Análisis del tuit del 21 de abril: cuando el discurso reemplaza a la estrategia
El tuit que reabre una vieja herida
El pasado 21 de abril, el presidente Gustavo Petro volvió a la carga en su red social favorita. A propósito de la noticia divulgada por Última Hora Caracol sobre la libertad concedida por la juez sexta de Ejecución de Penas de Barranquilla, Carmen Luisa Terán Suárez, a Carlos Mattos —condenado por el escándalo de corrupción judicial Hyundai—, el mandatario escribió textualmente:
"La corrupción en el poder judicial es similar al resto de poderes públicos. Contra la corrupción la sociedad debe apretarse a una asamblea nacional constituyente, elegida por la misma sociedad, con el fin exclusivo de eliminar el sistema de corrupción que hay en Colombia que se genera de su mismo sistema político que es clientelar y de intercambio de favores." @petrogustavo

El diagnóstico, por sí solo, no es errado. Cualquier colombiano honesto sabe que el sistema clientelar y de intercambio de favores es el caldo de cultivo de la corrupción. Pero cuando esa frase la pronuncia quien lleva casi cuatro años en el poder con un mandato explícito de cambio, deja de ser un diagnóstico para convertirse en una confesión de fracaso.
El problema no es el diagnóstico, es la ausencia de tratamiento
Como lo ha venido documentando este portal en múltiples entregas, el gobierno de Gustavo Petro nunca formuló una política ni una estrategia anticorrupción coherente. Desde los primeros 100 días, Transparencia por Colombia advirtió que la alta atención que tuvo la lucha contra la corrupción durante la campaña —y que movilizó a millones de personas a las urnas— no fue correspondida con una visión y una estrategia anticorrupción visible para la ciudadanía.
Andrés Hernández, director de Transparencia por Colombia, lo dijo sin eufemismos: las iniciativas anticorrupción debían complementarse con compromisos explícitos desde los distintos Ministerios y con un seguimiento periódico del propio presidente al logro de resultados concretos. Nada de eso ocurrió. El Plan Nacional de Desarrollo, instrumento estratégico por excelencia del Ejecutivo, no se articuló con la lucha contra la corrupción en materia de justicia social, justicia ambiental ni paz total.
Por eso, cuando hoy el presidente clama por una asamblea nacional constituyente como fórmula mágica para «eliminar el sistema de corrupción», lo que en realidad está confesando es que él mismo no fue capaz de cumplir lo que prometió en campaña: el fortalecimiento del Estado contra las redes de corrupción, la reforma a los órganos de control, la protección al denunciante, la transparencia de los beneficiarios finales y la meritocracia en el empleo público.
La UNGRD: el monumento a la incoherencia
El escándalo de los 40 carrotanques de la UNGRD es la prueba reina de que la corrupción no solo no fue combatida, sino que se instaló en el corazón mismo del gobierno del cambio. Sobornos que pasaron de 4.000 millones a 7.700 millones de pesos, repartidos —según las versiones del exsubdirector Sneyder Pinilla— entre el entonces presidente del Senado Iván Name y el presidente de la Cámara Andrés Calle, para asegurar la aprobación de las reformas del Ejecutivo Corrupción al Día.
Lo más demoledor: Pinilla describió ese pago como una «política de Estado». Es decir, la corrupción dejó de ser una desviación para convertirse, según los propios actores, en una herramienta institucionalizada del gobierno que prometió cero corrupción. El presidente sacó después a Sandra Ortiz y a Andrés Idárraga, pero lo que quedó claro no fue su capacidad de reacción, sino su incapacidad estructural de prevención.
¿Cómo predicar hoy una constituyente contra el «intercambio de favores» cuando el propio Ejecutivo recurrió, para sacar adelante su reforma tributaria, el Acuerdo de Escazú y la ley de paz total, a las mismas viejas prácticas de repartición burocrática y reasignaciones presupuestales que en su época de senador denunció con vehemencia? Corrupción al Día
El Petro que se contradice a sí mismo
El analista William Ospina, en una pieza ya antológica recogida por este portal, lo resumió con una imagen brutal: en Petro conviven un ambientalista sincero y un autócrata indomable, un rebelde furioso y un pragmático ambicioso, un político lúcido y un aventurero imprudente.
Esa dualidad explica el tuit del 21 de abril. El Petro que diagnostica con claridad el sistema clientelar es el mismo Petro que, en agosto de 2024, presentó como su candidato a la Procuraduría General de la Nación a Gregorio Eljach, un funcionario con más de 12 años en la Secretaría del Senado, calificado por este mismo portal como un «dinosaurio de la política tradicional corrupta», sin una sola acción anticorrupción que pueda mostrar.
Es el mismo Petro que se inmiscuyó en la elección del Contralor General para que su coalición ungiera a un funcionario cuestionado por su cercanía con el gobierno. El mismo que rompió con Francia Márquez y le negó el Departamento de Prosperidad Social para conservar ese fortín electoral. El mismo que toleró la propuesta de eliminar el conflicto de intereses para los congresistas en asuntos relacionados con sus financiadores privados.
¿Y ahora propone una constituyente para acabar con el clientelismo?
El espejo del Índice de Percepción
Las cifras son demoledoras. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 de Transparencia Internacional, Colombia cayó un punto respecto a 2023 y se ubicó en el puesto 92 entre 180 países, con apenas 39 puntos sobre 100 —cualquier puntuación inferior a 50 indica «problemas graves de corrupción»— Corrupción al Día.
Una encuesta de la revista Semana arroja un dato aún más lapidario: el 78 % de los colombianos cree que la corrupción ha empeorado durante el gobierno de Petro. Para un mandatario que llegó a la Casa de Nariño con la bandera anticorrupción ondeando como su principal estandarte moral, la cifra equivale a un certificado público de fracaso.
La constituyente como cortina de humo
Aquí es donde el tuit revela su verdadera naturaleza: no es una propuesta, es una coartada. Cuando un presidente, faltando pocos meses para terminar su mandato, propone refundar el país a través de una asamblea constituyente para resolver un problema que él prometió combatir desde la institucionalidad existente, lo que está haciendo es transferirle a la ciudadanía la responsabilidad de un trabajo que él no hizo.
La pregunta incómoda es: ¿qué se necesitaba una constituyente para hacer? ¿Para promulgar la ley de protección al denunciante que su propio secretario de Transparencia anunció en 2022 y que aún no es realidad? ¿Para mejorar el acceso a la información pública? ¿Para reformar el sistema de designación de las cabezas de los organismos de control, tal como él mismo propuso en campaña? ¿Para establecer la meritocracia en el empleo público y blindar a la administración del cuoteo burocrático que él mismo aplicó?
Nada de eso requería una constituyente. Requería voluntad política, equipo técnico, articulación con el Plan Nacional de Desarrollo y, sobre todo, coherencia entre el discurso y la práctica. Petro no entregó ninguna de las tres cosas.
La propuesta que Colombia sí necesita
Este portal ha defendido que el camino no pasa por refundaciones mesiánicas, sino por propuestas concretas como las Zonas Libres de Corrupción que ha planteado el senador y candidato presidencial Iván Cepeda, articuladas en tres ejes: lucha de sistema, casos concretos y rebelión ciudadana.
Como bien lo describe el jurista Alejandro Nieto en El desgobierno de lo público, Colombia padece una corrupción estructural: una práctica sistemática integrada al funcionamiento del Estado. No es un tumor que se extirpa con una asamblea ni con un tuit indignado: es el tejido mismo. Y para curar el tejido se necesita inteligencia financiera, cooperación internacional, análisis de redes y movilización ciudadana sostenida. No discursos crepusculares de un presidente que se descubre, al final del camino, predicando lo que nunca practicó.
Conclusión: el último acto del tribuno
El tuit del 21 de abril es, en el fondo, la confirmación de lo que este portal viene denunciando desde el primer día: el gobierno de Petro convirtió la lucha anticorrupción en un canto a la bandera. Hoy, acorralado por los escándalos de la UNGRD, los señalamientos sobre la financiación irregular de su campaña y las cuestionadas decisiones en Ecopetrol, el presidente recurre a la única herramienta retórica que le queda: culpar al sistema.
Pero el sistema, señor presidente, llevaba cuatro años en sus manos. Y como lo escribió Ospina, «el que quiera cambiar al país no puede convertir a la sociedad en un coro de beneficiarios agradeciendo sin fin por los favores recibidos». Tampoco puede, agregamos nosotros, convertirla en un coro de damnificados a los que ahora se les pide refundar la república para suplir las tareas que el Ejecutivo no quiso hacer.
La corrupción judicial denunciada en el caso Mattos es real. El sistema clientelar y de intercambio de favores también lo es. Pero el remedio no es una constituyente que Petro improvisa al final de su mandato: el remedio era la política y la estrategia anticorrupción que prometió y que jamás formuló.
Como dijo Ayn Rand y este portal repite en su portada: «Cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada». Esa frase debería leerla, hoy, el inquilino de la Casa de Nariño.






