El concejal Daniel F. Briceño manipula cifras para ocultar el mayor escándalo de corrupción en salud que Colombia haya visto


Cuando los Números No Mienten

Hay mentiras piadosas, mentiras por omisión y luego está lo que hace el concejal Daniel F. Briceño: una operación de desinformación tan burda que insultaría la inteligencia de un niño de primaria. Pero claro, cuando se trata de defender lo indefendible, la desesperación lleva a cualquier extremo.

Daniel F. Briceño

La propuesta de valor es simple: más allá de los titulares que solo muestran números fríos, vamos a desnudar el sistema corrupto que durante años esquilmó la salud de 11 millones de colombianos mientras sus directivos se compraban casas de recreo y apartamentos de lujo.

El señor Briceño, en un video que circula como pólvora por redes sociales, tiene el descaro de culpar al gobierno de Petro por el desastre financiero de la Nueva EPS. Según su narrativa, la deuda pasó de $4.6 billones en 2022 a $13.8 billones en 2025, y el patrimonio se desplomó de $485 mil millones positivos a menos (-)$6.69 billones negativos. Todo culpa de la «intervención politiquera» de Petro.

La Verdad Oculta que Briceño no quiere que sepas

Aquí viene lo que el concejal convenientemente omite, porque la verdad destroza su relato como una motosierra destroza el papel: durante la intervención se revelaron pasivos ocultos por más de $5.5 billones de pesos. ¿Pasivos de cuándo? No de 2024, cuando llegó la intervención. No señor. Pasivos de 2019, 2020, 2021, 2022 y 2023.

¿Sabe lo que significa esto, señor Briceño? Que la Nueva EPS llevaba años siendo un cadáver financiero maquillado para parecer viva. Como esos zombis de las películas que caminan pero ya están muertos.

La maniobra era diabólicamente simple: ocultar las deudas reales para que los indicadores de habilitación no saltaran, evitar la intervención y seguir recibiendo esos billones mensuales que no se usaban para la salud de la gente, sino para alimentar el bolsillo de una camarilla de delincuentes de cuello blanco.

El Modus Operandi de una banda criminal legalizada

Porque hablemos claro: José Fernando Cardona Uribe, Juan Carlos Isaza Correa, Édgar Pedraza Castellanos y Fabián Antonio Peralta Núñez no eran ejecutivos de salud. Eran los capos de una organización criminal que operaba desde las oficinas de la Nueva EPS.

Esta es la imputación contra directivos de la Nueva EPS

¿Las pruebas? Ahí las tiene, cortesía de la investigación de El Tiempo: casas de recreo en condominios exclusivos, apartamentos en El Chicó (porque claro, con sueldo de funcionario público todos podemos vivir en el barrio más caro de Bogotá), lotes en Girardot, y la joya de la corona: Cardona montó su propia consultora tres meses después de salir de la EPS. Cedrat Consultores SAS, constituida en abril de 2024 con su esposa como representante legal. Porque después de quebrar una EPS de 11 millones de afiliados, lo lógico es montar una consultora, ¿no?

La carta Del Juzgado 14 Penal sobre los bienes de los exdirectivos de la Nueva EPS.

La manipulación financiera más grotesca de la historia sanitaria

Ocultar $5.5 billones de pesos en pasivos no es un «error contable«. Es una manipulación financiera sistemática que hace que los escándalos de Enron parezcan travesuras de colegial. Y lo más perverso: se hacía con dinero destinado a salvar vidas.

Mientras los exdirectivos se compraban propiedades de lujo, millones de colombianos esperaban meses por una cita médica, se les negaban medicamentos y morían en las puertas de hospitales. Cada peso robado era una operación cancelada, una quimioterapia negada, una vida perdida.

El Sistema que permitía el saqueo

Pero aquí viene la parte más escalofriante: ¿cómo es posible que auditoras Big Four, supuestamente las más prestigiosas del mundo, no detectaran $5.5 billones de pesos en pasivos ocultos? ¿Incompetencia cósmica o complicidad criminal?

La Nueva EPS no era solo una empresa mal administrada. Era una máquina perfecta de saqueo sistemático que operaba bajo el manto de la legalidad, con el beneplácito de auditores que deberían estar tras las rejas junto con los directivos.

La defensa desesperada de Briceño

Y ahí es donde entra nuestro concejal con su teatro de la indignación. Porque cuando los números cantan la verdad, solo queda el espectáculo. Briceño monta toda una producción con gráficos y estadísticas, pero convenientemente olvida mencionar que esas cifras «terribles» de la intervención son el resultado de sincerar una contabilidad que llevaba años siendo una mentira colosal.

Es como si alguien descubriera que su casa está infestada de termitas que llevan cinco años comiéndose las vigas, y el vendedor que le mintió sobre el estado de la propiedad saliera a culpar al exterminador por «haber empeorado la situación al encontrar las termitas«.

El Costo Real de la Corrupción Sanitaria

Más allá de los billones robados, está el daño irreparable: la desconfianza absoluta en el sistema de salud. Cada colombiano que hoy duda si su EPS le va a cumplir, cada familia que se endeuda para pagar medicina particular porque no confía en el sistema público, cada muerte evitable que ocurre por negligencia sistemática.

Ése es el verdadero legado de Cardona y su banda. No solo robaron dinero: robaron la esperanza de que el sistema de salud en Colombia pueda funcionar algún día para los colombianos y no para los corruptos.

Las propiedades multimillonarias de los implicados en el gran robo a la Nueva EPS.

La Justicia que llega, aunque tarde

Hoy la Fiscalía los tiene en su poder por falsedad en documento privado, fraude procesal, peculado por apropiación y omisión en el sector salud. Sus bienes están congelados, sus propiedades de lujo identificadas, sus cuentas monitoreadas.

Pero la pregunta que nos debe quemar como ácido es: ¿cuántos más hay como ellos en otras EPS, en otros hospitales, en otras instituciones de salud? Porque lo que pasó en la Nueva EPS no es un caso aislado. Es el síntoma de una enfermedad sistémica que carcome las instituciones sanitarias como el cáncer carcome el cuerpo.

El mensaje a los defensores de ladrones

Para el concejal Briceño y todos los que salen a defender lo indefendible con mentiras maquilladas de indignación patriótica: los números no mienten, pero ustedes sí. Y cada vez que abren la boca para justificar el saqueo sistemático de recursos de salud, se convierten en cómplices morales de cada muerte evitable que causó esa corrupción.

La Nueva EPS no se «quebró» por la intervención. Estaba quebrada desde 2019 y sus directivos lo sabían. Lo que hizo la intervención fue quitar el maquillaje de cadáver y mostrar la realidad: una EPS en estado de descomposición avanzada, mantenida artificialmente viva para seguir siendo ordeñada por una casta de parásitos.


Llamada a la Reflexión: El Sistema que todos permitimos

La tragedia de la Nueva EPS no es solo la historia de unos directivos corruptos. Es el espejo donde toda la sociedad colombiana debe mirarse. Porque mientras los Cardona del mundo se enriquecían, millones de ciudadanos permanecían en silencio, resignados a que «así son las cosas en Colombia«.

La pregunta no es si habrá más casos como éste. La pregunta es si vamos a seguir permitiéndolos. Porque cada vez que votamos por políticos que sabemos que son corruptos, cada vez que aceptamos que «roban pero hacen obra«, cada vez que normalizamos la mediocridad y la corrupción como «males menores», estamos financiando con nuestros impuestos y nuestra indiferencia el próximo escándalo.

La Nueva EPS nos enseña que la corrupción no es solo robar dinero: es robar esperanza, dignidad y, literalmente, vidas humanas. ¿Hasta cuándo vamos a seguir pagando ese precio?

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