Mientras los grupos armados matan cuerpos, la Junta Directiva del Banco de la República mata empleos, hipotecas y esperanzas. Y lo hace con saco y corbata.

Por  corrupcionaldia.com  |  Abril 2026

Un guerrillero con fusil en la selva del Caquetá asusta. Un codirector del Banco de la República con un voto en una junta directiva no asusta a nadie. Y sin embargo, el segundo puede arruinar tu vida con más eficiencia, más impunidad y mejor remuneración que el primero.

Esta no es una pregunta retórica ni una provocación de columnista acomplejado. Es la pregunta que Colombia se niega a hacerse porque la hemos entrenado para temer al hombre con fusil y venerar al hombre con Excel. Pero los datos no mienten: mientras los grupos armados ilegales operan en zonas donde el Estado lleva décadas sin aparecer, la Junta Directiva del Banco de la República opera en Bogotá, en la misma ciudad donde viven los periodistas que nunca la cuestionan, los economistas que la aplauden y los políticos que la nombraron.

La reciente decisión de subir la tasa de interés del 10,25% al 11,25% —en un contexto donde el Banco Central Europeo mantiene sus tasas entre el 2% y el 2,15%— no es un tecnicismo. Es una declaración de guerra contra la clase media colombiana. Y detrás de esa declaración, hay nombres, apellidos y una telaraña familiar que conecta la política monetaria con la campaña presidencial de la oposición.

Bienvenido a la Red Subterránea que nadie se atreve a nombrar.

EL MECANISMO EXPUESTO — CÓMO SE MATA SIN DISPARAR

Empecemos por lo básico, porque resulta que la economía —como bien señaló el analista Juan Carlos Monedero— no debería ser un asunto solo de economistas. Especialmente cuando sus decisiones afectan el precio de tu mercado, el costo de tu crédito y la viabilidad de tu empresa.

Cuando el Banco de la República sube la tasa de interés, encarece el costo del dinero en toda la economía. Eso significa que los bancos comerciales prestan más caro, las empresas no pueden financiar expansión ni nómina, los colombianos que sueñan con casa propia deben pagar cuotas que ya no caben en su salario, y las pymes —esa columna vertebral de la economía real— quiebran calladamente mientras los grandes bancos celebran márgenes de rentabilidad históricos.

Una tasa alta fortalece artificialmente el peso colombiano. El café del Huila, el banano del Urabá, resultan más caros en el mercado internacional. Los exportadores venden menos. Los productos importados de China o Estados Unidos se abaratan. La economía productiva del país se asfixia mientras la economía financiera prospera.

El gobierno de Petro acaba de subir el salario mínimo un 23%. Una medida que, en condiciones normales, activaría el consumo. Pero con una tasa del 11,25%, ese efecto positivo se neutraliza metódicamente. Y entonces el coro mediático puede salir a gritar: ‘¡Es culpa de la subida del salario!‘ Como lo describió con precisión el economista Jorge Pulecio: será una promesa autocumplida. Primero saboteas la economía. Luego culpas al gobierno. Luego ganas las elecciones. Matemáticamente perfecto. Moralmente nauseabundo.

LOS ACTORES Y SUS ROLES — LA FAMILIA QUE MANEJA EL PAÍS

Aquí viene la parte que los medios tradicionales prefieren no contar. Porque cuando la política y el dinero no cuadran, buscas lazos de sangre. Y en este caso, los lazos son escandalosamente visibles para quien quiera ver.

Viviana Taboada es codirectora del Banco de la República. Fue nombrada por el expresidente Iván Duque en 2021. Su voto es fundamental para mantener la tasa de interés en niveles que asfixian la economía real.

La madre de Viviana Taboada es Alicia Arango: exministra del Interior de Duque, guardiana de los secretos de Álvaro Uribe Vélez, y —atención— una de las jefas de debate y estratega principal de la campaña presidencial de Paloma Valencia, la figura de oposición que hoy se rasga las vestiduras exigiendo autonomía institucional.

 La hija de la jefa de campaña de la oposición vota desde el Banco de la República las políticas monetarias que hunden al gobierno que esa misma oposición busca derrotar en 2026.

A esto se le llama captura institucional. Y es, por definición, una forma de corrupción del sistema. No requiere sobornos en maletines. Requiere algo más sofisticado: colocar personas leales en instituciones ‘independientes‘ para que, cuando el adversario gane las elecciones, las instituciones sigan obedeciendo a quienes perdieron.

Y por supuesto, más de 300 economistas y ex-funcionarios firmaron una carta ‘defendiendo la autonomía del Banco‘. Qué conveniente que ninguno mencionara el conflicto de intereses familiar. Qué oportuno que la defensa de la ‘independencia técnica‘ no incluya una sola pregunta sobre quién nombró a quién, y a quién beneficia esta tasa del 11,25%.

EL IMPACTO REAL — LO QUE NUNCA APARECE EN LAS GRÁFICAS

Los grupos armados ilegales generaron en 2024 aproximadamente 100 masacres en Colombia según el INDEPAZ. Cada una es una tragedia irreparable. Pero los grupos armados operan —en su mayoría— en territorios específicos, rurales, históricamente abandonados por el Estado. Su violencia es atroz y visible.

La violencia de la Junta Directiva del Banco de la República no genera titulares. Es invisible, técnica, limpia. Y llega a todos los hogares del país sin excepción.

Cuando tu crédito de vivienda aumenta en $500.000 pesos mensuales porque la tasa de referencia subió, nadie sale a marchar. Cuando tu empresa no puede renovar el crédito de nómina y debe despedir a tres personas, no hay un grupo de derechos humanos que documente el caso. Cuando el campesino cafetero recibe menos por su cosecha porque el peso está artificialmente fortalecido, no hay una fotografía en los medios internacionales.

Y sin embargo, la acumulación de ese daño invisible produce exactamente lo mismo que produce la violencia armada: pobreza, desesperanza, y una sensación de que el sistema está diseñado para que tú pierdas.

 La diferencia es que al guerrillero lo persiguen. Al codirector del Banco lo defienden con cartas firmadas por 300 académicos.

EL SISTEMA QUE LO PERMITE

El presidente Petro hizo una comparación que muchos desestimaron: Colombia podría seguir el camino de Grecia bajo el gobierno de Tsipras. El Banco Central Europeo saboteó sistemáticamente al gobierno griego hasta quebrarlo. Grecia terminó en un gobierno de austeridad brutal.

El Consenso de Washington de finales de los 80 consagró constitucionalmente la ‘independencia‘ de los bancos centrales. Un diseño brillante en su perversidad: aparentemente técnico, supuestamente apolítico, pero en la práctica un mecanismo para que, cuando la izquierda gane elecciones, las élites económicas conserven el control sobre la variable más poderosa de la economía: el costo del dinero.

No son independientes del poder político. Son independientes del poder político elegido democráticamente. Siguen siendo perfectamente dependientes del poder político no electo: el de los grandes tenedores de deuda pública, el de las familias que llevan décadas colocando sus miembros en sus juntas.

Colombia necesita urgentemente este debate: si la autonomía del Banco protege a los ciudadanos o los expone. Si una institución donde la hija de la jefa de campaña de la oposición vota la política monetaria puede ser llamada ‘técnica’ o ‘independiente’. Y si un sistema que permite esta arquitectura de conflicto de intereses no es, en sí mismo, una forma de corrupción estructural.

CONCLUSIÓN

Entonces, ¿quién destruye más a Colombia: los grupos armados ilegales o la Junta Directiva del Banco de la República?

La respuesta honesta es que son dos caras de una misma moneda de impunidad. Los grupos armados operan en los territorios que el Estado abandonó. La Junta Directiva opera en los territorios que el Estado entregó voluntariamente a las élites financieras.

Pero hay una diferencia crucial que nadie señala: al guerrillero lo perseguimos. A la Junta la aplaudimos. Al guerrillero le exigimos rendición de cuentas. A la Junta la blindamos constitucionalmente.

La pregunta no es si el Banco de la República tiene autonomía. La pregunta es: ¿autonomía para servir a quién?

Porque el sistema no se cambia solo. Pero tampoco puede cambiar mientras sigamos creyendo que la corbata garantiza la honestidad.

Entra a corrupcionaldia.com y no permitas que la complejidad técnica sea la última coartada de la impunidad.
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