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POR: SOFÍA RAMÍREZ AGUILAR Y KATIA GUZMÁN


La toma de las oficinas de la CNDH a principios de septiembre ha devuelto la agenda feminista a las primeras planas —casi con la misma intensidad que antes de la pandemia. Este movimiento marca el resurgimiento de nuestras demandas por acceso a la justicia y visibilización de siglos de violencia en contra de las mujeres, particularmente de las más vulnerables por su condición social, económica, educativa, cultural o sexual. Es también el resurgimiento de un movimiento que antes de la pandemia ya demandaba atención del gobierno, que exigía menos violencia pero también mejores servicios públicos, que reclamaba un alto a la extorsión en las formas en las que la padecemos las mujeres.

Está documentado que las mujeres trabajamos más, ganamos menos y cargamos con el estigma de una feminidad sumisa, que todo lo aguanta, todo lo perdona, todo lo acepta y si sufre, lo hace en silencio. Porque si mostramos rabia o somos violentas, quedamos desacreditadas como si fuéramos títeres de agendas masculinas ocultas.

En marzo 2020, se perfilaba una revolución feminista. Éramos millones de mujeres despertando en todo el país, manifestándonos en la arena pública. Pero a las pocas semanas llegó la pandemia y, con ella, la violencia doméstica de exhacerbó. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, informó en abril 2020 que las llamadas de auxilio al 911 por violencia familiar habrían subido 25% y apenas empezaba el encierro. La Red de Refugios para mujeres víctimas de violencia reportó que en el primer semestre de este año había antendido a más de 14 mil mujeres, niñas y niños. En ese mismo periodo, los feminicidios aumentaron 10% respecto al mismo periodo en el año anterior. Las cifras de violencia callejera y homicidios de mujeres empeoraron. Nada mejoró para nosotras. Incluso la Organización Mundial de la Salud estima que una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia doméstica durante este confinamiento.

Al término de la jornada de sana distancia (que finalizó la pandemia, pero sí parcialmente el encierro), MCCI levantó una encuesta telefónica para medir la frecuencia con la que ocurrió la corrupción en ese periodo. Éstos fueron algunos de los resultados.

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1. La situación económica personal de las mujeres empeoró con que la de los hombres durante el último año.

La crisis económica se perfilaba desde finales de 2019. Como suele ocurrir, las crisis ensanchan las brechas salariales entre hombres y mujeres, sobre todo entre las más pobres. El encierro provocó que más mujeres perdieran su empleo y su ingreso, debido a la afectación de los sectores en los que se emplea a una mayor proporción de mujeres, como los servicios, pero también debido a la falta de protección del Estado. Lo mismo ocurrió con el sector informal. En resumen, entre la crisis, la estructura del mercado laboral femenino y la ausencia de programas y apoyos gubernamentales, las más afectadas fueron las mujeres de menores ingresos.

Como era de esperarse, las mujeres nos dimos cuenta de ello. La situación económica de las mujeres empeoró en mayor proporción que la de los hombres -con 6 puntos de diferencia entre unos y otros, según los datos de la encuesta telefónica de MCCI, levantada en julio2020. Visto desde otro ángulo, la proporción de mujeres cuya situación económica permaneció igual fue 6 puntos menor que la de los hombres, lo cual significa que menos mujeres conservaron su empleo o mantuvieron sus ingresos intactos.

Incluso antes del estancamiento económico que se registró en México a finales de 2019, las mujeres ya ganábamos menos que los hombres y nos empléabamos en trabajos más precarios y sin prestaciones de seguridad social. Para los empleadores siempre ha sido más barato despedir a una mujer que a un hombre. También tenemos menos previsiones económicas para enfrentar una pérdida del empleo, pues con un ingreso hasta 30% menor que el de los hombres, pocas alcanzamos a ahorrar.

No sorprende, pues, que ante un escenario de encierro, las mujeres hayamos enfrentado con mayor crudeza la falta de empleo (e ingresos), que los hombres. Sumado a ello, dado el rol tradicional de las mujeres como las cuidadoras de niñas, adultas mayores y enfermas, durante la pandemia muy probablemente muchas mujeres se vieron en la disyuntiva entre cuidar de sus familias o salir a trabajar.

2. Durante el encierro, la corrupción que padecimos las mujeres se incremetó en mayor medida que la que padecieron los hombres, y -sin sorpresas- los servicios de salud fueron en los que más extorsiones pagamos.

La experiencia de corrupción de hombres y mujeres es diametralmente distinta, y su evolución tiene causas y efectos relacionados con los roles tradicionales de género. Durante la pandemia, por ejemplo, las mujeres percibimos un mayor aumento en la corrupción que los hombres, que puede deberse a un sesgo en la forma en la que las mujeres interpretamos la corrupción a la luz de los escándalos que se reportan en medios de comunicación -casi todos protagonizados por hombres, que son quienes tradicionalmente tienen el control del poder y del dinero-, pero que también tiene un componente de la experiencia personal de cada una.

Las mujeres seguimos siendo las principales cuidadoras de niñas, adultas mayores y enfermas (hablo en femenido pero incluyo a los hombres en las tres categorías), una porción del incremento en la percepción de corrupción en el último año entre las mujeres se vincula a que somos nosotras quienes tenemos mayor contacto con los servicios sanitarios y por lo tanto experimentamos mayor corrupción en los servicios de salud. En plena pandemia, esto se refleja en el reporte de un más corrupción entre las mujeres que entre los hombres.

Según la encuesta telefónica de julio 2020, la mitad de las extorsiones padecidas por las mujeres se concentraron en los servicios de salud, con una muy marcada diferencia en la experiencia de los hombres, que reportaron mayores niveles de corrupción en servicios legales y de seguridad pública. Esto se puede atribuir a que la mayor parte de los enfermos graves y fallecidos por Covid-19 son hombres (y por lo tanto la extorsión sobre los servicios la padecieron sus familiares, preponderantemente mujeres).

  1. Las mujeres también esperamos que la corrupción se incremente más que los hombres… y esto se traduce en una peor evaluación del presidente.

Al igual que antes de la pandemia, las mujeres esperamos que los niveles de corrupción se incrementen en los próximos 12 meses. En ese mismo sentido, las mujeres esperamos que la corrupción disminuya en mucho menor proporción que los hombres.

En la medición de marzo 2020, la propoción de mujeres que consideraba que la corrupción dismuniría en el próximo año era de 28%; para julio, esta proporción ya había caído 10 puntos adicionales. Es decir, la pandemia, el encierro y la sucesión de eventos relacionados incrementaron la sensación de que la corrupción aumentaría, sobre todo entre las mujeres.

La peor situación económica, la percepción de más corrupción y la extorsión enfocada en los servicios de salud durante la emergencia inevitablemente acabaron por afectar en la forma en la que nosotras desaprobamos la gestión del presidente: desaprobamos en 9 puntos más que los hombres.

Sin embargo, a pesar de que la corrupción -al igual que la violencia- no la padecemos igual que los hombres, hay otros elementos que pesan en la opinión que las mexicanas tenemos de nuestro presidente.

Es muy probable que la precariedad económica ante la crisis, los 12 o 16 millones de pobres adicionales que dejará la pandemia -una mayoría de las cuales serán mujeres-, así como la falta de empleo, servicios de salud para otras enfermedades distintas a la Covid-19 y sin escuelas, acaben por inclinar la balanza a favor del partido del presidente en las urnas, así sea como resultado de políticas clientelares y no de más y mejores servicios públicos para las mujeres.


*Sofía Ramírez Aguilar es investigadora, analista política y es directora adjunta de la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad hasta el 30 de septiembre 2020.

@Sofia_RamirezA

*Katia Guzmán es investigadora y analista política de la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

@guzmart_

Nota metodológica

MCCI participó en la segunda encuesta Omnibus Nacional Telefónico de DATA Opinión Pública y Mercados, levantada entre el 1 y el 17 de julio de 2020. La muestra es probabilística representativa de la población de 18 años y más en México, con acceso a un teléfono fijo o móvil. Se realizaron 1002 entrevistas efectivas. Se estima un margen de error de +/- 3.1 con un nivel de confianza estadística del 95%. Para el trabajo de campo se usaron dispositivos electrónicos con el software de aplicación de encuestas SurveyToGo (STG).

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