Si en algo están certificados las directivas de la Universidad del Atlántico es en la creación, reproducción y sostenimiento de “elefantes blancos”. Los hay de todos los tamaños, pero en esta primera entrega, nos referiremos al Bloque i, o edificio inteligente de investigaciones y laboratorios, que comenzó Eduardo Verano en su primera gobernación (2008-2011) y que ahora en su segunda administración (2016-2019) quiere terminar a como de lugar.

Es un simple edificio de siete pisos cuyo costo inicial estuvo contratado por $23.000 millones, pero que al día de hoy lleva invertido $37.000 millones, y ahí está pudriéndose e inservible (Ver registro fotográfico al final).

En la primera administración de Verano, y estando Ana Sofía Meza de rectora de la Universidad del Atlántico, se le adjudicó el contrato de construcción del Bloque i a la UT conformada por Carlos Vengal y Valorcon.

Los dineros estaban garantizados pues estaban depositados en las arcas de la estampilla Pro Universidad, pero inexplicablemente durante la primera administración de Verano y la subsiguiente de Antonio Segebre, el contratista paralizó las obras por falta de pagos. El esqueleto del edificio quedó abandonado por varios años.

Un paréntesis

Antes de continuar la historia de este elefante blanco es importante ilustrar al lector sobre la finalidad de este Bloque i, o edificio de laboratorios e investigaciones, proyectado para darle a la universidad un nuevo perfil investigativo acreditado y competitivo con las grandes universidades del país.

El panorama actual de la investigación propiamente dicha y de los grupos de investigación en la universidad del Atlántico es lamentable y penosa. La Universidad del Atlántico tiene 82 grupos de investigación reconocidos por Colciencia, que deberían nutrirse de los programas de doctorado, pero este alma mater solo tiene dos y, además, en convenio con otras instituciones.

De estos 82 grupos, solo 4 pertenecen a la categoría A1, 11 a la A, 19 a la B y 41 a la C. Esta clasificación depende de la calidad de las publicaciones y del curriculum de sus directores. El bajo porcentaje (18%) de los grupos de investigación en las categoría A1 y A es reflejo indudable de la falta de infraestructura y doctorados.

Además, no hay investigación pertinente a los problemas de la ciudad y de la región, y ni siquiera una patente que saque la cara por la universidad.

La urgente necesidad de un centro inteligente para la investigación con laboratorios de punta

Si el panorama de las investigaciones en la universidad del Atlántico hoy es deplorable, el lector puede inferir cómo era hace más de 8 años. Y para eso se diseñó y contrató la construcción de un edificio inteligente para superar con creces todas estas dificultades de la alta academia.

Pero, retomando el hilo de la historia, en el período del gobernador Antonio Segebre, los contratistas encargados de la obra se quedaron de brazos cruzados por la falta de giros y el esqueleto del edificio permaneció a la intemperie, deteriorándose.

El contratista Carlos vengal, en vista de que se le estaba venciendo el contrato, hizo un préstamo en Davivienda y terminó la obra gris del edificio para entregarlo. La universidad, a su vez, le canceló a Davivienda incluyendo los intereses. Lo que estaba proyectado para construir en dos años terminó como una “empanada” en más de cuatro años.

Hoy el edificio no es ni adecuado ni cumple las especificaciones para la investigación e instalación de laboratorios con tecnología de punta.

Es por ello que en el primera año de su segundo gobierno Verano de la Rosa, en sociedad con el suspendido rector Carlos Prasca, manejó los hilos para que le adicionaran $14.000 millones para obras complementarias que supuestamente dejarían el Bloque i listo para funcionar como un edificio inteligente.

Es importante recalcar que con estos $14.000 millones se manejaron otros contratistas allegados a la nueva administración, que “emparapetaron” la edificación pero no la terminaron

Un hecho insólito

Cuando los nuevos contratistas entregaron lo pactado para terminar el edificio, la universidad se dio cuanta que éste no contaba con áreas de acceso, algo increíble que nadie dio explicación. Para subsanar este error craso, construyeron un puente que viene del cuarto piso edificio contiguo al Bloque i, totalmente antiestético e inseguro.

Al final de cuentas este edificio tiene serios problemas de diseño para albergar laboratorios de altos estándares. Y se construyó sin tener en cuenta los vientos fuertes que azotan la universidad ni la afectación de las lluvias.

Llevan más de 12 años en su construcción y a la postre solo vemos otro elefante blanco de los tantos que tiene la universidad del Atlántico.

Esta fue la solución para el acceso al Bloque i.

 

Una patraña para capturar $12.000 millones de pesos

Es pertinente retrotraerse unos años atrás para saber mejor de dónde quiere el gobernador Verano capturar otros $12.000 millones para tratar de terminar su elefante blanco e inaugurarlo antes de irse, pues la universidad quedó sin dinero y ahorros después de la funesta administración de Carlos Prasca.

Cuando el proceso de reestructuración de pasivos de la Ley 550 y la crisis de la universidad, el Ministerio de Hacienda decidió no seguir girando lo que consideraba “aportes ilegales” para el pago de primas conquistadas en acuerdos colectivos. El ministerio no solo paró el pago sino que descontó lo que había girado en años anteriores.

La Asociación de Jubilados de la Universidad del Atlántico, Asojua, presentó una tutela pidiéndole al ministerio estos recursos ya pagados. Y en fallo de segunda instancia el Consejo de Estado obligó al ministerio de Hacienda devolver esos dineros.

Fueron aproximadamente $123.000 millones que se consignaron en una cuenta especial, casi intocable. Pero el abogado Gaspar Hernández, siendo vicerrector administrativo y financiero de la universidad del Atlántico, tomó $60.000 para pagar sentencias judiciales, cuentas por pagar de vigencias pasadas y gastos corrientes. Hubo sospechas de enriquecimiento ilícito con este dinero, pero nada se comprobó.

Los $63.000 millones restantes, por orden del Consejo Superior se depositaron en un CDT y ordenó que ningún rector podía utilizarla sin su autorización. Pasaron varios rectores que no pudieron tocar ese dinero.

En días pasados, la rectora encargada solicitó al Consejo Superior $12.000 millones de esos $63.000 millones para el mobiliario de un edificio que no va a ser funcional, un elefante blanco, mientras tanto la universidad insiste en negar recursos para la recuperación del edificio de Bellas Artes.

La comunidad universitaria sigue escéptica aunque le inviertan $12.000 millones más este elefante blanco, pues este edificio debe albergar 61 laboratorios de alta tecnología que cuestan más de $51.000 millones de pesos. Por lo tanto estos $12.000 millones no resuelven nada sino pagos de compromisos a contratistas y la acumulación de coimas.

Llama la atención que el Consejo Superior votó la aprobación de la propuesta de la rectora encargada, quien además no presentó ningún estudio técnico, o financiero, o de impacto. La motivación fue amenizada por el vicerrector de investigación Luis Carlos Gutiérrez, quien presentó cuatro diapositivas de hace cuatro años sobre la investigación en la universidad del Atlántico.

Para los expertos en la universidad, Gutiérrez manipuló datos diciendo que esta institución educativa tiene 7 patentes, cuando lo que tiene son solicitudes. La más destacada es una patente de alimento natural para la cría de camarones y aumentar su peso y tamaño. Llevan 11 años tratando de obtenerla y no han podido porque quien dirige la investigación no es profesor de la universidad del Atlántico y no posee estudios de postgrado ni investigación científica catalogada.

La propuesta de la rectora encargada, que además no era más que otra imposición del gobernador Eduardo Verano, fue firmemente acogida por el representante de presidencia José Penso y el representante del Ministerio de Educación José Maximiliano Gómez, ampliamente conocido como funcionario del período funesto de Ramsés Vargas en la universidad Autónoma y quien nunca vio ni denunció nada.

Mientras tanto, Bellas Artes seguirá en el suelo y la universidad seguirá gastando en alquileres de salones, estudio de grabación, espacios en la Sociedad de Mejoras Públicas y en la Alianza Colombo Francesa más de $90 millones de pesos mensuales.

12 años para terminar este edificio y todavía no se sabe si va a servir para lo que se construyó.

 

Pésimos acabados
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