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A la Universidad del Atlántico parece que no le hubiesen bastado los 8 años de crisis en que la sumió Eduardo Verano como gobernador y presidente del Consejo Superior. La nueva administración departamental inició su gestión resolviendo los problemas en la universidad, apelando al buen pulso, al diálogo y a un nuevo compromiso con el ente educativo superior del departamento, desactivó la protesta-toma que heredó de la funesta administración anterior y con mucho acercamiento y juicio logró pacificar a una institución universitaria muy compleja.

Eso llenó de regocijo a los atlanticenses y en particular a los estamentos universitarios, sin embargo, aprovechando la pandemia se han estado cocinando a fuego lento en el Consejo Superior, una serie de medidas que colocan nuevamente al alma mater al borde del abismo y, de verdad, desilusiona.

La normalidad y el progreso al interior Uniatlántico es muy difícil de alcanzar ya que el estado patológico social de ella es la anomia, que literalmente es la carencia de reglas o si se quiere el estado social en el que las normas del comportamiento se tornan confusas y erráticas.

Nada en Uniatlantico es claro, nunca se sabe que está permitido y que está prohibido. Todo se maneja con indecisión e incertidumbre sobre todo los valores institucionales y esto conduce a que sus funcionarios y altos directivos (pero también a estudiantes, trabajadores y docentes), los cuales dependen de las reglas de la institución para darle orden a sus vidas y a sus conciencias, se tornen ansiosos y desconfiados.

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La anomia apareció en la Universidad cuando la cultura universitaria interna fue destruida y sustituida por otra cultura impropia, la politiquería. Allí comenzó todo. Cuando la clase política local se dio cuenta que la Universidad era otro botín jugoso más para repartir, como sucedió con el Instituto de los Seguros Sociales, Foncolpuertos, la Empresa Distrital de Teléfonos, la Fábrica de Licores del Atlántico, las Empresas Publica Municipales, la Lotería del Atlántico y otras instituciones más que fueron tomados y saqueados. Sólo que el despojo que por último se lo tiran a las hienas de los privatizadores. Este parece ser el fin de Uniatlantico.

Los atractivos de la Universidad son enormes: un presupuesto anual significativo, el segundo después del Departamento, con muchas nóminas donde emplear a las maquinarias electoreras, con recursos nacionales v.g. los de regalías y otras fuentes para ejecutar.

La estrategia del asalto es la misma, consiste en tomarse primero el Consejo Superior. Segundo, poner un rector marioneta interno o externo, y tercero, otorgarle unas migas a docentes, estudiantes y trabajadores y listo Calixto. Pan comido.

Esto es lo que nuevamente se está haciendo, de manera velada, en el Consejo Superior, mediante sesiones virtuales a través de Zoom meeting, en plena pandemia, cuando los estudiantes, profesores y trabajadores se encuentran confinados en sus casas. De esta forma, a sus anchas, pues no tienen los ojos internos que lo vigilen y con la excusa de la corrupción moderna, el coronavirus.

La jugadita del Consejo Superior

En otra recurrente demostración de abuso de poder y de violación y desconocimiento de lo normado que amplifica aún más la anomia institucional, el Consejo Superior, sin tener el quórum mínimo para modificar los estatutos internos, olímpicamente y sin mediar en consecuencias, modificó el Estatuto General de la Universidad del Atlántico mediante el espurio Acuerdo Superior 000002 de mayo de 2020.

De igual forma modificó sin el cumplimiento legal para hacerlo el Reglamento Interno del Consejo Superior, mediante otro espurio acto administrativo numerado como Acuerdo Superior No. 000001 de mayo de 2020. Y ese mismo día y sin ruborizarse, modificó el Estatuto Electoral de la Universidad, mediante otro acto impúdico numerado como Acuerdo Superior No. 000003 del 28 de mayo de 2020.

La pregunta ordinaria seria ¿qué persigue el C.S violando lo estatuído y empujando a la Universidad más hacia la catástrofe?

Es el cíclico afán de los nuevos actores políticos de tomarse totalmente la Universidad para ponerla a su servicio (ya quedó demostrado que la Universidad puede elegir representantes a la Cámara y concejales) y el primer paso es no tener “enemigos” internos como antidemocráticamente son llamados los contradictores políticos en la retórica polarizante que usa el Consejo Superior y los rectores de turno.  Hacer todo lo que se les ocurra en los estatutos para así tener el control del C.S y de la Universidad de conteras.

En las actuales circunstancias cuando el Consejo Superior actual ha quedado reducido a 5 miembros de un total de 9, producto de la aplicación de la “silla vacía” norma interna que ha sido usada también para no dejar practicar las elecciones normales y tranquilas, ya que la misma administración o el Consejo Superior “ponen” a otros a demandar y tutelar los procesos electorales y de esta forma dejar sin espacio político a sus “enemigos”, usando este sórdido procedimiento no han permitido que las elecciones de estudiantes se hayan hecho en más de dos años.

Hoy el C.S, luego que el representante de los docentes Roberto Figueroa, se le venciera su periodo el pasado 18 de abril en plena pandemia y en la mitad del debate y aprobación de parte del articulado del Estatuto General, cuenta con 5 miembros y por lo tanto no tiene quorum decisorio.

Consultado por este medio el ex representante Figueroa nos manifestó que “el C.S no quiso reunirse entre el 18 de marzo cuando se inició la pandemia y el 18 de abril fecha de su salida, con el fin de no aprobar el nuevo Estatuto General, que fue uno de los compromisos que adquirió la doctora Elsa Noguera con los estudiantes de la toma y los profesores en asamblea permanente, antes por el contrario, esperaron el vencimiento de mi periodo, el cual de acuerdo con la Ley de Emergencia del gobierno nacional para enfrentar la pandemia, quedó suspendido ya que todos los términos tanto judiciales como administrativos incluido, los periodos de representación en juntas o consejos que mediante elección hayan sido aceptados mediante actos administrativos expedidos por funcionarios públicos como es el caso de la Universidad, quedaron en statu quo.”

En este sentido, la C.S consideró que el mejor camino para resolver era modificar el Estatuto General, así como el Reglamento Interno del C.S en lo pertinente a permitir elecciones virtuales y a modificar lo pertinente a la escogencia del representante de los gremios de la producción el que dicho sea de paso el representante de los gremios de la producción será escogido por el C.S restándole autonomía al sector productivo, así como también modificar el Estatuto Electoral para poder escoger a los 4 representantes que faltan en el C.S. Solo que las modificaciones fueron hechas sin tener el quorum vigente que el Estatuto General y Reglamento del C.S manifiestan taxativamente que es “más de la mitad de los miembros” o “la mitad más uno de los miembros” respectivamente y que ya existe una sentencia de una juez de la república contra la Universidad del Atlántico lo cual determinó que el quorum decisorio son 6 miembros.

Y, para decorar el pudin, un día después de que el senador Carlos Meisel, coincidencialmente, trinara en su cuenta de Twitter exigiendo elecciones en la Uniatlántico, convocan a elecciones virtuales de los gremios y se anuncian próximas elecciones de estudiantes, profesores y egresados también utilizando el método de elección de manera virtual y para eso se hará un contrato por $70 millones para que analice la estructura y forma de realizarlas en el menor tiempo posible.

Hay que recordar que no tiene ninguna presentación, que si el C.S se encontraba aprobando un nuevo Estatuto General del cual ya hay 19 artículos aprobados en dos debates, decida modificar un articulito. Para terminar con las coincidencias, el rector encargado Jorge Restrepo anuncia por los medios que este año los estudiantes y profesores no regresaran a la universidad porque no hay condiciones para ello, pero si hay condiciones para hacer elecciones sin los profesores y estudiantes en la Universidad, y si hay condiciones para aprobar los otros estatutos como el docente, estudiantil etc., impuestos por una firma bogotana que el mandado por $400 millones y que jamás dicha firma ha pisado la sede de la 51B.

Estas conductas, más allá de que continúen propagando la patología social anómica de la Universidad, de seguir desacreditando a una institución universitaria, de continuar la racha de malas prácticas de gobernanza universitaria, podrían calificarse como ilegales, y podría estar violándose el debido proceso de decidir cambios en sus normas internas sin contar con el mínimo establecido para hacerlo. Esto puede ser una violación de la Constitución Nacional y podrían existir delitos contra la administración publica.

No se compadece que mientras los municipios del Atlántico de debatan entre la ausencia de ingresos producto del confinamiento social o el salir a la calle al rebusque diario exponiéndose a la muerte, la gobernadora y presidente del Consejo Superior de la Universidad del Atlántico se ocupe de continuar propagando la violación de las reglas del juego universitario consignadas en sus estatutos.

También se han puesto en alerta los egresados de la Universidad del Atlántico que ven con preocupación como la garra de la politiquería, el maridaje y la corrupción están llevando a la institución a su destrucción total.

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