El estadio del pueblo fue su salón de cumpleaños. Hoy sus fieles llegan al poder nacional.

Nos encontramos en el municipio de Ibagué, Tolima, donde el estadio Manuel Murillo Toro, la casa de Deportes Tolima, un bien construido y sostenido con recursos públicos, amaneció el 6 de marzo de 2021 convertido en salón de fiestas. Hubo terna arbitral, narradores deportivos de los de verdad, mesas de comida, globos en los camerinos y unos treinta carros estacionados sobre la pista atlética. El homenajeado cumplía trece años. El papá del homenajeado era el alcalde.

Cinco años después, el 30 de julio de 2026, el Juzgado Octavo Penal del Circuito de Ibagué le puso nombre jurídico a ese cumpleaños: peculado por uso. Treinta meses de prisión para Andrés Fabián Hurtado Barrera y otros treinta para Alejandro Ortiz, entonces gerente del Imdri, el instituto municipal del deporte que facilitó el escenario. Sin subrogados. Sin casa por cárcel. Inhabilitados por el mismo término.

El peculado por uso

Aquí no diseccionamos el cumpleaños. Diseccionamos el sistema que produce alcaldes que confunden un bien del pueblo con el patio de su casa, y que además los recicla. Porque mientras Hurtado escuchaba su condena, sus fichas y su propio abogado se acomodaban en la antesala del poder nacional. Esa es la parte que los titulares no cuentan.

El peculado por uso es de los delitos más didácticos del Código Penal colombiano. No exige que el funcionario se lleve la plata en maletas. Basta con que destine un bien del Estado a un fin distinto del que la ley ordena. El artículo 398 lo castiga con dieciséis a setenta y dos meses de cárcel e inhabilidad por el mismo tiempo. Traducido: el alcalde no tiene que robarse el estadio para delinquir, le basta con tratarlo como suyo por una tarde. Y eso, según el juzgado, fue lo que ocurrió. La Fiscalía probó que el escenario donde Deportes Tolima disputa sus partidos, incluidos los internacionales, se acondicionó para una celebración familiar: cancha para un partido de menores narrado por periodistas reconocidos de la ciudad, camerino decorado para cantar el feliz cumpleaños, zona norte del estadio vuelta parqueadero. El bien es de todos. El disfrute fue de uno.

Lo revelador no es el capricho. Es la naturalidad. Un alcalde no monta una fiesta en el principal escenario deportivo del departamento si teme las consecuencias. La monta porque, en su cálculo, el costo es cero. James Buchanan, premio Nobel de economía, lo explicó hace medio siglo con su teoría de la elección pública: el funcionario no es un santo ni un demonio, es un actor racional que maximiza su interés dentro de las reglas que encuentra. Si las reglas no muerden, el interés privado se sirve del bien público sin culpa. El cumpleaños en el Murillo Toro no es un exceso individual. Es la prueba de que, en la cabeza del mandatario, la frontera entre lo suyo y lo de todos ya se había borrado. Y nadie, dentro de su administración, se atrevió a redibujarla.

¡Qué joyita!

Conviene decir los nombres. Andrés Fabián Hurtado, ingeniero civil nacido en Lérida en 1979, llegado a Ibagué de niño tras la tragedia de Armero, fue alcalde de la capital tolimense entre 2020 y 2023. Su carrera pública es una colección de expedientes. El viejo caso de los piques ilegales en el aeropuerto Perales. La suspensión que le impuso la Procuraduría en mayo de 2022 por participación indebida en política, cuando declaró a los medios su respaldo a un candidato presidencial. La destitución e inhabilidad por doce años que la misma Procuraduría le firmó en primera instancia el 2 de febrero de 2026, otra vez por meter la política donde no debía. Una investigación abierta en la Fiscalía por presunto enriquecimiento ilícito. Y ahora, la primera condena penal.

Un hombre con ese prontuario debería estar en la periferia de la vida pública. Está en el centro. Hurtado dirigió el Partido de la U en el Tolima, tanteó una llegada al Centro Democrático a comienzos de 2026 y terminó apoyando, en la segunda vuelta presidencial, a Abelardo de la Espriella, hoy presidente electo de Colombia, quien se posesiona el 7 de agosto de 2026. Ese apoyo no fue gratis ni simbólico. Se pagó con cargos.

Didier Blanco, exfuncionario y aliado de Hurtado, integrante de su lista a la Cámara en la coalición del Partido de la U con Salvación Nacional, fue designado por De la Espriella como director de la Unidad Nacional de Protección, la UNP, la entidad que cuida la vida de líderes sociales, periodistas y dirigentes amenazados. Medios regionales y nacionales lo describen como cercano al exalcalde, que le entregó cargos de confianza durante su administración, entre ellos el manejo de la Gestora Urbana y la Unidad de Salud de Ibagué. A quien un exconcejal de Ibagué señaló por corrupción se le encomienda ahora combatir la corrupción en la UNP. Qué casualidad.

Falta el eslabón más fino. Según reportó Infobae, el abogado del propio Hurtado, el penalista Iván Cancino, fue designado ministro de Justicia del gobierno entrante. Cancino, amigo personal de De la Espriella y una de las voces jurídicas más activas de la campaña, participó en eventos del movimiento Defensores de la Patria y coordinó el empalme del sector justicia. El defensor de un condenado por peculado se sienta a definir la política criminal del país. No hay que ser suspicaz para ver el dibujo. Hay que estar distraído para no verlo.

Gráfico 1. La red de conexiones entre el exalcalde condenado y el gobierno entrante. Elaboración de corrupcionaldia.com con base en reportes de Infobae, El Tiempo, El Cronista y la Procuraduría General de la Nación.

Aquí la humanización no se mide en pesos desviados, porque el peculado por uso no roba un monto: roba un símbolo. El estadio Manuel Murillo Toro no es una cancha cualquiera. Es el lugar donde una ciudad entera proyecta su identidad los domingos, donde las familias que no tienen para mucho se dan el lujo de una tarde de fútbol. Ese lugar, por una tarde, dejó de ser de los ibaguereños para ser el regalo de cumpleaños de un niño de trece años. El mensaje que recibe el ciudadano es preciso: lo público es de quien manda.

Ese mensaje, repetido, enseña. Enseña que el poder no sirve, se sirve. Enseña que las reglas son para los de ruana. Cuando un alcalde usa el estadio para su fiesta y cinco años después su círculo llega al gobierno nacional, el país aprende que la corrupción no cierra puertas, las abre. Aprende que el prontuario no es un lastre, es un currículo. Ese aprendizaje colectivo cuesta más que cualquier contrato inflado, porque destruye lo único que sostiene una democracia: la creencia de que las reglas valen para todos.

Alejandro Nieto, el jurista que estudió como pocos el deterioro de lo público, describió el fenómeno con una imagen exacta: el Estado capturado por una clase que lo trata como botín y no como servicio. La captura no necesita conspiración. Necesita omisión. Necesita que los órganos de control lleguen tarde, que los procesos se dilaten cinco años, que la primera instancia coincida con la posesión de los amigos. La Fiscalía tuvo que pedirle al Tribunal Superior de Ibagué que resuelva la segunda instancia antes de que los términos venzan en octubre de 2026. Léase con calma: existe el riesgo real de que este proceso prescriba por lentitud. El sistema no siempre absuelve al corrupto con un fallo. A veces lo absuelve con el reloj.

Y aquí aparece la ironía que le da título a esta nota. De la Espriella bautizó su movimiento Defensores de la Patria y construyó su discurso sobre la mano dura, el orden y la moral. Un discurso que suena bien hasta que uno revisa a quién abraza. Defender la patria, en el diccionario de los hechos, no puede significar entregarle la UNP a un aliado de un condenado, ni el Ministerio de Justicia al abogado de ese condenado. La patria no se defiende con eslóganes. Se defiende con coherencia. Y la coherencia, en este caso, brilla por su ausencia.

Que quede claro, para no faltar a la verdad ni a la ley: la condena de Hurtado es de primera instancia y no está en firme. El exalcalde anunció que apelará ante el Tribunal Superior de Ibagué, conserva la presunción de inocencia y tiene todo el derecho a defenderse hasta la última instancia. La destitución de la Procuraduría también es de primera instancia. La investigación por enriquecimiento ilícito es apenas eso, una investigación. Nada de esto lo hace, todavía, un criminal ejecutoriado. Todo esto, junto, lo convierte en un caso. Y los casos, en corrupcionaldia.com, no se archivan: se diseccionan.

Por eso Andrés Fabián Hurtado ingresa hoy a la Galería de Corruptos de Colombia. No como veredicto final, sino como advertencia. Como el retrato de un país donde un cumpleaños en el estadio del pueblo termina siendo el primer renglón de un currículo político que llega, cinco años después, a las puertas de la Casa de Nariño. La pregunta no es si Hurtado defenderá su inocencia. Es su derecho y lo ejercerá. La pregunta es otra, y es para usted que lee: ¿cuántas veces más vamos a permitir que quienes tratan lo público como su fiesta privada se presenten después como los defensores de la patria? Porque el estadio se limpió esa misma noche. La costumbre de robarse el país, todavía no.

Cronología del expediente Hurtado

FechaHechoEstado procesal
6 mar 2021Fiesta de cumpleaños del hijo en el estadio Manuel Murillo ToroHecho investigado
11 may 2022Suspensión por la Procuraduría por participación indebida en políticaSanción disciplinaria
2 feb 2026Destitución e inhabilidad por 12 años (participación en política)Primera instancia
27 jul 2026Sentido de fallo condenatorio por peculado por usoPrimera instancia
30 jul 2026Lectura de sentencia: 30 meses de prisión, sin subrogadosPrimera instancia, apelable
oct 2026Posible vencimiento de términos si el Tribunal no resuelve la segunda instanciaRiesgo de prescripción

Fuentes verificadas el 31 de julio de 2026: El Nuevo Día, Pulzo, Ecos del Combeima, A La Luz Pública, La Otra Verdad, Caracol Radio, Infobae, El Tiempo, El Colombiano, Portafolio, El Cronista, CambioIn, Wikipedia y Procuraduría General de la Nación. La condena a Andrés Hurtado es de primera instancia y no está en firme; el exalcalde conserva la presunción de inocencia y anunció apelación.

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