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Por: Adlai Stevenson Samper

El “problema” del drenaje o escorrentía pluvial de Barranquilla –léase arroyos– era considerado insolucionable por su tormentosa, arrolladora historia mostrada en toda su magnitud en los diversos estudios contratados ( o sugeridos) para su probable solución propiciando la incorporación de su imaginario urbano al folclor y la literatura.

Por ejemplo, en la novela A Fuego Lento, del cubano Emilio Bobadilla, que tenía el seudónimo de Fray Candil se describen las consecuencias de los arroyos en las calles de finales del siglo XIX; cuando estuvo residenciado. Igualmente es tema de ambiguo sentido en canciones como A centavo la pasá de José María Peñaranda, el mismo compositor de Se va el caimán –por agua, por el Magdalena, por supuesto- y la celebérrima Ópera del Mondongo.

Historia de estudios, proyectos y análisis

En 1916 los periódicos barranquilleros se quejaban de los bajos andenes peatonales incapaces de controlar la furia desbordada de estos torrentes que se introducían, sin pedirle permiso a nadie, en almacenes, viviendas, edificios y hoteles. En esos años, debido a las campañas a través de la prensa, el Concejo Municipal dio una autorización a la Junta de Fomento Municipal para contratar los servicios de una empresa extranjera que desarrollara estudios de desagües y pavimentación de las vías.

En 1920, cuando Barranquilla apenas tenía 74.358 habitantes, la Compañía R.W. Herbard presentó al Concejo de Barranquilla una propuesta de pavimentación y de alcantarillado pluvial por $258.316 pesos. No se pudo realizar por los problemas de financiación de la obra por la situación de insolvencia del municipio.

La constitución de las Empresas Públicas Municipales no se debió precisamente para resolver los problemas de desagües y escorrentías pluviales sino para auspiciar la infraestructura de urbanizadores en el desarrollo de sus proyectos. Por el contrario, los procesos de pavimentación en el área de influencia de sus intervenciones en vías propiciaron el crecimiento de estas corrientes de aguas.

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A fines de la década de los cincuenta se proponen soluciones de fondo ante la intensidad y peligrosidad de estas corrientes. Las Empresas Públicas Municipales que estaban a un paso de pasar al control municipal, contrataron a los consultores Greley and Hansen, de Chicago, la misma ciudad de los banqueros prestamistas de la constitución de la EPM para que propusieran soluciones definitivas a los drenajes. No pasó nada y el estudio pasó a ocupar en calidad de archivo los anaqueles de planos hasta que se los tragó la humedad y el deterioro.

Mito: los arroyos no tienen solución

En 1957 en un contrato del municipio de Barranquilla y su nueva oficina de planeación con la empresa Town Planning Collaborative de New York, conformada entre otros por los arquitectos José Luis Sert y Paul Lester Wiener quienes había visitado a Barranquilla a finales de los cuarenta con el arquitecto Le Corbusier, se establece el primer Plan Regulador –denominado sarcásticamente el “plan regularzón”- basado en los lineamientos marco de la Ley 88 de 1947. Allí se recomienda, pero no dice cómo, la canalización de arroyos para “reordenar el espacio físico y evitar en los sucesivo el caos urbano”. Fue otro proyecto inservible por los costos operativos presentados y de allí se afianzó el mito urbano político que los arroyos carecían de solución.

Pese a estos augurios se plantearon soluciones parciales. En 1962 se inaugura un tramo del peligroso arroyo de Rebolo. Las Empresas Públicas Municipales, con plena conciencia histórica que las competencias del problema de los arroyos eran suya, proponen en las décadas de los 60 y 70 una posible canalización del arroyo de La Felicidad. Nada sucedió, por supuesto. Para 1964 la entidad multilateral AID (Agencia Internacional de Desarrollo), del gobierno de Estados Unidos anuncia que financiará un estudio para el drenaje pluvial.

Diez años después de este intento, en 1975, se realiza un nuevo estudio por parte de un consorcio de las empresas Senior & Viana y Paternostro & Medina con un costo estimado en $1.789.692.000. La idea era solucionar los problemas derivados de los arroyos de Felicidad, La Paz, Bolívar y Hospital; que como veremos posteriormente, ha tenido un curso histórico accidentado. El proyecto fue descartado por sus elevados costos. Ese año, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, siendo Ministro de Obras Públicas el ingeniero barranquillero Humberto Salcedo Collante se canalizan las secciones finales del arroyo del Country desde la carrera 53 hasta el río Magdalena y Rebolo, desde la calle 30 hasta el caño.

Estudios de factibilidad de las Empresas Publicas Municipales y del Ministerio de Obras Públicas plantearon soluciones cosméticas que consistieron en el enterramiento de tuberías con dimensiones de 5 metros de diámetro y nuevamente se rechazó por las mismas causas mismo siempre: costos elevados.

En 1987, se realizó el Estudio de Drenaje Urbano para Barranquilla a cargo de la Agencia de Cooperación Internacional de la Misión Japonesa, JICA, uno de los más completos por su complejidad con la conclusión, ya conocida, que era imprescindible la construcción del drenaje pluvial que, otra vez, mostró su aparente imposibilidad por los altos costos. Entre sus recomendaciones puntuales de importancia estaba la de construir reservorios de estas aguas para alimentar puntuales necesidades urbanas tales como parques y paisajismo de avenidas.

En la alcaldía de Bernardo Hoyos hubo un intento fallido con una propuesta al gobierno canadiense que fue rechazada. En 1997 se presentó otra propuesta, esta vez no un estudio de solución de los arroyos sino sobre el cuello de botella de su concreción: la factibilidad del mismo por parte de Fonade-Hidroestudios S.A y Concep Ltda.

Lo curioso y paradójico es que las soluciones de los arroyos llegaron precisamente cuando la ciudad se encontraba en plena Ley 550 de restructuración financiera.

Caudal de los arroyos

Sin embargo, de todos esos estudios, proyectos y análisis quedaron importantes datos. Los más importantes fueron la delimitación de la cuenca de los arroyos, sus vertientes, alimentadores, caudal pluviométrico y zonas críticas. Incluso la Universidad del Norte instaló una especie de monitoreo permanente pluviométrico en tiempo real.

Haga click en cada círculo negro enumerado:

El arroyo Don Juan es gigantesco por los aportes que recibe de arroyos menores hasta su llegada a Soledad. Es conocido por sus desbordamientos inundando la calle 30 a la altura del puente sobre la circunvalar. Los estudios muestran caudales de más de 100 metros cúbicos por segundo. En un comparativo se mostró que en segundo este arroyo alimenta el consumo básico de 5 apartamentos en un mes y en dos horas lleva hasta el río el volumen diario de consumo de Barranquilla. Verdadero desperdicio ya que uno de los factores de supervivencia en el futuro será el aprovisionamiento y venta de agua.

El arroyo que lleva más caudal es el Rebolo que empieza en la carrera 21 arriba del barrio Los Andes y El Carmen. Arrastra la escorrentía de numerosos barrios. Tiene un caudal de 150 m3/s y velocidades que superan los 6 m/s. Su canalización actual empieza en las rejillas colocadas en el colegio Sofía Camargo de Lleras en la carrera 21 entregando las aguas subterráneas a la canalización del año 1975 del arroyo de Rebolo en el famoso puente de Luz Kola, según la canción La Vieja Cachiporra, de Aníbal Velásquez. Tiene una longitud de 4.826 metros en un área de 246 de hectáreas.

La cuenca del arroyo de la 93 tiene 4.186 metros en un área de 302 hectáreas y un caudal de 35 metros cúbicos. El arroyo de Coltabaco tiene una extensión de 3.845 metros, cubre 126 hectáreas y tiene un caudal de 28 metros cúbicos por segundo. El arroyo de la carrera La Paz que pasa por todo el Centro de Barranquilla tiene 2.903 metros con un caudal de 21 metros cúbicos. El de la carrera 8 tiene 3354 metros y un volumen de 35 metros cúbicos por segundo. El Don Juan tiene 7906 metros con un caudal de 85 metros cúbicos por segundo. El Salao tiene una longitud de 9153 metros y El Platanal 6800 metros.

Sobre los arroyos canalizados el de la calle 84 tiene un tramo de 5.200 metros y un caudal de 62 metros cúbicos por segundo. El de la calle 76 es de 5.163 metros, 430 hectáreas y un caudal de 63 metros cúbicos por segundo. Felicidad tiene 5.759 metros con 385 hectáreas y 63 metros cúbicos por segundo. El del Hospital tiene una longitud de 3.759 con un caudal de 39 metros cúbicos por segundo. El de la carrera 65 tiene 4.950 metros con un caudal de 37 metros cúbicos.

Los problemas de las canalizaciones

A las canalizaciones efectuadas se le suman varios problemas:

  • Soluciones parciales por captaciones del drenaje sin ningún fundamento técnico.
  • Escasa capacidad de ductos y cuando hay aguaceros torrenciales y prolongados colapsan por el volumen de agua.
  • Sedimentos y basuras que taponan rejillas y ductos.
  • Planeación y diseño deficiente.

En el arroyo de la calle 76, tras su entrega, apareció un problema en las rejillas de captación del arroyo que baja de la carrera 45. Intervinieron cavando un foso mayor y ampliando la dimensión de las rejillas. El arroyo de la calle 85 con frecuencia pasa al de la calle 84 por la iglesia de la Torcoroma, esquina Dunkin Donuts, arrastrando en un evento hace dos años varios vehículos. El ex alcalde Char el 3 de diciembre de 2019 en una reunión con el Viceministro de Obras prometió solucionar este problema con una canalización subterránea desde la carrera 43.

El arroyo de la calle 54 entre carreras 37 y 35 obligó a un rediseño de captación de aguas con nuevas canalizaciones y rejillas pues estaba formando un nuevo arroyo sobre la carrera 38. El arroyo de la calle 55 con carrera 30 se encuentra también en proceso de excavación y rediseño de canalizaciones y rejillas de captación. Quedan pendientes la ampliación de la canalización inconclusa de los arroyos de la carrera 20 de julio desde la calle 69; la calle 84 desde la carrera 43 y la calle 79 desde la carrera 46.

Caso aparte por sus características catastróficas es el la del arroyo del Hospital.

Una empanada gigantesca: el arroyo del Hospital

Los socios e interventoría

Este proyecto fue firmado por el contratista Consorcio de Promesa de Sociedad Futura Obras Hidráulicas, el 6 de octubre de 2016 con inicio de obras el 8 de noviembre de 2016. El costo total fue una cantidad nada desdeñable, $83.887.287 millones. La interventoría fue adjudicada al Consorcio Intercanales por $3.769 millones, empresa constituida por Tecnologías y Consultorías Ambientales de Gestión S.A., Tecniconsultas, de Bogotá y Roccia SAS también de Bogotá.

Por su parte la empresa contratista de la obra Consorcio Promesa de Sociedad Futura Obras Hidráulicas 2016 se encuentra conformada por tres empresas: Constructora FG S.A, Assignia Infraestructura S.A Sucursal Colombia y Sociedad Panamericana de Inversiones S.A.

La Constructora FG S.A. pertenece, como su nombre lo indica, por el ingeniero Francisco González. Legalmente la representa Eduardo Santos Martínez. Tiene el 55% de participación en el consorcio. Esta empresa, según el portal La Silla Vacía, formaba parte del Consorcio Ribera Este que se quedó con el contrato de la polémica, cara e inconclusa Vía de la Prosperidad en el departamento del Magdalena.

El segundo socio es Assignia Infraestructura S.A. sucursal Colombia manejada por Ángel Miguel Tascón Blanco, una empresa española –otra!- con una trayectoria de incumplimientos, entre ellos la construcción de un tramo del sistema de transporte masivo de Cartagena Transcaribe al que abandonó. También hizo parte de los socios del cuestionado, caro y fracasado proyecto de Vía de la Prosperidad en el departamento del Magdalena donde tuvo la participación del 35% del Consorcio Ribera del Este. La matriz en España estuvo involucrada en el 2009 como protagonista en el caso Gürtel develado por el diario El País, de Madrid. 

Francisco Correa, empresario imputado por delito fiscal y pago de comisiones ilegales, le tocó pagar a la hacienda española 20 millones de euros. Dice El País que “mientras Correa esconde en el extranjero los millones de euros que amasó recibiendo comisiones y sobornando a cargos públicos del Poder Popular (un partido político de derecha) de tres comunidades (Madrid, Valencia y Castilla y León), Alfonso García Pozuelo, ex dueño de Constructora Hispánica, ha tenido que vender a la firma Assignia la empresa que tenía desde hace 20 años para saldar la deuda que tenía con el fisco. Y lo ha hecho antes incluso de que acaben las pesquisas que desarrolla el juez instructor, Antonio Pedreira, sobre la mayor red de corrupción política que azota a España desde el regreso de la democracia”.

Sigamos con la galería de ilustres socios del proyecto arroyo Hospital. El tercero es la Sociedad Panamericana de Inversiones S.A. bajo el mando de Samuel Lerner con actividades en el mercado de valores. Conocida con la sigla de Paninver S.A. fue constituida en Barranquilla el 13 de marzo de 1985, con Nit: 890115139-9, con una participación del 20%.

Antecedentes de la obra

En 1992 se eligió el primer alcalde de Barranquilla por voto popular recayendo en el sacerdote Bernardo Hoyos Montoya. Con un discurso centrado en contra de la corrupción administrativa y en defensa de los sectores populares, vivía en el corazón de la llamada Zona Negra, en donde quedaba el proyecto educativo Don Bosco impulsado por el fallecido sacerdote lituano Stanley Matutis. Allí llegó Hoyos y precisamente en ese sector decidió mudarse centrando las actividades políticas de su administración en las célebres homilías dominicales en el Rincón Latino.

El sector, pegado al caño, tenía graves problemas de salubridad con cercanas fábricas de cueros y además era cruzado en su curso final por varios peligrosos arroyos, entre ellos el canalizado de Rebolo desde 1975. Pero quedaban pendientes algunos, entre ellos el arroyo del Hospital, obra que acometió la administración de Hoyos en 1994 con un canal a cielo abierto, similar al de Rebolo, pero en menor escala.

Ello significa que la canalización del arroyo Hospital, por lo menos en su tramo final, se encontraba perfectamente concluida y lo que debían plantear los contratistas en el diseño del nuevo proyecto era la construcción hasta el empalme con la obra puesta en servicio en 1994. Es preciso señalar; según testimonios de los habitantes perjudicados que ese tramo a cielo abierto nunca produjo ningún tipo de problemas relacionados con inundaciones por desbordamientos del caudal.

La obra de la canalización del arroyo Hospital fue contratada por la Alcaldía de Barranquilla en 2016 bajo la administración de Alex Char. Comprendía desde la calle 44 con carrera 29, carrera 35 con calle 17, hasta la calle 6 y caño de la Ahuyama. El tramo canalizado por la alcaldía de Hoyos era entre las calles 21 y 17.

El Consorcio constructor del arroyo decidió, sin consulta previa con la comunidad, tal como lo señalaron los habitantes del área de influencia del proyecto en una acción de tutela, cambiar las especificaciones del viejo proyecto que había funcionado sin ningún tipo de problemas. Esta vez la solución fue subir un metro de altura el canal del arroyo, encajonarlo, quedando las casas a los costados debajo del nivel de las aguas entrando sus habitantes agachados por sus puertas dándoles el sobrenombre de “Villa Pitufo”.

Pero los problemas estéticos son poca cosa con los de funcionalidad de la nueva obra que muy pronto mostró su inefectividad pues se desbordaba de su cauce ingresando a las viviendas que tenían nivel bajo de la superficie de cemento, dañando enseres domésticos y produciendo estancamiento de aguas con los consiguientes problemas de salubridad.

Además, para complicar el panorama a estos ciudadanos, por los ductos del sistema de aguas negras, por retretes y sanitarios, sale el agua con su carga de excrementos perjudicando a las 259 personas residentes en esta zona, incluidos 15 menores de edad ubicados en 48 viviendas afectadas.

Pese a las denuncias sobre una obra con evidentes problemas de diseño y construcción no se les planteaban soluciones. Se incoa, por parte de varios habitantes afectados, una acción de tutela que cae en el juzgado octavo civil municipal de Barranquilla considerada “improcedente”. En su apelación llega al juzgado 26 civil municipal que confirma su fallo. En la revisión por parte de la Corte Constitucional revoca y concede a los accionantes el derecho a la vivienda digna y a su seguridad personal lesionada con esta obra perjudicial de la canalización del arroyo Hospital conminando a la Alcaldía Distrital de Barranquilla para adelantar las gestiones necesarias a través de la oficina de gestión de riesgo y a los contratistas e interventores de la cuestionada obra “propuestas viables y eficaces con una reubicación transitoria”, que si se analiza este caso en sus pormenores, tendría carácter definitiva, a menos que los constructores echen marcha atrás y rediseñen los parámetros técnicos de la canalización, asunto difícil por sus evidentes costos. Además, este proceso de acción de tutela confirma que en Barranquilla estos procesos no “cuajan” y solo llegan a feliz término cuando aterrizan en Bogotá u otra ciudad.

El 18 de mayo de 2020, en plena pandemia del covid-19, nuevamente las viviendas se inundaron. Un drama reiterativo de electrodomésticos dañados, de colchones inservibles, desaguando el agua estancada en salas y habitaciones con baldes hasta las horas de la noche. Las declaraciones del Alcalde Pumarejo al respecto fueron: “Se debe precisar que obras de canalización del arroyo cumplen con requisitos técnicos. Inundaciones se deben a comportamiento atípico de lluvias que causaron desbordamiento de la cuenca Caño de la Auyama, el cual ya tiene estudios y diseños listos para que esto no se repita”. 

Un comportamiento atípico que lleva varios años y que se repite con cada lluvia de mediana intensidad y cuya relación con el caño de La Ahuyama es que es la corriente recipiendaria de la escorrentía del arroyo Hospital. Esa vez, en el mes de mayo, dejó 76 casas inundadas y 120 damnificados.

En cuanto a los requerimientos de la Corte Constitucional en el fallo de la revisión de la acción de tutela del 16 de mayo de 2019, no se han cumplido, a juzgar por los incidentes de desacato propuestos y la protesta de los damnificados de esta gigantesca empanada de la canalización del arroyo Hospital frente a las instalaciones de la Alcaldía Distrital el pasado 16 de octubre de 2020.

Según El Heraldo “Desde tempranas horas de la mañana de este viernes los vecinos de los sectores antes mencionados, se acercaron a la sede principal de la Alcaldía Distrital ubicada en el centro de la ciudad, para protestar y pedir ayuda con los daños que han sufrido sus viviendas por lo que señalan es una mala ejecución por las obras”.

El alcalde no los recibió.

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