Por: Federico Gómez Lara (El Espectador)

Gustavo Petro lleva varios años protestando, con razón, por el hecho de que su movimiento político no cuente con la personería jurídica que lo acredita como partido. Dice que no tiene presentación que la Colombia Humana, una fuerza electoral que logró más de ocho millones de votos en las presidenciales y obtuvo varios escaños en el Congreso, no tenga acceso a los beneficios que el Estado les otorga a las partidos formalmente constituidos.

Aunque no puede negarse que la ausencia de personería pone a Petro en una desventaja frente a sus rivales en términos financieros, de visibilidad y estructura política, tampoco debe pasarse por alto que el hoy senador cuenta con una enorme ventaja competitiva, pues tiene como líder de su equipo de campaña al mejor y más poderoso jefe de debate de todos los tiempos: el presidente Iván Duque Márquez.

Con el fenómeno Petro, que a precios de hoy parece muy difícil de atajar, se juntaron el hambre y las ganas de comer. La izquierda ahora no solamente tiene un candidato inteligente, toreado en la arena política y con una aceptación sin precedentes entre las masas populares, sino que, además, cuenta con la ventaja de que la intención de voto a su favor sube como espuma cada vez que el presidente abre la boca.

Lo que está sucediendo es algo que tal vez hasta hace unos años nadie hubiera imaginado. ¿Quién iba a creer que el uribismo acabaría labrando el camino de su némesis hasta el Palacio de Nariño? Pero lo cierto, para dicha de algunos y pesar de otros, es que al hacer un breve recuento de las metidas de pata de Duque, lo difícil no es entender por qué Petro está subiendo en las encuestas, sino por qué no sube más.

A continuación, algunas de las cosas que el Gobierno tiene para mostrar:

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La inseguridad rampante; el fracaso en la lucha contra las drogas; el manejo errático de la política internacional; los escándalos de corrupción; las intentonas de prórroga de los períodos de altos funcionarios, comenzando por el suyo; la total politización de la justicia; los nombramientos a dedo; la mermelada a borbotones; el nepotismo; la tercera reforma tributaria de alguien que prometió no subir los impuestos; el naufragio de la economía naranja; el hambre; el descontento social; las desigualdad que no cesa; la lentitud en la vacunación; el desempleo; las bandas criminales; la pandemia y sus efectos; la negativa a reconocer la responsabilidad del Estado en los falsos positivos; la guerra contra la JEP y la Comisión de la Verdad; los asesinatos de líderes sociales; los ataques de la canciller a los desmovilizados que sí están cumpliendo el Acuerdo de Paz; la obsesión contra Juan Manuel Santos; la fumigación con glifosato; los bombardeos a los niños; el libro de la primera dama; la relación de mejores amigos entre el presidente y algunos medios de comunicación; la ñeñepolíticaMemo Fantasma; la compra de aviones de guerra por $14 billones en plena crisis, y un eterno etcétera.

Si Duque la sigue embarrando a tan acelerado ritmo, Petro no necesitará ni personería jurídica, ni afiches, ni buses ni plata. Si la dinámica se mantiene, lo único que el líder de la Colombia Humana tendrá que hacer para llegar a la silla de Bolívar será esperar pacientemente y, después, darle las gracias a Duque por semejante papayazo.

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