COP 22,7 billones en cifras contables, menos de COP 4 billones en efectivo real. La maquinaria de la apariencia.

Nos encontramos en un escenario donde la cifra es tan grande que la verdad se diluye en los ceros. La Contraloría General anunció recientemente que entre 2022 y 2026 ha «recuperado» COP 22,7 billones. El contralor Carlos Hernán Rodríguez se enorgullece de haber triplicado las metas de recaudo. Los medios reproducen la cifra. El Gobierno la usa en sus comunicados de prensa. Pero nadie hace la pregunta que investigadores anticorrupción se hacen en privado: ¿dónde está ese dinero?

Porque el dinero no está en ningún lado. O mejor dicho, está en siete lugares diferentes, cada uno de ellos tan contable como falso en términos de restitución real.

El mecanismo expuesto

Digamos que usted robó dinero público. Muy bien. Ahora imagine que tiene que «recuperarlo» pero el dinero ya se lo gastó hace años. ¿Qué hace? Redefine qué significa «recuperar».

La Contraloría ha convertido el concepto de «recuperación» en un ejercicio de magia lingüística. De los COP 22,7 billones supuestamente recuperados, el desglose oficial es este:

COP 4.41 billones en «resarcimiento al patrimonio público» — aquí está lo único medianamente real. De estos, COP 3.74 billones son por «cobro coactivo», es decir, dinero que la Contraloría ha puesto a cobrar una vez que fallan los procesos de responsabilidad fiscal. Suena bien. El problema: no sabemos cuánto de eso está pagado realmente. No hay estados de cuenta públicos. No hay comprobantes de giro. Solo expedientes bajo «reserva legal» que nadie puede ver excepto el deudor y la Contraloría.

COP 7.44 billones en «control concomitante y preventivo» — aquí empieza la fantasía. Este dinero nunca se robó porque la Contraloría lo «previno». Son «beneficios» de auditorías que evitaron supuestamente que se cometieran fraudes. Es dinero que nunca existió como daño real, pero que se cuenta como si hubiera sido «recuperado».

COP 9.6 billones por la estrategia «Salvando Obras» — esta es la más decarada. La Contraloría dice haber «recuperado» COP 9,6 billones mediante el acompañamiento de obras inconclusas. Lo que en realidad pasó: ayudaron a terminar o a reactivar 536 proyectos de infraestructura entre 2022 y 2026, valorados en aproximadamente COP 9.22 billones. Pero ese dinero nunca se «recuperó». Continuaba invertido en cemento, acero y mano de obra. Lo que la Contraloría contabilizó como «recuperación» es el valor de las obras completadas, no dinero que volviera al Tesoro.

La realidad detrás del número: cuando usted suma todo, menos de COP 4 billones llegaron realmente al Tesoro en efectivo. El resto son cifras de papel.

Los actores y sus roles

El contralor Carlos Hernán Rodríguez construyó su gestión sobre la magnitud de estos números. En octubre de 2024, durante la rendición de cuentas, anunció que el cobro coactivo había alcanzado COP 2.96 billones y se jactó: «Hemos incrementado en 300% lo que nos propusimos recuperar en los cuatro años.»

Tres explicaciones son posibles aquí: Primero, que la Contraloría efectivamente recuperó COP 2.96 billones en dinero efectivo pagado (más probable). Segundo, que ese dinero está en procesos de cobro en curso y no está enteramente pagado. Tercero, que Rodríguez está inflando la cifra con «beneficios teóricos» de auditorías preventivas.

La Contraloría también abrió 5.315 procesos de responsabilidad fiscal por COP 21.72 billones. Parece un número impresionante hasta que se revela que solo profirió 1.090 fallos condenatorios (el 20% de los procesos abiertos), y esos fallos sumaron apenas COP 3.37 billones. El 80% de los procesos abiertos aún están en curso. El daño identificado (COP 28.2 billones en hallazgos fiscales) es 8 veces mayor que el daño realmente condenado. Es decir, la Contraloría descubre corrupción por COP 28 billones, pero solo logra que se condene formalmente el 12%.

El impacto real

¿Qué significa esto para usted? Que mientras la Contraloría celebra COP 22,7 billones «recuperados», sus hijos esperan a que una escuela se termine, sus vías no se reparan, y los elefantes blancos siguen acumulándose.

Hay 1.970 «elefantes blancos» (obras inconclusas) en Colombia por COP 67 billones. La Contraloría ayudó a completar 536 obras. Quedan 1.434 obras sin resolver. Es decir, incluso con toda la estrategia «Salvando Obras», el 73% de las obras paralizadas siguen paralizadas. Y de esas, 1.029 por valor de COP 54.17 billones aún no tienen solución.

Ahora, imagine qué hubiera pasado si esos COP 22,7 billones hubieran llegado realmente al Tesoro en efectivo. Un hospital de mediana complejidad cuesta aproximadamente COP 80 mil millones. Con COP 22,7 billones podría construir 283 hospitales. O 227 escuelas rurales de excelencia. O 1.1 millones de becas de educación superior.

Pero esos hospitales no existen. Porque el dinero nunca llegó.

El sistema que lo permite

¿Por qué la Contraloría puede decir que «recuperó» COP 22,7 billones cuando menos de COP 4 billones llegaron al Tesoro? Porque el sistema permite que dos palabras con significados contradictorios se usen indistintamente: «recuperado» y «contabilizado».

Para la Contraloría, recuperar significa haber identificado un daño (hallazgo fiscal), haber abierto un proceso (proceso de responsabilidad), haber prevenido un posible fraude (control preventivo), o haber ayudado a terminar una obra (beneficio de auditoría). Ninguno de estos es un giro de dinero al Tesoro.

Pero los medios y el Gobierno usan «recuperado» como si significara dinero en caja. Y la ciudadanía, por supuesto, lo entiende como efectivo restitui do. Es un truco lingüístico que funciona porque el sistema no castiga a quienes lo usan.

La pregunta de verdad es: ¿por qué la Contraloría no publica, cada mes, un estado de cuenta del dinero «recuperado» que realmente llegó al Tesoro? ¿Por qué no hay un dashboard público donde cualquier ciudadano pueda ver: proceso abierto → fallo condenatorio → orden de cobro → giro al Tesoro? Porque si lo hiciera, la cifra de COP 22,7 billones se convertiría en COP 3.74 billones, y el contralor no podría jactarse de haber triplicado las metas.

La próxima vez que escuche que la Contraloría «recuperó» miles de millones de pesos, pregunte dónde está ese dinero. Pregunte en qué cuenta del Tesoro se depositó. Pregunte si puede ver los comprobantes de giro. Pregunte por qué no hay un registro público de esos dineros.

Porque mientras usted y yo esperamos respuestas, el dinero que nunca llegó se ha convertido en parte de la máquina: cada año, otro COP 5 billones identificados como «hallazgos fiscales», cada año otro 15% convertido en sentencia condenatoria, cada año otro puñado de cobros coactivos que quizás o quizás no sean pagados.

El sistema funciona perfectamente. Para la corrupción. Porque la corrupción no necesita que le roben el dinero dos veces. Solo necesita que la primera vez, el dinero se pierda en una cifra tan grande que nadie se atreva a perseguirla hasta encontrar dónde quedó.

La pregunta entonces no es qué recuperó la Contraloría. Es qué necesitaría pasar para que finalmente lo hiciera de verdad.

corrupcionaldia.com | La corrupción no solo se denuncia, se disecciona.

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