El presidente lo acusó de cobardía en X y anunció su retiro sin mostrar una prueba. Los tres cargos del trino, revisados uno por uno, señalan a otros responsables. El acusado tiene 26 años de servicio, 41 condecoraciones y, según fuentes policiales, la orden de callar.

El presidente de la República llamó cobarde a un coronel de la Policía delante del país entero. Lo hizo en X, el lunes festivo 12 de octubre de 2026, horas después de que 41 detenidos escaparan de un centro transitorio en Santa Marta. “No acepto en la Fuerza Pública a quienes carezcan del coraje y la determinación para enfrentar el crimen y los desmanes como corresponde. En este Gobierno, la cobardía no tiene cabida”, escribió Abelardo de la Espriella. En el mismo mensaje anunció que el coronel Jeyson Haird López Puerto, comandante de la Policía Metropolitana, sería llamado a calificar servicios. El trino no trae una sola prueba. Ni un informe, ni una hora, ni una orden desobedecida. La pregunta merece una respuesta con hechos: ¿es realmente un cobarde el coronel Jeyson Haird López Puerto?

Veintiséis años, 41 condecoraciones y un trino

Primero, el acusado. López Puerto entró a la Escuela de Cadetes General Santander el 18 de enero de 1999. Suma más de 26 años de servicio en Huila y en las policías metropolitanas de Cali, Bogotá, Soacha, Popayán e Ibagué. Pasó por Carabineros, Antinarcóticos, Seguridad Ciudadana y Protección. La propia Policía le reconoce 41 condecoraciones y 144 felicitaciones. Llegó a Santa Marta hace poco más de un mes, a una ciudad que semanas después quedó paralizada tres días por el paro armado de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.

Esa hoja de vida no prueba que el coronel haya acertado el 12 de octubre. Prueba otra cosa: el Estado lo evaluó durante 26 años, lo ascendió hasta el grado de coronel y lo condecoró 41 veces. Si el hombre es un cobarde, alguien firmó 41 condecoraciones por error. Si no lo es, el error está en el trino. Las dos cosas no caben en la misma institución.

El mensaje presidencial contiene tres cargos. Vale la pena revisarlos uno por uno, porque es lo que el presidente no hizo.

Primer cargo: la fuga que ya había ocurrido dos veces

Primer cargo: “su responsabilidad en la fuga de 41 detenidos”. La del 12 de octubre fue la tercera fuga masiva del año en Santa Marta. En marzo escaparon 34 detenidos de La Norte. En junio, 25 de un centro en Santa Ana. Las dos ocurrieron con otro comandante. Las tres empezaron igual: un motín por la comida, por las audiencias que no llegan y por las libertades que nadie tramita. Los detenidos estaban en un Centro de Traslado por Protección, una figura que el Código de Policía creó para resguardar a una persona hasta por 12 horas. Allí había un imputado por homicidio con medida de aseguramiento en centro carcelario, que debía estar en una cárcel del Inpec. La Ley 65 de 1993 pone el sostenimiento de esos lugares de detención en cabeza de municipios y departamentos. Y según recordó El Espectador, llevar a ese centro a detenidos considerados peligrosos fue una medida que anunció el propio Gobierno nacional durante el paro armado. Si la fuga demuestra cobardía, la lista de cobardes es larga y empieza varios escalones arriba del coronel.

Hay además una contradicción que el presidente escribió con su propia mano. En el mismo trino pidió tranquilidad porque “no se trata de delincuentes de alta peligrosidad”. Si no eran peligrosos, ¿qué crimen dejó de enfrentar el coronel por falta de coraje? Y si lo eran, como sugiere la recompensa de 15 millones por alias Mongolo, ¿quién los mandó a un sitio pensado para doce horas?

Segundo cargo: el reporte que nadie ha mostrado

Segundo cargo: “no informar oportunamente sobre estos hechos”. Es el único cargo concreto, y por eso mismo el más fácil de probar. Tiene horas: a qué hora empezó el motín, a qué hora se confirmó la fuga, a qué hora lo supo Bogotá y por qué canal. El Gobierno no ha publicado ninguna. Si el coronel ocultó o demoró la noticia, cometió una falta con nombre propio en el Estatuto Disciplinario Policial, la Ley 2196 de 2022, y existe un procedimiento con pliego de cargos y descargos para establecerla. Demorar un reporte, de ser cierto, se llama negligencia. Cobardía es otra palabra.

Tercer cargo: vecinos sin agua en Tasajera

Tercer cargo: “no tomar las medidas correspondientes frente al bloqueo” de la vía Santa Marta–Barranquilla, a la altura de Tasajera. Aquí conviene saber quién bloqueó. Según El Tiempo y El Heraldo, el domingo 11 de octubre los habitantes de Tasajera, corregimiento de Puebloviejo, cerraron la Troncal del Caribe para reclamar por la falta de agua potable. No eran las ACSN. Eran vecinos sin agua. El presidente no dice cuáles eran las “medidas correspondientes”. ¿Mandar el escuadrón antidisturbios contra gente que pide agua? Tasajera es el mismo caserío donde en julio de 2020 murieron 45 personas cuando estalló un camión cisterna volcado del que sacaban gasolina. El coronel no administra acueductos. Quien sí tiene que responder por el agua de Tasajera no recibió ningún trino.

Un retiro usado como castigo

Queda el problema de la forma, que en derecho suele ser el fondo. El llamamiento a calificar servicios no es una sanción. La Corte Constitucional lo explicó en la sentencia SU-091 de 2016: es una herramienta para renovar la pirámide de mando, procede cuando el oficial cumple el tiempo de servicio para la asignación de retiro y no exige motivación adicional porque la motivación está en la ley. La misma sentencia fijó el límite: no sirve para perseguir ni discriminar. Cuando se usa para eso hay desviación de poder y el acto se puede demandar. El presidente hizo lo que la figura no pide y lo que la Corte advierte. Motivó el retiro en público y lo motivó como castigo: por responsabilidad, por omisión y por cobardía. Convirtió un trámite administrativo en una condena y se saltó el proceso disciplinario que la ley prevé para condenar.

De la Espriella es abogado penalista. Hizo carrera exigiendo para sus clientes presunción de inocencia, pruebas y derecho de defensa. Al coronel López le tocó menos de lo que recibe cualquier procesado: ni cargos formales, ni audiencia, ni abogado. Según Radio Hoy, el oficial se enteró de su retiro por redes sociales y nadie lo oyó antes. Fuentes de la Policía citadas por ese medio hablaron de una “rabieta” y agregaron: “Nadie va a hablar, y menos en estas condiciones en las que se nos ha prohibido cualquier declaración a la prensa”. El cuadro es este: el comandante supremo de la Fuerza Pública llama cobarde a un subordinado que, según esas fuentes, tiene prohibido contestar. Para eso no hace falta mucho coraje.

La palabra tampoco es inocente. En el Código Penal Militar, Ley 1407 de 2010, la cobardía es un delito contra el honor que investiga y juzga la justicia penal militar. El presidente le atribuyó a un oficial activo una conducta con nombre de delito, sin proceso y sin juez. La Constitución protege el buen nombre en el artículo 15, la honra en el 21 y el debido proceso en el 29. Los tres artículos rigen también para quien lleva uniforme.

Lo que el presidente tiene a su favor

El presidente tiene argumentos a su favor y hay que decirlos. La Constitución le entrega la dirección de la Fuerza Pública. Los ciudadanos de Santa Marta llevan años pidiendo que alguien responda. Cien fugados en un año son un escándalo y un comandante no está exento de rendir cuentas. Todo eso es cierto. Nada de eso autoriza a reemplazar la investigación por el insulto.

Para qué sirve la palabra cobardía

¿Por qué la palabra cobardía y no negligencia, o error, o falla de coordinación? Porque cobardía no se discute con cifras. Negligencia obliga a revisar presupuestos, contratos de alimentación, cupos del Inpec, términos judiciales vencidos y decisiones del propio Gobierno. Cobardía traslada todo eso al carácter de un hombre. El público recibe un culpable con rostro antes del mediodía y la promesa de seguridad queda intacta: el plan era bueno, falló un flojo.

El trino tiene además un destinatario que no es el coronel. Lo leyeron todos los comandantes del país. Aprendieron que el próximo motín, el próximo bloqueo o la próxima mala noticia les puede costar la carrera y el nombre en una mañana. Un oficial con ese miedo tiene dos salidas. Esconder los problemas o resolverlos a la fuerza para que nadie dude de su coraje. La segunda salida la paga el próximo pueblo que cierre una carretera porque no tiene agua.

Los que no recibieron ningún trino

El alcalde Carlos Pinedo Cuello gobernaba Santa Marta durante las tres fugas. La gobernadora María Margarita Guerra Zúñiga comparte la obligación legal sobre los detenidos preventivos. El Inpec recibió 40 internos el mismo día del escándalo, cupos que no aparecieron la semana anterior. Alguien cobra por la comida que originó tres motines. Ninguno de ellos amaneció el lunes con la palabra cobarde junto a su nombre.

Coraje sería otra cosa

Entonces, ¿es realmente un cobarde el coronel Jeyson Haird López Puerto? Con lo que el país conoce hoy, nadie tiene cómo afirmarlo. El presidente tampoco, o al menos no lo ha mostrado. Es posible que el coronel haya fallado. Si falló, que la Inspección General de la Policía y la Procuraduría lo establezcan con pruebas, y que se vaya. Lo único demostrado hasta ahora es otra cosa: el jefe del Estado usó contra un oficial la palabra más degradante del vocabulario militar sin exhibir un solo documento. Coraje sería publicar la cronología de esa madrugada. Coraje sería abrir la investigación y firmarla. Coraje sería preguntarle al alcalde por tres fugas, al Inpec por los cupos y al contratista por la comida. La pregunta no es si al coronel le faltó valor. Es cuánto valor se necesita para despedir por X a quien no puede responder. Y otra, para usted que lee: si así trata el poder a un coronel con 41 condecoraciones, ¿qué le espera al ciudadano que no tiene ninguna?

Fuentes

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