Adlai Stevenson Samper

Nadie, en pleno sentido de la sensatez, puede argumentar que el proyecto Plan Maestro para la Recuperación Integral de la ciénaga de Mallorquín es perjudicial para los intereses urbanos de Barranquilla.

Por el contrario, la idea de recuperación largamente postergada de una serie de cuerpos de aguas que tienen en su área de influencia diversos asentamientos barriales ha sido sistemáticamente ignorada por la dirigencia administrativa de la ciudad.

Vista aérea del panorama actual de la ciénaga de Mallorquín y el río Magdalena (Drone: Alonso Hinestrosa)

En suma y contexto, el concepto general de la planificación sobre este extenso territorio de aguas debe constituirse en elemento integral de la estrategia biodiverciudad incluida en el Plan de Desarrollo 2020-2023 ‘Soy Barranquilla’, en una búsqueda de probables soluciones a las problemáticas de recuperación de la contaminación –este factor es determinante en todo el meollo del asunto narrativo que acá se presenta- con objetivo de un presumible y discutible “control del crecimiento urbano”.

Podría argumentarse exactamente todo lo contrario, y en este queremos encender las alarmas: que se trata de un proyecto de evidente descontrol urbano en donde desaparecen las nociones elementales de planeación urbana y ambiental.

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La ciénaga de Mallorquín es un espejo de agua de escasa profundidad –entre 1 y 1.5 metros-, según diversas investigaciones y estudios. Se dejó al arbitrio de invasores sus riberas, tanto de inversionistas privados buscando rentabilidad sobre terrenos estratégicos urbanos, así como de pobladores en la búsqueda de soluciones de habitat construyendo sus cambuches a través del método del relleno para asentarse sin los más elementales servicios públicos, mermando de forma considerable la extensión del cuerpo de agua, incluso con el cierre deliberado o por obstrucción de basuras, de los escasos accesos del flujo de aguas con el también contaminado río Magdalena.

En la rivera sur-occidental de la ciénaga de Mallorquín está el barrio Las Flores y gran parte de sus habitantes descargan sus aguas negras y basuras en el cuerpo lagunar. (Drone: Andrés Felipe Gnecco)

Pero ¿acaso es Mallorquín una ciénaga natural, ubicada en el delta del Magdalena, tal como se ha venido indicando profusamente, o se trata del rezago de un previo atentado en nombre del progreso portuario al delta estuarino de la desembocadura del río en Bocas de Cenizas?

Es preciso contar la triste historia del surgimiento de esa ciénaga.

Canalizando la desembocadura del Magdalena

En un plano de finales del siglo XIX de Barranquilla y Bocas de Cenizas levantado por Vergara y Velasco –ver gráfica 1- se aprecia que el delta del Magdalena consiste en varias lagunas –todas sin denominación-, manglares y promontorios rocosos como cabo Agusta, Arenal, Reventajones y Boca Nueva con un canal de entrada al río de 5 metros. Allí no se menciona por ninguna parte a Mallorquín que consiste, en ese momento histórico, en una cambiante ciénaga de acuerdo a las fluctuantes condiciones del río Magdalena.

Grafica 1: Viejo delta del río Magdalena en plano levantado por Vergara y Velasco a finales del siglo XIX

En 1915 la empresa Black MacKenney and Stewart contratista de los estudios de canalización del río, indica en un estudio que son necesarias las obras de encauzamiento cerrando algunos de sus múltiples brazos protegiendo las riberas con la construcción de dos tajamares: oriental y occidental.

En agosto de 1925 la casa norteamericana Ullen, bajo la interventoría de Black MacKenney and Stewart inicia, tras presiones políticas y sociales sobre el alto gobierno, las obras de construcción del canal de entrada de barcos al río Magdalena las cuales se prolongan hasta agosto de 1930.

Estalla el escándalo nacional de la empresa contratista constructora de las obras de Bocas de Cenizas, Ullen & Co, con la consecuente parálisis de las obras pese a la enorme cantidad de recursos invertidos en el proyecto. Nada diferente a lo que sucede hoy en día, pero es menester, en bien de la historia de los contratos estatales en Colombia, señalar que fue una especie de premonitoria Odebretch, pues las mismas circunstancias que aplicaron en Barranquilla, las pusieron en práctica en las obras de tuberías sanitarias en Bogotá y en otras ciudades.

La indignación por el negociado fue tal que el 16 de octubre de 1931 el Sindicato de Braceros conforma el Comité de Acción Social por la apertura de Bocas de Cenizas y la consecuente construcción de un puerto para Barranquilla.

Fue una especie de revolución social que culminó cuando se reanudaron las obras con nuevos contratistas: Raymond Concrete Pile Company y Winston Bross Company. Se diseñaron los tajamares con el ramal de ferrocarril sobre su cresta para el enrocamiento permanente, lo que ocasionó más presión del flujo de aguas del río hacia el mar, arrastrando sedimentación y delineando tajantemente una separación acuática entre ciénagas y el río Magdalena.

Así nació la ciénaga de Mallorquín que en lo sucesivo sería alimentada por las escorrentías de las aguas lluvias a través del arroyo León, algunas pequeñas entradas del río y las entradas impetuosas en determinadas épocas del mar.

El proyecto de rectificación  de Bocas de Cenizas, –ver gráfica 2- muestra las líneas férreas en los dos tajamares quedando cuatro ciénagas: La Playa, Los Manatíes, Mallorquín –en la mitad- y Cantagallo, separada del mar por el cabo Augusto. Lo demás alrededores eran terrenos pantanosos, rellenando el cauce del antiguo canal de La Piña para dar inicios a los actuales procesos de urbanización de ese entorno territorial.

Grafica 2. Proyecto de “rectificación” del río Magdalena

Por estas circunstancias de depredación ambiental sobre el ecosistema estuarino del delta del Magdalena en la construcción de los canales de acceso al puerto de Barranquilla nace la ciénaga de Mallorquín, a la cual se agregaría posteriormente otro gran problema con su principal afluente proveedor acuático, el arroyo León que a su vez recoge a su paso por la vertiente occidental de Barranquilla arroyos de diversos tamaños.

El arroyo León vierte sus aguas a la subcuenca suroccidental, tratada parcialmente en las lagunas de estabilización del barrio El Pueblito (EDAR) y la noroccidental que tiene, según un pedido de aprobación solicitado por la empresa de servicios públicos Triple A la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA) y aprobada por Resolución 000580 del 17 de agosto de 2017, una estación de bombeo en Mallorquín en donde se envían directamente sin ningún tipo de tratamiento al río Magdalena.

Recorrido del arroyo León desde la carrera 38 hasta la EDAR del barrio El Pueblito.  Nótese el grado de contaminación de sus aguas y la presión que hacen las comunidades sobre su ronda, que se han convertido en botaderos de basuras. El aspecto del agua y los olores nauseabundos son dantescos. (Drone: Andrés Felipe Gnecco)

Las aguas del arroyo León que llegan al área de la ciénaga de Mallorquín llevan consigo una enorme carga de contaminación reafirmada en diversas tesis, investigaciones y documentos oficiales. En general no son aptas para ninguna actividad humana –incluida la observación y el disfrute paisajístico- como también lo señalan perentoriamente las aludidas investigaciones. Veamos cuál son las causas de esta inadaptabilidad ambiental de la ciénaga por causas antrópicas.

Una galopante contaminación

Sobre la famosa “planta de tratamiento” de El Pueblito (EDAR) es preciso enfatizar que se trata de una laguna de sedimentación a la cual se le agregan químicos para acelerar el proceso de oxidación bioquímica separando materias orgánicas, que fue construida en 1998 para servir una población de 250.000 habitantes y que hoy fácilmente, por la urbanización e industrialización de la zona la duplica y triplica convirtiéndola, ipso facto, en obsoleta frente a sus necesidades urbanas.

Esta laguna de oxidación tiene, al igual que las piscinas, unos drenajes de rebosamiento en el evento en ingresen mayores cantidades de agua a la capacidad instalada, que bien puede ser, para definir el caso, a causa de la mayor población instalada en su zona de influencia o en la temporada de lluvias. Ello produce vertimientos directos, sin los debidos tratamientos en la cuenca del arroyo León que va derecho, pendiente abajo, hasta la ciénaga de Mallorquín.

La Resolución 000580 de agosto 2017 de la CRA indica al respecto que “la EDAR El Pueblo es un sistema de tratamiento de aguas residuales mediante lagunas de estabilización y está diseñada para tratar las aguas provenientes del alcantarillado sanitario de 53 barrios del Distrito que cubren una extensión de 2033 hectáreas incluidas el área de expansión del sur de Barranquilla y drena en forma natural hacia el arroyo León y a través de este, entrega sus aguas al sistema lagunar costero. (Lago del Cisne, Mallorquín). De acuerdo con proyecciones poblacionales al presente año (2017) la población beneficiada con el sistema de tratamiento es de 337.000 habitantes aproximadamente. La zona cuenta con una cobertura de alcantarillado del 99% gracias a un plan de inversiones que se realizó en suroccidente.

En realidad no todas las aguas residuales van al sistema de alcantarillado y de allí a la laguna estabilizadora del barrio El Pueblo. Se identificaron diversos arroyos –otro estudio señala que hay aproximadamente 60- que ingresan al Arroyo León antes “pasar” por la EDAR. A partir de allí, otros cauces de aguas ingresan al León desde diversos puntos sin ningún tipo de tratamiento, tanto aguas de viviendas como industriales.

Citemos varios: uno de escaso caudal que baja desde las laderas del barrio La Manga. Otro proviene del barrio Porfín, pasa por Las Estrellas –en donde su desborde ha producido inundaciones barriales-, pasa la Circunvalar e ingresa al arroyo León sin ninguna clase de tratamiento. Los arroyos mencionados son aguas residuales con olores fétidos, basureros a su alrededor, sin ningún tipo de intervención en sus riberas con encausamiento por box culvert o canales.

Sigamos con el documento propuesto por la Triple A en el 2017 a la CRA sobre el sistema que le compete en alcantarillado y aguas residuales. Allí, en un segmento titulado Medidas de Mitigación sobre la ciénaga de Mallorquín se plantean a futuro una serie de propuestas. Lo primero es que allí se reconoce, de forma abierta que “la ciénaga de Mallorquín es la receptora final de las aguas residuales tratadas de la cuenca suroccidental del sistema de alcantarillado de Barranquilla”.

Gran parte de la basura que trae el arroyo León es atrapada en una trampa antes de pasar por debajo del puente José Name Terán, e introducirse a los predios de Lagos de Caujaral. A través de un canal sus aguas alimentan el lago del Cisne, pero previamente pasan por un proceso de descontaminación biológica con la ayuda de bacterias especiales. No obstante, el arroyo León sigue su curso hacia la ciénaga de Mallorquín con sus aguas totalmente putrefactas. (Drone: Andrés Felipe Gnecco)

Con el propósito de enfrentar la aprobación por parte de la CRA, la Triple A diseñó un Plan de Inversiones con un costo aproximado de $121.5000 millones dividido en cuatro actuaciones básicas: un colector entre la EDAR El Pueblo y una nueva estación denominada Arroyo León; construcción de la estación de pretratamiento de aguas residuales Arroyo León, línea de impulsión de aguas residuales entre arroyo León y río Magdalena y construcción del Emisario sub-fluvial.

Estas obras proyectadas no cumplen a cabalidad con los modernos conceptos de tratamiento de agua. Para el caso de ilustración de cómo se deben tratar las aguas residuales nos remitimos, a guisa ejemplar, a la planta de tratamiento San Fernando, en Medellín, una especie de inmensa fábrica monitoreada por computadoras y que utiliza los subproductos de sus procesos como el gas metano, para producir energía derramando después las aguas, absolutamente limpias, al río Medellín.

Ese tipo de instalaciones no las tiene la Triple A que fiel a sus esquemas de ser juez y parte, contratista e interventora, produjo en sus laboratorios, para soporte de la citada resolución administrativa de la CRA, los “hallazgos” encontrados en el monitoreo de aguas, tanto las de los arroyos como las ciénagas.

Dice la Resolución de la CRA al respecto: “Cabe destacar que los monitoreos fueron realizados por el laboratorio de la misma empresa prestadora de servicios públicos de alcantarillado, es decir Triple A de Barranquilla, por lo cual dicha sociedad está incumpliendo con lo estipulado en los ítems 4.1.4. y 4.1.5. de la Norma Técnica Colombiana NTC-ISO/IEC 17024:2005. En adicción no se monitorearon los parámetros Cianuro Total, Cadmio, Cinc, Cromo, Cobre, Cromo, Níquel y plomo cuyos valores límites máximos se encuentran establecidos”.

Nada menos. Decidieron obviar estos estudios específicos pues evidentemente no convenían para presentarlos a un ente ambiental con competencia sobre los recursos hídricos, ni a sus accionistas y menos a las comunidades afectadas. Sin embargo, pese a estas evidentes irregularidades en el monitoreo de las aguas, el plan propuesto por la Triple A de Saneamiento y Manejo de Vertimientos para el sistema de alcantarillado sanitario del Distrito de Barranquilla correspondiente al periodo 2016-2026 fue aprobado y se encuentra con plena vigencia.

Digamos que todos hicieron, utilizando un término teatral, mutis por el foro sobre la contaminación de aguas residuales en el Distrito de Barranquilla. Empero, diversos estudios y tesis académicas muestran el impacto de externalidad negativa que tienen estos arroyos contaminados sobre el sistema lagunar costero entre los que se incluye la ciénaga de Mallorquín.

Rivera oriental de la Ciénaga de Mayorquín, donde se descargan las aguas contaminadas del arroyo León.

Aguas contaminadas y peligrosas

Según investigaciones realizadas por diversos equipos y personas, en su mayoría pertenecientes a la Universidad del Norte que precisamente se encuentra en el área de influencia del arroyo León y la ciénaga de Mallorquín, señalan con absoluta claridad, sin ninguna duda, la creciente contaminación de estos cuerpos de agua.

Para la muestra, algunos de ellos:

  1. Barros Quiroz, P. y Colaboradores (2005) de la Universidad del Norte. Realizaron un estudio de la relación, espacial y temporal de parámetros microbiológicos y fisicoquímicos en la ciénaga de Mallorquín donde se evidenció que la mayoría de esos parámetros no cumplieron con la normativa disponible contemplada en el decreto 1076 de 2015 y de algunas normas internacionales para la destinación del recurso con fines recreativos mediante contacto primario y secundario, así como la preservación de fauna y flora.
  2. El grupo de investigación en tecnologías del agua de la Universidad del Norte (2005), realizaron un estudio sobre la problemática del manejo integrado del recurso hídrico en la ciénaga de Mallorquín encontrando la presencia de metales pesados y microrganismo de interés sanitario, y una pérdida del manglar de 5 Ha/año.
  3. Buelvas Gutiérrez, E.A y Asociados, (2009), plantean un estudio sobre la Modelación de la calidad del agua del arroyo León utilizando el modelo computacional programa QUAL2K, evaluando varios parámetros a partir de la obtención de datos de calidad del agua en 5 estaciones de muestreo.
  4. Pino, J.C. (2006, CRA) analiza y hace un seguimiento a las condiciones de la ciénaga de Mallorquín, sobre la contaminación a la que está expuesta con el propósito que se tomen acciones reglamentarias para compatibilizar el uso con la oferta de los recursos naturales.
  5. Universidad del Norte, Grupo de Litigio de Interés Público, Universidad de Florida Levin College of Law Conservation Clinic, y la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) (2014) realizó un informe técnico sobre el sitio Ramsar número 951, “Sistema Delta Estuarino del Río Magdalena, Ciénaga Grande de Santa Marta y que consistió en actualizar la información sobre la preocupación de la ineficacia del Estado Colombiano por controlar las actividades humanas sobre la Ciénaga, e incluir dentro de la reclamación señalada, la condición de la ciénaga de Mallorquín, que hace parte del “Sistema Delta Estuario del Río Magdalena”. En el estudio, se evidenció la presencia de metales pesados en la zona del antiguo basurero, materia orgánica alta en la zona de alimentación de los tubos de intercomunicación Río-Ciénaga, entre otros sitios de interés, y termina indicando la urgencia de la actuación de las autoridades obligada por la constitución y la ley a salvaguardar el medio ambiente tomando medidas de descontaminación, rehabilitación y prevención que sean necesarias para su recuperación.

Este último informe técnico es absolutamente demoledor pues indica la presencia de metales pesados en las aguas proponiendo la actuación urgente de las autoridades políticas y ambientales para efectuar medidas de recuperación, pero no en el sentido de construir parques pretendidamente eco-turísticos sino para crear un sistema de descontaminación integral de las aguas de la cuenca Occidental. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, para indicarlos en términos coloquiales.

El estudio académico con mayor complejidad y rigurosidad investigativa es el proyecto de grado de Maestría en ingeniería ambiental denominado Análisis de la influencia de la calidad del agua del arroyo León en la calidad del agua de la ciénaga de Mallorquín propuesto por Luis Benavides en la Universidad del Norte en julio de 2019. Allí se encuentran una serie de inquietantes hallazgos sobre las características químicas del arroyo León y la ciénaga de Mallorquín:

Los resultados indican que el arroyo León, desde su origen y hasta la desembocadura presenta un ICA (Índice de calidad del agua) entre 0,34 y 0,46, lo que indica que su calidad de agua está catalogada como “MALA”, aportando gran cantidad de materia orgánica y nutrientes como Fósforo y Nitrógeno además de desechos sólidos no degradables, sedimentos y con ello poca oxigenación. La ciénaga de Mallorquín con valores de ICAM (Índice de calidad marina) entre 26,49 y 42,03, del total de las muestra analizadas el 50% presenta una calidad “pésima”, lo cual es un indicador del mal estado del cuerpo de agua. El 22% corresponde a estaciones con agua de calidad “inadecuada” y el 28% restante agua con calidad “aceptable”, estos valores muestran la fuerte presiones sobre el entorno físico y natural circundante, tanto por el arroyo con las actividades antrópicas de su entorno. En los Puntos identificados como L-10, desembocadura del arroyo León en la ciénaga y el punto CM-10 zona de entrada del arroyo, se observan los valores más bajos en ambas escalas, (ICA e ICAM), evidenciando la afectación que tiene el primero sobre la ciénaga”.

Construir sobre aguas residuales complejos eco turísticos

Las conclusiones de la tesis de maestría ambiental sobre los procesos del arroyo León sobre la ciénaga de Mallorquín no dejan ningún lugar a ambigüedades. Califica el agua del arroyo León como mala y la de la ciénaga de Mallorquín como pésima. Es decir, se “rajaron” en el examen.

La contaminación proviene de las aguas residuales domésticas, industriales, de la escorrentía de aguas del antiguo relleno sanitario El Henequén, colindante al cauce del arroyo León y a ello se agregan, según el informe Priorización de la Cuenca de Mallorquín como ejercicio para el ordenamiento en el Departamento del Atlántico de J.C. Pino para la CRA en 2005 “el producto de los lixiviados del botadero de Las Flores que ha promovido la acumulación de metales pesados como cobre, zinc y cadmio en sedimentos y comunidades biológicas de las cuales es especialmente importante la comunidad íctica”. Ni se les ocurra, pues, comer pescados provenientes de estas ciénagas por el alto grado de contaminación que tienen en su interior.

Uno de los problemas del célebre Malecón del río Magdalena son los olores fétidos provenientes del desagüe directo de alcantarillado sobre el río Magdalena sin una previa solución de tratamiento. Un pequeño detalle olvidado por los diseñadores de esta obra que ganó, inexplicablemente por este macroproblema ambiental, el Premio Nacional de Arquitectura en el 2020. Es básicamente construir sobre la mierda, para utilizar un término castizo y sin elucubrados tecnicismos.

En las obras propuestas del Ecoparque de Mallorquín se pretenden invertir inicialmente más de $150.000 millones de pesos –algunos conocedores sugieren que es mucho más-  pues tiene cuatro unidades funcionales y solo la primera tiene un costo de $82.430 millones. Saquen cuentas multiplicando por cuatro el anterior costo y llega a un tercio del billón la obra.

No es viable que una obra de esta magnitud y con los rangos de inversión planteados se haga de forma alegre y todo se reduzca a llamativos e ilustrativos renders de un ecoparque con senderos fantásticos sobre una inmensa laguna contaminada por sus cuatro costados cuando diversos estudios, investigaciones e informes señalan que es potencialmente dañina en su contacto con seres humanos.

Debería conminarse a la Triple A, empresa que le compete funcionalmente por virtud contractual el alcantarillado de Barranquilla, a que construya una verdadera planta de tratamiento de aguas para el vertimiento ambiental saludable en la ciénaga de Mallorquín y el río Magdalena. Para ello existen diversas entidades del orden oficial nacional, departamental y local con las competencias para hacerlos cumplir esta obligación. Después de esta etapa de limpieza de las aguas si puede planearse complejos ecoparques, edificios con la maravilla del paisaje a su disposición y publicitarlo como un atractivo turístico para la ciudad.

Corolario con mal olor: lo peor de este desastre ambiental de la ciénaga de Mallorquín es su condición de parte constitutiva de una zona Ramsar protegida por la legislación internacional, nacional y distrital.

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