El hijo del cacique de la parapolítica repite el libreto de su padre: 134.000 votos, 47 propiedades y un pacto de $92.000 millones con la UNGRD. Ahora está preso… y quiere posesionarse.
Por | corrupcionaldia.com | 31 de marzo de 2026
Julio Manzur Abdalá fue senador durante más de tres décadas en Córdoba. Lo capturaron en 2015 por pactar con el Bloque Norte de las Autodefensas. Terminó en la JEP. Su hijo Wadith estudió en los Andes, hizo una maestría en el Externado, un posgrado en Madrid. Y en 2026, con apenas 39 años y 134.000 votos, está preso en la Escuela de Carabineros, investigado por presuntamente vender su voto legislativo a cambio de contratos de la UNGRD por $92.000 millones. Tal padre, tal hijo. El círculo se cierra. Colombia aplaude.
EL MECANISMO EXPUESTO — EL NEGOCIO QUE NADIE QUIERE LLAMAR POR SU NOMBRE
Vamos a ser precisos, porque en Colombia la imprecisión siempre favorece al corrupto.
Wadith Alberto Manzur Imbett, senador electo del Partido Conservador, presuntamente actuó como «vocero» para direccionar contratos de la UNGRD a cambio de favores legislativos para el Gobierno, siendo investigado por los delitos de cohecho impropio e interés indebido en celebración de contratos. Las declaraciones de exfuncionarios — entre ellas las de María Alejandra Benavides, exasesora del Ministerio de Hacienda y hoy con principio de oportunidad — lo señalan de haber ejercido presiones para beneficiar a determinados sectores.
El proceso se enmarca en el entramado de corrupción destapado alrededor de la UNGRD, que le habría costado al erario cerca de $92.000 millones, originados en sobrecostos de los carrotanques para La Guajira. Es decir: el sistema de riesgo y desastres — el que supuestamente existe para atender inundaciones, terremotos y emergencias humanitarias — fue operado, al menos en parte, como una alcancía para comprar votos legislativos.
El nombre de Wadith Manzur aparece consignado en la hoja 20 de una libreta de apuntes marca «Norma» (tipo miniblock) con la anotación «Wadith Manzur-Costa«, entregada por la defensa de Olmedo López como elemento material probatorio. Bienvenido al Ciclo Secreto en su forma más pura.
LOS ACTORES Y SUS ROLES — EL LINAJE DEL PRIVILEGIO
Entendamos quién es Wadith Manzur antes de que su defensa lo convierta en víctima.
Wadith Alberto Manzur Imbett nació el 15 de octubre de 1986 en Montería. Es hijo del exsenador Julio Manzur, procesado en la JEP por parapolítica. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes, obtuvo su maestría en la Universidad Externado de Colombia y su posgrado en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, España.
En 2018, con apenas 32 años, el ingeniero industrial consiguió una curul en la Cámara de Representantes. Su elección fue posible en buena medida gracias al respaldo de la entonces senadora conservadora Nora García y de su estructura política, aliada histórica del clan familiar.
En 2023 fue elegido presidente de la Comisión de Acusaciones, una de las instancias más sensibles del Congreso, encargada de investigar a altos dignatarios del Estado. Desde ese cargo tuvo en sus manos procesos de enorme peso político, entre ellos la investigación sobre la presunta violación de los topes de financiación de la campaña presidencial de Gustavo Petro. La Unidad de Datos de EL TIEMPO pudo determinar en 2024 que el también expresidente de la Comisión de Acusación estuvo visitando 15 veces, al menos las registradas, la Casa de Nariño. Bajo su presidencia, los casos contra el presidente no avanzaron. Qué casualidad.
El 8 de marzo obtuvo 134.000 votos, 24.000 más que hace cuatro años. En Uribia, municipio ubicado al norte de La Guajira, el candidato al Senado más votado en la circunscripción nacional fue Manzur con 6.326 votos. La cifra cobra mayor relevancia al considerar que Manzur no contaba con antecedentes de fuerza electoral en esa zona, lo que generó cuestionamientos sobre la transparencia del proceso.
En tres años, el patrimonio líquido del congresista aumentó en 59,11 por ciento: pasó de $2.010 millones a $3.198 millones. Además, tiene 47 propiedades registradas a su nombre en la Superintendencia de Notariado y Registro. Para un político cuyo único ingreso conocido ha sido el salario de congresista, es una curva que merece explicación.
¿QUIÉN VOTÓ POR MANZUR? — LA ANATOMÍA DE UN CAUDAL SIN CAUSA
Hagamos el ejercicio que nadie en el Partido Conservador se ha atrevido a hacer públicamente: preguntarnos con seriedad de qué están hechos los 134.914 votos de Wadith Manzur.
En las elecciones del 8 de marzo de 2026, Manzur se posicionó como el séptimo candidato más votado del país y el tercero del Partido Conservador. Esto sería extraordinario si estuviéramos hablando de alguien con trayectoria de liderazgo comunitario reconocible, obra legislativa que le haya cambiado la vida a alguien, o siquiera un discurso programático que la gente recuerde. Pero no. Buscamos: no hay una ley con su nombre que haya transformado algo. No hay un movimiento social que lo cite como referente. No hay una propuesta legislativa suya que haya entrado al debate nacional por sus propios méritos. Lo que hay es una campaña de champeta, espuma y jingles.
Su estrategia electoral se resumió en un discurso de político divertido y cercano a la gente: «Levante la mano el que está con Wadith», decía su jingle champetero. En otros videos se lo ve lleno de espuma, cantando y bailando. Un marketing de proximidad que funciona perfectamente cuando la gente no vota por propuestas sino por quien le ofrece algo concreto — y no necesariamente en un tarjetón.
Entonces, ¿quién vota por Manzur? La respuesta tiene cuatro capas, y ninguna habla bien del estado de la democracia colombiana.
Primera capa: la herencia del apellido. Manzur heredó de su padre, Julio Manzur Abdalá, un caudal electoral construido durante décadas. A ese respaldo político se sumaba un patrimonio considerable y una red de alianzas que durante años fue una de las más influyentes de la política cordobesa. En Colombia, el apellido político es una franquicia. La gente no vota por el candidato: vota por la red de favores, contratos, empleos y prebendas que ese apellido históricamente ha activado. El padre fue a la cárcel por parapolítica. La red sobrevivió. El hijo la heredó. Los votos llegaron solos.
Segunda capa: las maquinarias del Caribe. La campaña de Manzur al Senado contó con el apoyo de aliados conservadores del Caribe. En Barrancas, buena parte de la estructura política estaba de frente con Manzur. En Uribia, el exalcalde Bonifacio Henríquez le pondría votos. Las maquinarias políticas de Jaime Luis Buitrago, alcalde de Uribia, y Bonifacio Henríquez, exalcalde, habían trabajado unidas en el pasado para el senador Carlos Trujillo — el mismo Trujillo identificado como padrino político de Olmedo López, el cerebro del escándalo UNGRD. Cuando el padrino se va, la maquinaria no desaparece: busca un nuevo cliente. Y Manzur, con dinero para operar en La Guajira y contratos de la UNGRD fluyendo hacia la región, era el cliente ideal.
Manzur fue el candidato más votado del Partido Conservador en Uribia con 6.326 sufragios, el 50,92 por ciento de los 12.422 votos del partido en ese municipio. Esto, a pesar de no tener carrera política en ese departamento. Un político de Córdoba que saca más votos en un municipio del extremo norte de La Guajira que cualquier candidato local, en el mismo municipio que está en el centro del escándalo de los carrotanques, en el mismo periodo en que supuestamente se estaban gestionando contratos de la UNGRD para esa región. La investigación apunta a una red que trasciende los límites departamentales y que utilizó municipios como Uribia para consolidar resultados electorales atípicos. La Fiscalía y la Corte Suprema señalaron que continuarán indagando la relación entre los patrones de votación, la gestión de recursos de la UNGRD y la presunta compra de votos. ¿Coincidencia? En Colombia, las coincidencias de este tamaño tienen nombre: clientelismo armado de recursos públicos.
Tercera capa: el sesgo del statu quo y la resignación convertida en papeleta. Aquí está la parte más incómoda, la que ningún analista político quiere decir en voz alta porque señala al ciudadano y no solo al sistema. Colombia lleva décadas eligiendo a personas como Manzur no porque las admire, sino porque ya no espera nada diferente. El sesgo del statu quo — ese error cognitivo que nos lleva a preferir lo conocido aunque sea malo — opera con devastadora eficiencia en el voto colombiano. «Al menos Manzur trae algo al departamento.» «Al menos con él sé cómo funciona.» «Todos roban, pero este roba y da.» Esas frases, repetidas en cualquier plaza de mercado de la Costa Caribe, son el verdadero programa de gobierno de los Manzur de Colombia. No es ignorancia del votante: es una racionalidad perversa construida durante décadas de un Estado que solo llega a las regiones en forma de favores clientelistas.
La Misión de Observación Electoral había advertido que existía un riesgo extremo en Uribia de cara a los comicios del 8 de marzo. La alerta estuvo ahí, publicada, documentada. El Consejo Nacional Electoral — ese organismo que según el editorial de El Espectador está «controlado por las fuerzas políticas» — no actuó con la contundencia necesaria. Los partidos no actuaron. La ciudadanía, en buena parte, no tenía más opciones visibles. Y Manzur obtuvo 134.914 votos.
El resultado no es solo el producto de una maquinaria corrupta. Es el producto de un sistema educativo que nunca enseñó a votar por propuestas. De una institucionalidad que normalizó el clientelismo como forma de Estado. De medios que cubrieron los jingles champeteros y no las alertas de la MOE. Y de décadas de impunidad que le enseñaron al votante que denunciar no sirve de nada, pero que el político que trae la obra sí.
Ese es el votante de Manzur. No es un fanático. Es alguien a quien el sistema dejó sin más opciones racionales. Y eso, paradójicamente, es la acusación más grave de todas: no contra él, sino contra el país que lo produce.
Cuarta capa: la que nadie quiere nombrar pero todos ven — la compra directa del voto.
Hay un momento en que el análisis político tiene que dejar de ser elegante y decir lo que los datos gritan. Manzur no llegó a 134.000 votos solo con el apellido, las maquinarias y la resignación ciudadana. Llegó también con el mecanismo más antiguo, más crudo y más impune de la democracia colombiana: la compra directa del sufragio. Y las elecciones del 8 de marzo de 2026 lo dejaron documentado con una precisión que ya quisieran para sí muchos fiscales del mundo.
A corte del 7 de marzo de 2026, las autoridades colombianas habían incautado más de $3.521 millones de pesos destinados presuntamente a la compra y venta de votos en diversas regiones del país. Entre las zonas con mayores incautaciones se encontraban, exactamente, Córdoba y La Guajira — los dos departamentos donde se concentra el caudal electoral de Wadith Manzur. No es una coincidencia geográfica. Es el mapa exacto de su poder.
La primera incautación de alto impacto fue de $145 millones en efectivo en un retén en Hatonuevo, La Guajira — uno de los municipios donde Manzur fue el candidato conservador más votado. El dinero era transportado por el escolta del secretario de la Cámara de Representantes, Jaime Lacouture, y estaba distribuido en siete sobres marcados con nombres de líderes y concejales del departamento. Además de los sobres, el vehículo transportaba propaganda electoral a favor del candidato Daniel Restrepo — el senador electo del clan político de Carlos Andrés Trujillo, el mismo Trujillo identificado como padrino político de Olmedo López, el cerebro del escándalo UNGRD. La red se anuda sola.
En Montería, Córdoba, en la misma jornada se reportó la captura de dos personas y la incautación de $434,7 millones de pesos transportados en un vehículo particular. Cuatrocientos treinta y cuatro millones de pesos en efectivo, en un carro, en la capital del departamento donde Manzur construyó su base política original. El Presidente Petro fue al punto sin eufemismos: solicitó a la Fiscalía allanar los sitios descubiertos como centros de compra de votos en Córdoba.
Pero hay algo más revelador que las cifras: el destino del dinero. Los sobres tenían nombres de supuestos líderes políticos en los municipios de Riohacha, Dibulla y el corregimiento de Mingueo. Cada sobre tenía el nombre de un supuesto beneficiario junto con una suma de efectivo y material electoral. Esto no es compra de votos al detal — el billete de veinte mil pesos al ciudadano en la puerta de la mesa. Esto es la arquitectura industrial de la corrupción electoral: dinero distribuido en sobres a intermediarios, quienes a su vez movilizan redes de votantes a cambio de plata, favores, contratos, empleos. Una cadena de producción del voto comprado que opera con la misma lógica que cualquier empresa de distribución, solo que el producto es la democracia y el cliente es el político que necesita el número.
El ministro de Defensa fue explícito: estas incautaciones «solo son la punta del iceberg», pues muy seguramente se mueve más dinero del que se logra incautar. De los 41 capturados en flagrancia durante los operativos, más de la mitad quedaron libres. Ahí está el sistema funcionando en su plenitud: se captura al mensajero, se libera al mensajero, el político que financió la operación celebra su victoria electoral tres días después. Y si lo investigan por otro escándalo, siempre puede decir que tiene «plena tranquilidad».
Porque eso fue exactamente lo que dijo Manzur el 11 de marzo, el día antes de que la Corte ordenara su captura: publicó en sus redes sociales que tenía «plena tranquilidad» frente a las acusaciones y «total disposición para atender cada requerimiento del alto tribunal«. Plena tranquilidad. El hombre con 47 propiedades, 134.000 votos en dos departamentos donde se incautaron cientos de millones para comprar sufragios, un patrimonio que creció 59% siendo congresista, y su nombre en la hoja 20 de una libreta Norma. Plena tranquilidad.
En Colombia, eso no es descaro. Es simplemente la experiencia acumulada de quien lleva toda una vida viendo que el sistema, finalmente, siempre perdona a los suyos.
EL IMPACTO REAL — LO QUE SE ROBARON NO ERA SOLO DINERO
Los $92.000 millones de pesos que presuntamente se repartieron en contratos de la UNGRD a cambio de votos legislativos no eran recursos para caprichos burocráticos. Eran recursos de gestión del riesgo. Los carrotanques de La Guajira son el símbolo más brutal de este desfalco. La Guajira es el departamento donde los niños Wayuú mueren de sed y desnutrición desde hace décadas, donde las promesas de agua potable son el combustible de cada campaña electoral y el combustible de cada negocio corrupto.
Los proyectos, según el expediente, estaban destinados a los municipios de Cotorra (Córdoba), Saravena (Arauca) y Carmen de Bolívar, por un valor aproximado de $92.000 millones de pesos. Cotorra: inundaciones recurrentes, comunidades desprotegidas. Saravena: zona de conflicto y emergencias humanitarias crónicas. El Carmen de Bolívar: epicentro del sufrimiento en los Montes de María.
Dentro de las diligencias también se menciona una reunión realizada el 15 de diciembre de 2023 en el despacho del entonces ministro del Interior Luis Fernando Velasco, en la que se habrían discutido proyectos y contratos para esos municipios. Eso es lo que se negoció allí. No era una sesión de trabajo legislativo. Era un mercado de miseria.
EL SISTEMA QUE LO PERMITE — EL TEATRO DE LA DEMOCRACIA
El Partido Conservador, que a placer celebró los 129.180 votos que sacó Wadith Manzur, guarda un cómodo silencio, mientras la Corte Suprema de Justicia remitió una consulta al Senado de la República sobre si una medida de aseguramiento es razón suficiente para impedir la posesión.
¿Con qué cara el Partido Conservador le dio el aval a Manzur sabiendo que estaba siendo investigado por la Corte Suprema? Con la misma cara de siempre: la del cálculo electoral. En los expedientes de la Corte Suprema, a Manzur lo acompañan otra cordobesa como la senadora conservadora Liliana Bitar, así como el senador liberal pereirano Juan Pablo Gallo, el representante liberal paisa Julián Peinado, la araucana representante de las curules de paz Karen Manrique y el metense verde Juan Diego Muñoz.
Su padre, Julio Manzur, también terminó enfrentando a la justicia. Durante años fue una figura central del conservatismo cordobés, pero su carrera política quedó golpeada cuando fue vinculado al escándalo de la parapolítica. Las investigaciones señalaron que habría recibido apoyo del Bloque Norte de las Autodefensas para llegar al Congreso en las elecciones de 2002.
Si Manzur quedara libre antes del 20 de julio, no tendría problema en posesionarse, pero eso por ahora parece improbable. En cambio, si llega a ser condenado, el partido perdería la curul. El sistema jurídico, en su generosidad característica con el poder, deja la puerta entreabierta.
Como señala Alejandro Nieto en El desgobierno de lo público, la corrupción estructural no es un problema de casos aislados, sino una práctica sistemática integrada al funcionamiento del Estado. Y la resignación ciudadana —aquella que James Buchanan identificaba como el riesgo de una sociedad civil debilitada— es el lubricante que mantiene el ciclo girando.
LA PREGUNTA QUE COLOMBIA NO QUIERE RESPONDER
El 20 de julio se instala el nuevo Congreso. Wadith Manzur puede estar en la Escuela de Carabineros o, si la justicia opera a la velocidad que acostumbra en Colombia, libre y sonriente en el hemiciclo del Senado. El Partido Conservador ya informó que no puede hacer nada mientras no haya condena. 134.000 colombianos votaron por él. El ciclo continúa.
La pregunta no es si Manzur es culpable o inocente. Eso lo decidirá la Corte Suprema. La pregunta es qué dice de nosotros que un sistema permita que alguien investigado por corrupción reciba el aval de su partido, obtenga 134.000 votos, y ahora discuta si puede legislar desde la cárcel.
La respuesta, ciudadano, es la que todos sabemos y pocos queremos decir en voz alta: el sistema no está roto. Está funcionando exactamente como lo diseñaron quienes se benefician de él.
La pregunta no es si hubo corrupción. Es si vamos a seguir permitiéndola.
Cada peso robado es una oportunidad perdida. Cada silencio cómplice, una injusticia perpetuada. El sistema no se cambia solo. Pero tampoco puede cambiar sin nosotros.
Entra a corrupcionaldia.com y no permitas que el olvido sea el último acto de injusticia.



