La conspiración de Álvaro Leyva revela el manual golpista que la oligarquía colombiana ha perfeccionado durante décadas, ahora con apoyo extranjero

Por: Redacción Investigativa


Mientras Colombia se desangraba en violencia y pobreza, un anciano de 82 años planeaba desde Madrid y Washington el derrocamiento del presidente democráticamente elegido. No es una novela de espías: es la realidad de un país donde las élites prefieren los golpes de Estado antes que perder sus privilegios centenarios.

Álvaro Leyva Durán, excanciller y heredero de una estirpe golpista, no solo intentó tumbar a Gustavo Petro con la complicidad de congresistas republicanos cercanos a Donald Trump, sino que orquestó un plan que incluía atentados, desestabilización nacional y el apoyo de grupos criminales. Los audios y testimonios a los que accedió EL PAÍS revelan una conspiración que hace palidecer cualquier thriller político.

La Herencia Golpista: De Padre a Hijo, mismo Manual

La historia se repite con precisión quirúrgica. En 1947, Jorge Leyva Urdaneta, padre del actual conspirador y ministro de Laureano Gómez, pidió públicamente «desvivir» a Jorge Eliécer Gaitán en Chocontá, Cundinamarca. Un año después, el 9 de abril de 1948, Gaitán era asesinado y Colombia se sumía en La Violencia.

Cincuenta años más tarde, el hijo repetiría la fórmula. En 1997, Álvaro Leyva Durán, como consejero de paz del gobierno Samper, se reunía secretamente con Carlos Castaño, jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), para proponer un golpe de Estado constituyente contra Ernesto Samper. El propio Castaño lo confesó en su biografía «Mi Confesión» en 2001.

¿Casualidad que Álvaro Gómez Hurtado fuera asesinado en 1995, supuestamente por negarse a participar en esa conspiración? Los Leyva conocen bien el costo de oponerse a sus planes.

Ahora, en 2024, el mismo personaje activaba la misma receta: desestabilización, conspiración internacional y la amenaza implícita de que quienes no se suman, pueden «desaparecer«. Porque en esta familia, como dice el análisis, «desvivir» al opositor está «en su sangre como herencia de clase«.

Washington: La Nueva Sede de la Conspiración Colombiana

Los audios revelan que Leyva no actuaba solo. Entre abril y mayo de 2024, el excanciller recorrió Washington DC reuniéndose con figuras clave del trumpismo: los congresistas Marco Rubio (futuro secretario de Estado) y Mario Díaz-Balart. No iba como turista.

«Estuve en Estados Unidos y con un tipo de primera fila: Mario Díaz-Balart. Los Díaz-Balart son los que están detrás del secretario de Estado«, se le escucha decir en las grabaciones que maneja el servicio secreto colombiano.

Pero Leyva no era el único conspirador en territorio estadounidense. Una caravana de políticos colombianos de extrema derecha había hecho la misma peregrinación: Vicky Dávila, María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Álvaro Uribe, Efraín Cepeda y Miguel Uribe Turbay. ¿Coincidencia que todos visitaran a los mismos senadores en el mismo período?

La propuesta era simple y criminal: presión internacional para forzar la salida de Petro del poder, colocando a Francia Márquez como presidenta títere. Leyva aseguraba tener «todas las herramientas para ejecutar el plan» y «evidencias» que inhabilitarían a Petro para ejercer el cargo.

El Plan: Narcotráfico, Paramilitares y «Gente de Bien»

Los audios desentrañan la perversa lógica del «gran acuerdo nacional» de Leyva. En su cabeza enferma, tumbar un gobierno democrático requería un consenso que incluyera tanto a «gente de bien» como criminales:

«Hay que sacar ese tipo [Petro]. El orden público se desbordó. Eso no puede suceder, sino con un gran acuerdo nacional, en donde tiene que estar ELN, los del Clan del Golfo (...) aquí han venido los del Clan del Golfo, una vaina muy jodida

¿Leyeron bien? Un excanciller de la República negociando con narcoparamilitares para derrocar al presidente constitucional.

En su macabra lista de aliados, Leyva incluyó a Vicky Dávila como «interlocutora» válida por su «músculo politiquero» y conexiones con «Génecos del departamento del César, el ejército liberal, el ejército de liberación nacional y el clan del golfo". Miguel Uribe Turbay aparecía como el rostro "decente" del plan: "Hay que meter malos y buenos, pero con representación«.

El Atentado que Salió Mal

El 4 de junio de 2024, seis días después de que Leyva escribiera proféticamente «¿Y si matan a cualquiera de ellos, entonces qué?«, Miguel Uribe Turbay recibía dos disparos en la cabeza en Fontibón.

¿Coincidencia o plan ejecutado?

La secuencia de eventos posterior revela la orquestación: Vicky Dávila llegó inmediatamente a la clínica «como si hubiera estado avisada«. Dos días después estallaron bombas en Cali, el Clan del Golfo incrementó operaciones en el Cauca, y Efraín Cepeda cerró el Congreso pidiendo reuniones privadas con las fuerzas militares.

Desde Washington, Rubio y Díaz-Balart alzaron la voz culpando el «discurso de odio» de Petro. Desde Madrid, Leyva se pronunció: «Te lo dije, dije que algo sucedería«.

Pero el plan falló estrepitosamente. El sicario fue capturado vivo, bajo protección de testigos. Las bombas fueron desactivadas. La gente salió a defender al gobierno en lugar de derrocarlo. Y las grabaciones de Leyva quedaron en manos de la inteligencia estatal.

Francia Márquez: ¿Víctima o Cómplice?

Los audios revelan que Leyva manipuló a la vicepresidenta Francia Márquez para crear tensiones con Petro. «Está jugada«, dice refiriéndose a ella en las grabaciones, sugiriendo que formaba parte de la estrategia desestabilizadora.

Leyva se adjudica haber orquestado el famoso enfrentamiento público entre Petro y Márquez durante un Consejo de Ministros: «Fui yo el que la puso a que diera esa vaina esa noche«. Las imágenes de esa discusión dieron la vuelta al mundo, debilitando la imagen del gobierno.

¿Era Francia Márquez una conspiradora activa o una pieza manipulada en el tablero de Leyva? Cuando Petro le exigió desmentir públicamente su participación en el complot, ella se negó, rompiendo definitivamente su relación.

El Sistema que Nunca Cambia

Esta conspiración no es un caso aislado. Es la manifestación contemporánea de un sistema oligárquico que desde la independencia se considera dueño de Colombia. Como analiza Fernando Perro Rojas en un texto reciente: «Nos independizamos de los españoles para ser esclavizados por familias de bien y cacicazgos políticos.«

Los Leyva representan esa continuidad golpista perfecta: del asesinato de Gaitán en 1948, pasando por la conspiración con paramilitares en los 90, hasta la búsqueda de apoyo extranjero en 2024. El método cambia, la esencia permanece: cuando pierden democráticamente, conspiran criminalmente.

La diferencia es que ahora lo hacen con apoyo internacional. Trump y sus aliados como Rubio ven en Colombia un laboratorio para exportar su modelo autoritario. Leyva les ofrecía ser el gatillo local de esa estrategia continental.

El Despertar que los aterra

«Este despertar de la gente es el que la oligarquía no entiende, no soporta«, advierte el análisis. Y tienen razón para estar aterrados. Por primera vez en décadas, un gobierno progresista llegó al poder y sobrevivió a un intento de golpe.

La reacción ciudadana defendiendo las instituciones democráticas demostró que algo ha cambiado en Colombia. La «gente de bien» de Leyva ya no puede conspirar impunemente mientras el pueblo los aplaude.

Leyva huyó a España, cesó sus cartas golpistas y guardó silencio en redes sociales. Su silencio es la confesión más elocuente de que su plan criminal fracasó.

La pregunta que nadie quiere responder

Mientras escribimos estas líneas, los protagonistas de esta conspiración siguen libres. Rubio prepara su posesión como secretario de Estado. Vicky Dávila aspira a la presidencia en 2026. Los congresistas siguen legislando como si nada.

¿Qué mensaje envía esto a futuras conspiraciones?

La democracia colombiana resistió este embate, pero ¿resistirá el próximo? Porque habrá próximo. Los Leyva de este país no descansan, no olvidan y, sobre todo, no aprenden. Solo perfeccionan sus métodos.

La próxima vez que escuchen hablar de «gran acuerdo nacional» o «crisis de gobernabilidad«, recuerden estos audios. Recuerden que detrás de los eufemismos democráticos se esconden los mismos golpistas de siempre, ahora con apoyo internacional.

El golpe de Estado que no fue, nos enseñó algo fundamental: la democracia no se defiende sola. Se defiende con ciudadanos informados, vigilantes e indignados ante la impunidad.

Los conspiradores fracasaron esta vez. Pero volverán. La pregunta es si estaremos preparados.

Civismo o barbarie: la revolución que sí necesitamos

Este escándalo no solo desnuda una trama de traición, sino que evidencia la fragilidad de nuestra democracia y la necesidad de reconstruir la confianza social desde abajo. No se trata de esperar que los poderosos actúen con decencia. Se trata de generar una cultura ciudadana donde cada gesto —desde ceder el paso hasta rechazar la corrupción— sea un acto de resistencia.

Porque, al final, lo que sostiene a una democracia no son los discursos en la ONU ni las poses en el Congreso, sino las pequeñas acciones cívicas que impiden que los Álvaro Leyva de turno crean que el poder se puede tomar con cartas, audios y conspiraciones.


NOTA DE LA REDACCIÓN: Este artículo se basa en audios y testimonios verificados por EL PAÍS y fuentes de inteligencia colombiana. Los protagonistas fueron contactados para ofrecer su versión, pero Álvaro Leyva no respondió a las solicitudes de comentarios.

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