Un doble asesinato en Barrancabermeja desnuda la hipocresía mediática y estatal de una Colombia que llora a sus élites pero olvida a sus líderes comunitarios
Por corrupcionaldia.com
Investigación especial
BARRANCABERMEJA, SANTANDER — Cuatro hombres armados irrumpieron en el lote 48, casa 49, del asentamiento humano El Centenario. Sin mediar palabra, vaciaron sus cargadores sobre Nancy Janeth Valderrama Pinzón, de 58 años, presidenta de la Junta de Acción Comunal, y su hijo Kevin Andrés Strauss Valderrama, de 32. Era el 5 de febrero de 2026, alrededor de las 2:50 de la tarde.
Los sicarios huyeron disparando al aire mientras la sangre de una lideresa social y su hijo empapaba el piso de una vivienda humilde en uno de los territorios más olvidados del puerto petrolero. La recompensa por información: 15 millones de pesos. La cobertura mediática nacional: testimonial. El duelo oficial: inexistente. Las marchas ciudadanas: ninguna.
Comparemos.
Siete meses antes, el 7 de junio de 2025, Miguel Uribe Turbay, senador del Centro Democrático y precandidato presidencial, fue atacado en el barrio Modelia de Bogotá. Tres disparos. Dos meses después, el 11 de agosto, falleció. La respuesta fue inmediata y contundente:
- Tres días de duelo nacional decretados por el alcalde de Bogotá
- Marcha del silencio el 15 de junio con miles de personas en múltiples ciudades
- Condolencias internacionales: Naciones Unidas, OEA, Human Rights Watch, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal, Marco Rubio
- Cobertura mediática 24/7 durante semanas
- El Senado de la República solicitó ser reconocido como víctima institucional
- La CIDH abrió expediente de medidas cautelares (posteriormente archivado)
- Calificación de magnicidio por la Fiscal General de la Nación
- Siete capturados en investigación prioritaria
Nancy Valderrama obtuvo: una nota en medios regionales, un consejo extraordinario de seguridad en la comuna 7, y la promesa de reforzar la protección a otros líderes. La misma promesa que el Estado colombiano ha repetido 187 veces solo en 2025.

Las cifras que nadie quiere ver
Mientras Colombia se paralizaba por la muerte de Miguel Uribe Turbay —y con razón, porque todo asesinato político es una tragedia—, en ese mismo 2025 fueron asesinados 187 líderes sociales, según Indepaz. Catorce más que en 2024. Un incremento del 8%.
Desde la firma del Acuerdo de Paz en noviembre de 2016 hasta hoy, 1.891 líderes y lideresas sociales han sido asesinados en Colombia. Mil ochocientos noventa y uno. Cada uno con nombre, familia, comunidad, sueños. Cada uno defendiendo derechos fundamentales en territorios donde el Estado brilla por su ausencia.
Nancy Valderrama era una de ellos. Dedicó su vida a conseguir infraestructura y servicios básicos para El Centenario, un asentamiento humano donde el agua potable es un lujo y la electricidad una promesa electoral. Recibió amenazas. Las denunció. Nadie la escuchó.
¿Dónde estaban los medios nacionales cuando Nancy pedía protección? ¿Dónde estaban las portadas, los especiales, los análisis de una hora en prime time? ¿Dónde estaban las condolencias del secretario de Estado de Estados Unidos?
La geografía del olvido
Los departamentos con mayor número de líderes sociales asesinados en 2025 fueron, en orden: Cauca (37 casos), Antioquia (23), Valle del Cauca (18), Norte de Santander, Guaviare, Bolívar, Nariño, Putumayo, Huila y Atlántico.
Santander, donde Nancy fue asesinada junto a su hijo, también aparece en las estadísticas de la violencia sistemática contra defensores de derechos humanos. Pero Barrancabermeja no es Bogotá. El Centenario no es Modelia. Y Nancy Valderrama no era senadora.
Esa es la verdad obscena que nadie se atreve a decir: en Colombia, tu vida vale lo que tu apellido pesa.
Miguel Uribe Turbay era nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala. Su madre, Diana Turbay, periodista asesinada por Pablo Escobar. Familia con historia, con poder, con conexiones en los círculos donde se toman las decisiones.
Nancy Valderrama era presidenta de una Junta de Acción Comunal en un asentamiento humano. Sin apellido ilustre. Sin acceso a los salones del poder. Sin cuenta verificada en redes sociales. Su único capital: la confianza de una comunidad que hoy llora sin cámaras, sin trending topics, sin solidaridad internacional.

El silencio cómplice de los medios tradicionales
Revisemos la cobertura:
El Tiempo: Una nota de 600 palabras el 6 de febrero. Nunca llegó a portada digital. Cero seguimiento investigativo.
Semana: Ninguna mención hasta la fecha de publicación de este artículo.
El Espectador: Ninguna cobertura identificada.
Caracol, RCN: Breves menciones en noticieros regionales. Ningún despliegue especial.
Compárese con las decenas de artículos, editoriales, columnas de opinión, especiales multimedia dedicados a Miguel Uribe Turbay. La diferencia no es periodística: es política.
Los medios tradicionales colombianos han demostrado, una vez más, que su agenda informativa responde a criterios de clase, no de relevancia. Un senador asesinado es magnicidio. Una lideresa comunitaria asesinada es «violencia en las regiones», categoría donde caben desde el robo de ganado hasta las masacres.
Esta es la corrupción más insidiosa: la corrupción de la verdad.
Porque al invisibilizar sistemáticamente el asesinato de líderes sociales, los medios tradicionales se convierten en cómplices de la estrategia de terror que busca destruir el tejido comunitario en los territorios. Cada líder asesinado sin cobertura es un mensaje a las comunidades: «Pueden matarlos y nadie se enterará».
El Estado ausente, la élite protegida
Eduardo Ramírez, secretario de Seguridad de Barrancabermeja, declaró tras el asesinato: «Hacía un gran cargo comunitario, muy importante, rechazamos esto, nos duele a todos».
¿Nos duele a todos? Entonces, ¿dónde está el duelo nacional? ¿Dónde están las banderas a media asta en Bogotá? ¿Dónde está el presidente Gustavo Petro, que lloró públicamente por Miguel Uribe Turbay, calificando su muerte como «una derrota para la democracia»?
Nancy Valderrama también era democracia. Su hijo Kevin también era futuro. Sus muertes también son una derrota.
Pero para el establecimiento colombiano, algunos muertos son más muertos que otros.
La Unidad Nacional de Protección (UNP), el mismo organismo cuyo director, Augusto Rodríguez, enfrenta proceso penal por prevaricato por omisión en el caso Uribe Turbay, tiene en sus archivos miles de solicitudes de protección de líderes sociales que nunca fueron atendidas adecuadamente.
Nancy Valderrama había reportado amenazas. Como lo han hecho cientos de líderes que después aparecen asesinados. El patrón es claro: el Estado colombiano solo reacciona cuando las balas tocan a la élite.
Los personajes siniestros de esta historia
Detrás del asesinato de Nancy Valderrama y su hijo se esconde una red de actores que debemos nombrar con claridad:
1. Los sicarios materiales: Cuatro hombres armados, probablemente vinculados a estructuras criminales que disputan el control territorial de Barrancabermeja. «Los de la M» o «Los Marihuanos», grupo que ya ha sido señalado en otros homicidios de líderes sociales en la ciudad, como el triple homicidio que incluyó a la activista LGBTQ+ Diana Milena Ruiz Galvis en enero de 2026.
2. Los determinadores: Alguien ordenó este asesinato. Alguien pagó. En el caso de Miguel Uribe Turbay se habló de 20 millones de pesos. ¿Cuánto costó la vida de Nancy y Kevin? ¿Quién se beneficia de silenciar la voz de una lideresa que denunciaba la precariedad de los servicios públicos en El Centenario?
3. Los funcionarios omisivos: Todos aquellos en la cadena de protección estatal que recibieron las alertas, las denuncias, las solicitudes de Nancy Valderrama y archivaron los documentos sin actuar. Son tan culpables como quien apretó el gatillo.
4. Los medios cómplices: Los directores, editores y periodistas que decidieron que esta historia no merecía portada, no merecía investigación, no merecía el mismo despliegue que le dieron a otros casos. Su silencio es violencia.
5. La clase política indiferente: Los senadores, representantes, alcaldes, gobernadores que tuitean indignación cuando matan a uno de los suyos pero permanecen mudos cuando la víctima es una lideresa de base.
6. La sociedad civil selectiva: Las ONG de derechos humanos, los colectivos, los movimientos sociales que movilizan miles cuando la víctima tiene apellido y poder, pero apenas emiten comunicados cuando asesinan a líderes comunitarios.
El negocio de la sangre selectiva
Aquí está la verdad que duele: en Colombia hay un mercado de la indignación, y ese mercado responde a las mismas lógicas del capitalismo salvaje que critica.
La muerte de Miguel Uribe Turbay generó:
- Clicks
- Rating
- Posicionamiento político
- Capital simbólico
- Oportunidades electorales (su padre se convirtió en precandidato presidencial)
La muerte de Nancy Valderrama genera:
- Silencio
- Olvido
- Impunidad
- Continuidad del terror
Eso es corrupción estructural. No es solo el soborno, el peculado, el tráfico de influencias. Es la corrupción de los valores, de la empatía, de la justicia. Es un sistema que ha decidido quiénes merecen ser llorados y quiénes merecen ser olvidados.
La pregunta incómoda
¿Por qué Miguel Uribe Turbay sí y Nancy Valderrama no?
La respuesta obvia es el poder. Pero hay algo más profundo: el clasismo estructural de la sociedad colombiana, que permea todo, desde las instituciones hasta los medios, desde la academia hasta las redes sociales.
Nancy Valderrama vivía en un asentamiento humano. Para muchos colombianos de clase media y alta, esos lugares ni siquiera existen en su mapa mental de la ciudad. Son «invasiones«, «zonas rojas«, lugares donde «uno no va«.
Miguel Uribe Turbay vivía, estudiaba y trabajaba en los circuitos de la élite. Harvard. Senado. Precandidatura presidencial. Lugares que sí importan, personas que sí cuentan.
Esta es la verdad que el Estado no quiere admitir: Colombia es un país de castas.
Y en un país de castas, la justicia también es selectiva. Las investigaciones también son selectivas. Las lágrimas también son selectivas.
Los números de la hipocresía
Hagamos el ejercicio completo:
2025:
- 187 líderes sociales asesinados (Indepaz)
- 177 según la Defensoría del Pueblo
- 39 firmantes del Acuerdo de Paz asesinados
- 78 masacres con 256 víctimas
Cobertura mediática nacional sostenida: Prácticamente cero.
Marchas masivas: Ninguna.
Duelo nacional: Ninguno.
Condolencias internacionales: Escasas.
Movilización política: Inexistente.
En cambio, un solo asesinato —el de Miguel Uribe Turbay— generó más cobertura mediática, más pronunciamientos internacionales y más movilización ciudadana que 187 asesinatos combinados.
Hagan las cuentas. Un senador = 187 líderes sociales. Esa es la ecuación obscena del valor de la vida humana en Colombia.
Barrancabermeja: laboratorio del olvido
Con el doble homicidio de Nancy y Kevin, Barrancabermeja llegó a 18 personas asesinadas de manera violenta en lo corrido del año 2026. Estamos apenas en febrero.
Esta ciudad, motor petrolero del país, lleva décadas atrapada en un ciclo de violencia entre grupos armados ilegales que disputan el control territorial. Estructuras criminales con nombres que cambian pero métodos que permanecen: extorsión, microtráfico, sicariato, despojo.
Y en medio de ese infierno, líderes como Nancy Valderrama intentaban construir dignidad. Juntas de Acción Comunal que buscan soluciones donde el Estado no llega. Comedores comunitarios. Gestión de servicios públicos. Defensa de derechos básicos.
Por eso los matan.
Porque un líder social empoderado es un obstáculo para quienes hacen negocio con la miseria. Porque una comunidad organizada es más difícil de controlar que una comunidad aterrorizada. Porque la esperanza es el peor enemigo del terror.
El patrón del asesinato selectivo
Los sicarios que mataron a Nancy y Kevin siguieron el manual clásico:
- Cuatro hombres
- Dos motocicletas
- Cascos cerrados
- Entrada violenta a la vivienda
- Disparos múltiples
- Huida disparando
Es el mismo modus operandi de cientos de asesinatos de líderes sociales en Colombia. Tan frecuente que las autoridades ya tienen formularios prediseñados para los informes.
Esa rutinización de la violencia es, en sí misma, un síntoma de corrupción sistémica.
Cuando un país normaliza el asesinato de sus defensores de derechos humanos, cuando los medios reportan estas muertes con la misma indiferencia con que reportan el clima, cuando la sociedad sigue con su vida sin inmutarse, ahí hay algo profundamente corrupto.
Las voces que el poder quiere silenciar
¿Qué denunciaba Nancy Valderrama? Según testimonios de vecinos y líderes comunitarios de El Centenario:
- Falta de agua potable en el asentamiento
- Deficiencias en el servicio de energía eléctrica
- Ausencia de pavimentación y alcantarillado
- Necesidad de espacios recreativos para jóvenes
- Presencia de grupos armados ilegales que controlan el territorio
Denuncias molestas para muchos. Especialmente para:
- Autoridades locales que prefieren no visibilizar la precariedad de los asentamientos
- Empresas de servicios públicos que incumplen sus obligaciones
- Estructuras criminales que operan con total impunidad
- Políticos que venden promesas electorales que nunca cumplen
Nancy Valderrama era, en esencia, una mujer que exigía lo básico: dignidad para su comunidad.
Y por eso está muerta.
El hijo olvidado
Kevin Andrés Strauss Valderrama tenía 32 años. Acompañaba a su madre en las labores comunitarias. Soñaba, trabajaba, existía.
De él, los medios apenas dicen que «era su hijo«. Como si su vida solo tuviera sentido en relación a Nancy. Como si no fuera, él mismo, una víctima con historia propia.
Eso también es violencia simbólica.
Cuando los medios dedican párrafos enteros a la trayectoria del «senador más votado de Centro Democrático, nieto del expresidente Turbay Ayala, graduado de Harvard«, pero reducen a Kevin Strauss a «su hijo«, están reproduciendo las jerarquías del olvido.
¿Qué estudiaba Kevin? ¿Qué trabajos realizaba? ¿Qué sueños tenía? ¿Qué pensaba del futuro de su comunidad?
Nunca lo sabremos. Porque a los medios tradicionales no les interesa. Porque su muerte no vende. Porque su apellido no importa.
El fracaso de la «Paz Total»
El gobierno de Gustavo Petro llegó al poder con la promesa de la «Paz Total«. Diálogos con grupos armados. Ceses al fuego. Desescalamiento del conflicto.
Los resultados están a la vista:
2024: 173 líderes sociales asesinados
2025: 187 líderes sociales asesinados
Incremento: 8%
En zonas donde se han implementado ceses al fuego —como Caquetá, Catatumbo y Magdalena Medio— sí se ha evidenciado reducción de homicidios. Lo que demuestra que la paz es posible. Pero insuficiente.
Porque la paz no es solo ausencia de disparos. Es presencia del Estado. Es acceso a servicios públicos. Es garantías para ejercer liderazgo sin temor. Es justicia efectiva contra los asesinos.
Y en eso, todos los gobiernos han fracasado. Uribe, Santos, Duque, Petro. Derecha, centro, izquierda. El color político cambia. La sangre de los líderes sociales sigue corriendo.
La recompensa insultante
15 millones de pesos ofrecen por información que conduzca a los asesinos de Nancy y Kevin.
En el caso Miguel Uribe Turbay, el monto ofrecido fue sustancialmente mayor. Además de recursos de inteligencia, tecnología de punta, coordinación interinstitucional prioritaria.
Hasta la recompensa es clasista.
Y seamos honestos: en territorios como El Centenario, donde las estructuras criminales ejercen control territorial, ¿quién se atreve a entregar información? Denunciar es firmar tu sentencia de muerte. Porque después de que se lleven a los sicarios, los determinadores siguen ahí, controlando el barrio, viendo quién habló.
Las recompensas sin protección efectiva son teatro de seguridad. Sirven para que las autoridades digan «hicimos algo», pero todos saben que son inútiles.
La pregunta para la clase política
A todos los senadores, representantes, alcaldes, gobernadores que lloraron por Miguel Uribe Turbay:
¿Dónde están ahora?
¿Dónde están sus trinos de solidaridad con la familia de Nancy Valderrama? ¿Dónde están sus llamados a la justicia? ¿Dónde están sus exigencias de investigación prioritaria?
María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Miguel Uribe Londoño (padre de Miguel Uribe Turbay y ahora precandidato presidencial), Álvaro Uribe Vélez. Todos voceros permanentes cuando la víctima es de su clase. Todos silenciosos cuando la víctima es del pueblo.
¿Y del otro lado? Gustavo Petro, Francia Márquez, Roy Barreras, María José Pizarro. También expresaron dolor por Uribe Turbay. ¿Y por Nancy Valderrama? Silencio.
Esa es la verdad desnuda: la solidaridad política es selectiva. Se activa cuando hay rédito electoral. Se desactiva cuando la víctima no trae votos.
El grito que nadie escucha
Desde El Centenario, desde los asentamientos humanos de Barrancabermeja, desde las veredas de Cauca, Antioquia, Nariño, Putumayo, desde todos los territorios olvidados de Colombia, hay un grito que no llega a Bogotá:
¡TAMBIÉN SOMOS COLOMBIA!
También tenemos derecho a la vida. También merecemos protección. También nuestras muertes deberían importar.
Pero ese grito rebota contra las paredes de indiferencia de un establecimiento que solo se conmueve cuando la sangre salpica sus propios círculos.
Lo que exigimos desde corrupcionaldia.com
Porque en corrupcionaldia.com creemos que una Colombia diferente es posible cuando los ciudadanos conocen la verdad completa, exigimos:
1. Investigación prioritaria y transparente del doble homicidio de Nancy Valderrama y Kevin Strauss, con los mismos recursos y despliegue que se dio al caso Uribe Turbay.
2. Duelo oficial por todos los líderes sociales asesinados en 2025. Si hubo duelo nacional por un senador, debe haberlo por 187 defensores de derechos humanos.
3. Cobertura mediática equitativa. Los medios tradicionales deben aplicar los mismos criterios periodísticos independientemente de la clase social de las víctimas.
4. Reforma integral de la UNP para garantizar protección efectiva a líderes sociales, no solo a políticos de alto perfil.
5. Presencia estatal efectiva en asentamientos humanos y territorios vulnerables. No militarización, sino servicios públicos, educación, salud, oportunidades.
6. Justicia contra los determinadores. No basta con capturar sicarios. Hay que desarticular las redes de poder que ordenan estos crímenes.
7. Memoria digna para todas las víctimas. Nancy Valderrama y Kevin Strauss merecen el mismo reconocimiento histórico que Miguel Uribe Turbay.
La verdad que incomoda
Miguel Uribe Turbay era un líder político legítimo. Su asesinato fue una tragedia que debe esclarecerse y condenarse. Nadie niega eso.
Pero Nancy Valderrama también era una líder legítima. Su asesinato también es una tragedia que debe esclarecerse y condenarse.
La diferencia en el trato revela la podredumbre moral de Colombia.
Revela un país que jerarquiza el dolor según el apellido. Que mide el valor de la vida según el código postal. Que distribuye la justicia según el poder político.
Eso es corrupción en su forma más obscena: la corrupción de la humanidad.
El llamado final
A los medios tradicionales: Cubran el asesinato de Nancy Valderrama con la misma intensidad con que cubrieron el de Miguel Uribe Turbay, o admitan públicamente que su periodismo es clasista.
A la clase política: Lloren a todos los muertos por igual, o admitan que su dolor es electoral, no humano.
A la sociedad civil: Marchen por Nancy Valderrama como marcharon por Miguel Uribe Turbay, o admitan que su indignación es selectiva.
Al Estado colombiano: Protejan a todos los líderes con la misma diligencia, o admitan que algunos colombianos valen más que otros.
A las autoridades investigativas: Resuelvan este caso con la misma prioridad que el de Uribe Turbay, o admitan que la justicia es de clase.
Epílogo: La cuenta que no cierra
187 líderes sociales asesinados en 2025.
187 familias destrozadas.
187 comunidades huérfanas de liderazgo.
187 proyectos comunitarios truncados.
187 voces silenciadas.
Y el país siguió funcionando como si nada.
Mientras tanto, Nancy Valderrama y Kevin Andrés Strauss Valderrama yacen en el olvido. Otro par de nombres en las estadísticas que nadie lee. Otro par de víctimas en los informes que nadie publica.
Pero nosotros sí los recordamos.
Porque en corrupcionaldia.com sabemos que la corrupción más profunda no se mide en pesos robados, sino en vidas ignoradas.
Y mientras Colombia siga llorando selectivamente a sus muertos, mientras los medios sigan jerarquizando el dolor, mientras el Estado siga protegiendo a unos y abandonando a otros, la paz seguirá siendo una palabra vacía.
Nancy Valderrama Pinzón: Presidenta de la Junta de Acción Comunal del asentamiento El Centenario. 58 años. Asesinada el 5 de febrero de 2026.
Kevin Andrés Strauss Valderrama: Líder comunitario. 32 años. Asesinado el 5 de febrero de 2026.
SUS NOMBRES. SUS VIDAS. SU DIGNIDAD.
Que no se diga que nadie los lloró. Que no se diga que nadie los nombró. Que no se diga que su sangre no importó.
Porque para nosotros, sí importa.
Si te duele esta verdad, bien. Debe dolerte. Porque ese dolor es el primer paso para el cambio.
Creemos que una Colombia diferente es posible cuando los ciudadanos conocen la verdad completa. Combinamos periodismo de investigación, análisis de datos y seguimiento riguroso para revelar lo que se esconde detrás del poder. Somos corrupcionaldia.com, la plataforma que te da las herramientas para entender y confrontar la corrupción que afecta tu vida diaria.
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NOTA DE LA REDACCIÓN:
Este artículo se publica como un grito de indignación ante la hipocresía estructural de una sociedad que clasifica el valor de la vida humana según criterios de poder y dinero. No es un ataque a Miguel Uribe Turbay ni a su familia. Es un reclamo por la desigualdad obscena con la que se trata a las víctimas en Colombia.
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