivel nacional.

La SCA es presidida por el barranquillero Alfredo Reyes en el actual periodo 2019-2021. Su hoja de vida aparece en la web de la SCA, señalando que es egresado de la Universidad del Atlántico, que trabajó en municipios e instituciones como el Área Metropolitana de Barranquilla y “entre sus logros más recientes, cabe destacar la creación y coordinación del concurso VENTANA AL MUNDO en la ciudad de Barranquilla (2017)”.

Las empresas e instituciones patrocinadoras de la Bienal de Arquitectura son Mineducación, Colombia Crea, Consejo Nacional de Arquitectura y profesiones similares, Emprende, Diseño Publico, Eternit, Fiberglass Saint Gobain, Pintuco,  Vidrio Andino y Tecnoglass.

Dentro de las empresas aliadas de la XVII Bienal de Arquitectura se encuentran IE School of architecture of design, Frontis, Targetti, Argos, Avanti, Pintuco, Metecno, Lunawood, STAC, Tecsil, Lamitech, Impermembranas, Exiplast, Vitelsa, Consejo Nacional de Arquitectura, Acesco, Equipar, Archdaily, Knauf, Club Profesional, Eternit, Mineducación, Eternit, Signify, Euclid Group, Homify y las barranquilleras Tecnoglass y Energía Solar Windows.

Un premio de arquitectura se otorga a una construcción debidamente realizada en su totalidad y bajo unos parámetros de sostenibilidad, calidad, impacto social y estético de la obra. Es inadmisible que se premie un segmento o parte de un proyecto por muy impecable o fantástico que haya quedado pues desnaturaliza el concepto de integralidad del proyecto tal como sucedió con el galardón otorgado al “Gran Malecón en sus unidades funcionales I y II” tal como oficialmente fue presentado al concurso.

No solamente faltan varias partes al proyecto, sino que se omite una información macro, cual es que existe una obra previa abandonada dentro de los lineamientos conceptuales de integración al río Magdalena –el segmento dado al servicio en 2012 en la administración de la alcaldesa Noguera- correspondiente dentro de su concepción a estudios y recomendaciones de planes de desarrollo y urbanos tales como la Misión Japonesa en sus recomendaciones de renovación del distrito central.

Todo lo anterior se le omitió al jurado que premia solo lo que le muestran aislándolos de su respectivo contexto de actuación urbanística. Dentro de las bases de la Bienal de Arquitectura hay un expreso señalamiento respecto de las omisiones deliberadas o sin esta condición de la voluntad: “No se consideran subsanables no presentar información del proyecto de acuerdo a las normas establecidas en los formatos y la plataforma Vitrivius”.

En los parámetros generales a considerar dentro de la categoría Diseño Urbano y Paisajismo (en donde ganó el Malecón) se señalan en el acápite 4.2. de las bases de la Bienal: “Obras que involucren exclusivamente el diseño de espacio público, áreas de uso colectivo, integración de la arquitectura con el entorno, planteamiento de arborización, paisajismo, arte público y elementos de mobiliario urbano, construidos en territorio colombiano mejorando claramente el entorno y el paisaje mediante aportes creativos, sustentables con el entorno, transitable (movilidad universal) y amables con la comunidad”. 

Si bien la mayoría de estos requerimientos se cumplen en el malecón, la ausencia de uno solo de ellos es óbice de cuestionamiento general a la integridad –otra vez- del proyecto. Por lo menos en el concepto de “sustentable con el entorno” es notoria su ausencia pues el proyecto no consideró entre sus diseños la planeación y construcción de una solución parcial, transitoria o definitiva en el cruce de su trazado sobre alcantarillas de aguas residuales que vierten, incorporadas sobre la misma obra del malecón, sus desechos tóxicos al río Magdalena.

Debido a estas circunstancias aparecen los correspondientes olores fétidos percibidos por los usuarios de la obra a lo largo de su recorrido lo cual, desde el punto de vista de información sobre sustentabilidad de la obra es de extrema gravedad, pues cuando se otorga un premio de arquitectura en diseño urbano y paisajismo en estas condiciones es preciso indagar sobre sus procesos no cumplidos, realizados u obviados por omisión en el ramo de la ingeniería sanitaria o ambiental.

Sobre la calidad paisajística de la sección ganadora del concurso también se pueden formular varios cuestionamientos y solo basta comparar un render del proyecto original de los arquitectos argentinos del Centro de Eventos con su malecón particular –cuando no se había planeado ni construida la actual obra- que contiene abundante arborización y jardines con un mínimo de intervención en pavimentos. Todo lo contrario de la obra ganadora: abundante en pavimentos con islotes de arborización.

En la izquierda el diseño inicial, y en la derecha la obra final.

Dentro del terreno de las conjeturas sobre las posibles soluciones en materia de paisajismo y sustentabilidad ambiental bien pudo proponerse un bosque lineal ribereño, una ronda hídrica con parque lineal tal como se ha planteado en soluciones similares en otras ciudades de Colombia y el mundo y que en Barranquilla; a guisa de ejemplo, hay un segmento pequeño privado, un bello bosque a orillas del Magdalena frente a las instalaciones de la empresa Cartón de Colombia en la vía 40.

Los dueños del malecón

Para la administración distrital de Barranquilla el malecón es su máxima prioridad en materia de eventos, programaciones de todo tipo y nuevas construcciones, entre ellas el Caimán del Río y la Cajita de Cristal construida para la hipotética reunión del Banco Interamericano de Desarrollo como si para esos menesteres no estuviese el Centro de Convenciones Puerta de Oro con sus diversos salones y áreas.

La Caja de Cristal en el malecón de Barranquilla.

En fin, tanto es el celo sobre este espacio premiado del malecón que se dio una orden a los vigilantes en el sentido de prohibir la toma de fotografías y vídeos en sus instalaciones. Ante la arremetida en las redes sociales y la prensa, el gerente del Centro de Eventos Puerta de Oro, Ricardo Vives Guerra, ofreció unas declaraciones en donde puntualizó que se referían a fotos para filmaciones comerciales en gran escala, excusa nimia, pues estos aparatajes, en cualquier espacio urbano que utilicen en el mundo, necesitan una serie de protocolos de seguridad en cerramientos, apoyo sanitario, policivo, etc. Sobre la empresa que gerencia Vives es pertinente señalar su accionariado: 92.17% público y 7.83% privado.

Lo más curioso del caso es que Vives Guerra actúa fuera de sus parámetros de gerente de Puerta de Oro Centro Empresa de Desarrollo del Caribe –tal como es el mutante nombre (lleva 5 en su corta existencia)–, pues si bien esta empresa del distrito de Barranquilla tiene su competencia sobre el espacio privado del centro de eventos y Ferias Puerta de Oro (otro nombre), carece de competencia para prohibir, aclarar, determinar sobre el espacio público que constituye el Malecón del río Magdalena.

La polémica sobre estas prohibiciones sobre las confusiones entre espacio público y privado llegó hasta la prensa bogotana que hizo eco a denuncias y opiniones formuladas en redes. https://www.semana.com/nacion/articulo/bien-publico-o-privado-la-discusion-por-las-restricciones-para-fotos-en-el-malecon-de-barranquilla/202007/

Lo curioso del caso es que el arquitecto Ricardo Vives Guerra actuó en sus declaraciones con celo desmedido, tal como si esta obra fuese algo de sus personales dominios. La explicación es sencilla. Con el anuncio del premio de la Bienal de Arquitectura al malecón del río Magdalena, los funcionarios distritales, fieles a su frase favorita de combate de “saco pecho”, sacaron pecho tipo talla brasier 44, grande, inmenso, como si el galardón fuese de ellos, cuando en realidad estos premios recaen en los diseñadores, ateliers y estudios colectivos de arquitectura, por la sencilla razón que se trata de premios otorgados por una entidad gremial profesional para enaltecer las ejecutorias brillantes de sus afiliados o del desempeño general del oficio.

Ni que se hubiese ganado el premio el distrito de Barranquilla con tanta alharaca publicitaria. Así que el escándalo sobre esta nueva confirmación sobre las sendas de progreso y desarrollo en que anda la ciudad, obviaron el nombre del artífice del diseño de la obra del malecón que es el arquitecto Ricardo Vives Correa, el mismo gerente de Puerta de Oro Empresa de desarrollo del Caribe, entidad que es la que tiene dentro de sus activos al Centro de Eventos y Convenciones Puerta de Oro, el edificio que propició el surgimiento del malecón en la zona de Siape. Allí se empieza a entender el exceso de celo de Vives con su malecón al que considera, desde la perspectiva del Centro de Convenciones, que es extensión de bien inmueble por destinación, concepción jurídica absolutamente errónea.

Una confusión entre lo público y lo privado, un celo sobre obra pública del cual careció el desastre del tramo del malecón en la isla La Loma I dejando al libre albedrío de contratistas de dragados para que rellenasen a la topa tolondra humedales y a la indolencia administrativa sobre su mantenimiento y debida conservación.

Retornemos al apellido Vives, pues el constructor del Centro de Eventos fue Manuel Vives González a través de las firmas Mavig y Unión Global Mavig, Ricardo fue el diseñador del malecón del río y funge ahora como gerente de Puerta de Oro Empresa de Desarrollo del Caribe, nombrado por Jaime Pumarejo –alcalde y quien fue el gerente del Centro de Eventos Puerta de Oro que otorgó el contrato de construcción del recinto ferial- que expresó en diciembre 26 de 2019 cuando oficializó la vinculación del arquitecto Vives Guerra:

“Desde la gerencia de

Puerta de Oro, Vives tendrá como objetivo seguir trabajando por proyectos estratégicos que nos ayuden a darle mejor calidad de vida a todos los barranquilleros, y a seguir construyendo la ciudad del futuro”.
Jaime Pumarejo
Alcalde distrital de Barranquilla

El reciento del centro de convenciones Puerta de Oro fue dado en concesión de operación a la empresa Corferias, de la Cámara de Comercio de Bogotá, con una larga experiencia en el montaje de ferias, entre ellas, la del libro de la cual hace dos años se inició una réplica local a menor escala llamada Libraq auspiciada por la alcaldía de Barranquilla y Gobernación del Atlántico. Para efectos de dirigir este proyecto fue encargada en ese momento Alexandra Vives Guerra, hermana de Ricardo Vives Guerra, el diseñador del malecón y actual gerente del Puerta de Oro, posesionado dos años después.

Todas estas son consideraciones burocráticas de control, por parte de grupos de poder para su inclusión en las diversas instancias y aparatajes funcionales de la administración pública de Barranquilla que en apariencias no implicarían mayores consecuencias en el otorgamiento de un premio de arquitectura o, al menos, así podría creerse desde la perspectiva heroica de la buena fe. O podría ser todo lo contrario: un premio difuso dado para apuntalar, a través de una obra, a grupos políticos y burocráticos en el poder en su afán de mostrar efectividad y calidad en sus propuestas políticas basada en un proyecto puntual.

Después de contada esta historia: ¿usted que deduciría?

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