La faceta mejor conocida a nivel nacional del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo es la de financista como controlador de bancos, corporaciones bancarias, inversoras y oficinas de administración del sistema pensional de trabajadores. Nada se le libra de su voracidad comercial, ni siquiera este importante logro que se consigue al final de la vida laboral: devengar un salario en la paz de un descanso después de muchos años de ardua labor.

Luis Carlos Sarmiento Angulo

Se trajeron desde Chile un modelo pensional privado que causó estragos en ese país para la cual enviaron una comisión –entre los que se encontraban hombres de su confianza– para que se enteraran como era el negocio de tomar los fondos de los trabajadores y colocarlos a producir para después, dramáticamente, siguiendo las reglas de un mercado poco controlado, perdieran lentamente su verdadero valor.

Así nació en 1991 su compañía Porvenir –y otras de diversas financieras– que se metieron a la administración de estos fondos pensionales quitandoselos a los trabajadores afiliados al antiguo Seguro Social –hoy Colpensiones– con diversas argucias jurídicas en complot con gerentes de esta empresa y un poderoso equipo de ventas con lindas y parlanchinas señoritas que se encargaban de desprestigiar al Seguro Social con supuestos horizontes de pérdida, mientras alababan las bondades de pasarse al sistema privado que en la práctica, más de dos décadas después, “pulverizó” muchas de estas pensiones haciéndolas perder casi el 40% de su verdadero valor.

Para los panegiristas de este hombre de negocios “self made man” es una hazaña que en su vida, partiendo desde cero, haya comprado la bicoca de 15 bancos y si no se convirtió en dueño y señor monopólico de todo el sistema es por la sencilla razón que la legislación le impide ejercer esta posición. Pero se las ha ingeniado para controlar sectores anexos a sus negocios financieros tales como las concesiones viales, la actividad inmobiliaria y la construcción de obras públicas.

Su carrera empieza en el negocio de la construcción pues estudió ingeniería civil en la Universidad Nacional y al graduarse ingresó a la empresa de construcción de Santiago Berrio y Cía. Dicen que al día siguiente de haber sido contratado, se le encargó la construcción de la carretera Bogotá-Choachí pero ocurrió un misterioso percance que en cierta forma cambió la vida de Sarmiento.

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Su amigo y patrón Santiago Berrío fue asesinado y de esta forma, empezó el manejo de esta empresa que al final, casi como un hecho consecuente, fue liquidada. De allí, con un pequeño capital y sus negocios latifundistas monta su propia empresa de construcción especializada en contratos con el estado colombiano y con las vías del distrito de Bogotá. Además, empezó a ganar y trabajar en licitaciones en obras ubicadas en zonas consideradas de alta violencia en donde pudo trabajar sin ningún problema. Quizás fue uno de los visionarios que descubrió la fórmula de pagar a tiempo para evitar molestias en este tipo de trabajos. Lo cierto es donde otros no se atrevían, el sí y su empresa.

De allí pasó a la construcción de urbanizaciones iniciando en 1966 Las Villas, que años después del invento del UPAC por Misael Pastrana, acogería el nombre para una corporación de ahorro y vivienda. Tal hecho sucedió en 1973 cuando funda UPAC Las Villas y en 1974 la Corporación Financiera de Los Andes. Todas bajo el auspicio del sistema financiero de compra de vivienda –un verdadero desastre socio económico después- de Misael Pastrana.

 A comienzos de la década de los 70 se implementó el UPAC, abriendo las puertas a los particulares para financiar la vivienda. Este sistema UPAC, un sistema originario del Brasil, fue implantado en Colombia para mantener el poder adquisitivo de la moneda y ofrecer una solución a los colombianos que necesitaran tomar un crédito hipotecario de largo plazo para comprar vivienda, pero la realidad fue que los “nuevos” propietarios empezaron a pagar cuotas cada vez más altas a las que era imposible cumplirle, empezaron los desalojos y ruinas con el agravante que muchos no solo quedaron sin la ansiada vivienda sino que terminaron pagando 3 y 4 veces su valor. Un auténtico atraco social que por supuesto hizo crecer a estas corporaciones de ahorro y vivienda hasta que por clamor público y por fallos de las cortes se desmontaron con el nuevo nombre de UVR, unidad de valor real constante. Pero ya la tragedia había sucedido entre lágrimas, desahucios violentos, miseria e incluso suicidios frente a la terrible situación de quedarse familias enteras literalmente en las calles.  

Regresemos. En 1982 Sarmiento Angulo necesitaba un banco con urgencia y lo consiguió cuando compra el tradicional Banco de Bogotá. No contento, empieza la búsqueda de un banco estatal con manejo de nóminas y cuentahabientes clase media consiguiéndolo de manos de Ernesto Samper que le entrega en bandeja el Banco Popular. Crece la fortuna y las inversiones de Sarmiento que ya es visto como un peso pesado cuando incorpora el Banco de Occidente, una entidad varias veces sancionada y multada por sus maniobras de lavado de activos y manejo poco ortodoxo de capitales sobre todo en sus agencias de Panamá y USA.

Tiene un tinglado de entidades, un holding al que le da el nombre de Aval en 1998 con los cajeros ATH, los bancos de Bogotá, Popular, Av Villas, Occidente, Corficolombiana, Porvenir, Leasing de Occidente y una serie de agencias de estas entidades, como ya decíamos, en Panamá, Miami, New York, Nassau y Barbados.

Nadie se le opone a sus designios ya que se ufana de tener lobbistas que impulsan leyes en el Congreso a su entero favor, es amigo de presidentes y coloca funcionarios que le guardan las espaldas, tal como sucedió con el caso Ruta del Sol II y los negocios entre Odebrecth y su empresa Corficolombiana que produjo el arresto de su presidente y suicidios, todo bajo la suprema vigilancia de su abogado y hombre de confianza Nestor Humberto Martinez en su condición de Fiscal General de la Nación y quien sale, por sus escándalos de corrupción, por la puerta de atrás con una renuncia de mentiras.

Con Sarmiento nadie se mete ni fiscaliza. Tiene una amplia cuota publicitaria con que acallar a los medios de comunicación y además, bajo la asesoría de Martinez Neira, compró la casa editorial El Tiempo con un conglomerado de revistas y dos canales de televisión: El Tiempo TV y City Tv. Recientemente decidió escindir a estos medios de sus activos de bienes inmuebles creando con un capital de $92.000 de pesos la Inmobiliaria El Dorado. El rumor es que estas propiedades ubicadas en las estratégicas avenida El Dorado o calle 26 son una verdadera mina de oro para desarrollos inmobiliarios y estos medios pasarían, debidamente empequeñecidos, a otros espacios menos valorizados de Bogotá.

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