Desde todos los frentes de opinión ciudadana y política arrecian las críticas, todas fundamentadas, sobre la mala calidad constructiva del aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla, su ridícula concepción de diseño y su evidente retraso en la entrega de la obra pese a las reiteradas promesas, actuaciones in situ con el correspondiente atavió de protección de la ministra de Transporte –también es Barranquillera, ¡por favor!- Ángela María Orozco Gómez.

La ministra es titulada en Derecho y Ciencias Socioeconómicas en la Universidad Javeriana de Bogotá (1989) –¡hágame, pero ya, otra vez el favor!-, con maestría en Jurisprudencia Comparada de la Universidad de Texas, Estados Unidos (1992) –otro favorcito, please!- y con especialización en Derecho Económico de la Universidad Externado de Colombia. 

Como quien dice, las universidades de élite no garantizan eficiencia ni idoneidad en los perfiles de los funcionarios públicos como es el caso de la ministra Orozco que lleva todo su mandato amenazando con acciones legales contra la empresa concesionaria Grupo Aeroportuario del Caribe S.A.S. Pero nada. Puras amenazas enmarcadas con la cara de seriedad de la funcionaria y sus oropeles de recorrido para que crean que le tiene el ojo supervisor colocado a esta obrita.

Otro que se ha paseado orondo, con casco y empanada en la mano, para estar a tono con las concepciones generales de la obra, es el sonriente presidente Duque escuchando la beatifica carreta que le sueltan los portavoces de los concesionarios con todo el debido cinismo entusiasta del caso.

La ministra Orozco es negligente, ciega, sorda y muda y no ve más allá de las narices del contrato de $610.000 millones de pesos de concesión del aeropuerto –muchos más de los $70.000 que se esfumaron de forma misteriosa de las manos y control de la Ministra Abudinem, -también barranquillera, ¡hágame otro favor!-  en favor, hágame otro, no se escatime en estas gracias retrecheras- de contratistas barranquilleros. 

Publicidad
La ministra Angela María Orozco visitando el aeropuerto de Barranquilla.

El 21 de marzo de 2021 cuando ya era evidente que la obra estaba pesimamente diseñada, que carecía de calidad constructiva, que los interventores fueron convidados de piedra al ágape arreciando las críticas sobre sus condiciones, otra vez la no tan sonriente ministra de Transporte Orozco –no se le ve la cara por el nasobuco; no por el covid, sino seguramente para no soportar los hedores que emanan de esa construcción- recorrió las instalaciones en tono serio, lo es y circunstancial con las consabidas fotos para los medios de comunicación. 

Dijo muy oronda y en tono de absoluta seriedad, es seriecísima (El Heraldo, 21, marzo 2021)  https://www.elheraldo.co/barranquilla/obras-en-el-ernesto-cortissoz-estan-casi-listas-mintransporte-801688 , que el compromiso en materia de obras pactadas con el Grupo Aeroportuario del Caribe se “estaban cumpliendo” para estar a tono, o más bien sin tono y desafinadas, para el embeleco, el fiasco que fue la publicitada y famosa Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se realizó en Barranquilla, no con los gobernadores del banco sino una serie de invitados “hechizos” a nivel nacional para dar la impresión que todo trascurría “normalmente”.

El presidente Duque en compañía de la ministra Orozco.

La ministra Orozco, circunspecta, tal como se estila cuando uno revisa un contrato de estas características, recorrió en compañía del vicepresidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Luis Eduardo Gutiérrez, las instalaciones del aeropuerto –o lo que quiera que sea esta singular y horripilante anti-creación arquitectónica–  confirmando que los detalles pendientes están terminados «lo que permitirá una mejor experiencia a los viajeros».

Cuando hablaba de mejores “experiencias” se refería a que las rampas de abordaje no funcionan, que si llueve los pasajeros deben bajarse en plena pista afrontando la respectiva mojada, que los discapacitados de movilidad son torturados al abordaje y descenso de las naves y que adentro es un inmenso colador de aguas: los funcionarios y pasajeros deben estar provistos de paraguas para evitar mojarse, con el  cableado a la vista, que algunos elementos constructivos adosados a la fachada son mecidos por el viento, que las escaleras y rampas eléctricas no funcionan, que el salón de entrega de equipajes es de una tamaño ridículo y que sigue una prolija lista con un vasto y enciclopédico etcétera de maldades técnicas constructivas.

Detalles todos que conforman los que la ministra señala sin sonrojarse que constituyen una «inmejorable experiencia».

Siguen las carretas justificatorias de la ministra barranquillera (¿será nativa de verdad?) cuando indica que «Se cumplieron cada uno de los compromisos del otrosí que firmó la ANI con el concesionario en el 2020 precisamente para la Asamblea; es decir, que tuviéramos un aeropuerto funcional donde se culminó no solo el reforzamiento estructural, sino todo lo que un usuario ve al llegar al aeropuerto».

Mentirosa Ministra. Agregando además que dentro de los «compromisos cumplidos está la iluminación y adecuación del parqueadero, la habilitación de las salas de espera nacional e internacional, el corredor de maletas, el reforzamiento del sistema eléctrico y el sistema de aire acondicionado».

Bochornoso lo que se ve y se palpa a lo largo del aeropuerto y más con las declaraciones falaces de la ministra barranquillera (¿reiteramos si habrá nacido aquí o fue producto de terrible azar del destino?) afirmando que «las obras del aeropuerto tienen un 98% de avance. El restante tiene como fecha límite el próximo mes de septiembre». Esta fecha fue colocada por la doctora Orozco, de Barranquilla y fueron reproducidas profusamente en la prensa local.

Sigue la falaz ministra Orozco, seria y circunspecta, barranquillera aunque este hecho no se encuentre comprobado ni acreditado en defensa de los intereses de su ciudad natal, cuando remata, en acto de fantasía que «Efectivamente revisamos y evaluamos que lo pactado se ha ido cumpliendo a cabalidad. Los usuarios pueden disfrutar desde su llegada desde el parqueadero hasta las zonas de abordaje».

Ministra mentirosa que además, en marzo de 2021, decía que seguía con suma escrupulosidad, «el cronograma diario de actividades de la obra». Sigue la carretilluda ministra barranquillera: «Estaremos atentos para que se cumpla con lo establecido en el otrosí y que la modernización del aeropuerto permita que los usuarios regulares que acceden a él lo puedan hacer en condiciones óptimas de servicio en medio de las medidas de bioseguridad que exige la emergencia sanitaria».

Dejemos a la soñara ministra Orozco en sus elucubraciones de fantasía con el remate de su novela: «En aras de garantizar que los proyectos de infraestructura que se ejecutan en todas las regiones del país se construyan con criterios de calidad, el Ministerio y sus entidades adscritas estarán vigilantes».

Agregando además que soltaron informaciones a la prensa –ministra, interventores y concesionarios en consuno de intereses- que en «En septiembre (2021) deberán entregarse al servicio las zonas de emigración e inmigración, el edificio de Servicio de Salvamento y Extinción de Incendios (SEI), cerramiento perimetral y el edificio de maletas nacional fase II, mientras que en febrero del próximo año se hará el acta de verificación de la puesta a punto de las redes y los sistemas tecnológicos».

Los dueños del balón, interventores y la ministra promesera

El contrato del aeropuerto Ernesto Cortissoz tiene como objeto «la entrega en Concesión por parte de la ANI (Agencia Nacional de Infraestructura) en calidad de Concedente y a favor del Concesionario para que de conformidad con lo previsto en este Contrato el Concesionario realice la administración, operación, mantenimiento, explotación comercial, adecuación, modernización y reversión tanto del Lado Aire como del Lado Tierra del Aeropuerto». 

El número es el 003-2015, su acta de inicio es el viernes 15 de mayo de 2015 lo cual supone que la obra lleva 6 años en ejecución y sin fecha definida de terminación de las obras pactadas en la concesión. A manera de referencia el nuevo aeropuerto de Biejing-Daxing, el más grande del mundo y diseñado por la arquitecta iraní Zaha Hadid inició su construcción en el 2015 –coincidencialmente el mismo año en que se inicia la concesión del aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla- y fue inaugurado solemnemente el 29 de septiembre de 2019. El contrato de concesión y explotación finaliza –si es que no lo prolongan ad infinitum– en el 2035.

Si ustedes se asombran de los $70.000 millones “esfumados” del Mintic en el cuestionado contrato con la Unión de Centros Poblados, les puede dar un infarto sobre la cantidad de dinero que dio el gobierno nacional para este aeropuertico de Barranquilla: la módica y nada despreciable suma de COP$610.153 MM Pesos del 31 de diciembre de 2013, o sea que según la tasa de devaluación es mucho, pero mucho más a precios del 2021.

El Concesionario contratado se llama Grupo Aeroportuario del Caribe SAS, empresa sin experiencia en construcción y administración de aeropuertos –algo que por demás se volvió típico en la contratación en donde hay funcionarios y contratistas barranquilleros- cuyos accionistas, todos de esa ciudad, son la empresa Valorcon SA, de Julio Gerlein con un 41.50%; Equipos Universal SA, de Edgardo Navarro Vives con un 41.50% e Inversiones Milenium Azcipo SAS, ubicada en la carrera 51 B #76-71 con el 17% restante propiedad de Samuel Azout que continuamente se lava las manos en redes sociales con el engendro aduciendo que por su posición de desventaja accionaria no tiene mayor capacidad de decisión pero donde vislumbró, ni tonto de capirote que fuera, la posibilidad de un enorme negocio invirtiendo lo mínimo para ganar lo máximo. 

Los interventores –o cualquiera cosa que tenga designado ese “maravilloso” nombre- y donde han brillado por su ausencia notoria en todas las etapas del proceso es el Consorcio Interaeropuertos S.A.S conformado por tres “empresas” colombianas: Inzett S.A.S con el 51% de participación accionaria; GNC Ingeniería S.A.S con el 25% y J. Felipe Ardila V. & Cía. S.A.S. con el 24%.

Un video interesante sobre las condiciones externas del aeropuerto de Barranquilla.

Tres interventores de pacotilla, a los cuales se les “olvidó” las normas que regulan este tipo de funciones en las obras públicas y cuyas consecuencias en el desastre general de su intervención las padece y comenta toda la ciudadanía barranquillera y los sufridos usuarios del engendro aeroportuario. Interventores también de mentiras. 

Hay que señalar además que dos de las firmas constitutivas del Grupo Aeroportuario del Caribe –las de mayor capacidad accionaria: Valorcon S.A. de la familia Gerlein con el 41,50% y Equipo Universal S.A. de Edgardo Navarro Vives con el 41,50%, tienen problemas de reorganización empresarial.

En diciembre de 2008 Equipo Universal hizo acuerdo de reestructuración con la Supersociedades por problemas de diversa índole. Siete años más tarde se le otorga un contrato grandes ligas apto para empresas de ingeniería con solido musculo financiero. 

El 31 de julio de 2019 la empresa Valorcon S.A. fue admitida a un proceso de reorganización empresarial por parte de la Supersociedades por parte de la Superintendencia delegada de procedimientos de insolvencia. En cuentas claras, se encuentra con obligaciones vencidas por más de 90 días, por la suma de $39.027 acreencias que alcanzan el 10.71% de su pasivo total que llega a la suma de $364.497 millones.

En esa época se le cayó a esta empresa su participación en Navelena, en donde tenía participación accionaria minoritaria con la cuestionada empresa brasilera Odebrecht. 

Habría que preguntarse en todos estos negociados por ese común denominador de corrupción que frena aspectos importantes de la viabilidad portuaria barranquillera, de las condiciones de eficiencia del aeropuerto donde solo le inventaron obras meramente cosméticas duramente cuestionadas por sus coterráneos barranquilleros: “Una auténtica vergüenza”, es lo que le dicen, con estupor, a los asombrados visitantes que se espantan de la falta de puentes de abordaje, escaleras, impermeabilización, detalles constructivos de obra pueblerina con un carácter cerrero de terminal de buses antes que un moderno centro aeroportuario.

Ese es el desarrollo para Barranquilla que visiona la ministra mentirosa Orozco que ha sido “engañada” en su aparente buena fe –la misma tesis que esgrime la Ministra Abudinem- por parte de contratistas barranquilleros especialistas en empanadas para producirle daños colaterales a la ciudad bajo el amparo de unos interventores de opereta bufa.

Ministra, cuando venga a inspeccionar su engendro aeroportuario, no se le olvide traer paraguas y botas pantaneras. De pronto resbala y cae…

¿Te gustó el articulo? Tomate un momento para apoyar la lucha contra la corrupción en Patreon.
Publicidad ver mapa

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.