Por: Jan Slodvak

 

La construcción del malecón del río Magdalena es una obra ambiciosa que pretende la recuperación visual del entorno de la ribera por intermedio de espacios recreacionales y sobre todo, por una vía de dos carriles que parte desde la destruida avenida del río en la isla La Loma, obra iniciada por la empresa constructora del ingeniero Alex Char durante la alcaldía de Guillermo Hoegnisberg y culminada (?) en la de Elsa Noguera.

Decimos destruida pues su terraplén cedió, al igual que el puente que conecta con el corredor portuario. Decimos arrasada pues ese fue el resultado de la operación sistemática de relleno de terrenos cenagosos en la isla La Loma atentando contra entorno ambiental de flora, fauna y aguas sin mayores estudios o planificación ambiental. Un atentado más de los tantos cometidos contra los caños y el río Magdalena por la avaricia de especular con la propiedad raíz urbana en una zona álgida de Barranquilla.

No se conocen estudios serios batimétricos sobre las aguas de los caños, por ejemplo, en donde se han invertido, por parte del gobierno nacional, enormes recursos financieros para el tratamiento de aguas servidas.

No se conocen estudios serios batimétricos sobre las aguas de los caños, por ejemplo, en donde se han invertido, por parte del gobierno nacional, enormes recursos financieros para el tratamiento de aguas servidas. Tampoco sobre dragados para sacar del lecho del caño de las compañías los restos de la otrora floreciente navegación fluvial en el Magdalena o los que quedan allí, permanentemente atravesados impidiendo la circulación de las aguas. Eso no interesa a las autoridades distritales que le apuestan a convertir el lote de La Loma, en vez de un parque natural entre los caños y el Magdalena, en un extenso sembradío de edificios y calles. Si puede dársele alguna denominación a esta actitud triste con una ciudad que nació, no a orillas del río como quieren hacernos creer, si no a la ribera de caños y ciénagas, es de una sumatoria perversa de corrupción ambiental.

Nuevo puente de la carrera 50 cruzando el interior del barrio Barlovento,

Ahora, con el nuevo puente de la carrera 50 cruzando el interior del barrio Barlovento, se produce una segunda intervención de la administración distrital sobre ese neurálgico sector urbano en donde se planteó, tras el canje con parte de la isla La Loma a varias empresas constructoras nacionales –las mismas que manejan en la Circunvalar el proyecto Alameda del Río– la nueva sede de la Alcaldía. Por cierto en ese mega proyecto, en donde funcionó el alojamiento de los atletas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en el 2018, la Alcaldía les está dando de gratis, de cortesía, la conectividad bajando la carrera 20 de julio, en el sector de Miramar, hasta la Circunvalar justo frente a la entrada de la nueva urbanización.

Pues bien, las firmas constructoras de Alameda del Río son las mismas de la isla La Loma, lo cual presupone un estrecho espíritu de colaboración en lides de construcción y urbanismo con la Alcaldía de Barranquilla al que se encuentra vinculado –de manera no muy afortunada, por cierto– el ingeniero Alex Char. Ellas son cinco de las constructoras más importantes del país: Amarilo, Constructora Bolívar, Marval, Prodesa y Constructora Colpatria.

Isla La Loma, estado actual.

La operación sobre la isla La Loma, severamente cuestionada por diversos grupos de presión de barranquilleros por sus impactos negativos sobre el eco hábitat, transcurre en un área total de 96 hectáreas, de las cuales el 55 por ciento corresponde a espacios públicos y el 45 por ciento restante tendrá usos comerciales, de servicios, habitacionales e institucionales.

Proyecto urbanístico en la isla La Loma.

Según el diario El Tiempo, en información de 26 de febrero de 2018, “Se trata de unos de los proyectos urbanísticos más importante en la historia de la ciudad, en el que se prometió que no tendrá estratos (socio-económicos?). La sede de la Alcaldía, que se proyecta construir aquí, estará en un moderno edificio de 11 pisos y 89.000 metros cuadrados de construcción en donde funcionarán todas las dependencias”.

En ese mismo medio el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, hizo las correspondientes precisiones sobre su alcance: “En total son aproximadamente 3.500 viviendas donde sus propietarios podrán ver, sentir y disfrutar el río Magdalena, un sueño que hace poco parecía difícil de lograr pero ya es una realidad. Este mismo año (inicios de 2018), antes que culmine, debemos tener una oferta amplia de vivienda para todos los barranquilleros, serán cinco las constructoras que traerán a esta zona los mejores proyectos”. Nada de estas promesas de 3.500 viviendas sin estrato sucedió pero es muy posible que así pase, habida cuenta de la construcción del puente de la carrera 50 que ofrece una conectividad expedita a toda esa área.

Barlovento a la deriva

El barrio Barlovento es conocido en Barranquilla por encontrarse al margen de la Vía 40 y el caño de las Compañías. También por sus niveles de inseguridad, sus bodegas de reciclaje y la percepción en sus callejuelas de encontrarse en una tierra de nadie, lejos del bullicioso centro comercial y mercado. Esa es una percepción para asentarse allí que tuvieron los fundadores del barrio, gentes vinculadas a los oficios de navegantes en el río, de allí su marino nombre, Barlovento, que significa dirección desde donde llegan los viento dominantes o alisios; a diferencia de Sotavento, contrario a la dirección de los vientos. En realidad, Barlovento, pese a su auspicioso nombre siempre ha estado con los vientos en contra, es decir, a Sotavento.

Barrio Barlovento.

La invasión de estos navegantes –unas 60 familias- para efectos de constituir un barrio subnormal (en el sentido que lo describe el Decreto 3735 de 2003) sucedió en los llamados Muelles Nacionales, un extenso lote entre el edificio de La Aduana de Barranquilla y la Intendencia Fluvial donde culminaba el trazado del ferrocarril a Puerto Colombia.

Tras los cambios en los flujos de transporte en el río Magdalena y la lenta decadencia portuaria de Barranquilla frente al puerto de Buenaventura en el Pacifico, los antiguos muelles quedaron en estado de perfecta desolación en una ciudad en donde los capitalistas de bienes raíces, apoyados por funcionarios públicos, se habían adueñado de extensas áreas urbanas y suburbanas con el consiguiente aumento y escasez del precio de la tierra.

Así que este extenso lote de los muelles nacionales quedaba servido para la invasión al carecer de dolientes inmediatos locales y que además, seguían el ejemplo de la primera invasión urbana en Colombia en 1915 en la finca La Cueva de Montecristo, actual barrio Montecristo, colindante en uno de sus extremos con los muelles nacionales y el sistema de caños del Magdalena.

En suma, Barlovento, es un barrio incomodo ante nodos de desarrollo: el edificio de La Aduana con su biblioteca y sede de la Cámara de Comercio, el Parque Cultural del Caribe, el Museo de Arte Moderno y la Intendencia Fluvial. Pese a la nutrida propaganda que señala cambios fundamentales en Barlovento merced a las actividades culturales de sus cercanías, en la más escueta realidad urbana sigue siendo un sector escindido, discriminado y sin mayores expectativas de cambio.

(Ver: https://www.kienyke.com/historias/barlovento-el-barrio-que-la-cultura-transformo).

Sobre el tema del barrio Barlovento y la especulación inmobiliaria, hay una larga historia desde los años 90 del siglo XX. En el mandato en la Alcaldia del cura Bernardo Hoyos trataron de erradicarse las caletas de drogas con un mejoramiento parcial del hábitat. Después, en esos mismos tiempos, la Fundación Mario Santo Domingo que por cierto planeaba construir su nueva sede al lado de La Aduana y frente al parque del barrio, propuso una fórmula de gentrificación: construir un programa de vivienda en otra zona de la ciudad a cambio de la mudanza de sus habitantes.

Este proceso urbano ha sido objeto de estudios, tesis, ensayos y todo un vademécum académico. Según la docente investigadora de la Universidad Simón Bolívar, Laineth Romero de Gutiérrez, doctoranda en Historia y Arte de la Universidad de Granada, España, describe así los procesos sobre el barrio:

Los suelos considerados por muchos tiempos como inhóspitos y, por tanto, no aptos para la habitabilidad humana, por la tenacidad de un grupo de personas necesitadas de vivienda, han sido humanizados paulatinamente convirtiéndolos en terrenos habitables; y en los momentos actuales entidades de carácter mixto buscan recalificar el territorio, y el sector está contemplado en el Plan de Ordenamiento Territorial, para nuevos usos. La estratificación en el cobro de los servicios públicos domiciliarios viene cambiando silenciosamente, a varias residencias en los recibos de cobro les ha variado, de estrato uno a dos.

Anti técnico puente sobre el caño de Las Compañías con pilotes asentados en la mitad del cuerpo de agua, impidiendo su flujo.

A todas estas, al interior del barrio, se construye –en realidad debería ser en entregado en diciembre de 2018, un anti técnico puente sobre el caño de Las Compañías con pilotes asentados en la mitad del cuerpo de agua, impidiendo su flujo, cuyo objetivo primordial es la conectividad de la Vía 40 y la carrera 50 con la isla La Loma y, lo más importante, el malecón del río Magdalena. Un twitter del Alcalde Char muestra estos propósitos:

“¡Barranquilla sigue progresando de cara al Río! A buen ritmo avanzan las obras del puente sobre el caño Las Compañías en las inmediaciones de Barlovento, obra que permitirá que la carrera 50 llegue hasta La Loma y se conecte con el Gran Malecón y la Avenida del Río”.

Podemos observar, tras la exposición realizada toda la violación ambiental flagrante, sin estudios técnicos que sustenten la calidad ni características de la intervención de las obras, sobre aguas y sus terrenos aledaños, contrariando claramente las disposiciones del Decreto 2811 de 1974 y el Decreto 1541 de 1978 y demás siguientes posteriores. Pese a la aparente buena intención de estas obras de desarrollo urbano, en el fondo se acrecienta el problema ambiental del caño y de las riberas del río Magdalena pues se trata de una intervención, no de protección y preservación, sino de alteración total por obras de urbanismo: edificios, puentes, calles, avenidas, aguas servidas, basuras y contaminación.

La construcción del malecón sobre el río Magdalena se encuentra estructurado, no en función paisajística del eco hábitat en el formato de parques naturales o ronda sobre la ribera.

De hecho el plan integral de construcción del malecón sobre el río Magdalena se encuentra estructurado, no en función paisajística del eco hábitat en el formato de parques naturales o ronda sobre la ribera, sino en el intervenir con vías de penetración que valoricen extensos lotes, algunos de engorde o desocupados por los edificios de cadáveres industriales, valorizándolos con dinero de los barranquilleros, para ser vendidos al mejor postor a precios superiores a su valor actual y allí las empresas constructoras propongan desarrollos inmobiliarios habitacionales con vistas al río, centros comerciales y edificios de oficinas.

En el caso de Barlovento y la Isla La Loma, el plan se constituyó con el Decreto No. 0198 del 21 de febrero de 2014 de la alcaldesa Elsa Noguera delimitando la Unidad de Actuación Urbanística Complejo Habitacional “La Loma”, Sectores Normativos 11, Sector Turístico La Loma, SN-11, y, 12, Sector Residencial La Loma, SN-12, del Plan Parcial Barranquillita-La Loma-Barlovento.

Para el que crea las buenas intenciones de los involucrados en esta vasta operación de plusvalía urbana usando los recursos financieros de todos los barranquilleros en obras de esta envergadura, citamos lo que la Constructora Bolívar –del grupo Davivienda- coloca en su página web a propósito del proyecto malecón del río Magdalena en su proyecto Ribera Alta, en terrenos en donde antaño estuvo la fábrica Vanylon, colindantes con el batallón del barrio Paraíso en donde también se planea ceder parte del terreno a inversionistas privados para desarrollos habitacionales y comerciales, desdeñando la posibilidad de una gran parque público que enlace con el Magdalena en una ciudad de minúsculos parquecitos de barrio. Estas son las expectativas de la citada constructora sobre estas intervenciones:

La Barranquilla del futuro ha llegado

Precisamente esta es una zona de la ciudad muy industrializada y que desde la creación del Gran Malecón ha abierto una nueva puerta de modernización para los barranquilleros y todos aquellos que busquen una nueva vida con el río como paisaje de fondo de sus sueños.

Del fondo de SUS SUEÑOS, querrán decir. No el del extenso y paupérrimo grueso de la ciudadanía barranquillera.

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