De nuevo la hypónoia nos sirve periodísticamente para develar el sentido profundo de una historia que está causando revuelo en Italia. Por otro lado, la apofenia nos ayudó a establecer conexiones impensables.

Se trata de las relaciones extrañas que se entretejieron en una venta de armamento sofisticado a las fuerzas militares de Colombia por parte de las empresas italianas Leonardo y Fincantieri.

Estas empresas habían concertado una venta de dos corbetas, un submarino y 24 aviones caza M-34, por valor de $4.000 millones de euros y en medio de esa venta se movían dos grupos de comisionistas: uno italiano y otro colombiano, obviamente fuertemente ligado a las fuerzas militares. La comisión se estimaba en unos $80 millones de euros, unos $360 mil millones de pesos.

En la cabeza de los comisionistas italianos estaba el ex primer ministro Massimo D’Alema, exlider de la izquierda socialista de su país. Y en el lado de los colombianos, comandaba, nada más y nada menos que Édgar Ignacio Fierro Flórez, exjefe paramilitar conocido como alias “Don Antonio”. Algo insólito y que encendió las alarmas en los medios noticiosos italianos.

Cómo olvidar al jefe paramilitar “Don Antonio” que mandó a matar a muchas personas porque las habían señalado de izquierdistas. Y ahora, lo vemos desesperado para que un notable izquierdista italiano le crea y no desestime los acuerdos de su grupo de comisionistas.

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Aquí la hypónoia abre la puerta a un significado subyacente: las matanzas de los paramilitares iba más allá de combatir a la guerrilla, eran criminales enfermizos que se regodeaban con la muerte violenta de inocentes. ¿Por qué alias “don Antonio” ahora quiere hacer negocios con el izquierdista D’Alema?

La prensa italiana prende las alarmas

Mientras en Colombia estábamos completamente ignorantes de la negociación que estaba realizando las Fuerzas Militares con dos empresa italianas para la adquisición de una importante flota bélica, la prensa italiana dio a conocer a comienzos de este año 2022, los pormenores de una extraña negociación.

La noticia fue anunciada en Italia por el sitio de Guido Paglia «Sassate», titulada «Defensa-Leonardo-Fincantieri: esta es la pasión de la «tercera edad» de D’Alema». Después de la primicia, todos los involucrados quisieron negar oficialmente lo anunciado. Por ejemplo, la firma Fincantieri hizo saber que no había dado ninguna cesión de corretaje, ni firmado ningún convenio con Colombia. Lo mismo hizo la empresa Leonardo

Lo asombroso de la primicia era que el exprimer ministro Massimo D’Alema, en los últimos meses, había intentado actuar como intermediario para la venta al Ministerio de Defensa de Colombia de 4 corbetas Fcx30 y dos submarinos clase Trachinus producidos por Fincantieri y algunos aviones Leonardo M346, trabajo para el que él y los demás corredores esperaban traer a casa 80 millones de euros. 

El periódico La Veritá publicó que aunque de inmediato todos los involucrados negaron la noticia, en lo que respecta a la empresa constructora naval, existe un memorando de entendimiento fechado el 24 de enero de 2022 con las firmas de Giuseppe Giordo y Achille Fulfaro, director y adjunto de la división militar de Fincantieri y de los capitanes de fragata Germán Monroy Ramírez y Francisco Joya Preito, por el lado colombiano.

El «grupo de trabajo» colombiano estaba encabezado por dos intermediarios italianos, ambos cuarentones, involucrados en varios sectores, desde la energía hasta el armamento: Emanuele Caruso y Francesco Amato.

Dice La Veritá que inicialmente las relaciones con el gobierno colombiano fueron mantenidas por ellos. Mientras que D’Alema, la cabeza del grupo de comisionistas italianos, por su parte era representado por el abogado Umberto Bonavita del estudio de Robert Allen en Miami, especializado en venta de superyates. Pero evidentemente también de buques de guerra. Habían previsto que los contratos de consultoría, deberían ser firmados por la firma estadounidense.

El exalcalde de Apulia, Giancarlo Mazzotta, con varios problemas judiciales, también participó de las reuniones con la estructura colombiana como representante de D’Alema. En los últimos días, Mazzota ha sido imputado por incitación a la corrupción, ruptura de precintos, fraude procesal, maltrato a la edificación y al paisajismo.

Esta negociación de barcos y aviones se prolongarían durante seis meses, a partir de septiembre de 2021, y encallaría cuando el subsecretario de la Defensa Giorgio Mulè, integrante de Forza Italia, expresó lo siguiente sobre este asunto: «Las relaciones con el gobierno colombiano siempre se llevan a cabo, por supuesto, en total transparencia. En Italia, gracias a una consolidada amistad y estima con la embajadora Gloria Isabel Ramírez Ríos, hace unos meses inicié contactos con las autoridades colombianas para profundizar posibles colaboraciones entre nuestras industrias dedicadas a la defensa, en particular Leonardo, y las fuerzas armadas colombianas. Son actividades normales que se desarrollan en el marco de las llamadas relaciones gov to gov, es decir, entre gobierno y gobierno, en este caso el italiano y el colombiano. Cuando, recientemente, la embajadora me hizo saber -no sin sorpresa- del interés por ella del presidente Massimo D'Alema (a quien no conozco) sobre los hechos relacionados con Leonardo como "representante" no especificado de la empresa, expresé cierta irritación sobre este enfoque y le informé a la alta dirección de Leonardo y, obviamente, al ministro de Defensa Lorenzo Guerini».

Esto provocó desconcierto en los intermediarios del grupo de trabajo colombiano, quienes se creyeron burlados y, por eso, el 24 de febrero enviaron un informe en profundidad a las dos empresas en el que reconstruían toda la historia. Por ejemplo, leemos: «[...] A través de reuniones celebradas en Roma en octubre con figuras autorizadas de la escena política nacional, hemos conocido los métodos de colaboración con estructuras complejas como Fincantieri y Leonardo en materia de presentación y feria, procedimientos de cumplimiento». Posteriormente, los corredores extranjeros habrían decidido, por recomendación de D’Alema, «conferir un mandato [...] a la firma de abogados Robert Allen de Miami [...]».

Sostiene La Veritá que de todo el asunto lo más interesante es la conversación de D’Alema con el jefe del grupo de trabajo colombiano el pasado 10 de febrero a través de una llamada con un intérprete.

El excanciller, tras conocer el enganche con el embajador colombiano, pidió seguir siendo el interlocutor privilegiado en las negociaciones: «Como hay un diálogo entre los dos gobiernos», dice, «tenemos al subsecretario de Defensa, el señor Mulè, quien habló con el Viceministro de Defensa de Colombia, por eso es importante que yo también pueda hablar con el Ministro de Defensa. Por supuesto, informo al gobierno italiano. Pero hay que evitar que haya dos canales paralelos. Porque toda esta negociación debe pasar entre nosotros, por un solo canal. Entonces, tenemos que dar sentido a que tenemos relaciones, no solo con los militares y los funcionarios, sino también con el gobierno. También porque el embajador de Colombia en Italia también está lidiando con este problema. Y usted argumenta que necesitamos un acuerdo entre los dos gobiernos, sin otros mediadores, digamos. o le expliqué que, digamos, por un lado es el Estado colombiano, es el gobierno el que compra, pero en Italia no es el gobierno el que vende. Son dos empresas cotizadas, no es el gobierno, entonces no puede haber contrato entre dos gobiernos. La pregunta es delicada.»

¿La razón? Sencillo: «Porque nos arriesgamos a tener una injerencia en esta negociación que no nos sirve para existir. Tenemos interés en que la negociación pase de las empresas italianas, a través de Robert Allen y por otro lado las autoridades colombianas, sin injerencias».

En esa llamada, el representante colombiano se queja de que tuvo que incurrir en gastos de bolsillo sin reembolso. En este punto D’Alema precisa: «El abogado Bonavita que fue a Colombia no recibió ningún euro, el abogado (inc.) no recibió un euro ¿Por qué estamos trabajando? ¿Por qué somos estúpidos? No, porque estamos convencidos de que al final todos recibiremos 80 millones de euros para que puedas hacer una inversión porque el objetivo no es tener 10.000 euros para pagar un viaje ahora, sino al final tener una prima de 80 millones. euros, esto es lo que está en juego y entonces crear dificultades respecto al objetivo porque uno no ha tenido 10.000 euros me parece una estupidez simplemente una estupidez».

Un discurso que se reanuda minutos después: “En cuanto tengamos estos contratos, lo dividiremos todo, todo se dividirá, esto no es un problema. El contrato entre las empresas italianas y el gobierno colombiano. Ese es el premio importante, no el reembolso de gastos».

En la discusión telefónica D’Alema apremia: «Además, dentro de unos meses habrá el nombramiento de administradores italianos que podrían cambiar eso espero. Esto podría cambiar las cosas. Necesitamos concentrar nuestros esfuerzos en concluir este acuerdo dentro de un par de meses. Al menos un acuerdo general, digamos, luego veremos los detalles».

D’Alema se queja de que en los días previos se habría perdido una llamada con los directores generales de Leonardo y Fincantieri y por eso pide «una llamada con el ministro y los directores generales de las dos empresas italianas (Alessandro Profumo y Giuseppe Bono)«. Luego agrega: «Si el ministro dice que no quiere reunirse con las empresas ni siquiera virtualmente, podría organizar una llamada donde esté yo y tal vez el viceministro italiano, un político, sin las empresas». Pero, como se mencionó, en ese momento D’Alema estaría vendiendo la piel de un oso que aún no ha capturado, y eso podría haber arruinado el trato.

En el audio, el ex primer ministro le informa a su interlocutor que el pago del Team colombiano solo puede concretarse después de que el estudio Allen haya cerrado los acuerdos con las empresas italianas. Entonces pretende expandirse a otros mercados latinoamericanos y el interlocutor le explica que es posible hacerlo en Argentina, Uruguay, Paraguay y Panamá, lamentablemente para él parece que, hasta ese momento, ni siquiera había logrado traer a casa la operación colombiana con 80 millones de euros de corretaje.

Un asesino en el anzuelo de D’Alema

¿Con quién hablaba Massimo D’Alema en el audio que referenciamos y en el que el ex primer ministro hablaba de suministros militares para vender en Colombia?

El equipo periodístico de La Veritá que se trataba de un excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia, los sanguinarios grupos paramilitares que emprendieron la guerra contra las guerrillas comunistas de las Farc.

Se trataba de Edgar Ignacio Fierro Flórez, mejor conocido como Don Antonio. Dice La Veritá que de él se había hablado en los diarios colombianos en 2006, cuando se incautó una computadora con información sobre «Jorge 40», el excomandante de las AUC Rodrigo Tovar Pupo, condenado en Estados Unidos por narcotráfico.

En 2011, Fierro también fue condenado por un tribunal colombiano a 40 años de prisión por varios delitos, incluidos numerosos asesinatos cometidos por paramilitares. Tres años más tarde don Antonio, sin embargo, se benefició de un «indulto público».

Emanuele Caruso, de 42 años, licenciado en ciencias políticas, originario de Lecce, con importantes experiencias en el campo de la cooperación internacional, junto a su socio Francesco Amato, presentó a Fierro a D’Alema. Posteriormente, este último solicitó y obtuvo una reunión uno a uno (vía computadora) con el exmilitar, luego de una discusión con Amato: «Me pareció útil que los dos conversáramos. Directamente», comentó el exministro.

«Fierro, antes de pasar a las AUC, era comandante del Ejército. Los grupos paramilitares de entonces eran una emanación del gobierno de derecha para contrarrestar a los revolucionarios de extrema izquierda de las Farc», explicó Caruso. .

«Después de las hostilidades, obtuvo el perdón público del presidente por haber depuesto las armas y por su compromiso social. En Colombia fue comandante de toda una región. Los que tienen su formación en ese país gozan de gran consideración en la zona de origen, y aún abren muchas puertas en el mundo de las fuerzas armadas». Pero se le acusa de muchos asesinatos… «Son los horrores de la guerra civil», suspira Caruso.

¿Sabía D’Alema con quién estaba tratando? Al respecto, Carusso le explicó a La Veritá lo siguiente: «Él sabía su nombre. No sé si investigó un poco. Por supuesto, si no lo sabía, para un expresidente de Copasir, el Comité Parlamentario para la Seguridad de la República, sería un gran error». .

Continúa La Veritá: Pero volvamos al meollo de los negocios de D’Alema con Colombia. En el cara a cara del 10 de febrero, el exdirigente del PDS le explicó al exsanguinario paramilitar: «Normalmente los acuerdos de promoción comercial tienen un techo, un “cap” en inglés. En este caso no. En este caso se trata de un contrato mercantil al 2% del negocio, del monto del negocio. Esta es una decisión extraordinaria, no fue fácil de lograr. ¿Está vacío? Porque el valor de este contrato es de más de 80 millones». En español agregó: «Nosotros también estamos trabajando sin contrato».

Pero, ¿por qué estaba dispuesto a trabajar incluso sin acuerdos en la mano? El periódico italiano detalla que quizá porque pensó que había encontrado la manera de ganar mucho más dinero del esperado, como él mismo explicó, el pasado mes de diciembre, en un mensaje telefónico sobre el tema de una reunión posterior: «La pregunta se refiere a la experiencia que hizo Fincantieri en Indonesia con un modelo contractual muy interesante. Un poco diferente a lo que habíamos imaginado, pero mucho más rentable». De hecho, en junio de 2021, Fincantieri se adjudicó una licitación máxima anunciada por la Armada de Indonesia.

La compañía italiana ganó el suministro de seis Fremm y otras dos (modernizadas) fragatas clase Mistral.

Qué dice el gobierno Colombiano

La revista Cambio publicó hace pocos días un artículo al respecto y consultó a la Cancillería de Colombia sobre la visita de representantes de la empresa Fincatieri al país. La respuesta fue que, en efecto, la embajadora en Italia, Gloria Isabel Ramírez, sí sostuvo reuniones en la sede diplomática con los delegados, como antesala a la visitas que Fincatieri sostuvo en Cotecmar, en Cartagena, y en Bogotá con funcionarios del Comando de Adquisiciones del Ejército, las cuales fueron informadas a los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores.

La Cancillería dijo, sin embargo, desconocer que los enlaces de los extranjeros en el país fueran exparamilitares; y, menos, que dos excapitanes de navío hubieran firmado un supuesto acuerdo para la compra del material de guerra, una negociación que solo se da entre gobiernos.

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