Por: Mariela Carrizosa

 

Verdaderamente bochornoso para la condición femenina y la comunidad universitaria, la pública exposición a través de medios nacionales de tráfico sexual de alto calibre entre el rector de la Universidad del Atlántico, Carlos Prasca y estudiantes, supuestamente prostitutas –no se encuentra debidamente esclarecido– prepagos. Peor aún si no se encuentran en ese oficio.

El rector ha basado su defensa, no negando tajantemente los hechos, sino reafirmando que el celular de él y su esposa fueron “hackeados” con propósitos de extorsión. Eso dice y no desmienta un ápice si las implicadas en los favores sexuales recibían estipendios en dinero o especies –habida cuenta que son estudiantes de la universidad– ni como operaba esa especie de máquina del sexo que dice ser el rector cuando confiesa tras las reiteradas solicitudes de sexo anal, que “se acordará de él en las próximas 72 horas”.

Nada académico ni científico tal doloroso recordatorio pero que sirve para exponer la clase de degradación moral a que ha llegado la clase política de Barranquilla y el Atlántico en la escogencia de este personaje en la dirección del principal centro de estudios superiores de la costa. Vergonzoso episodio que solo corrobora lo que se decía en Soledad, desde donde viene importado de un centro de estudios técnicos el señor Prasca, donde dejó a su paso una fama, rumores, de depredador sexual que ahora parecen confirmarse.

Una de las conversaciones sitúa el lugar de los encuentros amorosos:

Carlos Prasca: A qué hora te espero

Daniela: ¿Dónde me va a esperar?

Carlos Prasca: En Rectoría.

Más adelante, le precisa cuáles son sus gustos en materia sexual y le da su número celular.

Daniela: Nunca he tenido sexo anal.

Carlos Prasca: Te voy a iniciar.

Daniela: ¿Cuándo fue la última vez que estuvo con una chica de mi edad? 22, 23, 24

Carlos Prasca: El jueves. Te dejas iniciar… No me has dicho si te dejas iniciar anal.

Daniela: Me gustaría, pero me da miedito porque dicen que duele mucho.

Carlos Prasca: Lo hacemos suave y con dilatantes. Mi celular es 3157481307.

Daniela: Siempre me ha dado miedo el sexo anal.

Carlos Prasca: Regálame tu celular.

Daniela: Me imagino que su amiguita si lo complace.

El material aportado a los informes de prensa incluye diálogos en chats, sonoros y una foto en donde aparece Prasca desnudo, recostado somnoliento en un motel. Sin negar la posibilidad que todo se deba, como dice Prasca, a una celada de sus enemigos para bajarlo del poder, aquí se aplicaría la vieja máxima de César en el juicio contra Clodio que terminaría con su divorcio de Pompeya, aduciendo como excusa la frase: «Mi esposa debe estar encima de toda sospecha» convertida después en «La esposa del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo». Que, llevada a estas circunstancias sería «Los rectores no solo deben tener sobrada conducta ética y moral intachable, sino parecerlo».

No constituye buen ejemplo para las juventudes que forma el señor Prasca este episodio pornográfico entre el rector de la universidad y sus alumnas. De cualquier condición que ellas sean. Es un pésimo mensaje a la comunidad, a la ciudad, al departamento y al estado general de la educación estos arrebatos sexuales sin control que bien tienen cabida en el ámbito de la privacidad pero que la desborda cuando el escenario es la rectoría de una universidad y los protagonistas son el rector y estudiantes.

La ley 115 de 1994, más conocida como Ley General de Educación, señala en su artículo 92:

La educación debe favorecer el pleno desarrollo de la personalidad del educando, dar acceso a la cultura, al logro del conocimiento científico y a la formación de valores éticos, morales, ciudadanos y religiosos que le faciliten la realización de una actividad útil para el desarrollo socioeconómico del país.

El en el rango de la Constitución Política, el artículo 68 dice en una de sus oraciones con absoluta claridad:

La enseñanza estará a cargo de personas de reconocida idoneidad ética y pedagógica.

De contundente claridad: RECONOCIDA IDONEIDAD ÉTICA, lo cual es ampliamente vulnerado con este episodio sexual del Rector de la Universidad del Atlántico. Ojala el Consejo Superior aborde con la debida seriedad este problema sexual entre el rector y algunas alumnas de ese centro de educación superior y tome medidas ejemplarizantes.

En cuanto al señor Prasca le exigimos que tenga la sensatez de renunciar y no le produzca este tipo de menoscabos a la dignidad de la universidad y la rectoría.

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