Valledupar es un ciudad encantadora, llena de magia, tradición y mucha música, pero con la peor de las suertes al elegir alcaldes. Desde que se estableció la elección popular de alcaldes la mayoría de los elegidos han terminado en las mazmorras por sus actuaciones  desbarradas y delincuenciales.

El actual burgomaestre, José Mello Castro,  parece que va en la misma lógica; y en boca de todos los habitantes de esta bella capital se repite a diario la mediocre gestión que lleva y que tiene sumida a la ciudad en un caos que asusta cada día.  La inseguridad, la insalubridad, la pandemia, el hambre, el desempleo, acosan a Valledupar.

Más sabe el diablo por viejo

El dicho de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pareciera estar quedando ratificado en Colombia con los mandatarios jóvenes (incluyendo al presidente Iván Duque), que ganaron las elecciones regionales en el 2019 y hoy, pasados un año y cinco meses aún no muestran ejecutorías importantes en sus gobiernos, sino todo lo contrario, hasta recursos sin utilizar reposan en arcas municipales y departamentales esperando ser utilizados. 

Tal es el caso del alcalde de Valledupar, José Santos ‘Mello’ Castro González, quien con escasos 36 años ganó las elecciones del 2019, pero su juventud ha dejado ver que la experiencia cuenta, y mucho, a la hora de gobernar. 

Durante su rendición de cuentas del año 2020 realizada el 23 de marzo de este año, le llovieron las críticas, hasta de quienes en su momento lo apoyaron para llegar al cargo.  

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Si bien la pandemia de Covid-19 se volvió la excusa de muchos mandatarios para justificar la escasa gestión, lo que ha quedado claro es que ya los gobernados no aceptan tal argumento. 

Lo primero que llama la atención es que revisada la página del Secop el portal oficial de contratación pública, la contratación de la Alcaldía de Valledupar entre el 2020 y lo que va corrido del 2021, se limitó a cuantías menores, o a la liquidación de contratos de años anteriores a la administración de Castro. 

El contrato más abultado que figura en la página es del 26 de febrero del año pasado para la “Prestación de servicios de transporte escolar a la población registrada en la matricula oficial ubicada en la zona rural y sectores urbanos marginales durante el año lectivo 2020 en el municipio de Valledupar”, por un valor de $6.367.740.555, pero que a raíz de la declaratoria de emergencia y suspensión de clases presenciales por la pandemia, tuvo que ser liquidado, por lo que terminó el municipio pagando algo más de 350 millones de pesos por dos semanas de servicio de transporte para los escolares. 

El resto de contratos tienen que ver con órdenes de prestación de servicios profesionales y personal técnico. Es decir el joven alcalde de Valledupar no ha ni gestionado y menos ejecutado obras de impacto en la ciudad en lo que lleva de su mandato. 

Por eso durante su rendición de cuentas, muchos criticaron que la gestión a destacar se limitó a las que fueron financiadas por el Gobierno nacional. 

Por ejemplo, nada se ha logrado hacer con los $6 mil millones que destinó Bancoldex para micro-empresarios de Valledupar, porque los vallenatos no tienen claro, ni han sido ilustrados, ni bien informados sobre los beneficios del proyecto que firmó el presidente Iván Duque, en la capital del Cesar. 

Y el 90% de lo que llamó su gestión, corresponde a proyectos o inversiones del Gobierno nacional, como la entrega de 83 motocicletas para patrullaje de la Policía. 

En el plano de la salud, el Mello Castro no ha sido capaz de entregar la Urgencia del Hospital Eduardo Arredondo Daza, HEAD, sede San Martín. 

La obra se contrató en el 2019 durante la administración de Augusto Ramírez Uhía, por un valor de $4.000 millones y un plazo de ejecución de 4 meses.  

Sin embargo, han pasado 16 meses, cuatro prórrogas y la aprobación de un adicional de $1.456 millones, y la promesa de que sería entregada en marzo de este año, aún no se cumple. 

Por último, en cuanto a proyectos de impacto que vienen siendo reclamados por los valdupareneses, como la plaza de ventas de vendedores estacionarios, la Villa Bolivariana, el enredado proyecto de Besotes, entre otros y la reactivación económica del campo, se han quedado en anuncios, promesas y deseos frustrados. 

Al mandatario de Valledupar le restan poco más de dos años y medio en su cargo, tiempo en el que aspiran sus gobernados, asuma con la responsabilidad que le corresponde la tarea para la cual fue elegido. 

«Mira en lo que anda»

Si uno pregunta en Valledupar ¿en qué anda el alcalde? Responden a coro: haciendo alarde de que es amigo íntimo de la procuradora, del contralor general, del fiscal y hasta del presidente, por eso no le teme a cualquier investigación.

El ente fiscalizador inmediato de su gestión, la Contraloría Municipal, brilla por su mutismo e inercia, que ni siquiera ha sido capaz de investigar lo que está pasando con con la concesión del aseo de esa capital, que a simple vista muestra irregularidades y la mala intención de lo tranzado.

Dicen en Valledupar que el Mello Castro anda reuniéndose con las diferentes concesiones que tiene la ciudad, para ver con quién saca la mejor tajada.

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