Cómo Andrés Escobar transformó las amenazas en el trabajo más cómodo del mundo

¿Sabía usted que existe una fórmula mágica para cobrar un sueldo público sin trabajar? Es sencilla: alegar amenazas, solicitar virtualidad y desaparecer de sus obligaciones mientras mantiene intactos sus privilegios. El concejal del Centro Democrático en Cali, Andrés Escobar, ha perfeccionado esta técnica hasta convertirla en un arte. Dos meses de ausencias físicas, honorarios intactos y, como cereza del pastel, usar el vehículo oficial de la UNP para encuentros «extraoficiales» con presuntas amantes.

Este no es solo el caso de un funcionario irresponsable. Es la radiografía perfecta de cómo el sistema político colombiano ha diseñado mecanismos «legales» para que la corrupción prospere bajo el manto de la institucionalidad. Mientras Escobar cobra religiosamente sus honorarios por participar «virtualmente» en sesiones, los ciudadanos de Cali se quedan sin representación efectiva y con un espectáculo bochornoso que expone las entrañas podridas de la política local.

Andrés Escobar

EL MECANISMO INVISIBLE: CÓMO FUNCIONA EL ESQUEMA DE LA «AMENAZA CONVENIENTE»

La operación es de una simplicidad pasmosa. Primer paso: conseguir un dictamen de «riesgo extraordinario» de la UNP. Segundo: solicitar participación virtual «por seguridad«. Tercero: firmar desde la comodidad del hogar (o desde donde sea que uno esté) mientras se mantienen intactos todos los beneficios económicos. Cuarto: hacer lo que se le dé la gana, incluido usar el vehículo oficial para aventuras románticas.

¿El resultado? Un concejal que gana dinero público sin dar la cara, literalmente.

Escobar obtuvo su resolución de «riesgo extraordinario» el 28 de febrero de 2024, y desde entonces ha convertido la virtualidad en su zona de confort. La Resolución No. 156 de 2025, firmada por Edison Lucumí, oficializó lo que en cualquier empresa privada se llamaría «robo de salario«: cobrar sin trabajar efectivamente.

Pero aquí viene lo más revelador del mecanismo: si realmente su vida está en peligro, ¿qué hacía el 2 de julio en Ciudad Jardín, Cali, en la camioneta de la UNP, sin escoltas, en lo que testigos describen como un encuentro romántico que terminó en un escándalo callejero? ¿Las balas distinguen entre sesiones del Concejo y citas clandestinas?

La respuesta es obvia: las «amenazas» son tan reales como su compromiso con el servicio público. Es decir, inexistentes.

LOS ACTORES DE ESTA FARSA INSTITUCIONAL

Andrés Escobar no es solo el protagonista, es el perfecto producto del sistema. Un hombre que disparó contra manifestantes en 2021, que agrede a líderes comunitarios y que ahora ha descubierto que las amenazas (reales o imaginarias) son el mejor seguro de desempleo remunerado del mundo.

Edison Lucumí, presidente del Concejo, aparece como el facilitador institucional. Su papel no es menor: es quien avaló y firmó la resolución que permite este teatro. Cuando el líder comunal Andrés López lo confrontó públicamente, Lucumí no solo lo censuró, sino que permitió que los escoltas de Escobar lo agredieran. ¿Qué clase de presidente del Concejo protege más a un concejal ausente que a un ciudadano presente?

La UNP juega el papel de la institución instrumentalizada. Sus resoluciones se han convertido en salvoconductos para la vagancia remunerada. Su vehículo oficial se usa para aventuras personales mientras supuestamente «protege» a alguien que, según su propia lógica, debería estar resguardado en casa.

Los líderes comunitarios, como Andrés López, representan lo que queda de dignidad en este sistema. Cuando López señaló públicamente las ausencias de Escobar, fue silenciado y agredido. El mensaje es claro: el sistema protege a quien lo explota y castiga a quien lo denuncia.

EL IMPACTO REAL: LO QUE CUESTA UN CONCEJAL FANTASMA

Mientras Escobar perfecciona su técnica de cobrar sin trabajar, los damnificados por el invierno en Cali siguen esperando soluciones. Las 16 víctimas del estallido social en la comuna 20 siguen sin justicia. Los recursos públicos se dilapidan en honorarios fantasma mientras las necesidades reales de la ciudad permanecen desatendidas.

¿Cuánto le cuesta a Cali mantener a este concejal virtual? No solo es el monto de sus honorarios mensuales, multiplicado por el tiempo de ausencias. Es el costo de oportunidad de no tener representación efectiva, el desgaste institucional, el mensaje que se envía a otros funcionarios sobre lo fácil que es burlar el sistema.

Cada día que Escobar cobra sin trabajar presencialmente, cada sesión donde firma virtualmente sin participar del debate, cada vez que usa recursos públicos para fines personales, es un golpe más a la credibilidad del sistema democrático local.

Los ciudadanos pagan impuestos para sostener una representación que no los representa, para financiar una protección que protege aventuras románticas, para mantener una institucionalidad que institucionalizó la vagancia.

EL SISTEMA SILENCIOSO QUE LO HACE POSIBLE

Este caso no es una excepción, es el funcionamiento normal de un sistema diseñado para ser explotado. La participación virtual, creada como herramienta legítima para situaciones excepcionales, se ha convertido en la coartada perfecta para la irresponsabilidad sistemática.

¿Por qué funciona este esquema? Porque combina la apariencia de legalidad con la realidad de la impunidad. Escobar no está violando técnicamente ninguna norma: tiene autorización para participar virtualmente. El problema es que esa autorización se basa en premisas falsas y se ejecuta de manera fraudulenta.

El sistema permite que un funcionario alegue amenazas, obtenga protección estatal, use esa protección como excusa para evadir responsabilidades y, simultáneamente, utilice los recursos de esa misma protección para actividades personales. Es un círculo perfecto de corrupción institucionalizada.

Mientras tanto, los mecanismos de control político brillan por su ausencia. La Procuraduría puede investigar, pero la investigación toma tiempo y, mientras tanto, el esquema sigue funcionando. Los ciudadanos pueden denunciar, pero si lo hacen en público son agredidos y silenciados.

¿El resultado? Un sistema que premia la corrupción y castiga la honestidad.

LA PREGUNTA QUE INCOMODA

La próxima vez que vea a un funcionario público cobrando religiosamente su salario, pregúntese: ¿está realmente trabajando para usted o está perfeccionando la técnica de cobrar sin dar la cara?

El caso de Andrés Escobar no es solo un escándalo individual. Es el síntoma de un sistema político que ha normalizado el engaño, institucionalizado la vagancia y prematurado la impunidad. Un sistema donde las amenazas (reales o inventadas) se convierten en oportunidades de negocio, donde la virtualidad se usa para evadir la realidad y donde los recursos públicos financian aventuras privadas.

Cada peso que Escobar ha cobrado sin trabajar presencialmente es un peso menos para las necesidades reales de Cali. Cada día de ausencia «justificada» es un día más de burla al ciudadano que paga impuestos creyendo que financia representación, no simulación.

El sistema no se cambiará solo. Pero tampoco puede seguir funcionando si nosotros, como ciudadanos, dejamos de permitir que nos tomen por idiotas. La verdad sobre estos esquemas no solo se lee, se siente en cada servicio público deficiente, en cada necesidad desatendida, en cada impuesto que pagamos para financiar esta farsa.

¿Seguiremos financiando concejales fantasma o es hora de exigir representantes reales?

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