POR: Joaquín Mattos Omar
Lo que me llama la atención del respaldo explícito anunciado ayer por ‘El Heraldo’ a la campaña de Abelardo de la Espriella es menos la resurrección de una práctica que el periodismo colombiano había dejado atrás (la de tomar partido institucional por un candidato presidencial) que el significado que tiene el hecho de que ese apoyo se lo haya dado justo a dicho aspirante. Es un significado negativo, deplorable, que implica la traición del periódico barranquillero al legado de quienes lo fundaron.
En efecto, ‘El Heraldo’ fue creado el 28 de octubre de 1933 con el fin de dotar de un órgano de expresión al Partido Liberal en Barranquilla –ciudad donde por entonces dominaban dos diarios conservadores, ‘La Prensa’ y ‘La Nación’— y, en concreto, de apoyar la candidatura presidencial de Alfonso López Pumarejo, quien era el progresista de aquella contienda electoral y quien, tras resultar triunfante en ésta, inició un Gobierno que se autoproclamó como la Revolución en Marcha, que estuvo integrado por liberales de izquierda, que le dio un gran impulso a los sindicatos obreros y que emprendió casi las mismas reformas sociales que ahora quiere realizar la izquierda actual.

Nacer para apoyar a un liberal de izquierda y terminar avalando a un candidato de la más radical extrema derecha –y cuyo talante es muy afín a la de un fascista— constituye una voltereta histórica del matutino barranquillero que desdice por completo de sus valores fundacionales. En otras palabras, representa una degeneración en el sentido cabal de esta palabra, la cual se suma a su notable pérdida de lectores y de impacto público, así como al deterioro de su calidad periodística.



