“Solas contra el sistema”

Dos mujeres han sacado, recientemente, la cara por la desprestigiada Rama Judicial colombiana: Carmen Helena Ortiz, jueza 28 de Conocimiento de Bogotá quien —pese a que tenía en el estrado al jefe de los jefes políticos de la nación— negó el archivo del proceso que se sigue contra Uribe Vélez, motivo por el cual él tendrá que ir a juicio, y la fiscal Angélica Monsalve, que concentró el interés público cuando decidió enfrentar un entramado de gran copete social que pretendía que ella desistiera de imputarles delitos relacionados con inhabilidades para contratar con el Estado a miembros de una familia con poder económico que creen que su dinero los exime de cumplir la ley, o bien de explicar, ante un juez, que nunca la incumplieron.

Ortiz y Monsalve demostraron que en los despachos comunes y corrientes de la justicia hay carácter suficiente para actuar con dignidad, decencia y autonomía pese a la corrupción que corroe las instituciones oficiales en formas unas veces descaradas y otras envueltas en algodones para hacerlas parecer menos sucias, menos “cochinas”, como dijo ella en algún momento. Como aquellas en las que incurren personajes del alto mundo cuando trafican influencias de modo elegante y mientras se toman un drink, con fines inconfesables, incluso el de ocultar los resultados de una investigación penal.

Media hora de autocharla grabada en video y retransmitida por decenas de medios de comunicación en directo —de acuerdo con los agradecimientos que Uribe se permitió leer para notificarle al país el poder con que todavía cuenta— tuvo que soportar, ella sí, sin derecho a la defensa, la jueza Ortiz después de que se conoció su decisión.

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Este es el tiempo que nos queda.

Lo menos que aseguró el exsenador en contra de su juzgadora es que ella ignoró, a propósito, las pruebas del expediente, es decir, que es una prevaricadora, y, después, “deploró” su supuesta “falta de valoración” de las afirmaciones de los testigos que contaron la verdad, si hablaron a su favor, pero mintieron si declararon en su contra, lo que viene siendo la misma cantaleta acusatoria que les enrostró a los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema que iniciaron la investigación en 2018 y a los magistrados de la Sala de Instrucción de la propia Corte que la completaron.

Hoy le toca la dosis de veneno a la jueza porque ratificó el análisis de la Corte. Imagino lo que le espera a la doctora Ortiz pues todos aquellos que han osado confrontar a Uribe han sido objeto —por arte del azar y de la mera coincidencia— de múltiples ataques mediáticos, pérdidas de empleos, mensajes amenazantes, montajes y hasta asesinatos.

La fiscal Monsalve, por su lado, ha estado envuelta en torbellinos mayores por haber anunciado su intención de acusar a los prominentes empresarios Ríos Velilla que se consideran inimputables, no por no comprender las ilicitudes en que habrían incurrido, sino porque, ajá, ¡ellos son ellos!

La doctora Monsalve ha tenido que resistir varias tempestades huracanadas originadas, casi nada, en el grupo de los poderosos entre los poderosos de este pequeño país, todos a una, a favor de los Ríos. ¡Ellos son ellos!: el fiscal general Francisco Barbosa quien, taimado él, ordenó trasladarla a miles de kilómetros de su residencia, Putumayo, con la evidente consecuencia de abandono del proceso; el ex fiscal general Néstor Humberto Martínez, antecesor de Barbosa y su sombra, la que sigue incidiendo en las actuaciones relevantes del búnker; el rector de la cueva que es la Universidad Sergio Arboleda, Rodrigo Noguera, una mano negra que parece alcanzar lo que desee con solo moverla.

Y, ahora, en vista del muro impenetrable que es la voluntad de Monsalve, los intocables Ríos le mandaron la pesada: uno de los tradicionales abogados de Uribe Vélez, conocido de autos, entre otras razones por su patanería con las mujeres. El hombre llegó a atacar, nada raro, la vida personal de Monsalve para quebrantarla.

En un escrito de recusación en contra de la fiscal, el defensor de Ríos hace referencia —aunque, hipócrita, escribe: «No me estoy refiriendo a asuntos de su órbita personal»— a un asunto al parecer privado, íntimo de ella. La recusación fue rechazada. El abogado también envió —mediante uno de sus empleados— un derecho de petición, citando el número del proceso Ríos, al director de la DIJIN que, obviamente, no tenía por qué responder.

La cuestión central de la petición dice: «Para investigar presuntos hechos de corrupción» de la fiscal. En radio, el abogado, dominado por la histeria, adujo que ella “intentó infiltrar” su oficina por un mensaje medio ingenuo de Monsalve en que le pregunta a una persona que trabaja con el defensor de Ríos: «Qué trama Lombana conmigo». De ahí a acusarla de “infiltrar” un bufete, hay mucho trecho.

El penalista también sacó a relucir mensajes de la doctora Monsalve sin mayor importancia pero, claramente, pretendía indisponerla con su medio judicial para que la dejen “sola”. Nada tenían que ver con el caso. Los métodos empleados por este señor siempre han sido cuestionables y poco éticos. Los Ríos no ganarán, así, ni el proceso ni el favor de la opinión pues se comportan como lo harían los culpables.

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