Mientras usted lee estas líneas, en algún lugar de Colombia un funcionario de alto rango está firmando un contrato que desviará miles de millones a bolsillos privados. No hace falta que lo imaginemos como un villano con maletín lleno de efectivo. Probablemente lleva corbata, sonríe amablemente y afirma estar «cumpliendo la ley«.

Y técnicamente, no miente.

El USPEC: un modelo perfecto de extracción de recursos

La Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (USPEC) maneja casi 2 billones de pesos anuales. Para dimensionar esta cifra: es aproximadamente el presupuesto anual de una ciudad como Bucaramanga. Pero hay una diferencia crucial: mientras que los recursos municipales están distribuidos en infinidad de pequeños rubros, el 49% del dinero del USPEC —unos $946 mil millones— se concentra en un solo contrato: el de alimentación para los reclusos.

¿Suena a una receta perfecta para la corrupción? Lo es. Pero no por accidente.

«Las entidades que manejan más dinero líquido son las más interesantes para la captura política«, explicó a este medio un exfuncionario que pidió reserva de su nombre. «El USPEC es especialmente vulnerable porque su presupuesto no puede congelarse —¿qué van a hacer? ¿Dejar de alimentar a los presos?—. Es dinero que siempre fluirá.«

La cronología de eventos recientes ilustra a la perfección el funcionamiento del Sistema Silencioso:

  1. El Director Ludwig Valero intenta cambiar el modelo de contratación alimentaria
  2. Sorpresivamente, le piden su renuncia
  3. Dos figuras clave —el director administrativo y el jefe jurídico— también salen
  4. Los reemplazos quedan «encargados» sin publicación de hojas de vida
  5. El contrato de alimentación se adjudica bajo la nueva administración

No hace falta ser un genio para conectar los puntos. Como reveló la exministra Ángela María Buitrago, el ministro del Interior Armando Benedetti habría presionado para cambiar las directivas. ¿La razón? Lo que todo Colombia ya sabe pero finge ignorar: quien controla el USPEC controla un flujo de recursos billonario.

La exministra Ángela María Buitrago, el ministro del Interior Armando Benedetti .

El patrón se repite: ICBF, ADRES y PAE

Este modelo de extracción no es exclusivo del USPEC. Observemos otras entidades donde se repiten patrones idénticos:

  • ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar): Con un presupuesto que supera los 8 billones de pesos, maneja contratos de alimentación para millones de niños. Los operadores cambian de nombre, pero suelen ser los mismos. El Bienestar Familiar es tan apetecido que hasta tiene un apodo en los pasillos del poder: «la joya de la corona«.
  • ADRES (Administradora de los Recursos del Sistema de Salud): Con más de 70 billones de pesos anuales para gestionar, ha sido epicentro de escándalos como el de las EPS que cobraban por tratamientos jamás realizados. Un exfuncionario del sector me confió una vez: «Lo asombroso no es que se roben la plata, es que hayan diseñado un sistema donde es casi imposible no robarla«. Paga conseguir el pago de una factura por parte de la ADRES hay que entregar una coima del 30% del valor de la factura
  • PAE (Programa de Alimentación Escolar): Los refrigerios que nunca llegan, las frutas podridas, la leche aguada. Un programa diseñado para beneficiar a políticos regionales mediante contratistas que, como en el USPEC, se mantienen año tras año.

La ingeniería del saqueo legal

Lo verdaderamente revelador no son los actos individuales de corrupción, sino el diseño mismo del sistema. Como explica el documento «Pensamiento Sistémico Aplicado a la Corrupción en Colombia», el 70% de la corrupción en el país se da por mala contratación.

¿Por qué sigue sucediendo? Porque la legalidad ha sido instrumentalizada para blindar esquemas criminales.

En el caso del USPEC, el contrato de alimentación proporciona apenas $16.626 pesos diarios para cubrir desayuno, almuerzo, cena y refrigerio de un recluso. La Defensoría del Pueblo lo ha calificado como «inhumano«. Pero la pregunta incómoda es: ¿a dónde va realmente el dinero si ni siquiera alcanza para alimentar dignamente a los presos?

Como en un acto de prestidigitación, las élites políticas han creado un sistema donde lo legal parece ético, pero no lo es. Y cuando una pieza del engranaje falla (como cuando un director honesto intenta cambiar las cosas), el sistema se autorregula removiéndola.

El control como fantasía

Cuando estallan escándalos de corrupción, la respuesta automática de los gobiernos es prometer «más controles». Pero esta es otra ilusión del sistema.

Como señala el análisis sistémico de la corrupción, «las redes de favores políticos bloquean investigaciones, trasladan jueces, silencian veedores«. Los entes de control regional frecuentemente forman parte del mismo entramado de poder que deberían vigilar.

Un ejemplo: mientras terminaba este reportaje, pregunté por los reemplazos definitivos para los cargos vacantes en el USPEC. La respuesta oficial fue que «el proceso está en marcha«. Traducción: están negociando quién pone a quién.

El dinero que nunca llega a su destino

Miremos los números fríos: con lo que cuesta el contrato de alimentación del USPEC se podrían construir 23 hospitales de nivel II completamente equipados. Con lo que se pierde en el PAE por sobrecostos, podríamos duplicar la cantidad de niños beneficiados.

La verdadera tragedia no es solo el robo del dinero, sino su consecuencia: hospitales sin medicamentos, escuelas sin techos, presos alimentados con comida podrida y niños que siguen con hambre.

Romper el ciclo: más allá de la indignación

¿Hay solución? Los expertos en pensamiento sistémico argumentan que no basta con cambiar individuos. Lo que se requiere es atacar los nodos del sistema:

  1. Transparencia radical en la contratación pública
  2. Control ciudadano digital y en tiempo real
  3. Protección efectiva a denunciantes
  4. Reforma al sistema electoral para cortar el clientelismo en su raíz

Mientras escribo estas líneas, en algún despacho ministerial alguien está diseñando el próximo gran contrato del USPEC. No importa quién sea ni qué partido represente. El Sistema Silencioso seguirá funcionando hasta que decidamos, como sociedad, desmantelarlo pieza por pieza.

Como ciudadanos, tenemos dos opciones: seguir alimentando nuestra indignación con cada escándalo que aparece en titulares, o comenzar a entender y atacar el sistema que los produce. La primera opción es cómoda pero inútil. La segunda requiere compromiso pero ofrece esperanza.

Y usted, ¿qué decide?


Publicidad ver mapa

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.