Malestares emocionales y Covid-19

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Yazmín Páez Yepes, Psicoanalista

Todos los habitantes del mundo se han visto obligados a un confinamiento en sus casas a causa del virus del COVID-19; esta pandemia actual ha afectado la economía mundial; muchos sectores han dejado de funcionar, empresas que han cerrado su producción, personas desempleadas; hay otras que siguen laborando desde su casa, unos fueron enviados a vacaciones; pero el punto a resaltar es el aislamiento en casa para evitar todo contacto social.

Los seres humanos requieren hacer lazo social, establecer vínculos con otros que no pertenecen al familiar, hacer una actividad, un trabajo, producir dinero, divertirse.

La situación actual por la que estamos atravesando es compleja y va a dejar huellas y va a producir efectos en los sujetos tanto en lo positivo como en lo negativo; luego que se levante la cuarentena vamos a conocer de sujetos profundamente afectados, que desencadenarán una serie de malestares en lo físico o en lo emocional. 

Seguramente nos enfrentaremos a un desbordamiento en la manifestación emocional en un país en donde poco o nada se atiende lo concerniente al campo de la vida subjetiva de las personas.

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Y se verán afectados tanto los niños, los adolescentes como los adultos.

Algunos de esos malestares serán producto de la situación económica generando una incertidumbre en el sujeto, temor ante el futuro; se incrementarán los conflictos al interior de la familia; y se agravarán aquellos casos de psicosis no desencadenadas en donde los sujetos diariamente podían deambular pero ante la imposibilidad de desplazarse se desata la psicosis, a veces, de forma dramática.

El sujeto experimentará el distanciamiento social de acuerdo a los recursos psíquicos con que cuente; de allí que unos lo resuelvan sin grandes miramientos, y otros, gestarán síntomas.

Estos malestares serán consecuencia, por un lado, debido a la afectación en la economía familiar, y por otro, producto del aislamiento en sí mismo.

El contacto social se hace indispensable en cuanto permite un desplazamiento de energía psíquica en actividades agradables incluso aquellas que pueden resultar no tan placenteras como cuando los sujetos realizan un trabajo que no es el que desearían pero a través de él se mantienen ocupados; moviéndose el sujeto en diferentes ámbitos: familiar, social, laboral.

Al verse obligado a un confinamiento pierde todo vínculo con lo social reduciéndose el contacto con miembros de su círculo familiar; y es allí en donde se gestan los mayores conflictos de los seres humanos;  por la convivencia se pueden  exacerbar algunos reclamos internos en la dinámica de cada familia y que puede propiciar un deterioro y un distanciamiento de los lazos afectivos: ansiedades, depresiones, la familia no se soporta, el odio entre los miembros, la agresividad, el malhumor, la irritabilidad, maltrato, abuso.

Esta situación puede agravarse si la familia atraviesa una crisis económica, es absurdo pensar que no los va a impactar, pero siempre hay soluciones; es cierto que no podemos resolver el problema de la crisis económica o del desempleo pero lo que sí podemos hacer es resolver los afectos, los resentimientos, los odios al interior de la familia, encontrando todos, juntos, una colaboración, una solución juntos.  Pueden crear nuevas condiciones para producir.  No podemos olvidar que los sujetos son creativos. 

Entonces, son necesarios procesos de estabilización para afrontar la crisis mundial actual.

Se hará necesario brindar atención emocional a la población propiciando espacios  de escucha y dispositivos clínicos con la finalidad de prevenir, atender y tratar los diversos padecimientos subjetivos ocasionados por el distanciamiento social.

Si no son atendidas a tiempo, los sujetos podrán desencadenar toda una serie de síntomas subjetivos como: violencia en la familia, alcoholismo y toxicomanías, insomnio, enfermedades psicosomáticas, depresión y suicidio, ansiedad, ataques de pánico, y, en los casos más graves, brotes de psicosis.

Las emociones son muy delicadas, aquel evento o vivencia que desencadena todo un estado emocional alterado que produce consecuencias en lo psíquico si no se atiende a tiempo, siempre se agravará, no se resuelve con el paso de los días o de los años, sucede todo lo contrario, con el paso del tiempo retorna en otra manifestación de mayor intensidad y con una característica: se desconoce su origen.

Es necesario el cuidado de esas  emociones pues ellas son incontrolables, ellas se expresan hacia afuera (en lo social) o hacia dentro, el cuerpo es el escenario de las emociones.  El evento de la emoción es algo que rebasa al sujeto por eso siempre se expresa.

Cuando el sujeto no pasa esa experiencia por la palabra, al sujeto no le queda más que actuar, cuando el sujeto no halla una salida por los lados de la palabra, halla una salida por los lados de la muerte (suicidio, “accidentes”).

La palabra tiene un efecto curativo pues es la vía expedita para expresar lo que nos acontece, lo que nos conflictúa, para expresar los miedos, los temores, en fin; indudablemente que no podemos cambiar la historia ni el evento traumático desencadenante de síntomas pero lo que sí podemos cambiar es la forma de ubicarse el sujeto frente a ese evento, a partir de la sustracción de la carga afectiva al mismo, sólo así se produce la transformación del sujeto.

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