Render del proyecto

Por: Jan Slodvak

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Inicios y evolución administrativa (parte 1)

Digamos que en el año 1997 se propuso formalmente el diseño y construcción de un centro de eventos y convenciones para Barranquilla como espacio multipropósito de desarrollo económico. Un proyecto contemplado en el plan de ordenamiento territorial ubicado en otro proyecto: el Parque del Río, en las cercanías del barrio Las Flores. Una necesidad ineludible para el desarrollo urbano –al igual que un teatro, estadio, aeropuerto, terminal de transportes, central de abastos, etc.- el cual, dada la ejecución del proyecto avenida del río en el sector de la isla La Loma, promovió la idea de emplazar allí una unidad de actuación urbanística institucional.

Cambios societarios y de denominación

Ya se dijo que el proyecto parte desde el sector público, emplazado por el Plan de Ordenamiento Territorial. La Cámara de Comercio de Barranquilla, fiel a su estilo de impulsar obras solo con proclamas de aliento, muy pronto asumió el liderato del proyecto conjuntamente con otras entidades: Comité Mixto de Promoción de turismo del Atlántico, Parque Cultural del Caribe –sí, el mismo que se encuentra en una grave crisis- y la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta. Es decir, una sociedad de yo con yo, pues todas estas entidades están controladas por la Cámara de Comercio.

De esta forma, por medio de escritura pública No 2291, del 23 de octubre de 2008, otorgada por la Notaría 3ª, de Barranquilla, se inscribió el 29 de octubre de 2008 en la Cámara de Comercio bajo el número 143825 la sociedad denominada Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe, con la sigla CEEC, bajo el régimen de sociedad anónima. Ese fue el principio de una serie de transformaciones del nombre y del tipo de sociedad con objetivos difusos y en donde campea, pese al mayor accionariado de entidades estatales, la falta de transparencia en cada uno de sus procesos.

En efecto, según Acta No. 7 del 12 de julio de 2011, correspondiente a su asamblea de accionistas, inscrito en la Cámara de Comercio el 14 de julio de 2011 bajo el número 171607, señala que la sociedad cambia su nombre por Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe SAS, con la sigla CEEC SAS. Puede apreciarse que no se liquidó previamente la sociedad anónima ni tampoco se constituyó en debida forma jurídica la sociedad por acciones simplificadas. Simplemente fue un cambio “formal” en su denominación social. De la misma forma como violaron la Ley al conformar Carnaval de Barranquilla S.A.S.

La mentada transformación real a sociedad acciones simplificadas sucede un año y 6 meses después! Según el Acta No. 13 del 12 de diciembre de 2012, de la asamblea de accionistas del Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe, inscrito en la Cámara de Comercio el 15 de febrero del 2013, con el número 251723, esta sociedad se “transformó en por acciones simplificadas bajo la denominación de CENTRO DE EVENTOS Y EXPOSICIONES DEL CARIBE SAS. SIGLA CEEC SAS.” (Tomado del respectivo registro mercantil de la Cámara de Comercio).

Puede apreciarse el dislate jurídico. No se liquida la sociedad anónima, se cambia su nombre y estructura societaria sin previamente conformarse en debido procedimiento su transformación societaria, lo cual ocurre posteriormente y, para seguir en el juego de cambios de sociedades y denominaciones según Acta 21 del 26 de enero de 2016, de la Asamblea de Accionistas, inscrito en la Cámara de Comercio el 23 de marzo de 2016 con el número 303271 y según el Acta Número 24 del 14 de julio del 2016 la sociedad cambia de nombre. Ya no es Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe. Ahora se llama Puerta de Oro, Empresa de Desarrollo del Caribe SAS. Todos estos hechos ocurren en una empresa en dónde los principales accionistas son entidades políticas territoriales y el estado colombiano.

Los inicios

Apenas arranca el proyecto, sin estudios de suelos, urbanísticos, ambientales e hidrográficos, se determina que la zona de La Loma es la escogida para su desarrollo constructivo. Los informes de prensa indican que existen un total de 104 hectáreas y que tras las obras –todavía sin diseños ni nada por el estilo- quedarían entre 70 y 80 hectáreas. Cómo hicieron para sacar estos cálculos? No se sabe. Allí empiezan a aflorar las primeras cifras de inversión y sus aportantes en donde aparecía como la mayor cuota –algo que no se dio en ninguna etapa del proyecto- la Cámara de Comercio con $10.000 millones, luego el Distrito de Barranquilla aportando los terrenos por $7.800 millones, cerrando la Gobernación del Atlántico con $4000 millones. Luego aparecía un cuarto aportante en pequeñas acciones distribuidas, según los diseñadores financieros del proyecto, entre sector hotelero y varias empresas privadas para un total de $3384 millones. Siguiendo con las cuentas alegres iniciales, venía un aporte de la Universidad Autónoma del Caribe, a través de su rectora Gette por $3000 millones. El remate era la consecución de un crédito con Findeter o Bancoldex por $5000 y un hipotético recurso no reembolsable de un programa Midas de la agencia norteamericana Usaid. La inversión inicial –repito que sin diseños, estudios ni consultorías- determinó que para la primera etapa se necesitaba una inversión de $33.000 millones. Esta cifra es mágica, pues exactamente lo mismo terminó costando el abandonado lote cenagoso de Peldar.

Puras cuentas fantásticas que no tuvieron ningún impacto en la formulación posterior del proyecto. Pero seguían fabricando cábalas de un pabellón de 5000 metros cuadrados con un auditorio para 5000 (?) personas, lo que ofrecía una relación de una persona por metro cuadrado. En la segunda etapa –siguen los pronósticos en el aire- tendría una capacidad para 4000 personas convenientemente rodeadas de zonas verdes y parqueos. Todo esto en la isla de La Loma.

Julio Jácome de la Peña

Administrando bocetos y castillos en el aire

Después de todos los fantásticos planes diseñados según el método constructivo de Rafael Escalona llamado la casa en el aire, con el nombramiento del director del proyecto, empezó en firme –por lo menos en apariencias legales- el proceso de apertura de diseño.

El nombramiento de director recayó en Julio Jacome de la Peña, vinculado años atrás en plan gerencial al Banco Ganadero cuando esta institución financiera la controlaba en parte la familia Gerlein y uno de los accionistas en la empresa de servicios públicos Triple A. Durante casi dos años el proyecto de Centro de Eventos y Convenciones del Caribe se encontraba en una especie de calma chicha. No pasaba nada, excepto el pago del flujo salarial a los involucrados en el equipo de Jacome. Según algunas fuentes, en esa temporada se andaba a la búsqueda de recursos.

Tras la apertura del concurso internacional de meritos arquitectónicos, visitas a la Corporación Puerto Madero en Buenos Aires, Argentina, se premió el diseño propuesto por la firma argentina Vidal y Pozzolo en asociación con la colombiana CP Arquitectura y Urbanismo. Hay que recalcar que el diseño se encontraba planteado en la zona de La Loma.

Según la revista Dinero, en junio 16 del 2010 “en el concurso participaron 36 firmas nacionales e internacionales y la ganadora fue escogida el pasado mes de mayo por adaptarse al entorno y a las condiciones climáticas de la capital del Atlántico. Pensamos en lo que es la ciudad de Barranquilla y en la ubicación del centro de eventos permite que las personas que visiten el lugar puedan observar mucho verde y mucho río, explica Camilo Pinilla, de la firma ganadora”. Jacome de la Peña señaló en ese momento que la construcción empezaría al final de ese año 2010, esperando su conclusión a finales del 2011. Nada de ese cronograma se cumplió, añadiendo a su vez que el 15 de julio del 2010 el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez llegaría a Barranquilla para abrir una subasta buscando que más empresarios y financistas se vinculasen al proyecto, cubriendo de esta manera la suma que faltaba para llevar a feliz término la primera parte.

El día 15 de julio, con Álvaro Uribe Vélez a bordo, más que subasta, fue un show para arañar recursos del gobierno nacional, incluyendo, una muestra del clásico estilo Uribe administrativo dirigiéndose a los capataces de “su” hacienda; y recordando, ni más faltaba, que Julio Jacome de la Peña, el flamante director del Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe, había sido el gerente local de su segunda campaña. El servicio de prensa de la Presidencia reprodujo el acto:

“Ha sido muy grato ver todo este movimiento cívico de Barranquilla tan importante alrededor de su Cámara de Comercio, doctor Luis Fernando (Castro Vergara, Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla); Julio (Jácome de la Peña, Presidente de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Barranquilla) fue uno de los que me pusieron en esta tarea. Y ahora para que yo quede bien, Julio, usted que me puso en esta tareita, le va a tocar hacer esta otra bien hecha. Usted sabe a qué me refiero. Julio fue gerente de nuestra segunda campaña a la Presidencia aquí y mantengo incancelable gratitud con él. Se preguntarán algunos compatriotas: si hay tantas necesidades sociales para qué se van a invertir 85 mil millones en un centro de convenciones. Porque ese es un medio para resolver problemas sociales; porque ese es un ancla para jalonar inversiones; porque en una ciudad en el Caribe, en el río Magdalena, de la pujanza de sus habitantes, como es Barranquilla, estas anclas hacen falta; porque esta ciudad está desarrollando hoy un gran emporio industrial, es la que mejor ha aprovechado la figura de zonas francas…Óscar (Rueda, Viceministro de Turismo), yo creería que hay que vincular a todos los hoteles, uno a uno. Ir a cada hotel, si usted quiere me los pone al teléfono, yo creo que de aquí al 7 de agosto no tengo manera de ir a visitarlo uno a uno. Yo no tengo inconveniente, yo no tengo inconveniente. En esto hay que ‘maletear’, hay que ‘maletear’. Uno no puede quedarse sentado a ver si le va bien o no; uno tiene que ir a buscar eso…Nosotros, fuera de esos 16 mil millones, ya no nos podemos comprometer en más pero vamos a buscar un caminito. Los gobiernos no pueden ser promeseros ni tampoco faltos de compromiso. En esto hay que estar buscando opciones con todo el entusiasmo. Me dice el doctor Luis Fernando Castro (Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla) que faltarían unos 15 mil millones. Entonces, vamos a firmar un acta, Oscar, que diga más o menos lo siguiente, en estos 15 días: Si se consigue el otro dinero, Findeter hace un préstamo de 15 mil millones para cerrar la obra, respaldado en dos vigencias futuras de a siete mil 500 (millones), una para el 2012 y otra para el 2013 -que se la piden ustedes al Presidente (electo, Juan Manuel Santos). A eso vinimos, a buscar como financiamos esto. El acta sería esta, Óscar, ayúdeme, y Nubia Stella (Martínez, Presidente de Promoción de Exportaciones, Proexport), el acta dice: ‘Findeter se compromete a prestarle a la Sociedad Centro de Convenciones Puerta de Oro, la suma de 15 mil millones, respaldado en dos vigencias futuras del Gobierno Nacional, para los presupuestos 2012 y 2013’.

Aquí no, es allá!

Después de la premiación a la firma ganadora del diseño arquitectónico, planteado en la isla de La Loma, como bien lo señala la memoria del proyecto, aparece el 10 de marzo de 2011 la noticia oficial confirmando el cambio de ubicación del centro de convenciones. Fue un largo tira y puja entre la alcaldesa Elsa Noguera, empecinada en darle alas a su proyecto de avenida del río en esa isla y otros intereses que miraban hacia otros terrenos en la Vía 40, en el barrio Siape. Uno de los puntos clave de la argumentación fue la falta de estudios de suelos sobre La Loma y su precaria condición para una construcción de estas características. Pues bien, el lote elegido pertenecía a la empresa vidriera Peldar de Ardila Lülle, edificada donde antaño hubo una ciénaga desecada a orillas del río. Casi igual. Luis Fernando Castro, entonces Director de la Cámara de Comercio –premiado luego por su amigo Juan Manuel Santos con la Presidencia del Bancoldex en Bogotá- argumentó sobre el cambio de ubicación que “la problemática que tiene el entorno nos permitió entender a tiempo que una cosa es la necesidad de darle a la ciudad en el corto plazo un escenario de talla mundial para generar empleo y desarrollo económico, otra es un proceso que se puede dar en el corto plazo y otra diferente es un desarrollo urbanístico en una isla de 94 hectáreas que, por su misma extensión de tierra, puede generar muchos más años y eso, en un momento dado, podría entrar a generar inconvenientes a este proyecto”.

Lo curioso de esta explicación, a todas luces razonable, es que en el mismo lote de la antigua Peldar se planteó un proyecto urbanístico denominado Riverside en el 2009 promovido por la empresa antioqueña Bemsa, con la meta previa de vender 40.000 mil metros cuadrados en un plazo de 6 meses que no se cumplió. Por ello, la organización propietaria del lote echó el negocio para atrás. No se hizo por no cumplir las expectativas económicas vislumbradas. Estamos hablando de jugadores inmobiliarios de primer orden y de OAL, la organización Ardila Lülle, uno de los grupos económicos más fuertes de Colombia. La derruida fábrica de Peldar, uno de los últimos proyectos de lo que algunos aventurados historiadores nominaron como “auge industrial de Barranquilla” se inauguró en 1965, cerrando su producción en 1987 tras la decisión de la empresa de centrar su producción en una sola planta con la consabida política para la disminución de sus costos operativos. Oficialmente se dijo que su cierre se debió a diferencias obrero patronales.

Tomada la decisión del cambio de ubicación, Jacome de la Peña la explicó a la junta directiva reunida en la desaparecida sede norte de la Cámara de Comercio con la presencia del gobernador Eduardo Verano, el alcalde Alex Char –ambos en sus respectivos primeros mandatos- y el director de la Cámara Luis Fernando Castro. Verano indicó que era la opción más viable para poder sacar adelante el proyecto. “A pesar que durante dos años tratamos de concretar una serie de acciones que habilitaban el proyecto en la Loma, podríamos tener un proyecto irrealizable o un proyecto en Peldar concretable en el corto plazo”.

Fundamentaba sus explicaciones en que algunos de los aportes de la nación tenían una destinación específica para un tiempo específico. Dio la cifra de $31.0000 mil millones de los cuales ya había aportado $16.000 mil millones. En caso que se siguiera dilatando el proyecto de La Loma por “mejoramiento del entorno, la infraestructura de servicios públicos y todo el esquema de titulación de los terrenos, dilataría en el tiempo el proyecto y lo dejaría sin financiación”. Digamos en beneficio del señor gobernador Verano que no le faltaban razones a su argumentación y que solo demostraría la chambonería general con que se tejió el proyecto desde sus mismos inicios, pues nada de lo aducido se encontraba claro, dispuesto y analizado. Eso produjo roces entre algunos diputados de la Asamblea Departamental, pues ellos consideraron que la autorización para entrar de accionistas con $4000 millones era para invertir en La Loma y no en el lote de Peldar. Allí es donde entra el director de la Cámara de Comercio de Barranquilla, Luis Fernando Castro, anunciando los planes de negociación con Ardila Lülle del lote cuyo costo fue tasado en $33.000 millones. Enseguida, sin mayores estudios arquitectónicos y financieros, como si se tratase de un negocio particular dijo que el 60% del lote de Peldar sería utilizado para el Centro de Eventos y recinto de Ferias, y el otro 40% del terreno se urbanizaba para desarrollos de torres de oficina, hotel, zonas lúdicas y malecón frente al río. Todo fríamente calculado. Quizás esta fue la verdadera razón del cambio de escogencia del terreno: al norte de la ciudad, en zona de terrenos valorizables privados –no públicos- promoviendo desarrollos de actuación urbanística que tendrían directos beneficiarios.

La corrupción administrativa de Julio Jacome de la Peña, Luis Fernando Castro y la junta directiva del CEEC

El 5 de marzo del 2012 aparece una noticia. Da cuenta que el gobierno nacional invertirá $31.000 millones en el Centro de Eventos del Caribe, en el acto de siembra del primer árbol y piedra, con la presencia del ministro de Comercio, Industria y Turismo Sergio Díaz-Granados y el presidente Juan Manuel Santos. En las informaciones entregadas por el gobierno, señalaron que el costo total del proyecto estaba en la suma de $230.000 millones y que el ministerio de Comercio desembolsaría $24.000 ese año y los restantes $7000 en el 2013.

El 9 de marzo, 4 días después de estas alentadoras cifras para el Centro de Eventos y Convenciones, El Heraldo, uno de cuyos socios después fungiría como director del centro de convenciones, presenta la noticia de una rueda de prensa en el hotel Majestic con la presencia de la veeduría Visión Compartida con sus directivos Manuel María Márquez y Pablo Rodríguez. Dice la nota alrededor de un caso de probable “nepotismo”: “Con relación al Centro de Eventos del Caribe, señalaron que han encontrado varios hechos irregulares: el primero es que de los 10 miembros que conforman la junta directiva, sólo 5 están actuando porque los otros 5 no aceptaron. Los miembros vigentes de la junta son: Luis Fernando Castro, Carlos Murgas, Nubia Stella Martínez, Sergio Espinosa y Eduardo Méndez. Manuel María Márquez señaló que “Julio Jácome ya no es el gerente de la empresa, aunque sigue siendo parte del grupo de empleados y seguramente recibiendo pago”. La nueva sorpresa, agregó Manuel María Márquez, es que Luis Fernando Castro es el presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio y el gerente del Centro de Convenciones. “Habría que ver quien nombró al señor Castro, porque lo que puede observarse en esa junta casi inexistente es que prácticamente se autonombró”. “Pero si esto es delicado, la situación llega a límites absurdos, cuando se conoce que la señora Stephanie Smith, esposa del señor Michael Gallagher, hermano de la esposa del señor Luis Fernando Castro, Maryanne Gallagher, es la directora de ventas del Centro de Eventos. Es decir, que el señor Castro se autonombra gerente y nombra a su concuñada como directora de ventas”, puntualizó”.

No paran los escándalos. Siguen en medio de la puja por el control de la Cámara de Comercio entre varios grupos de la ciudad. El 16 de julio del 2012 el portal Zona Cero titula: “CEEC: multimillonarios gastos de personal, asesores, celulares y viáticos sin haber iniciado obras”. Allí se señala que Julio Jacome de la Peña renunció al cargo de gerente y que con el propósito de “ahorrarse” un salario le entregaron “superpoderes” al presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio Luis Fernando Castro para que fuese el gerente del proyecto. El prurito del supuesto ahorro surgió a partir de los años en que estuvo en la gerencia del proyecto Jacome de la Peña devengando altos honorarios sin avances sustanciales al proyecto. Sin embargo, pese al loable propósito del ahorro, Jacome siguió vinculado con un contrato de $12 millones mensuales en la función de asesor legal a través de la sociedad Consultorías y Gestión de Proyectos SAS.

Se preguntaba entonces el periodista Jorge Mariano Rodríguez, en Zona Cero, sobre el desenfado en el manejo administrativo del CEEC con una millonaria nomina en donde se encontraban: “Henry Rodríguez, Coordinador Financiero, con asignación mensual de 3 millones 300 mil pesos; Evelyn Padrón, Secretaria de Administración, 1 millón 500 mil pesos; Martha Pérez Gutiérrez, Gerente Comercial del CEEC, 7 millones 367 mil 100 pesos; Rossana Santos Guerra, Área Comercial, 2 millones 500 mil pesos y Fernando Bolívar Cardona, Gerente del Proyecto, 9 millones 763 mil pesos. Dentro de la nómina llama la atención la presencia de Stephanie Smit Echeverry, concuñada del presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio y ahora también Gerente del Centro de Eventos y Exposiciones del Caribe, Luis Fernando Castro Vergara. Stephanie Smit figura en nómina con una asignación mensual de 7 millones 367 mil 100 pesos. Según los estados financieros del CEEC los gastos de personal totalizan la suma de 1.028 millones 841 mil pesos”.

No son los únicos egresos en la nada transparente historia del Centro de Eventos y Convenciones, pues contaba con una nomina paralela con un costo de $90 millones 774 mil pesos. Quienes estaban en la nomina paralela? Mariano Rodríguez ofrece los datos: “Janeth Abuchaibe Costa, con 23 millones 840 mil pesos; Catherine Demoinneaux Glen, 29 millones 90 mil pesos; Nathalie Torrente Amín, 2 millones de pesos; Milena García Galvis, 6 millones 600 mil pesos y B & R Soluciones Legales, 2 millones 970 mil pesos. A ellos se suman los 25 millones 924 mil pesos de la Revisoría Fiscal a cargo de Egon Santiago”. Por otro lado aparecía un gasto denominado construcciones en curso por el valor de $2.582 millones 814 mil pesos. En ese mismo informe periodístico se citan gastos de celulares, viajes, asuntos que puede parecer normales y típicos en una empresa privada manejada con entusiasmo presupuestal, pero inaceptables cuando se manejan recursos del estado.

Conclusiones de la primera parte

Se aprecia, con la lectura de la primera parte de este reportaje, varios hechos relacionados con la puesta en marcha de este proyecto:

  1. La falta absoluta de planeación del proyecto: financiera, urbanística, arquitectónica, comercial y administrativa
  2. Un supuesto “liderazgo” en el proyecto de la Cámara de Comercio
  3. Más del 90% es inversión del orden nacional, departamental y distrital
  4. Diseños adaptados que corresponden a otra ubicación y circunstancias de entorno
  5. Cambios en nominaciones y estructura societaria sin cumplir los requisitos de ley
  6. Evidente mal manejo de los recursos proporcionados
  7. Ausencia de controles en las fases de anteproyecto, proyecto y estructuración financiera
  8. Irregularidades en los nombramientos
  9. Funciones paralelas de socio y administrador con minoría accionaria
  10. No se encuentra claro en qué momento la Cámara de Comercio de Barranquilla hizo el aporte prometido de $10.000 millones de pesos

 

Segunda parte: La anti transparencia: Escondiendo contratos y licitaciones. Contiene: la llegada del Distrito de Barranquilla en su rol de socio principal, licitaciones de construcción, interventoría, el gerente Jaime Pumarejo Heins y la anti-transparencia administrativa durante su gestión, calidad de la obra, labor del operador Corferias.

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