Algo huele mal en el Magdalena

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    Por: EDITORIAL
    13 de agosto 2013 , 04:49 p.m.

    En un país que cree que lo ha visto todo en materia de intentos para asignar licitaciones y favorecer a contratistas con nombre propio, resulta escandaloso lo que viene de ocurrir en el departamento del Magdalena por una decisión del gobernador Luis Miguel Cotes. Y es que en contra de las advertencias del Gobierno y de la Procuraduría General, el mandatario seccional decidió adjudicar la construcción de una importante carretera, con un costo de 466.000 millones de pesos, a un consorcio cuya composición genera más preguntas que certezas.

    Semejante proceder fue adoptado por Cotes, a pesar de que el Invías dio por terminado el convenio mediante el cual el presupuesto nacional asumiría más de la mitad del valor de la obra (el resto corresponde a regalías). Puesto de otra manera, el Gobernador tomó la determinación de escoger una firma sin siquiera tener los recursos para financiar el proyecto de la Vía de la Prosperidad.

    Las alarmas en torno a la iniciativa se habían encendido hace meses y no solo el Ejecutivo las había hecho sonar. En un par de comunicaciones, la Cámara Colombiana de la Infraestructura señaló las inconsistencias del proceso y alegó que las exigencias restringían la participación plural de oferentes en el mismo.

    La prueba de ello se tuvo cuando se recibieron apenas tres propuestas, cuyos oferentes –lejos de competir en franca lid– parecen formar parte de una tramoya en la que cada uno tiene un papel. Además, tal como lo venían afirmando los rumores en Santa Marta, el grupo ganador tiene una clara cercanía con familias políticas expertas en contratación. Para frenar el exabrupto, el Invías puso una tutela que le ordenó al Gobernador del Magdalena suspender la licitación. Todo esto ha sido posible por la resuelta y oportuna intervención de la valerosa ministra de Transporte, Cecilia Álvarez, en busca de atajar la dudosa operación.

    Por su parte, algunos dirigentes de la Costa Atlántica han tratado de jugar con la carta del regionalismo, diciendo que una vez más Bogotá se interpone en el progreso de la región. Nada más falso. Aquí de lo que se trata es de que no se roben el dinero, impidiendo la feria de comisiones y desvío de recursos.

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