Pareciera un título exagerado, pero lo sentimos así cada vez que nos llega una factura de la empresa Air-e, pues quedamos sin respiración y nos ahogamos en la impotencia de no poder hacer nada ante los abusos de esta firma que de manera oscura y poco transparente le compró al gobierno nacional el negocio de Electricaribe.

Alberto Ríos Velilla, fue el cerebro de esta operación. Es uno de los capitanes de industria cuyo arrollador éxito en los últimos 20 años se explica a partir de sus relaciones con los sucesivos gobiernos, incluida su amistad íntima con Germán Vargas Lleras y la inclusión de su hermano Enrique como socio y directivo de sus empresas.

Por supuesto, bajo estos presupuestos de relaciones y audacia en los negocios formó su ahora cuantiosa fortuna. Al igual que otros personajes de similar talante, nació en Medellín. Y al igual que ellos su campo de acción fue el de los servicios públicos concesionados, ya sea en el aseo, el agua, el transporte y sobre todo, el jugoso, por su descontrol y monopolización en Colombia, de la energía eléctrica.

Es tan, pero tan atractivo este mercado que la petrolera Ecopetrol acaba de plantear un cambio de rumbo en sus inversiones a futuro con la propuesta de compra –aceptada al parecer por el gobierno- de la poderosa y apetecida empresa de interconexión eléctrica ISA con presencia en diversos países.

Retomemos las aguas de Ríos que salta a la palestra de empresario promisorio –con los debidos reconocimientos en medios de comunicación promovido por sus relacionistas públicos- en sociedad con el célebre y también promisorio en esa época grupo Nule. Los movimientos se inician cuando el consorcio Empresa de Energía del Combeima integrado por Aseo Capital, Enelar, Servicios Integrales del Valle, empresas propiedad de Alberto Ríos Velilla y la EEP de Pereira habían comprado las acciones de Enertolima pero después, dice una nota de prensa de la oficina de comunicaciones del senador Jorge Robledo, “en una movida sospechosa, la mitad de las acciones fueron compradas por el Grupo Nule, al cual el consorcio del Combeima (ya convertido en Empresa Capitalizadora del Tolima) había derrotado en la puja por Enertolima”. Robledo calificó de dudoso el método por el cual la Empresa de Energía de Pereira, sin estudios previos, conforma el consorcio del Combeima que después pasaría a llamarse Capitalizadora del Tolima, para lo cual aportó $3.700 millones de un crédito que le otorgó Alberto Ríos Velilla.

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Sobre los nexos del grupo Nule con Alberto Ríos Velilla, el 30 de octubre de 2019 la revista Semana puntualiza que “con un esquema similar al usado en la compra de Enertolima, nuevamente la dupla Nule—Ríos le apuntó, en 2008, a otro de sus grandes negocios: la Empresa de Energía de Pereira, una compra por $202.000 millones de pesos”.

Otra vez los Nule y Ríos en acción pujando por empresas de agua, aseo, gas y energía. Sigamos con la revista Semana: “cuando se hicieron al control de la compañía, estos empresarios compraron de forma anticipada $107.000 millones de pesos en energía a Enertolima. También sacaron $38.000 millones de pesos de la caja de la empresa de Pereira y constituyeron un fondo de capital privado que prestó la plata a diversas empresas de Nule y Ríos”.

Una maravilla como se ve. En algunas de estas operaciones no se movió un solo peso real. Solo acciones e intercambio temporal de ellas por motivos estratégicos. Ríos envió en consecuencia una extensa carta a esa revista desmintiendo cifras y algunas de las operaciones presentadas. En junio de 2009, ya la dupleta Ríos -Nule con el control total de las empresas de energía del Tolima y Pereira se enfrentaban a todo tipo de suspicacias en Ibagué y Pereira con los nuevos propietarios del sector eléctrico.

La máquina de relaciones públicas de los empresarios decidió incursionar con todos los hierros para amansar las elites molestas tolimenses y para ello acudió a la receta de rimbombantes francachelas en torno a eventos deportivos de alto nivel con la asistencia de personajes políticos y de la farándula nacional con tanto empeño al respecto que la revista Dinero, en su edición del 27 de marzo de 2011 dijo: “Enertolima, la empresa de servicios públicos de la cual eran dueños en más del 50%, junto con su socio, Alberto Ríos, conocido como uno de los zares de los servicios públicos. En vuelos privados, los Nule transportaban hasta Ibagué a ilustres colombianos, a quienes atendían a cuerpo de rey en medio de estrafalarios gastos”.

 Los invitados al rumbón deportivo remataron la competición con una fiesta de clausura a todo timbal en el hotel Altamira que se prolongó hasta las 5 de la mañana amenizada por 8 orquestas nacionales e internacionales. Impresionante demostración de la bondad de los anfitriones y de la índole de sus buenas intenciones en el sector energético.

Pero no todos se tragaron el cuento de cheveridad de Ríos y sus socios en Ibagué. Según Hugo Neira, en el medio digital Ecos, (http://www.ecosdelcombeima.com/ibague/nota—34270—de—quien—realmente—enertolima) , la empresa de energía de Pereirase compró fiada con un préstamo de la FEN (Financiera Eléctrica Nacional), destinado a infraestructura, pagado por Enertolima. Bajo esa perspectiva apareció el soporte a lo que era publica murmuración: esta entidad fue comprada presentando papeles sin nada a cambio.

Según Neira en “informe financiero de 2011, el pago a la deuda a la FEN fue de $24.480 millones plata que se pierde para la infraestructura, pero sí la capitalizan los socios de EnerTolima, como se ve en el informe financiero de 2011, la inversión en infraestructura es una “bicoca” con lo que recaudan, pero cada vez que hacen una “obra” sacan “pecho”, realmente encontraron a los tolimenses prestos a oír mentiras. Los ingresos operacionales de EnerTolima en el año 2011 sumaron $463.017.459.320 y su inversión en infraestructura fue de $25.144 millones, casi igual a lo pagado a la FEN”.

Veamos entonces quienes estaban en ese momento (2011) en la Junta Directiva de Enertolima:

  • Alfonso Vergel, principal
  • José Javier Castellanos, principal
  • José Hernández, principal
  • Enrique Vargas Lleras, principal
  • Natalia Ríos, principal
  • Juan Fernando Munera, principal
  • Carlos García, suplente
  • Hernán Troncoso Lozano, suplente
  • Iván Vergel Hernández, suplente
  • Carlos Ríos Velilla, suplente
  • Luis Villegas, suplente

Aparecen allí socios y concesionarios de la criticada y fallida concesión autopista Bogotá Girardot como Alfonso Vergel –un ingeniero socio de la firma Vergel y Castellanos-, Castellanos su socio, Enrique Vargas Lleras y varios familiares de Alberto Ríos. La importancia de los nexos comerciales entre el grupo Nule y Vergel y Castellanos estriba en que ambos empresarios se encontraban involucrados en su portafolio de inversiones en el sector energético a través de Kapital Energy que a su vez tenía el control de Enertolima y Enepereira.

Según indica Hugo Neira en su escrito “De quién es realmente Enertolima” que “rumores y la vox populi han conocido que la participación de Germán Vargas Lleras en este negocio fue fundamental, que es muy amigo de Ríos como él reconoció y que se montó en un avión de los Nule en una de las francachelas que hacía EnerTolima para halagar políticos, amigos, funcionarios públicos que los vigilaba etc., en Ibagué, con campeonatos de Golf y otras fiestas, además reconoció que Ríos era un aportante importante a Cambio Radical”.

Lo cierto es que con esta empresa Ríos acrecentó su poder como empresario dispuesto a seguir apostando con el mismo método en otras empresas de servicios tales como las compañías de basuras Servigenerales y Aseo Capital (cuyas acciones vendió en 2012 pero recompró en 2014).  Servigenerales es socio de Empresas Públicas de Armenia, EPA, y en la empresa Aquaseo, que es el operador del acueducto de Magangué y Tumaco. En Aseo Capital, de Bogotá, estuvo hasta el 2018, cuando la alcaldía de Enrique Peñalosa adjudicó una nueva licitación para la prestación del servicio en la que la firma de Ríos no ganó. Esa empresa fue una de las propietarias del Cupic, la firma que hasta la alcaldía de Gustavo Petro hizo la facturación del aseo.

Vínculos absolutamente claros en diversas empresas del sector con cambios y salidas según las cambiantes circunstancias de la demanda y de los padrinazgos políticos tanto, pero tanto que Ríos fue una de las voces disonantes en contra de la administración en la alcaldía de Bogotá de Gustavo Petro cuando se negó a entregar los camiones recolectores de basura aduciendo que eran propiedad privada mientras su contraparte indicaba que tenían, en virtud de devolver la concesión, un carácter público. Finalmente, un tribunal de arbitramento les dio la razón a los privados y el Consejo de Estado confirmaría la decisión.

El 2 de enero de 2014, Gustavo Petro se refiere en su cuenta de Facebook a Alberto Ríos, con quien tuvo una fuerte controversia cuando fue Alcalde a raíz del cambio de operadores del servicio de aseo en Bogotá: “Otro miembro del oligopolio privado del aseo es Alberto Ríos, ligado a Cambio Radical y el uribismo, es el zar de las basuras. Alberto Ríos controla el negocio de las basuras en Magangué, alcaldías de “La Gata”, Córdoba, Sucre, también fue socio de los Nule, William Vélez fue socio de los Nule, en la 26”.

En el portal web La Silla Vacía (17 agosto 2011), titula una información: “La misteriosa desaparición de los Ríos Velilla de Aseo Capital”. Señala en su interior el periodista Juan Esteban Lewin que “el Consorcio Aseo Capital perteneció hasta noviembre de 2010 a los hermanos Alberto y Javier Ríos Velilla. Estos dos empresarios no solo eran dueños de esta empresa sino también de empresas de transporte en Bogotá, Chile y Panamá, compañías de aseo público en diferentes ciudades del país y empresas de generación eléctrica (…) Los Ríos manejaban Aseo Capital a través de dos empresas colombianas, Asear Serviequipos de Colombia y Equity Proyectos, que controlaban el 83 por ciento de las acciones de la compañía. Otras tres empresas panameñas, Tiznow Finance Corp, Barnes Finance Trading Corp y Ramber Latinoamérica, tenían el restante 17 por ciento”.

El 6 de abril de 2016 el diario El Heraldo de Barranquilla titula “Cuatro nuevos colombianos figuran en los “Papeles de Panamá”.  Entre los presentados como “nuevos figurantes” aparece el nombre de Alberto Ríos. Al interior de la noticia presenta una especie de escueto pequeño inventario (todavía Ríos no era muy conocido en la costa Caribe) de sus empresas Servigenerales, Aseo Capital, una empresa contratista de la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD) de Panamá y la capacidad accionaria en Enerpereira y Enertolima.

El Heraldo cita al medio digital Connectas.org relacionado con las informaciones de los archivos del bufete Mossack-Fonseca a propósito de Ríos de “ser el cerebro de la negociación cuando Enertolima quedó en manos de un privado, se asoció con Kapital Energy, de la que hacían parte los primos Nule. Esta relación hizo que la Supersociedades en algún momento dijera que todo Enertolima era del cuestionado grupo. Ríos demostró que ni su empresa ni Enertolima eran del llamado grupo Nule”. La empresa de Ríos es la Sociedad Canopy Consulting Limited fundada en enero de 1998 en las Islas Vírgenes Británicas y en julio de 2014 cambió de jurisdicción a Bélice.

Ríos decidió vender la empresa EPSA, Electrificadora del Pacifico al grupo Celsia de Argos en el 2019 para efectos de entrar en el mercado de la costa en 2020 a través de su empresa Enerpereira aliada con su fondo de inversión Latin American Capital, creando una empresa denominada Consorcio General de la Costa quedando con el mercado segmentado de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Guajira en reemplazo de la liquidada Electricaribe.  

Los Nule quedan anulados

El 11 de marzo de 2019 tras la compra de Enertolima por parte de Epsa surgieron reparos legales dadas las condiciones inciertas de una parte importante de sus acciones (30%) que pertenecían al grupo Nule a cargo de la Sociedad de Activos Especiales, la famosa SAE.

La “aclaración” de la operación fue ingeniosa. Epsa (filial de Celsia) compra activos de Enertolima y esta venta se limita solo a las operaciones en el departamento en donde ejerce sus funciones sin afectar en lo más mínimo a la sociedad que sigue estando en control de la Empresa Capitalizadora del Tolima (de Ríos Velilla), la Sociedad de Activos Especiales y el Patrimonio autónomo Fideicomiso Fidubogotá Enertolima.

Al comprar Celsia activos y no acciones, dejan fuera de la negociación a las acciones de los Nule que quedan como un respaldo simbólico de un cascarón que todo su interior pertenece a otra sociedad. Según el diario La República, tras consulta a Luis Guillermo Vélez, exsuperintendente de Industria y Comercio, “si se hubieran vendido acciones, en la liquidación deberían recibir 30% del valor obtenido por la venta. Cuando la liquidación recibe ese dinero, se paga a los acreedores de los Nule”. Ergo, si no hubo venta de acciones, nada se paga a los acreedores de ese grupo y lo peor, con la expectativa incierta que los activos operacionales de Enertolima se vendieron

Desembarco en el Caribe

Los costos de la operación de desembarco de Alberto Ríos Velilla y sus empresas en una parte de la región Caribe son un verdadero misterio pues el gobierno, a través de la Superintendencia de Servicios Públicos decidió resguardar con cláusula de confidencialidad el negocio así que no se conocen aspectos contractuales, obligaciones económicas y demás que debiera tener un proceso de estas características con la debida transparencia administrativa política.

Al final a la antigua Electricaribe se le cambió el nombre por el etéreo y gaseoso de Air-e, los colores de los logos pasaron de un agresivo amarillo a un calmante azul y se echaron a andar las pautas publicitarias y la maquinaría de relaciones públicas de la “nueva” empresa –debería, en aras de la exactitud, decirse del nuevo propietario-  en las que prometen –escoba nueva barre bien- un cambio sustancial en las relaciones de servicio con sus usuarios.

Lástima que ese bello panorama colisione con la realidad de la historia empresarial de Ríos Velilla con sus jugadas audaces en torno a este tipo de negocios relacionados con los servicios públicos del cual ya empiezan a conocerse sus intenciones en torno a control tarifario, mercado regulado desde salas de control –tal como lo señaló un reciente artículo de Norman Alarcón en Corrupción al Día– en donde se develan los planes reales de esta empresa en torno a un mercado deprimido económicamente al que se le cobra la energía más cara del país.

 Un Ríos, pues, de aguas no muy transparentes.

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