Por: Edward Torres Ruidiaz

Ciento veinticinco (125) logros sociales” llamó el Gobernador del Magdalena Carlos Caicedo al informe de gestión de sus primeros 17 meses de gobierno (incluido el empalme) que, bajo un enorme montaje publicitario, presentó a finales de marzo.

Se ganó mi expectativa pues, en mi concepto, generar cambios estructurales en un departamento como el Magdalena, requiere más de un período de gobierno. En mi campaña de 2019 a Gobernación, solía aclararle a la gente que, no obstante la confianza en mis propuestas educativas,  aún en el tercer año de gobierno no habríamos logrado sacar a este departamento de los últimos lugares en que estaba enterrado, pues ello implicaba un trabajo muy serio y sostenido, de al menos cinco años, desde los grados inferiores e involucrando factores complejos y transversales como el acompañamiento familiar al estudiante, por ejemplo.  

Por ello me pareció bastante ambicioso de parte del gobernador Caicedo anunciar “125 logros sociales” en apenas 17 meses de gobierno, así que me senté a escucharle.

Cabe anotar que, una vez el candidato es elegido, su PROGRAMA DE GOBIERNO se convierte en PLAN DE DESARROLLO y, posteriormente, este se esquematiza en un PLAN INDICATIVO, el cual permite evaluar el cumplimiento a través de METAS E INDICADORES proyectadas para los cuatro años, las cuales cada año se reprograman a través de un PLAN DE ACCIÓN por parte de cada Secretaría.

Las resalto en mayúsculas porque en ellos, se supone, que debía enmarcarse los “logros sociales” anunciados  por el Gobernador Caicedo. Es decir esas deberían ser las palabras más utilizadas en su anunciado informe. No obstante, me adelanto a decirles que al final no hubo una sola mención a estas en toda su alocución.

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NI 125, NI LOGROS SOCIALES.

La primera mitad de su intervención estuvo dedicada a hacer su presentación personal como protagonista de procesos de “cambio”, la “crisis social del departamento” la cual ilustró con palabras como “saqueo”  y, seguidamente, las acciones que iba a implementar, a las cuales llamaba “de cambio”, palabra esta que, fiel al manual, mencionó 48 veces en los 123 minutos de su intervención, es decir, cada 2.5 minutos.

Hasta aquí no vimos los “125”, ni mucho menos los “logros sociales” anunciados.

En la segunda parte de su intervención, el Gobernador Caicedo mencionó algunos proyectos puntuales ejecutados. No obstante, en ninguno de ellos el Gobernador referenció cifras de recursos financieros ejecutados, recursos físicos y humanos movilizados, ni sitios de ejecución, ni metas cumplidas, respecto al PLAN INDICATIVO, u otra evidencia que permitiera calificar esas acciones como “logros sociales”. 

En cuanto a los proyectos, los pocos mencionados no solamente se vieron como hechos aislados de la gestión regular de cualquier entidad, como los “programas para la población discapacitada” o los “implementos de higiene a hospitales”, “asistencia alimentaria” y “estímulos a los gestores culturales”,  de completo origen de los decretos pos pandemia del gobierno nacional.

En otros sonó descontextualizado, como cuando anunció que “apenas” iba a radicar proyectos de vivienda ante el gobierno nacional, también sin fechas, fuentes ni valores, siendo que hoy, con el empalme, los gobiernos prácticamente inician dos meses antes de la posesión y a esta hora ya deberían estar ejecutando lo gestionado.

Incluso algunos de los “testimonios ciudadanos” presentados por el Gobernador fueron desafortunados, como fue sustentar el mejoramiento de acueductos con la implementación de tanques plásticos de acopio en las esquinas de los pueblos, cuando lo que se espera de una Gobernación, mucho más con las oportunidades fiscales de la pandemia, son  soluciones estructurales que permitan ver salir el agua por los grifos de las viviendas y no persistir en las bombas y pimpinas,  tristes símbolos del atraso en agua de Santa Marta y el Magdalena.

Y, aunque también fueron sólo anuncios, los prometidos recursos y vigencias futuras para parques y acueductos en Santa Marta,  son la confirmación anticipada para  los otros 29 municipios más pobres, de que en estos cuatro años tampoco llegarán los acueductos, las vías ni las Universidades.

Finalmente, y cuando por fin creíamos que iba a avanzar, el Gobernador se devolvió  a los “hallazgos” de su gobierno, lo cual suena apresurado pues la función de tipificar “hallazgos” está limitada a los órganos de control y no a un Gobernador. Así mismo, muchos de estos  en realidad son investigaciones en curso desde hace años y otras prescritas por el tiempo transcurrido, y en todo caso atrasadas pues debieron denunciarse, si era el caso, en el informe de empalme de noviembre de 2019 y no ahora quince meses después.

Y así terminó y nunca pudimos siquiera iniciar a  contar “LOS 125”, ante una presentación ausente de números, ni tampoco vimos los “LOGROS SOCIALES”, ante la ausencia de metas e indicadores pero con muchos superlativos como “lo más grande nunca antes visto”. La primera parte del informe fue una repetición del PROGRAMA DE CAMPAÑA del 2019 y la segunda parte la repetición del PLAN DE DESARROLLO de febrero de 2020 y EL INFORME DE EMPALME de noviembre de 2019. En esas fechas pareciese estar estancado el Gobernador Caicedo aún.

UN GOBERNADOR DESCONECTADO DEL DEPARTAMENTO

Cabe preguntar si las falencias de su informe ¿se deben a que el Gobernador Caicedo desconoce el lenguaje y la metodología requerida para presentar un PLAN INDICATIVO, en un lenguaje entendible  para el pueblo? Por su experiencia de gobierno uno esperaría que no fuese así.

Es posible que esa desconexión del Gobernador con la realidad del departamento, sea el resultado lógico del tiempo invertido en su infructuoso intento de interlocutar con Donald Trumph, el gobierno de España y hasta con La Haya, asumiendo funciones de  Presidente, en lugar de hacer la presencia que no hizo en los atrasados municipios del Magdalena en el 2020.  El recurrente vestido de tierra fría lucido por el Gobernador  en el calor de Santa Marta y el impertinente anuncio de realizar una “constituyente educativa” para mejorar la educación, simbolizan fielmente esa alarmante desconexión de su real papel.

Es el preocupante intermedio de un Gobernador que pareciese estarle dando más importancia a las formas, que al contenido de algo tan serio como es el ejercicio de gobierno. Hay que enderezar el rumbo.

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