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José Manuel Carbonell, nuevo Presidente de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Barranquilla

Por: Marino Rengifo Caicedo

Los tiempos heroicos de Gastón Abello, incuestionable líder gremial entre cuyas más brillantes ejecutorias se encuentra el edificio de la calle 40 y la creación de Confecamaras, pasaron. A finales de los setenta se implementó en la ciudad un curioso modelo de “nuevo ejecutivo” auspiciado, por supuesto, por los periódicos Diario del Caribe y El Heraldo, llevándolos de gratis a sus columnas de opinión en donde opinaban del río Magdalena, del carnaval, del centralismo “asfixiante” para los intereses de la ciudad, de la decencia administrativa, de actitud hostil a la clase política malévola que había llevado a Barranquilla a extremos de postración después de su brillante performance de finales del siglo XIX y durante el transcurso de buena parte del XX y donde ellos, los columnistas, eran la dinámica solución administrativa a esos problemas. En sus manos se encontraban, en otras palabras, la redención de la ciudad.

La comunidad los apodó Los Nísperos, madurados a punta de papel periódico, aunque es menester precisar que el escritor Álvaro Cepeda Samudio los había vislumbrado, antes de morir en New York, como la casta de Los Bobales. Que estaban en todas las juntas habidas y por haber de la ciudad, pero detrás de su gaseoso protagonismo, no existía nada. Algunos decidieron apostarle a la política pero ante el hecho imposible de competir con las poderosas maquinarias políticas siempre se “ahogaban en la piscina del Country Club” –como graciosamente los describió un político de esa época- decidieron incursionar al poder a través de las instituciones gremiales de la ciudad. Con altibajos, fue el método usado por Arturo Sarabia Better para asumir la dirección de la Cámara de Comercio de Barranquilla.

Hay que reconocer que en sus manos la entidad tomó un aire más moderno. De auscultar algunos procesos de la ciudad ante la cual siempre había tenido una actitud de indiferencia, tal es el caso del carnaval. Impulsando a una camada de nuevos ejecutivos, propiciando cambios en la mentalidad empresarial, tratando de impulsar proyectos urbanos, algunos no muy exitosos como el fallido proyecto de la Calle del Cambio, sobre la carrera 20 de julio.

Durante este proceso de Sarabia empieza a consolidarse un grupo de presión y control denominado, por proceder de origen algunos de ellos del antiguo departamento de Bolívar grande, como el Cartel del Suero. Aliados estratégicamente con algunos miembros jóvenes de la élite barranquillera, convenientemente instalados en diversas entidades. Ante la salida de Sarabia a ejercer una carrera de funcionario administrativo, llega comisionado Enrique Berrío a la dirección de la Cámara de Comercio, con una menor amplitud de concepciones culturales e intelectuales, pero preocupado en el crecimiento de las funciones de la Cámara de Comercio en la creación y control de varias entidades. De esta manera surge la vinculación a la Corporación Nieto Arteta, operadora del sistema cultural implementado en La Aduana, unos edificios restaurados por el gobierno nacional y la gobernación del Atlántico durante la administración Bell en donde tiene fuerte preeminencia y control la Cámara de Comercio. De allí, de esa entidad, surgen los cuadros directivos del manejo de CLENA, entre ellos su actual directora Cielo Tamara. Por cierto Berrío, tras su salida aparatosa de la dirección de la Cámara de Comercio, lo nombra Alex Char en su primera administración, sin conocer en lo mínimo del tema, en la Secretaría de Movilidad. Es la época en que le interceptan ilegalmente varias conversaciones teléfonicas en donde sostiene, con asombro, que “la Cámara es un pajazo y el verdadero polvo se encontraba en el sector público”.

Es preciso señalar que a diferencia de otras Cámaras de Comercio en el país, impulsoras dentro de sus funciones de la construcción de sedes con diversos servicios para sus afiliados y la comunidad, la de Barranquilla se muda a usufructuar edificios diseñados para otros fines. Con esta curiosa metodología pegan un salto curioso de su edificio de la calle 40 a La Aduana, pasando sus instalaciones a la estación Montoya y otras áreas del edificio pagando un arriendo a la Corporación Nieto Arteta. Sin embargo, gran parte de los ingresos operacionales de la citada Corporación entran por servicios prestados y sobre todo, por vía estatal a través de diversos mecanismos.

La labor de control de la Cámara de Comercio, calificada como salvadora ante el desgreño administrativo de la ciudad, consistía, consiste, en recibir entes con “problemas” a los cuales les inyectaban algún capital inicial con estricto control administrativo, para acto seguido instaurar un sistema de auto sostenibilidad que terminaban, en teoría, pagando los usuarios. De este modo entraron en las juntas directivas del Carnaval, de Zoológico de Barranquilla, de Aeropuertos del Caribe, del Parque Cultural del Caribe, del Centro de Eventos y Convenciones del Caribe; entre otros.

De corruptos y corruptelas

A principios de los noventa, la Cámara de Comercio se encontraba en franca disputa con algunos políticos de la ciudad. Para entrar a dirimir sus procedimientos se creó Protransparencia, una veeduría avalada por una entidad internacional con una curiosa visión de miopía en ese momento de la historia de la ciudad: solo veía los prados contaminados contractuales de la Alcaldía mientras los de la gobernación quedaban sin investigación y mención.

Si bien la entidad todavía existe, por lo menos de nombre, carece del protagonismo que tuvo en sus primeros días y, si antes tuvo miopía, ahora tiene completa ceguera, pues mantiene un silencio sepulcral sobre los resultados de sus investigaciones y evaluaciones. Es que tal como se presenta la corrupción administrativa (de entidades del estado, privadas o mixtas) tal como ha venido mostrando sistemáticamente Corrupción al día; Pro Transparencia no muestra nada. Guarda un silencio sepulcral de los resultados de sus pesquisas. O sea que dejó de ser transparente asumiendo una existencia de escenografía de cartón.

Más allá del cuestionamiento a este ente, habría que revertírselo a su padrino inmediato, la Cámara de Comercio de Barranquilla que durante dos años (2015-2016) mantuvo una puja nada transparente de algunos de sus afiliados por hacerse al control de la entidad, aplicando todo un recetario de corrupción con afiliaciones falsas, intervenciones de la Superintendencia, maniobras dolosas que afectaron a nivel nacional la credibilidad de esa institución. Todo ello reflejo de la nueva clase empresarial de Barranquilla que venía con métodos de la más abyecta politiquería, el clientelismo y las mafias. Es que allí, a la larga, confluyeron empresarios y políticos tras idénticos objetivos: el control integral institucional de la ciudad.

Sede de la Cámara de Comerció en la vieja aduana de Barranquilla.

La crisis del modelo empresarial propuesto por la Cámara de Comercio

Donde más se siente la crisis de los procesos en donde la Cámara de Comercio intervino con su “mano salvadora” fue en la empresa Carnaval, hecho presentado en varios reportajes en Corrupción al día. Desvirtuados los propósitos iniciales del evento cultural para convertirse, según ellos mismos, en una rueda generadora de negocios en donde todo se vende y se alquila y si no gastas no lo gozas. Quién no tiene el dinero, ni lo vive ni lo goza. Allí no se encuentra solamente la presencia de la Cámara de Comercio, es cierto, pero es el mismo grupo de control en otras instituciones privadas y políticas de la ciudad.

El caso de Aeropuertos del Caribe, entidad operadora del aeropuerto Ernesto Cortissoz es bochornoso. Durante su gestión se recuerdan los problemas permanentes de los aires acondicionados, la pista con problemas de aves, administrando el bien solo para la producción económica con nulas inversiones. Solo colocaron una escalera eléctrica para bajar del segundo piso a la zona de entrega de equipajes con motivo del campeonato mundial juvenil de fútbol.

Otro caso, ya mencionado, del control que ejerce la Cámara de Comercio en la Corporación Nieto Arteta, y ésta, a su vez, en el Parque Cultural del Caribe, declarado recientemente en crisis y cuya brillante idea de salvación, por parte de su directora Arteta y la Junta Directiva, fue vender una parte de los terrenos donados por Julio Mario Santo Domingo a los mismos entes públicos que contribuyen con recursos para su funcionamiento. Un verdadero contrasentido y la definitiva confirmación de la ineficacia de la dirección de ese ente cultural. Situación que se veía venir ante el lento deterioro de sus equipos y la imposibilidad, por falta de recursos e imaginación, de sostener una atractiva y renovada oferta cultural que convoque a la ciudadanía. Un imposible en líneas generales dado que la directora Arteta, una ejecutiva “estrella” con paso por varios entes privados y públicos, no tiene la menor idea sobre los procesos de la cultura del Caribe y, en las áreas que dice conocer –finanzas, emprendimiento y administración- ha reconocido su propia incapacidad. Basta señalar que el museo no cuenta con un grupo de investigación de la cultura del Caribe colombiano que puede aportar a la dinámica museística, ni tiene una revista anual, semestral o digital en donde se evalúen y se muestren los procesos actuales con la consecuencia que el museo tiene un carácter estático, momificado en un instante del tiempo.

A la crisis anterior se agrega que recientemente, en la pagina de facebook del Zoológico de Barranquilla –otro ente pasado de un ente territorial a la administración del modelo Cámara de Comercio- precisaba como anuncio que los terrenos se encontraban en venta debido a la crisis que pasa esta institución y que el negocio sería promovido por un pool inmobiliario. Se habla de construir un centro comercial en su 1.6 hectáreas. Se habla de desarrollos de edificios de apartamentos, pero lo confirmado es que en los actuales momentos, el zoológico muestra un desgreño general en todas sus áreas –igual que el Parque Cultural del Caribe- y que su modelo administrativo y financiero quedó estancado. Nada raro, dado que a actual directora Ajami, de profesión abogada, desconoce los procesos en que se mueve y desarrolla un ente de las características de un zoológico. Según personas vinculadas a esa institución, Farah Aljami, la directora despidió a varios empleados valiosos injustificadamente, quitó los programas educativos, los proyectos de conservación y varios de los patrocinadores, se retiraron de la institución. Allí está las crisis: colectas para “ayudar” a los animales encerrados en pésimas condiciones, pintura descascarada o decolorada por acción de los elementos, senderos sin mantenimiento e igual que el Parque del Caribe, nada nuevo que ofrecer a la ciudadanía que se aleja de la “salvadora” taquilla que garantice la auto sostenibilidad.

Las crisis presentadas son ciertas, reconocidas y publicitadas ampliamente mostrando la decadencia del esquema de buena y pulcra administración propugnada por la Cámara de Comercio de Barranquilla en el manejo de estas instituciones y se muestran, en impúdica evidencia al interior de la misma Cámara, en el cierre de las sedes alternas de la calle 75 –con muy buena ubicación- trasladándola al Centro Empresarial Buenavista en la circunvalar y de centro comercial parque Central, al centro de eventos y convenciones del Caribe en la vía 40, en donde la Cámara también tiene importante presencia. Siguiendo la tendencia de usufructuar edificios construidos por el estado y de evadir la construcción de edificios propios con el risible método propiciado por la canción El Ajiaco de Daniel Santos: se suman o impulsan determinado proyecto, colocan un minúsculo aporte en el accionariado, exigen que el gobierno nacional, departamental o distrital coloque el grueso de los recursos y después de servido el banquete, ellos solo ponen la boca quedándose con el control integral del proyecto. Los ejemplos presentados son prueba fehaciente de este curioso e ineficaz modelo con unas entidades que atraviesan crisis administrativas y financieras, algunas de largo aliento.

Precisamente en una próxima entrega, mostraremos los vericuetos de este modelo en la nada transparente construcción y operación del Centro de Eventos y Convenciones del Caribe Puerta De Oro, todo un compendio de cómo no se deben administrar recursos del estado en la construcción de obras públicas y menos de los procedimientos jurídicos administrativos para llevar a cabo sus fines empresariales y donde se han invertido, hasta donde han permitido mostrar las cuentas de aportes presentadas a medios de comunicación, la nada despreciable suma de más de $200.000 millones de pesos.

Espérela.

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