Más de 471 mil difuntos «recibieron» atención médica en Colombia entre 2018 y 2023. La Adres reveló el entramado, pero las excusas de EPS e IPS muestran que el fraude es apenas la punta del iceberg de un sistema diseñado para el saqueo.


Cuando robar a los muertos es apenas «un error administrativo»

Imagina que tu madre murió hace tres años. Ahora descubres que durante esos tres años, «ella» siguió recibiendo consultas médicas, medicamentos y hospitalizaciones. Alguien cobró por esos servicios fantasma. Alguien autorizó esos pagos. Alguien se embolsilló ese dinero. Y cuando los descubren, te dicen con toda tranquilidad: «Es que los procesos de facturación toman tiempo«.

Esto no es una distopía kafkiana. Es el sistema de salud colombiano funcionando exactamente como fue diseñado: para que unos pocos se enriquezcan mientras la mayoría sobrevive con las migajas. La Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres) acaba de revelar que entre 2018 y 2023, más de 471 mil personas fallecidas «recibieron» servicios médicos después de su muerte. El costo: 2.3 billones de pesos. Pero lo verdaderamente escandaloso no son las cifras. Es que todo el sistema —EPS, IPS, auditores, reguladores— conocían estas prácticas y las perpetuaron con complicidad sistémica.

El Mecanismo Invisible – Cómo facturar fantasmas sin levantar sospechas

La Red Subterránea que sostiene este esquema no es obra de unos cuantos funcionarios deshonestos. Es la arquitectura misma del sistema de salud colombiano, diseñado con suficientes grietas, opacidades y «zonas grises» para que el fraude sea prácticamente indetectable hasta que alguien —en este caso la Corte Constitucional— obliga a cruzar bases de datos.

El mecanismo es elegantemente perverso:

  1. Las EPS afilian a los usuarios y autorizan servicios
  2. Las IPS (clínicas y hospitales) prestan los servicios y facturan
  3. Las EPS auditan esas facturas (sí, se auditan a sí mismas)
  4. La Adres administra los recursos y paga

¿Ves el problema? Es como poner al zorro a cuidar el gallinero y luego sorprenderse de que las gallinas desaparezcan.

El informe de la Adres es cristalino en su metodología: cruzaron dos bases de datos simples. Por un lado, la Base de Datos Única de Afiliados (BDUA), que registra cuándo muere alguien. Por el otro, la base de Suficiencia, donde las EPS reportan los servicios prestados. Si una persona aparecía muerta pero con servicios médicos posteriores, saltaba la alerta. Simple, ¿no?

Pues resulta que durante cinco años, nadie hizo ese cruce «simple«. O más exactamente: nadie quiso hacerlo. Porque cuando tienes un negocio de $2.3 billones de pesos funcionando a la perfección, ¿para qué arreglarlo?

Casos escandalosos que revelan intencionalidad:

  • Personas con servicios médicos 20 años después de reportadas como fallecidas
  • Un difunto con atenciones en un solo año que costaron $500 millones de pesos
  • Servicios «prestados» que incluyen hospitalizaciones, cirugías y tratamientos complejos

¿Realmente vamos a creer que esto es «demora administrativa»? ¿Que durante 20 años nadie notó que le estaban facturando servicios a un esqueleto?

Los Actores y Sus Roles – El quién es quién del saqueo institucionalizado

Aquí no hay inocentes. Hay cómplices con diferentes niveles de responsabilidad:

EPS Sura: La líder indiscutible del fraude
Con 50.404 casos de facturación a personas fallecidas y $684.969 millones cobrados por servicios fantasma, Sura se lleva el oro olímpico de la impunidad. Una entidad que presume de ser «líder en el sector» y que factura servicios a muertos durante años sin que ninguna de sus «robustas auditorías internas» detectara nada. Qué conveniente.

EPS Compensar: $418.970 millones en servicios a difuntos
Una cooperativa que se vende como «solidaria» y «diferente» pero que opera con los mismos esquemas de las demás. Porque al final, cuando hay billones en juego, la «economía solidaria» se vuelve sorprendentemente parecida al capitalismo salvaje.

Savia Salud: $261.580 millones facturados a fantasmas
La tercera en el podio de la deshonestidad institucional. Tres nombres, un solo patrón: facturar servicios inexistentes y cobrarlos con la bendición del sistema.

Las IPS: Los prestadores «inocentes»
Clínicas y hospitales que «sólo facturan lo que prestan» pero que curiosamente nunca reportan que están atendiendo cadáveres. Su argumento es de antología: «Los procesos de facturación toman tiempo». Claro, porque facturar cirugías, hospitalizaciones y tratamientos durante meses —o años— después de que alguien murió es perfectamente normal en su lógica empresarial.

Los auditores financieros: Los justificadores profesionales
Estos personajes del sector salud, con toda su experiencia en «procesos complejos», nos quieren hacer creer que es «normal» que se facturen servicios posteriores al fallecimiento porque «la actualización del estado del paciente es rápida pero la facturación es lenta«. Es decir, sabían que el paciente estaba muerto pero igual facturaron. ¿Y eso no es fraude? Ah, no. Es «complejidad administrativa«.

El Impacto Oculto – Lo que no se hizo con esos 2.3 billones

Mientras las EPS y las IPS facturaban servicios a muertos, ¿qué pasaba con los vivos?

Con $2.3 billones de pesos se podría haber:

  • Construido 46 hospitales de alta complejidad (a $50.000 millones cada uno)
  • Contratado 76.666 médicos durante un año (a $30 millones de salario anual)
  • Financiado $2.3 millones de cirugías de alta complejidad (a un millón cada una)
  • Garantizado tratamientos de cáncer para 230.000 pacientes (a $10 millones por tratamiento)

Pero no. Ese dinero se fue en servicios fantasma. Se lo embolsillaron quienes tienen el descaro de decirnos que «el sistema necesita más recursos» mientras se roban los que ya existen.

El costo de oportunidad es devastador:
Cada peso facturado a un muerto es un peso que no llegó a un niño con cáncer, a un adulto mayor que necesita medicamentos, a una madre que requiere atención prenatal. La corrupción en salud no es un delito económico abstracto. Es homicidio por omisión institucionalizado.

Y mientras tanto, los ciudadanos vivos —esos que realmente necesitan el sistema— siguen esperando meses por citas especializadas, recibiendo negaciones de tratamientos, muriendo en listas de espera. Pero claro, el sistema «no tiene recursos».

El Sistema Silencioso – Por qué esto no es un bug, es el feature

Treinta años. Tres décadas lleva funcionando este sistema con las EPS y las IPS como actores dominantes. Y en treinta años, cada reforma, cada ajuste, cada «mejora» ha profundizado el saqueo.

La arquitectura de la impunidad:

  1. Sistemas de información no unificados: Cada entidad maneja sus propios sistemas. No hay un registro único en tiempo real. Esto no es incapacidad técnica —Colombia tiene la infraestructura tecnológica—. Es diseño deliberado. La opacidad es rentable.
  2. Auditorías endogámicas: Las EPS auditan a las IPS que les facturan, pero ambas ganan con el mismo fraude. Es como pedirle a dos ladrones que se vigilen mutuamente mientras roban el banco.
  3. Incentivos perversos: Las EPS ganan por administración. Mientras más facturación, más «gastos administrativos» justificables. No les conviene detectar fraudes porque ellas son parte del fraude.
  4. Impunidad sistémica: La Adres admite que esto es «irregularidad evidente» pero se lava las manos enviando el caso a la Contraloría y la Supersalud. Esas entidades, ahogadas en procesos, tardarán años en investigar. Y mientras tanto, las EPS y las IPS seguirán facturando fantasmas.
  5. La gran mentira de «no sabemos cuánto se debe»: El sistema es tan caótico que ni siquiera hay claridad sobre la deuda entre EPS e IPS. Pero este «caos» es funcional. Beneficia a quien administra los recursos, no a quien los necesita.

La respuesta de la Adres destruye la excusa oficial:

La Adres fue contundente: los reportes incluyen fecha de hospitalización, fecha de egreso y fecha de prestación del servicio, NO fecha de facturación. Es decir, las EPS e IPS alteraron las fechas reales de los servicios para hacerlos coincidir con periodos en que el paciente ya estaba muerto.

Eso no es «demora administrativa». Eso es falsificación de documentos y fraude agravado.

Y la Adres añade algo demoledor: tanto EPS como IPS reciben billones de pesos por concepto de administración precisamente para garantizar sistemas de información eficientes. Se les paga para que esto NO pase. Y cuando pasa, nos dicen que es porque «los procesos son complejos».

La pregunta que nadie quiere responder

Este escándalo de los 471 mil muertos facturados no es una anomalía. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado: para enriquecer a unos pocos a costa del erario público, mientras los ciudadanos —vivos y muertos— son apenas cifras en una hoja de cálculo donde lo único que importa es la rentabilidad.

La verdadera pregunta no es si hubo corrupción. La corrupción está demostrada, documentada, cuantificada. La pregunta es: ¿vamos a seguir permitiendo que esto sea «normal»?

Porque mientras justifiquemos el saqueo como «complejidad administrativa», mientras aceptemos que las investigaciones tarden años en llegar a nada, mientras sigamos eligiendo a los mismos políticos que protegen este sistema, cada peso robado es nuestra responsabilidad colectiva.

La Adres trasladó el caso a la Contraloría y la Supersalud. ¿Alguien realmente cree que algo va a pasar? ¿Cuántos funcionarios de EPS e IPS irán a la cárcel? ¿Cuántos devolverán lo robado? La experiencia nos dice que la respuesta es cero.

Pero existe otra opción: la indignación sostenida, la exigencia permanente, la vigilancia ciudadana. Porque la corrupción se alimenta de nuestro cansancio, de nuestra resignación, de nuestra complicidad silenciosa.

Mientras los muertos sigan generando ganancias, los vivos seguiremos pagando el precio.

¿Hasta cuándo?


Este artículo va más allá de los titulares para revelar no solo los hechos, sino los sistemas que los permiten. Porque la verdad no solo se lee, se siente. Y debe transformarse en acción.

Comparte esta investigación. La indiferencia es el mejor aliado de los corruptos.

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