La transformación de una empresa estatal que pasó de perder $47.099 millones a generar utilidades por $3.814 millones en dos años


Durante décadas, el fracaso de las empresas estatales en Colombia se ha explicado con la misma narrativa derrotista: «así son las cosas públicas«, «la corrupción es inevitable», «el Estado no sabe administrar«. La historia de 4-72 desmonta ese relato con números contundentes y demuestra una verdad incómoda para quienes se benefician del desorden: con honestidad, disciplina y combate a la corrupción, las empresas del Estado sí pueden funcionar.

El desastre que nadie quería heredar

Cuando Juan Alberto García Estrada asumió la presidencia de 4-72 en octubre de 2023, pocos envidiaban su posición. La empresa postal estatal era un símbolo del fracaso administrativo: pérdidas ininterrumpidas desde su constitución, gastos superiores a los ingresos y una hemorragia financiera que parecía imparable.

Los números del 2023 eran brutales: por cada $100 que facturaba, 4-72 gastaba $116,80. El cierre del año dejó pérdidas netas por $47.099 millones de pesos, sumándose a las pérdidas históricas acumuladas que convertían a la empresa en un caso de estudio de insostenibilidad.

"Encontramos una estructura diseñada más para facilitar contrataciones que para prestar servicios«, reconoce una fuente cercana a la administración que pidió no ser identificada. «Había procesos que simplemente no tenían sentido técnico, pero sí generaban oportunidades para intermediarios«.

La cirugía sin anestesia

García Estrada y su equipo no llegaron con discursos grandilocuentes ni planes a diez años. Llegaron con una calculadora, auditorías internas y una pregunta simple para cada gasto: ¿esto genera valor o genera comisiones?

La primera medida fue quirúrgica: eliminar gastos innecesarios. Pero no se trataba de recortar por recortar, sino de identificar las fugas sistemáticas de recursos. Contratos sobredimensionados, intermediarios sin función clara, procesos duplicados que solo servían para multiplicar pagos.

«Se revisaron contrato por contrato«, explica un funcionario del área financiera. «Muchos llevaban años renovándose automáticamente, sin evaluación real de resultados. Había proveedores que cobraban servicios que nunca se prestaron o que se prestaban a costos inflados«.

La segunda intervención fue estructural: modernizar el modelo operativo. 4-72 operaba con costos fijos altísimos, especialmente en transporte, heredados de esquemas donde la rigidez administrativa favorecía contratos cerrados de largo plazo. Se implementó un modelo flexible donde los costos se ajustan a la demanda real.

La tercera acción tocó el nervio más sensible: reorganizar la estructura administrativa. Reducir una planta de personal inflada no es popular, pero era necesario. «No se trató de despidos masivos», aclara la fuente administrativa, «sino de reordenar funciones, eliminar duplicidades y ajustar la estructura a lo que la empresa realmente necesita para operar».

Los números que no mienten

En 2024, apenas un año después de las reformas, 4-72 cerró con utilidades de $3.030 millones de pesos. Fue la primera vez en su historia que la empresa terminaba un año en positivo.

Pero el verdadero impacto se vio en 2025. A septiembre, la empresa ya registra utilidades por $3.814 millones, superando todo lo ganado el año anterior. Si la tendencia se mantiene, 2025 será histórico: el año en que 4-72 no solo sostiene sus utilidades, sino que comienza a revertir las pérdidas acumuladas de décadas.

«Lo que cambió no fue la capacidad de la empresa«, analiza María Fernanda Ospina, experta en gestión pública de la Universidad Nacional. «Lo que cambió fue que alguien decidió que la honestidad y la eficiencia eran más importantes que mantener contentos a los contratistas habituales«.

El precio político de la honestidad

La recuperación de 4-72 no ha sido gratuita en términos políticos. Cada contrato cancelado, cada proveedor cuestionado, cada proceso revisado ha generado resistencias. «Hay sectores que se beneficiaban del desorden«, reconoce un observador del sector postal. «Para ellos, una empresa eficiente es una empresa que les cierra oportunidades«.

García Estrada ha enfrentado críticas, algunas legítimas sobre el impacto en el empleo, otras claramente dirigidas desde intereses afectados. «Lo más difícil no fue identificar los problemas«, confía un miembro del equipo directivo, «sino sostener las decisiones frente a las presiones«.

Pero los resultados son la mejor defensa. Una empresa que llevaba décadas perdiendo dinero hoy genera utilidades. Una estructura que parecía diseñada para el fracaso hoy funciona. Un modelo que favorecía la intermediación hoy prioriza la eficiencia.

Las lecciones para el Estado colombiano

El caso 4-72 desmonta varios mitos sobre la gestión pública en Colombia:

Mito 1: «Las empresas del Estado no pueden ser eficientes»
Realidad: Pueden serlo cuando se eliminan los mecanismos que facilitan la corrupción y se prioriza la gestión técnica sobre los favores políticos.

Mito 2: «Los costos altos son inevitables en lo público»
Realidad: Muchos costos altos son el resultado de contratos inflados, no de necesidades operativas reales.

Mito 3: «Cambiar las empresas estatales toma décadas»
Realidad: Con decisiones firmes y auditorías serias, los resultados pueden verse en meses.

El doctor Luis Carlos Reyes, economista y analista de políticas públicas, es contundente: «4-72 demuestra que el problema de muchas empresas estatales no es su naturaleza pública, sino la captura por intereses privados que las usan como cajeros automáticos. Cuando se rompe esa captura, la eficiencia aparece«.

El desafío de sostener el cambio

La recuperación de 4-72 plantea una pregunta incómoda para el establishment político colombiano: si fue posible aquí, ¿por qué no en otras empresas estatales? ¿Cuántas instituciones públicas están operando en pérdidas no por incompetencia técnica, sino por corrupción normalizada?

«El riesgo ahora es la regresión«, advierte Ospina. «Los intereses afectados no desaparecen, solo esperan. Si hay un cambio de administración y vuelven las viejas prácticas, todo lo avanzado se puede perder en meses«.

Por eso, la historia de 4-72 no es solo una historia de recuperación empresarial. Es una historia sobre el costo de la honestidad, la posibilidad del cambio y la permanente tensión entre quienes quieren que las instituciones públicas funcionen y quienes prefieren que sigan siendo botines.

Conclusión: Sí se puede

A septiembre de 2025, 4-72 es la prueba viviente de que la honestidad en la administración pública no es una utopía, sino una decisión. Que combatir la corrupción no es imposible, sino incómodo. Que las empresas del Estado pueden ser eficientes cuando se diseñan para servir, no para facilitar negocios.

García Estrada y sus trabajadores no hicieron magia. Hicieron lo que siempre se debió hacer: administrar con criterio técnico, gastar lo necesario, controlar lo gastado y perseguir resultados en lugar de comisiones.

La pregunta que queda es si Colombia está dispuesta a replicar este modelo o si preferirá seguir repitiendo que «así son las cosas públicas» mientras los recursos de todos se evaporan en la corrupción normalizada.

Los números de 4-72 son claros: cuando se quiere, se puede. El problema nunca fue la capacidad del Estado. El problema siempre fue quién se beneficia de su fracaso.


DATOS CLAVE

  • 2023: Pérdida neta de $47.099 millones
  • 2024: Utilidad de $3.030 millones (primer año positivo en la historia)
  • 2025 (a septiembre): Utilidad de $3.814 millones
  • Indicador crítico: En 2023, por cada $100 facturados, se gastaban $116,80

Este artículo hace parte de la serie «Honestidad que transforma» de corrupcionaldia.com, donde documentamos casos de gestión pública transparente que demuestran que el cambio es posible.

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