Por: Adlai Stevenson Samper

Parque Cultural del Caribe: un proyecto fallido

El proyecto del Parque Cultural del Caribe fue iniciado por el entonces Vicepresidente Gustavo Bell Lemus como una propuesta definitiva para afianzar un referente cultural en el Centro de Barranquilla que complementara el proyecto del centro cultural de La Aduana bajo la égida de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta –que partió desde dos ejes: la pequeña biblioteca de datos, libros comerciales y jurídicos de la Cámara de Comercio de Barranquilla– y la hemeroteca de revistas y periódicos de la biblioteca departamental Meira Delmar.

La sección de libros provenientes de la Cámara de Comercio se transformó, parafraseando un proyecto con nombre similar en Medellín, en la Biblioteca Piloto del Caribe. Los periódicos y revistas en el Archivo Histórico del Atlántico. En ese mismo edificio de La Aduana se instaló provisionalmente el Museo de Arte Moderno de Barranquilla durante una larga temporada.

El proyecto de Parque Cultural del Caribe ensancharía estos proyectos con un supuesto Museo del Caribe –que no existía y allí estuvo uno de los escollos iniciales- el Museo de Arte Moderno de Barranquilla –con una pinacoteca no muy extensa- y la Cinemateca del Caribe, que en el fondo es una sala de cine arte custodiando archivos audiovisuales locales pues los más complejos para restauración y preservación se guardan y preservan en laboratorios en Bogotá.

Una santísima trinidad la de los dos museos y la cinemateca que en el fondo, jurídicamente, encuentran trianguladas sus juntas directivas con otros proyectos culturales de la ciudad y que para efectos de responsabilidad ejercen funciones como entidades de derecho privado aduciendo para ello una serie de prerrogativas de confidencialidad en el tratamiento de los recursos que reciben por parte de entidades del estado colombiano.

Dónde estaban las colecciones del Museo del Caribe?

Buena pregunta y ¿la respuesta? De antología, en ninguna parte. Fueron inventados para llenar el contenedor edificio con disimiles objetos igual a una cacharrería o cuarto de San Alejo, complementados con atracciones tecnológicas de vídeos, fotos y archivos sonoros.

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Ese fue el primer error. Pretender crear una obra faraónica, grandiosa y compleja como un museo del Caribe –ni siquiera delimitaron el área colombiana- a partir de la construcción de un edificio contenedor. Tarea imposible de salida pero de una pretensión impresionante para descrestar a funcionarios oficiales y útil para las relaciones públicas.

A partir de ese reto de cumplimiento exorbitante –montar un “Museo del Caribe”- aparece el concepto de exposición y edificio escenográfico cultural, fingiendo o pretendiendo “ser”, cuando su estricta realidad era todo lo contrario: una partícula minúscula del tema cultural del Caribe, aprisionada en las paredes de un edificio, contando historias sobre algunas etnias indígenas, pueblos afros, vídeos sobre los vericuetos del paisaje, colección de objetos disimiles apiñados sin ningún rigor tal como si estuviesen exhibidos en un almacén –¿efecto inconsciente sobre la vocación fenicia de la ciudad?- para su aprehensión visual.

Siguen los errores en el montaje del Museo del Caribe del complejo Parque Cultural del Caribe. Le entregaron pesquisas para armar colecciones a personas allegadas al sector cultural que con más benevolencia ingenua que sabiduría y conocimiento sobre el Caribe colombiano, prestaron sus servicios en determinadas áreas. Fue una piñata entre los amigos de los promotores y organizadores del embeleco en ese momento y la prueba que fue una mala idea es que las deshilachadas intervenciones no resisten análisis de sus procesos constitutivos que en algunos casos, por ejemplo en la poderosa música del Caribe colombiano, se caen, se desmigajan solos.

 No hay ningún intento válido de explicar con señales convincentes estos procesos culturales sonoros y sus probables interacciones, mixturas y mutaciones. Ni mu. Otra cosa fue el mejor de sus inventos, la famosa Noche del Río en precarnavales al que después se le agregaría, lentamente, sonoridades eléctricas desvirtuando el obvio reconocimiento a la cultura ribereña musical del río Magdalena y sus áreas de influencia.

Terrible. Pero ya montadas las “colecciones” se pretendía –mentalidad burocrática cultural estática- que todo estaba concluido. Abrir el centro de atracciones convocando a los ciudadanos y turistas a que se convirtieran en usuarios de esos servicios culturales que tras una primera visita no regresaban a repetir el mismo recorrido. Aburrida cosa ver la misma película una y otra vez. Se les olvidó un equipo de montaje anual de dos o tres nuevas propuestas expositivas anuales renovándose ello –y en eso no tenían tampoco experticia ni les interesaba a los directivos del museo- un completo equipo de investigadores en diversas áreas que nutrieran de vídeos, fotos, documentos las diversas secciones temáticas que les incumbiera.

Ese error descartó el interés del Museo por parte de los investigadores – tanto del patio como los externos- así que lentamente el edificio se volvió una isla solitaria enclavada en torno a unas colecciones que envejecían desde todos los flancos –sobre todo en la tecnología-, una ausencia cada vez más notoria de público, convocando un tono de plañideras –esquema usual en Barranquilla en este tipo de administración cultural- para cuando quedaran sin recursos iniciar el show de lamentaciones ante instituciones del estado para que las nutrieran de recursos frescos que les permitiera mal sobrevivir al edificio nutriendo su equipo organizativo laboral.

Una constitución jurídica curiosa

El Museo del Caribe fue inaugurado el 24 de abril de 2009. El diseñador del edificio fue Giancarlo Mazzanti, arquitecto barranquillero que llegaba en ese momento con el palmarés de la premiada biblioteca España en Medellín, obra que posteriormente se desmoronó, lentamente, como un castillo de naipes en la cima de una colina en el barrio Santo Domingo Sabio en Medellín, justo a un costado del cable aéreo del Metro de esa ciudad. En la actualidad el edificio se encuentra abandonado y según algunos expertos, la reconstrucción cuesta tanto como hacerlo nuevamente.

Regresemos al edificio del Museo del Caribe escogida en un concurso en que participaron 48 firmas de México, Argentina, Venezuela y Colombia. Dice Mazzanti, explicando el desarrollo del diseño que “El museo fue diseñado como una serie de caparazones que se van envolviendo como un caracol y así un espacio se concibe dentro de otro”. Su respetable visión no se compadece con la realidad pues incluyó una pared flotante sostenida por una costosa estructura de metal a la cual es menester efectuarle mantenimiento por causa de la corrosión y que tapa la visual del edificio sobre el río y los caños. Nada menos.

La inversión total del proyecto fue de $22 mil millones de pesos, incluyendo el costo del lote, donado por la Fundación Mario Santodomingo, el cual asciende a $3 mil millones de pesos. Otros recursos provinieron del Fondo Nacional de Regalías, Ministerio de Cultura, Gobernación del Atlántico, Alcaldía Distrital de Barranquilla y según informaciones de prensa, de la empresa privada local, regional y nacional.

Sobre el proceso de desarrollo del Museo el diario El Tiempo dice el 12 de diciembre de 2003 que “este proyecto cultural ideado por el historiador Gustavo Bell Lemus y el escritor Gabriel García Márquez encontró apalancamiento en el industrial Julio Mario Santo Domingo, la Alcaldía de la ciudad, la Gobernación del Departamento del Atlántico, la Cámara de Comercio de Barranquilla y un buen número de empresas de la ciudad. Sin embargo, se destaca el papel de la Camara de Comercio de Barranquilla auspiciando y respaldando las diversas fases del proyecto. Hoy por hoy, el Museo del Caribe, inaugurado el 24 de abril de 2009 como eje principal del Parque Cultural del Caribe, y primer módulo de este gran proyecto, es sin duda uno de los nuevos hitos educativos y culturales de nuestra región. Actualmente, la Cámara de Comercio de Barranquilla forma parte de su Junta Directiva”.

La Cámara de Comercio de Barranquilla tiene directa injerencia en varios proyectos culturales y forma una especie de tutelaje del mínimo aparataje de infraestructura cultural de la ciudad, por ejemplo, en la empresa del Carnaval –con sus diversas denominaciones jurídicas- al igual que la Fundación Santo Domingo.

El 76% del proyecto Parque Cultural del Caribe fue hecho con dineros públicos, pero es absolutamente controlado por instituciones privadas. De acuerdo al portal Zona Cero “En efecto, de acuerdo con lo conocido por Zona Cero y Atlántico en Noticias, en el proceso de construcción, durante el período 1999 – 2009, el proyecto recibió aportes por $22.642 millones 947 mil 805 pesos, distribuidos de la siguiente manera: Alcaldía, $1.800 millones; Gobernación, $4.022 millones 500 mil pesos; Nación, $11.327 millones 882 mil 521 pesos y sector privado, $5.492 millones 565 mil 284 pesos. Esto significa que el sector público contribuyó con el 76% de los aportes para la construcción del proyecto, sin embargo, de manera inexplicable, la propiedad y la Administración quedaron en manos de los privados, que lo han manejado a sus antojos, sin que el Estado tuviese voz y voto en las decisiones del caso”.

De allí se colige que los malos manejos administrativos, culturales y financieros del proyecto han estado en manos de una junta directiva controlada por sectores privados y ellos son los directos responsables de la actual situación del complejo cultural. Del sector público solo se acuerdan cuando se les terminan los presupuestos con la consecuente necesidad de recursos frescos que los saquen del atolladero de sus compromisos.

APORTES PARA LA CONSTRUCCIÓN (1999 -2009)
EntidadAportes
Alcaldía distrital de Barranquilla$1.800.000.000
Gobernación del Atlántico$4.022.500.000
Aportes otras entidades públicas$11.327.883.521
Aportes entidades privadas$5.492.565.284
TOTAL$22.642.947.805
FUENTE MUSEO DEL CARIE

El efecto plañidera solicitando dineros se ha mantenido a lo largo de todos los años de funcionamiento del Parque Cultural del Caribe, entidad jurídica que maneja el Museo del Caribe y al que se le dio; en una decisión absolutamente desquiciada por sus malos manejos, de manejar los recursos de construcción del paralizado Museo de Arte Moderno de Barranquilla.

Estos son algunos de los recursos aportados por el sector público al desarrollo del proyecto:

AÑOPRESUPUESTOAPORTES
ALCALDÍA
B/QUILLA
APORTES
GOBERNACIÓN
DEL ATLCO
TOTAL
APORTES
GOB. LOCAL
2009$1.752.494.6410%15%15%
2010$2.104.338.54624%12%36%
2011$2.567.631.31619%15%34%
2012$3.250.000.0007%9%16%
2013$3.358.912.24119%12%31%
2014$3.627.775.4197%24%31%
2015$3.499.485.52020%18%38%
2016$3.135.213.92411%29%40%
2917$4.888.551.2689%27%36%
PROMEDIO13%19%32%
FUENTE MUSEO DEL CARIE

Ahora veamos quienes son los entes privados que controlan la junta directiva del Parque Cultural del Caribe:

– Principales. Fundación Mario Santo Domingo, Cámara de Comercio de Barranquilla, Fundación Argos, Fundación Museo de Arte Moderno de Barranquilla, Departamento del Atlántico y Distrito de Barranquilla.

– Suplentes. Fundación Mario Santo Domingo, Cámara de Comercio de Barranquilla, Fundación Promigas, Fundación Cinemateca del Caribe, Departamento del Atlántico, Distrito de Barranquilla.

Se puede apreciar la composición directiva que se repite en otras entidades culturales de la ciudad. Por ejemplo, en el acta de constitución de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta, (La Aduana) otorgada el 16 de diciembre de 1993 se encuentran como firmantes Gustavo Bell Lemus en calidad de gobernador del Atlántico y Enrique Berrío Mendoza, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla.

El aporte de las entidades privadas a estos proyectos es difuso. Por lo general se trata de cantidades mínimas pagadas en asesorías, consultorías, servicios o que nunca ingresan a los presupuestos. Veamos un ejemplo de lo anterior en la construcción del edificio del Museo de Arte Moderno, en un requerimiento sobre la parálisis de la obra por parte de la Procuraduría General de la Nación dice: “La CORPORACIÓN PARQUE CULTURAL DEL CARIBE (CPCC), en oficio número 038 del 15 de marzo de 2019, suscrito por el director ejecutivo encargado señor Orlando Carvajal Linares, ante requerimiento de la PGN formulado en acta de visita en sitio del 07/02/2019 sobre las razones por las cuales la obra en mención se encontraba paralizada, respondió lo sjguiente6: “Ahora bien, la segunda fase del proyecto, supone la realización de los acabados interiores, dotación, montaje de equipos y mobiliario de la edificación del MAMBQ, para ello la Corporación Parque Cultural del Caribe se encuentra adelantando las gestiones para obtener los recursos que permitan la terminación de la obra donde funcionará el MAMBQ”.

Absoluta claridad al respecto. En una Acción Popular impetrada ante el Tribunal Administrativo del Atlántico se indica lo siguiente: “IV. V Se concluye que, como la obra tiene por Acta de Terminación el 15 de diciembre de 2017”, y en la actualidad se encuentra inconclusa por causas atribuibles a la CPCC, según el Acta de supervisión Final del Convenio de Asociación No.13 de mayo 13 de 2015, el MAMBQ corre el riesgo de no cumplir la finalidad”.

El lector puede apreciar todo el interior del MAM en estas secuencias de 360 grados.

El culpable de la suspensión de la obra del Museo de Arte Moderno de Barranquilla es atribuible enteramente a las decisiones fallidas y sin ninguna transparencia tomadas por la Corporación Parque Cultural el Caribe que no pudo efectuar el cierre financiero por sus propias deficiencias en el manejo de los recursos aportados para esta obra.

Por esta causa, el edificio sin uso –un elefante blanco que se suma al del Museo del Caribe- acusa prematuro deterioro pues no se tomaron las debidas precauciones en materia de protección de los elementos constructivos utilizados que acusan notable desgaste estructural y que incluso algunos elementos deberán ser reemplazados en su totalidad, no sea que suceda la misma historia de deterioro estructural que obligó al cierre y rediseño integral del teatro Amira de la Rosa.

Findeter (Financiera de Desarrollo Territorial) entidad aportante a la obra, hizo una visita técnica de inspección a la obra en construcción del Museo de Arte Moderno de Barranquilla y encontró los siguientes hallazgos:

  1. Se evidencia afectaciones en los acabados por falta de mantenimiento. El área debe ser revertida para completar las zonas exteriores del Museo, están en un proceso de expropiación a través de las entidades del Distrito, buscando un modelo de refinanciación del proyecto y poder realizar las obras de estabilización.  La estructura metálica está mostrando deterioro que se genera por que el espacio no es un ambiente controlado al agua y vientos con salitre dadas las condiciones de la exposición a esta afectación.
  2. Los niveles de acumulación de agua en la placa de supresión como una carga sobre puesta afectan el buen funcionamiento de la cimentación y pone en riesgo a la corrosión todos los aceros que quedaron como segunda etapa en el sótano.
  3. Uno de los aceros esta sin protección y está induciendo a la corrosión de todo el muro, así mismo la viga cinturón que no está construida será afectada por la calidad del acero.
  4. Las instalaciones que se dejaron embebidas en el concreto presentan riesgo de deterioro por colmatación de finos dentro de ellas.
  5. Revisar de forma integral las fijaciones de la estructura metálica en concreto, por deficiencia en las fijaciones y falta de criterio de control por área aferente de cada perno.
  6.  Los elementos de la fechada de la estructura metálica está más expuesta a corrosión y ya presenta riesgo de estabilidad.

En la actualidad el sótano se encuentra inundado totalmente con 40 centímetros de profundidad. Las huellas en las paredes presentan rezagos que probablemente el agua estancada llegó a más de medio metro con la consecuente falla sobre la sub base de cimentación de la estructura que probablemente ya fue impactada por esta acumulación líquida de larga data.

En suma, el edificio del Museo de Arte Moderno, para ser dado en servicio no solo le faltan sus componentes internos, sino que ahora será necesario replantear buena parte de los instalados por deterioro debido a la suspensión de obras y los efectos de la corrosión con los consecuentes costos adicionales.

Si creen que eso no es mala administración, el Museo del Caribe, en donde se encuentran las oficinas administrativas de la Corporación Parque Cultural del Caribe se encuentran cerradas hace un año al igual que el museo, con los servicios de agua y energía suspendidos. Les deben a sus trabajadores 8 meses de salarios, prestaciones sociales, vacaciones, liquidación y aportes a la seguridad social. Seis de estos trabajadores prestan servicio de celaduría en turnos cada dos días esperando que alguno de los directivos se apiade de ellos y sus familias que viven un auténtico drama económico diario. Para los desplazamientos cada dos días en los turnos les entregan la módica suma de quince mil pesos.

Toda esta ridiculez administrativa, esta ineficiencia general merece estar en un espacio del museo para que las generaciones nuevas de Macondo conozcan cómo se manejan estos procesos de infraestructura cultural por parte de entidades de derecho privado que despilfarran recursos públicos.

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