Mientras el precandidato presidencial vende la imagen de un empresario exitoso que «hace lo difícil», sus estados financieros cuentan una historia muy diferente: un entramado de 35 empresas donde solo una es rentable, socios con pasado judicial cuestionado, y una fortuna construida más sobre la defensa de corruptos que sobre el genio empresarial.


Hay algo profundamente revelador cuando un político construye su narrativa presidencial sobre una mentira tan elaborada que requiere 35 empresas para sostenerla. Abelardo de la Espriella, quien se presenta como el Rey Midas de la política colombiana —»todo lo que toco se convierte en oro«—, acaba de descubrir que los estados financieros no mienten, aunque los candidatos sí.

La reciente investigación de La Silla Vacía ha desvelado lo que muchos sospechábamos: detrás de la pompa, el ron premium, los restaurantes de lujo y la ropa de diseñador, se esconde un emperador empresarial sin ropa. O mejor dicho, con ropa muy cara financiada por los únicos ingresos reales de su imperio: los honorarios millonarios que cobró durante dos décadas defendiendo a algunos de los personajes más cuestionados de la historia reciente colombiana.

La anatomía de un fraude narrativo

Comencemos por los números, esos detalles menores que De la Espriella preferiría que ignoráramos. De las siete empresas principales que operan en Colombia, solo una —De la Espriella Lawyers, su bufete de abogados— genera ganancias significativas: 406 de los 419 millones de pesos en utilidades después de impuestos. Las otras dos empresas que reportan ganancias (Mediterráneo Corp y Cosenza) aportan apenas $13 millones entre ambas.

Pero aquí viene lo verdaderamente revelador: Dominio De la Espriella, la empresa del famoso ron Defensor con el que el candidato brinda en sus redes sociales, registró pérdidas por $552 millones de pesos en 2024. Y De la Espriella Style, encargada de todo su merchandising —libros, ropa, podcast, el proyecto de apartasuites en la zona T de Bogotá— arrojó pérdidas por $26 millones.

En otras palabras, el «universo empresarial» de De la Espriella es, en realidad, un agujero negro financiero que devora dinero mientras proyecta una imagen de éxito a través de una estrategia mediática impecable. El precandidato que promete «hacer lo difícil» ni siquiera ha logrado hacer rentable una marca de ron en un país donde el aguardiente y el ron son casi religión nacional.

Los socios que preferiría olvidar

Pero los números en rojo son solo la mitad de la historia. La otra mitad está escrita con los nombres de quienes rodean este imperio de humo. Daniel Peñarredonda, quien figura en varias empresas asociadas a De la Espriella, fue fotografiado en abril de 2024 en un mitin de Nicolás Maduro en el estado venezolano de Carabobo. Sí, leyeron bien: uno de los socios del «enemigo del chavismo" participando en eventos políticos de la dictadura que supuestamente combate.

Y no terminan ahí las conexiones incómodas. Entre los socios de Místico Group LLC, propietaria del restaurante Místico en Miami, está Héctor Amaris, conocido como el «oso yogui», quien pasó de ser socio del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, a decir que fue testigo de corrupción en su administración, para luego guardar silencio cuando la Fiscalía lo llamó a declarar. Un patrón familiar para quienes conocen el modus operandi del círculo De la Espriella: mucho ruido mediático, pocos resultados judiciales.

La verdadera fuente de la fortuna: defender lo indefendible

Porque aquí está el secreto mejor guardado del «éxito empresarial» de De la Espriella: su fortuna no la construyó invirtiendo sabiamente en bienes raíces —como él mismo afirma—, sino cobrando honorarios millonarios por defender a algunos de los personajes más cuestionados de Colombia.

Alex Saab, el testaferro de Maduro hoy convertido en ministro del régimen, le dejó jugosos honorarios antes de que De la Espriella «descubriera» que su cliente era problemático. David Murcia Guzmán, cerebro de la pirámide DMG, le pagó $760 millones de pesos por hacer lobby en el Congreso a favor de la captadora ilegal. Jorge Pretelt, el exmagistrado condenado por corrupción, fue su amigo y cliente. Jorge Visbal, expresidente de Fedegán, recién capturado por nexos con paramilitares, también contó con su defensa.

La lista es tan larga como reveladora: parapolíticos del escándalo de la «parapolítica«, políticos investigados, empresarios cuestionados. Cada caso, un ladrillo más en la construcción de un bufete que hoy tiene activos por más de $39.000 millones de pesos. Esa es la verdadera fuente de ingresos operacionales millonarios que financian el resto del «universo empresarial«: la defensa de lo indefendible.

El juego inmobiliario: propiedades sin transparencia

De la Espriella repite en cada entrevista que «gran parte de mi éxito económico se lo debo a las inversiones inteligentes en bienes raíces«. Pero La Silla Vacía encontró que de las 19 propiedades rastreadas en Colombia relacionadas con él, nueve fueron adquiridas en los últimos cinco años y otras cuatro entre 2016 y 2018. Es decir, cuando ya era un abogado conocido por su lujosa vida financiada por los honorarios de defender corruptos, no antes.

Más revelador aún: ninguna propiedad aparece directamente a su nombre. Todas pertenecen a tres de sus sociedades: De la Espriella Lawyers, Dominio La Espriella y Cosenza. Una estructura de opacidad que permite esconder el verdadero origen y valor del patrimonio, mientras se vende la imagen del empresario exitoso que construyó su fortuna con «visión e inteligencia«.

La impunidad como modelo de negocio

Lo que hace verdaderamente peligrosa la candidatura de De la Espriella no es solo la mentira sobre su éxito empresarial, sino lo que esa mentira representa: un modelo de negocio basado en la impunidad. Durante más de dos décadas, este abogado ha demostrado que en Colombia se puede prosperar defendiendo a quienes saquean el Estado, a condición de tener las conexiones correctas.

Su investigación por vínculos paramilitares a través de la Fundación FIPAZ fue precluida en 2009 por Mario Iguarán, en circunstancias que los propios paramilitares describieron como arregladas desde las altas esferas del poder. Cuando la Corte Suprema intentó reabrir el caso en 2011, ya era «cosa juzgada«. El costo de $760 millones recibidos de DMG por hacer lobby ilegal nunca se tradujo en consecuencias. Su participación en la fuga de Alex Saab, documentada en el libro del periodista Gerardo Reyes, quedó sin investigación seria.

El sistema que lo protege, el sistema que quiere presidir

Aquí está la verdadera revelación de esta investigación: De la Espriella no es un outsider del sistema corrupto que promete combatir. Es uno de sus mayores beneficiarios. Su fortuna, su red de empresas, su posibilidad de aspirar a la presidencia, todo está construido sobre décadas de participación activa en los mecanismos de impunidad que él mismo dice querer destruir.

Cuando La Silla Vacía le envió un cuestionario para conocer su versión sobre su universo empresarial, la campaña se negó a responder por considerar las preguntas «capciosas y tendenciosas«. El candidato que promete transparencia y combatir la corrupción no puede —o no quiere— explicar las pérdidas millonarias de sus empresas, la procedencia exacta de su fortuna, o por qué sus socios tienen vínculos con investigaciones judiciales y el régimen de Maduro.

35 empresas, una sola verdad

El rastreo minucioso de La Silla Vacía identificó 35 empresas entre Colombia, Panamá y Estados Unidos con las que De la Espriella tiene relación vigente o muy reciente. Treinta y cinco vehículos empresariales para sostener una narrativa que se desmorona ante el primer análisis serio de estados financieros.

Porque la verdad es más simple y más oscura de lo que el candidato quisiera admitir: su «éxito empresarial» es mayormente ficticio, financiado por los honorarios de defender a corruptos y cuestionados, estructurado en una red opaca de sociedades que esconden más de lo que revelan, y sostenido por las mismas conexiones de poder que supuestamente promete combatir.

El costo de la mentira

Hay algo profundamente preocupante en que uno de los candidatos presidenciales con mayor intención de voto base su campaña en una mentira tan elaborada. No solo porque miente sobre su éxito empresarial, sino porque esa mentira es posible gracias al mismo sistema de impunidad que él dice combatir.

Cada peso de los $760 millones que recibió de DMG, cada honorario millonario por defender a parapolíticos y corruptos, cada investigación archivada por conexiones con el poder, cada empresa en pérdidas disfrazada de éxito, es una pieza más del rompecabezas de la corrupción estructural colombiana.

De la Espriella no es la solución a ese sistema. Es su producto más refinado: un abogado que aprendió que en Colombia la impunidad es el negocio más rentable, que las conexiones con el poder valen más que la ética, y que una imagen mediática bien construida puede ocultar décadas de complicidad con lo que públicamente se dice combatir.

La pregunta incómoda

Cuando De la Espriella dice que «hace lo difícil», ¿a qué se refiere exactamente? ¿A construir empresas rentables? Los números muestran que eso no se le da bien. ¿A acumular fortuna honestamente? Su lista de clientes sugiere lo contrario. ¿A mantener la coherencia entre discurso y realidad? Su negativa a responder preguntas sobre su universo empresarial indica que ni siquiera lo intenta.

Lo único realmente «difícil» que De la Espriella ha logrado es construir una candidatura presidencial sobre una mentira tan grande que requiere 35 empresas para sostenerla. Y lo más preocupante es que, en el Colombia de la impunidad estructural que él mismo ayudó a construir, esa mentira podría funcionar.


La pregunta no es si De la Espriella es un empresario exitoso. Los estados financieros ya respondieron eso con un rotundo no. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a elegir como presidente a alguien cuya fortuna se construyó defendiendo a los corruptos que dice combatir, y cuyo «éxito empresarial» es un montaje mediático sostenido por empresas en pérdidas?

Porque si algo nos ha enseñado la historia reciente de Colombia, es que quienes se enriquecen con la impunidad rara vez están interesados en combatirla. Y un imperio empresarial de cartón, por bien publicitado que esté, sigue siendo cartón.


Esta investigación se basa en análisis de estados financieros públicos, investigaciones periodísticas de La Silla Vacía, Cambio y Noticias Uno, registros empresariales, y documentación judicial disponible. Para más detalles sobre los casos mencionados, visite corrupcionaldia.com

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