Buscando garantizar una mayor independencia de los jefes de control interno de las entidades públicas de la rama ejecutiva del orden nacional, el Estatuto Anticorrupción estableció que dichos funcionarios deben ser designados por el Presidente de la República y no por el representante legal o máximo directivo de la entidad, tal como lo disponía la Ley 87 de 1993 (“Por la cual se establecen normas para el ejercicio del control interno en las entidades y organismos del Estado y se dictan otras disposiciones”).

Así, desde la expedición del Estatuto y por decisión expresa del Presidente de la República, el proceso de selección de los Jefes de Control se hace sobre la base del mérito, cosa que en la práctica no sucede.

El artículo 9º de esta Ley establece que informará al director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, así como a los organismos de control, “los posibles actos de corrupción e irregularidades que haya encontrado en el ejercicio de sus funciones”.

Lo anterior indica que la función sustancial del cargo de Roberto Solano en el Distrito de Barranquilla es alejarse de todo sentimiento de complicidad y velar por el estricto y correcto desempeño de cada uno de los funcionarios de la alcaldía.

El jefe de control interno representa al Presidente de la República, por lo tanto a la comunidad y es responsable ante ella de cuidar el buen uso de los dineros públicos por parte de los funcionarios de la alcaldía.

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El fuera de lugar

Vemos pues que se trata de una función para una persona de altos estándares éticos, serio, ecuánime, respetuoso de las leyes y morada de las más puras cualidades. Es la pieza clave para la lucha contra la corrupción, y no tiene nada que ver con el papel de presentador de circo o de espectáculo de casino

Entonces ¿qué hacía el jefe de control interno dirigiendo el espectáculo organizado por el Distrito de Barranquilla para presentar el informe de rendición de cuentas del cuatrienio?

Si el Distrito quería meter un golazo para salir victorioso con ese informe de gestión, la fiesta se la aguó el fuera de lugar del jefe de control interno Roberto Solano, quien el estricto sentido ético de sus funciones debe rendir cuentas del comportamiento de cada uno de los funcionarios del distrito y no animar para que el público aplauda la supuesta buena gestión de estos funcionarios.

Ese fuera de lugar da a entender que todo estaba amañado, que no hubo control y que nadie puede cuestionar la gestión de estos funcionarios durante el cuatrienio.

Sabemos que no es así, que podemos anexar una lista larga de faltas aberrantes a la función pública y manejo corrupto de los dineros públicos.

Otro fuera de lugar

En el espectáculo de rendición de cuentas vimos al burgomaestre de Barranquilla, Alejandro Char, acompañado del cuestionado, (y llamado a juicio por la Corte Suprema de Justicia) por sus altos índices de corrupción en su gestión, Luis Miguel “el Mello” Cotes Abeich.

El alcalde Char debe saber que hay partidos que no se pueden jugar con los amigos, sino con jugadores profesionales capaces.

 

Luis Miguel “el Mello” Cotes hace su arribo para acompañar al alcalde Alejandro Char.
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