– ¿PASIÓN O RAZÓN?

“Que natural es destruir lo que no podemos poseer, negar lo que no entendemos e insultar lo que envidiamos”. H. de Balzac.

Colombia es un país del Medioevo. Feudal. Premoderno. Muy a pesar de tener, desde 1.991, una Constitución Política redactada, consciente o inconscientemente, bajo la  herencia de la filosofía de la Ilustración tardía y de la economía neoliberal de la Europa central, escandinavia e ibérica.

Nuestra Constitución Política, vigente, es una copia, casi al carbón, de la Constitución Alemana, no unificada, del 49, pos Segunda Guerra Mundial, y la Española del 79, posterior a la dictadura, de 40 años, del Generalísimo Francisco Franco, quien murió, de muerte natural, como “Tiro fijo”, el guerrillero más longevo de la historia contemporánea, quien se hizo guerrero porque le habían robado, a su papá, unas gallinas y unos cerdos de la finca familiar del pan-comer. Similitudes de la historia, “de la historia negra, caballeros!.”

La Constitución del 91, entonces, se proclama, después de 6 meses de debates y redacción, en plena guerra paraco-guerrillera-narcotŕaficante, para consagrar al país, no al “Sagrado Corazón”, sino a la ficción jurídico-política, de pasar a ser Colombia “un Estado Social de Derecho”.

En el libro “LA ELECCIÓN DE HERCULES. El placer, el deber y la buena vida en el siglo XXI”(Biblioteca Buridán), su autor, el profesor de filosofía de la Universidad de Londres, Anthony Clifford Grayling dice:
“Colombia, Afganistán y otros países producen y venden los ingredientes necesarios para elaborar las drogas que se consumen ilegalmente en todo el mundo. Los esfuerzos hechos para suprimir el tráfico de drogas – una batalla costosa y condenada al fracaso – implican el intento de destruir las cosechas en su origen. Imagínese el lector los esfuerzos que tendrían para los cultivadores de estos países pobres la despenalización, e imagínese también cómo se verían afectadas las organizaciones criminales y terroristas que dependen de los ingresos de la producción y el tráfico ilegal de drogas”( opus cite. Pag. 124).

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Para éste catedrático inglés, Colombia es el primer productor y comercializador de drogas en el mundo. Realidad irrefutable que permite que en nuestra sociedad, la economía y la política estén nutridas por las riquezas criminales del narcotráfico. Y esa realidad es nuestra historia presente y de los últimos cuarenta (40) años. El narcotráfico, entonces, ha impuesto Presidente de la República, Congresistas, Magistrados y demás autoridades de los tres poderes público en todos los órdenes del territorio nacional.

En ese panorama imposible no comprender, académicamente,  que surga de las montañas de Antioquia, un “Condotiero” (“caudillo de soldados mercenarios italianos en la Edad Media y en la época moderna”), llamado Álvaro Uribe Vélez, con sangre en los ojos, pues la guerra había acabado con  su padre y cuyo mejor retrato, de lo que he leído, lo dibujó, en aguafuerte,  el escritor Héctor Abad Faciolince en la novela “EL OLVIDO QUE SEREMOS“.

Todo ello me permite decir que seguimos siendo tan pasionales como quien empuña un fúsil, no del que versificó el “Tuerto” López, para salir a decir que lo hace para defender, en la plenitud del nuevo “Siglo de las Luces”, sus ideas, presuntamente, racionales sobre Libertad, Igualdad y Fraternidad. Karl Marx sólo visitó “La Comuna de Paris” y escribió “El Capital” sentado en la Biblioteca de Londres. 

Pasionales para no entender los alcances del reciente pronunciamiento procesal de la novísima Sala de Instrucción de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia sobre la conducta, presuntamente punible, del senador del partido Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, intrépido abogado y latifundista antioqueño, casado con una filósofa y canoso abuelo, como yo.

Me atreví a aceptar la invitación de escribir sobre el hecho judicial, más relevante de la pandemia, lo que había meditado, bajo la elemental condición que me dejaran conocer, periodísticamente, del asunto que encrespó las olas del mar que diviso desde mi balcón. Fue así que he leído desde el deplorable juicio ético de un titulado profesor de filosofía sobre las palabras del Presidente Duque, que causaron urticaria, en “defensa” de su padrino asegurado, hasta las opiniones de los más reconocidos columnistas de diarios como El Tiempo, El Espectador, El País de Cali, El País de España, El Heraldo y otros. Escuche videos, audios y tengo almacenada, en un pdf, la extensa providencia judicial que, muy seguramente, será material didáctico para quien desee aprender a argumentar y contra-argumentar jurídicamente, en asuntos penales.

Con todo ese arsenal en mente, allende del diálogo con amigos y familiares que me hicieron “interconsulta”, unos furibundos y otros contentos, debo asegurar que mi intuición no está tan desencajada, luego de observar a “La Pulla” vociferar, manotear y enloquecer en su video, donde pinta de palabras el ambiente nacional, dividido y emocional. “La Pulla” retrata, antes y después del auto de detención, lo que somos: PASIÓN.

El Derecho, como disciplina intelectual humana, no sólo como técnica de abogados, es UN LENGUAJE. Y por eso para usarlo, hay que estudiarlo, no en la esquina del barrio, sino en las aulas universitarias, pues un plumazo del legislador vuelve polvo bibliotecas enteras. Ese lenguaje tiene Reglas y Principios. 

Conceptos como LA PATRIA, TODOPODEROSO, ESTUPIDEZ, GRAN COLOMBIANO y otros más, no son del Derecho que, únicamente, admite LA RAZÓN y no LA EMOCIÓN; esta última sí es válida en un estadio de fútbol, pero no para comentar los resultados del trabajo de un Tribunal Judicial, aclaro, no de la FIFA.

El proceso penal es público, por eso en relación al que se le sigue al senador Uribe, TODOS podemos opinar, más no juzgar, tarea exclusiva de la Corte Suprema de Justicia en sus tres Salas Penales (de instrucción, de primera instancia y de casación, con sus 18 magistrados ), de acuerdo a las reglas de competencia establecidas en el Acto Legislativo No. 01 del 2018, Doble Instancia para Aforados, un senador lo es, más no un expresidente.

En ese orden, los 1.554 folios de la Medida de Aseguramiento, en comento, son de dominio público, así lo establece el artículo 330 de la Ley 600/2000. De ahí que considere que la petición de la defensa técnica de Uribe Vélez, en mano de uno de los penalistas más destacados del país (El Dr. Granados, cienaguero, fue uno de los redactores de la legislación penal aplicable en este proceso), de LEVANTAR LA RESERVA DEL SUMARIO, es decir publicar toda la instrucción criminal, la veo viable en consonancia con LOS PRINCIPIOS del debido proceso, garantías y libertades consagradas en el artículo 29 constitucional, entre ellos LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA, FAVORABILIDAD, JUZGAMIENTO DEL ACTO NO DEL AUTOR Y PLENITUD DE  LAS FORMAS PROPIAS DE CADA JUICIO.

Si la defensa la pidió, como estrategia de defensa, pues se presume que ella, como parte, conoce toda esa foliatura, es porque le favorecerá, sino procesal o probatoriamente, si políticamente ya que tendrá material para que la opinión pública siga, libremente, expresando emociones y sentimientos. Habrá tela para cortar.

Se ha asegurado que las conductas punibles por las que se investiga al senador Uribe son delitos menores. Eso no es cierto porque el FRAUDE PROCESAL tiene pena de prisión superior a cinco (5) años, por lo que si amerita detención, así sea domiciliaria. Desde esa reclusión, el sindicado de un posible CONCURSO DE DELITOS (Fraude y Soborno) se puede defender, tanto material como técnicamente. El investigado no ha perdido sus derechos civiles, como usar las redes sociales y comunicarse con su ancha y callejera “fanaticada”. Anoto que desde mi balcón ví, aquel día patrio, Batalla de Boyacá, pasar el desfile de automóviles de patriotas enarbolando el tricolor nacional. Nada distinto a nuestra pasión por el amarillo, azul y rojo. No escuché gritos ni percibí lágrimas. Fue un desfile de “carros locos”, de chocones del carrusel infantil.

La noticia judicial se ha convertido en la resurección, a mi entender, del mal llamado “ESTADO DE OPINIÓN”. Pero delirante. Hasta propusieron convocar una Constituyente o iniciar proceso internacional al Presidente de la República por no contener sus afectos por la figura  política de su mentor, el “Presidente Eterno”.

Todo ese delirio, de izquierda y de derecha (¿dónde estaŕa Norberto Bobbio?), solo lo puede permitir o disfrutar una Democracia Constitucional como LA NUESTRA, nunca la del vecindario. Una democracia participativa, incluyente y plural. La de un Estado Social de Derecho. Estado fundado en el principio liberal kantiano del RESPETO DE LA DIGNIDAD HUMANA y que en su Constitución Política consagró derechos absolutos como los establecidos en los artículos 20 y 44. Leanlos y me cuentan.
Un país tan plural, como su naturaleza de mares, ríos, nevados, sabanas, desiertos, climas y culturas, que no se arruga de pasar de la consagración del “Sagrado Corazón de Jesús” a ser aquel del “Sin tetas no hay paraiso”. Si Rafael Núñez tuvo su balcón en El Cabrero, frente al mar de Cartagena de Indias, ¿será que Uribe Velez tendrá el suyo desde El Ubérrimo entre Córdoba y Antioquia?

Seguimos siendo una sociedad del siglo XVIII. Púlpito y Balcón. Octavio Paz lo dice mejor: plaza y alcoba.

Si el acuartelamiento obligado me permite leer los 1.554 folios del auto a domicilio, les contaré de mi lectura. Pero hasta ahora, la lectura que conservo y comparto, de este penoso asunto judicial y político, es la de  “Poncho” Rentería titulada: “URIBE, A JUGAR CON LOS NIETOS, SALIÓ GANANDO”(ver El Tiempo. 5/8/2020). Creo es por mi inocultable y pura solidaridad de canas.

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