Hablamos de los “pedos de mariposa” que continuamente la directora de la revista Semana, Vicky Dávila de Gnecco, lanza por su cuenta de twitter y amplifica por el medio de comunicación que la respalda.

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Llamamos “pedos de mariposa” a las inconsistencias comunicativas que producto de la copofrofilia padecen algunos medios de comunicación y que magistralmente el Papa Francisco describió en una entrevista.

Para el papa Francisco uno de los cuatro pecados capitales que a diario cometen los medios de comunicación tradicionales es la coprofilia, es decir, “el amor a la caca, a la porquería, o sea buscar ensuciar, buscar el escándalo por el escándalo…, es el amor a lo sucio, a lo feo”.

Ese amor a la “caca” de la directora de Revista Semana la está llevando a lanzar permanentemente “pedos de mariposa”, un término costeño para definir algo que es insulso, falso, mentiroso, inconsistente, superfluo.

Pero esos “pedos de mariposa” de Vicky Dávila son venenosos y peligrosos. Apestan y le dañan la digestión a cualquier persona que tenga dos neuronas en el cerebro, sobre todo porque son enunciados estructurales en todo acto de corrupción, son mentiras que resuenan en mentes débiles y alimentan su espíritu.

Y es que Vicky Dávila y la revista Semana son un excelente producto del estadio más sofisticado que hasta ahora conocemos del capitalismo del siglo XXI: la infocracia. Vamos a explicar.

Actualmente, a pesar de la democratización de los medios de comunicación gracias a las nuevas tecnologías, vivimos una crisis irremediable de la función comunicativa del lenguaje. En la información hay una degradación terrible del lenguaje. En las palabras ya no hay ningún pensamiento.

El siglo XIX se caracterizó por una comunicación marcada por la cultura del libro y los discursos, sobre todo los políticos, seguían sus patrones de extensión y complejidad. Esto se puede comprobar consultando el debate público entre el republicano Abraham Lincoln y el demócrata Stephen A. Douglas. En 1854, e ese duelo dialéctico ambos políticos tomaron la palabra por tres horas cada uno, y pidieron una hora más para responder dudas.

El público tenía la capacidad de concentración para seguir durante todas esas horas los argumentos del debate aunque se tratara de temas políticos complejos con formulaciones a veces complicadas.

Con los avances del siglo XX y los grandes inventos para los medios de comunicación como la radio, la televisión y el reinado de los medios impresos (el poder de la prensa), se consolidó lo que el filósofo Byung-Chul Han ha llamado la mediocracia.

Dice Han que los medios de comunicación electrónicos (radio y televisión) destruyeron el discurso racional determinado por el libro. “Debido a su estructura anfiteatral, los receptores están condenados a la pasividad. Habermas responsabiliza a los medios de comunicación de masas del declive de la esfera pública democrática. A diferencia del público lector, la audiencia televisiva está expuesta al peligro de recaída en la inmadurez”.

“Los racionamientos de un público lector ceden al «intercambio de gustos» e «inclinaciones» de los consumidores […]. El mundo producido por los medios de masas es una esfera pública solo en apariencia”, escribió el gran filósofo de la comunicación Habermas.

En el siglo XXI el gran avance en las tecnologías de los medios de comunicación digital permitió una mayor democratización de esos medios gracias a la creación y popularización de la redes sociales. No obstante, el nuevo medio de sometimiento es el smartphone. La telescreen y la pantalla de televisión fuedron sustituidas por la touchscreen.

Explica el filósofo Byung-Chul Han que en la actualidad los medios digitales someten a la esfera pública a un drástico cambio estructural, pues ésta ahora no está amenazada por los formatos de entretenimiento de los medios de comunicación de masas, ni por el infotainment, sino por la difusión y multiplicación viral de la información, es decir, por la infodemia.

“La digitalización del mundo en que vivimos avanza inexorablemente. Somete nuestra percepción, nuestra relación con el mundo y nuestra convivencia a un cambio radical. Nos sentimos aturdidos por el frenesí comunicativo e informativo. El tsunami de información desata fuerzas destructivas. Entretanto, se ha apoderado también de la esfera política y está provocando distorsiones y trastornos masivos en el proceso democrático. La democracia está degenerando en infocracia.

Y eso lo ha olfateado con gran astucia Vicky Dávila, ella sabe que las fuerzas centrífugas que fragmentan la esfera pública están inseparablemente unidas a los medios digitales, y por ello es que sus “pedos de mariposa” son peligrosos.

Lo que hemos denominado vulgarmente como “pedos de mariposa”, no son más que la cacofonía reinante en la infocracia. Son las voces y mensajes que vienen de los estratos más negativos del basural de la mente humana y que alimenta en cada persona lo peor de nosotros.

Para Vicky Dávila como para la infocracia, la verdad es lo que menos cuenta, por ello, al igual que el discurso, jamás serán virales. Muchas veces la palabra ni siquiera es palabra, pues la verdades fácticas se han esfumado.

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