No hay duda. De la argumentación y recopilación de pruebas de la Fiscalía General de la Nación en la audiencia de imputación de cargas contra Nicolás Petro y Dayssuris Vásquez Castro, de lo único que podemos estar seguros es de la actuación delincuencial de esta pareja de esposos.

En Colombia solo se descubren los ilícitos cuando sus protagonistas se revientan, por alguna circunstancia pelean y terminan acusándose unos a otros. Normalmente nada pasa: nadie protesta porque se roban el país, los corruptos se apoderan anualmente de más de 50 billones para engrosar sus fortunas, y cada dos años los políticos se eligen y reeligen con dineros ilícitos y la compra de votos.

Si Daysuris no se hubiera “enloquecido” por la traición de su esposo con su mejor amiga, nada hubiéramos sabido del sentimiento desquiciado que unía a esta pareja por el «todo vale» para enriquecerse, vivir con lujos y ostentar poder. Hasta la misma madre de Nicolás Petro se espantó cuando vio cómo vivía su hijo. “Esto parece de mafiosos”, dijo.

No sabemos hasta que punto el entonces candidato presidencial Gustavo Petro conocía o sabía de los alcances de su hijo, de todos modos nunca le colocó un filtro a la gestión que realizaba el imberbe para su campaña en la Costa Atlántica.

Es poco probable que un padre desconfíe de su hijo, sobre todo si ese hijo ha decidido seguir sus pasos. Todo indica que el hoy presidente Gustavo Petro no se interesó en profundidad por la carrera de su hijo Nicolás, no lo supervisó ni averiguó qué tanto había crecido como político de oposición a los partidos tradicionales.

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Nunca se ocupó por indagar si Nicolás había moldeado su carácter con principios y si esos principios regían su oficio y su hogar. Por eso Gustavo Petro no sabía que su hijo era un mediocre, que llegó a la Asamblea del Atlántico de carambola y que apenas se sentó en la duma se vendió a los intereses del poder departamental.

La lámpara de Aladino

Las pruebas que mostró la Fiscalía durante casi 9 horas desnudan a una pareja de jóvenes esposos enloquecidos porque se habían encontrado una lámpara que al frotarla les complacía su deseo de aumentar su fortuna.

Para ellos la campaña de Gustavo Petro Presidente como campaña política con sus normas y limitaciones dejó de existir y se convirtió en una lámpara mágica, de la cual salían “genios” de toda clase con tulas llenas de dinero.

A pesar de que el fiscal acusador cada media hora repetía y repetía que esos dineros ilícitos habían entrado a la campaña presidencial de Gustavo Petro, no presentó ninguna prueba de ello, pero sí del festín que hacían Nicolás Petro y su esposa Days cada vez que la lámpara mágica les presentaba un “genio” que les entregaba gruesos fajos de billetes.

En esas 9 horas que utilizó la Fiscalía para acusar al hijo del presidente Petro de enriquecimiento ilícito y lavado de activos, desfilaron muchos personajes del poder y la política del departamento del Atlántico en los chats de Day Vásquez, y sin quererlo, escenificaron el diario vivir de la corrupción en Barranquilla.

Por mucho que la Fiscalía lo proclame a los cuatro vientos, y los medios enemigos del actual gobierno lo repliquen, en esta telenovela de un par de esposos delincuentes no hay nada que afecte el resultado de unas elecciones que le cambiaron el rumbo a la historia de Colombia. Solo se ha mostrado hasta el momento a un matrimonio joven enloquecido, aprovechándose del poder que generaba el inminente triunfo del padre de Nicolás.

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