Se trata de un ilustrado vídeo que circula en redes sociales, dos turistas extranjeros —el acento y tipología los muestran con esa condición— recogen la basura que dejan los visitantes en los monumentos Ventana al Mundo y Shakira en el malecón del río, mientras exponen su público regaño al comportamiento ciudadano contaminador.

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Muestran a la cámara acechante—algunas tomas en primer plano— todo género de basuras, desde una tapa anaranjada de refresco hasta colillas de cigarrillo lo que impulsa una reflexión pertinente de la muchacha:

—Una sola colilla de cigarrillo contamina 50 litros de agua.

Que irán, presumiblemente, a la cercana ciénaga de Mallorquín por escorrentía pluvial. El muchacho acompañante riposta indicando que en el monumento Ventana al Mundo hay «26 botes de basura», concluyendo con una lapidaria sentencia:

—No sé que pasa con la gente.

Acto seguido se desplazan al malecón, específicamente donde se encuentra la estatua de Shakira. Allí, la alegre turista, con las melodías de algunas canciones de la estrella barranquillera, a las que cambia la letra, canta: «Lleva esta basura, pero está no es la vía; la la la, la gente no bota basura». Concluye al final que encontraron allí, en sus pesquisas, 3 libras de basura. Remata el acompañante señalando que «son 2 lugares turísticos que cuidan bastante». Finaliza el vídeo en tono lastimero:

—¿Qué triste, no?

La intervención de los turistas extranjeros coloca directamente y sin agüeros, el dedo en la llaga por la carencia en Barranquilla de políticas públicas de cultura ciudadana, por la absoluta falta de civismo, con la consecuente promoción de actitudes atrabiliarias de sus habitantes y una falta gigantesca de solidaridad social respecto a los objetivos comunes del hábitat.

Un rezago de décadas respecto a otras ciudades de Colombia como es el caso de Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Tunja entre otras y del extranjero. Una contundente “bofetada” al tres veces alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, quien ha dado claras señales de darle más importancia al cemento que a la cultura, de priorizar el negocio de la varilla y el concreto en detrimento de una ciudad culta, sana y segura.

Alex Char, AI caricature style of Pat Oliphant

Los resultados saltan a la vista: todos los centros culturales de Barranquilla abandonados y en ruina. El desprecio por la cultura es el denominador común en el equipo del alcalde Char, donde predomina la chabacanería y el afán de enriquecerse. Para ellos la cultura solo se circunscribe al carnaval, al goce y a la “chapetera” en los estaderos populares.

¿Quién ha visto al alcalde Alejandro Char, o alguno de sus colaboradores, sentado en un teatro, degustando un concierto de música clásica? o ¿quién a visto a estos personajes visitando una sala de exposiciones apreciando una obra de arte?

Cultura ciudadana en ausencia

La implementación de una política de cultura ciudadana implica que la problemática social se plantea desde una perspectiva netamente cultural implicando que instrumentos, herramientas y metodologías intenten aprehender las significaciones y motivaciones que sirven de paradigmas para modificar el comportamiento colectivo de las personas.

Alexander Jeffrey en su libro Sociología Cultural: formas de clasificación para las sociedades complejas (2000) expone que «toda institución, independientemente de su naturaleza técnica, coercitiva o aparentemente impersonal, sólo puede ser efectiva si se relaciona con los asideros simbólicos establecidos que hacen posible su realización, y una audiencia que la lee de un modo técnico, coercitivo e impersonal. Por esta razón todo subsistema especializado de la sociología debe tener una dimensión cultural, de lo contrario, los trabajos relativos a los ámbitos de la acción y a los ámbitos institucionales nunca se entenderán por completo».

En Barranquilla se hace exactamente todo lo contrario. No hay en absoluto políticas públicas al respecto y menos aún la intención de incrementar la sensibilidad ciudadana hacia los procesos de interacción social con sus respectivos comportamientos en los espacios públicos. Grave, pues ello implica una falta de empatía con su hábitat que es a “agredido” sin conciencia, sin miramientos de reproche, con una actitud despreocupada e indolente.

Recordemos que en Bogotá el propulsor de una política administrativa pública sobre cultura ciudadana fue el dos veces alcalde Antanas Mockus (1995-1997 y 2001-2004) con un entramado de puesta en escena en el espacio público de mimos, músicos y todo tipo de activistas sensibilizando sobre el respeto a la normatividad urbana en sus diversos aspectos.

Todo ello se concretó posteriormente en el 2019 con la expedición y vigencia de una Política Pública de Cultura Ciudadana con un horizonte hacia el año 2038. El plan define sus objetivos «buscando generar transformaciones en donde hay deterioro de las relaciones, vulneración de derechos y afectación de lo público y colectivo, entendiendo así la cultura ciudadana como el conjunto diverso y cambiante de modos de ser, sentir, pensar y actuar en la ciudad que reconocen valorando la diferencia, facilitador de convivencia con la construcción del tejido social, respetando lo público y las normas colectivas, con la promoción de las sociabilidades pacíficas y el desarrollo libre de proyectos de vida individuales y colectivos en armonía con el entorno ambiental».

Tal como dice melancólico el turista extranjero, lo triste es que en Barranquilla no existe tal intención política. Por el contrario; hay un aliento subrepticio a la chabacanería, la visión alegrona de la problemática urbana, el desconecte entre ciudadanía y ciudad y entre políticos con ciudadanos a los cuales ofrecen “caramelos” recreativos o apelan al cemento como pieza clave urbanizadora.

Barranquilla necesita urgentemente política y acciones con una perspectiva de cultura ciudadana, que en últimas consisten en la promoción del ejercicio responsable de los derechos sin abusar de los propios, ayudando a otros que los cumplan, en el logro de acuerdos y consensos con los ciudadanos, respetando y valorando la diversidad de las personas con la equidad de género, fomentando el uso y adhesión cultural al cabal cumplimiento de la ley, aumentando la confianza de los ciudadanos hacia las instituciones.

De igual manera, es importante una revisión profunda de hábitos, creencias, prácticas y narrativas que facilite el desarrollo de la convivencia pacífica (una epidemia socio cultural nociva en Barranquilla), la promoción de habilidades y herramientas para actuar en coherencia con la ética pública y la protección de los recursos públicos, evitando o acusando los actos de corrupción, invitando a la entronización social de la corresponsabilidad (responsabilidad compartida) para fomentar acciones colectivas (cooperación masiva) en asuntos públicos.

La carencia de una estrategia e implementación de estas políticas de cultura ciudadana en Barranquilla explican en su descarnada realidad muchos procesos internos urbanos, uno de ellos develado con las basuras en el vídeo de los turistas extranjeros. Siguiendo con el ejemplo de Bogotá hay una completa articulación institucional a través de la Red Distrital de Cultura Ciudadana y Democrática (RDCCD), una plataforma en donde se encuentran organizaciones sociales y comunitarias, la alcaldía y el gobierno central, el sector empresarial y la ciudadanía en general para que todos interactúen, participen y trabajen de manera conjunta para fortalecer la cultura ciudadana en la capital. 

La citada Red fue creada con el Acuerdo Distrital de 2015 y el Decreto Distrital 599 del mismo año definiendo su alcance y operatividad en la Subsecretaría de Cultura Ciudadana y Gestión del Conocimiento de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte (SCRD), encargada de la coordinación técnica que es la instancia definidora de los planteamientos conceptuales y metodológicos. Un documento de la Alcaldía de Bogotá ofrece sus alcances: «la RDCCD conecta a más de 450 organizaciones inscritas a través de estrategias de diálogo, fomento, organización y gestión del conocimiento en torno a la promoción y gestión corresponsable de la Cultura Ciudadana y las transformaciones culturales».

Es irresponsable y egocéntrico pretender centrar las políticas de interacción de la administración pública urbana de Barranquilla con la ciudadanía basándose en las habilidades propagandísticas de los funcionarios de turno con la consecuencia (buscada consciente o inconsciente) de un conglomerado social anómico, pasivo y apático socorrido en sus necesidades por una figura carismática (pater familia), todo lo contrario de las indicaciones del sociólogo Alexander Jeffrey en el libro mencionado de sociología cultural que recomienda un tono «técnico e impersonal». Todas estas situaciones y evaluaciones planteadas conducen, indefectiblemente, a un proceso de involución cultural urbana mostrada en un pedagógico vídeo —para vergüenza de todos—por un par de desprevenidos y juguetones turistas extranjeros.

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